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30/09/09 – Dios, Sol y Alegría del corazón.

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Ustedes oyeron hablar del asesinato de ese niñito, un bebé de 21 meses, asesinado en Ginebra durante el sueño. Naturalmente, la policía busca afanosamente, los jueces interrogan… hacen encuestas, porque quieren absolutamente saber quién lo mató, castigar al criminal.

¿Qué importancia tiene?... ¿Ha cambiado el mundo por eso?... ¿Cambió porque un niñito de 21 meses fue asesinado?... ¿En qué cambian las cosas por eso? Si hubieran matado un insecto, ¿se habría movilizado la policía? ¿Porqué quieren absolutamente saber quién lo mató? ¿Y porqué quieren castigar… castigar al asesino? ¿Porqué? ¿Qué tenía de especial ese niñito, qué tenía de particular?... ¿No era un niñito como los demás?... ¿Tenía algún tesoro que no tienen los demás niños?

¿Porqué no se puede matar un niñito? ¿Porqué?

¿Porqué no se puede matar a un hombre como se mata un insecto? ¿Porqué?...

¿Ustedes se confiesan cuando matan una pulga o un piojo? ¿Se van a confesar por eso? No. ¡Pero si mataran a un hombre, eso sería otra cosa! ¿Porqué? ¿Porqué es un crimen matar a un niñito, y no matar un insecto? ¿Porqué?

Ustedes ven… allá, esa galería, esa galería de santos que rodean a Jesús crucificado, ¿ven esos santos? ¡No! ¿Qué tienen alrededor de la cabeza? ¿Qué tienen alrededor de la cabeza? ¿Cómo se llama eso? ¿Cómo se llama? Eso es una aureola.

Tienen una aureola alrededor de la cabeza. ¿Y qué quiere decir esa aureola? ¿Están ustedes dormidos? ¡Hm!... ¿No es una imagen del sol? ¿No es un sol? Tienen un sol alrededor de la cabeza. ¿Porqué les ponen un sol alrededor de la cabeza? ¿Andaban así, con un sol alrededor de la cabeza cuando estaban vivos? ¡Hm! ¿Porqué tienen un sol alrededor de la cabeza en esas imágenes? Sí… ¿Qué significa eso? ¿Porqué un sol, y no un tarro de leche?... ¡Eso quiere decir que tenían, que tenían un sol en el corazón! ¡Eso es lo que significa! ¡Tenían un sol en el corazón, un sol que iluminaba y sigue iluminando el mundo! ¿No? ¡Eso quiere decir!

Entonces, si es un crimen matar un niñito o un hombre, es porque en el niñito hay… ¿qué? ¡Hay un Sol! En el corazón de un niñito hay el mismo sol que en el corazón de un Santo, porque en el corazón del niñito está Dios. ¿No es claro?

Pero en fin, si ese niñito hubiera vivido… ¡ahora está muerto, desgraciadamente! Si hubiera vivido habría podido ser un asesino como el que lo mató, ¿no? El hombre que lo mató fue también niño, ¿no? ¡Y se volvió asesino! Eso quiere decir que el sol que rodea la cabeza de los santos es una posibilidad… y ustedes, ¿van a ser santos? ¿Los van a representar un día en la iglesia del Valentín con un sol alrededor de la cabeza? ¿Qué les parece? ¿Cuántos de ustedes, niños o niñas, van a ser santos? ¿Muchos? ¿Qué les parece? En todo caso es una posibilidad: cada uno de ustedes, cada uno de ustedes puede ser santo o santa, porque cada uno tiene la posibilidad de tener en el corazón el Sol que es Dios. Pero naturalmente, para ser santos tienen que ser transparentes al Sol. ¿Entienden? El Sol, el sol que ilumina y que hace el día… el sol no puede atravesar un muro. ¿Verdad? Ni siquiera puede atravesar las cortinas metálicas, si están cerradas. Lo mismo Dios, aunque esté en nosotros, "¡el Sol que ilumina a todo hombre que viene a este mundo", como dice el Evangelio! Dios no puede brillar si el corazón es de piedra. Si el corazón es una piedra, si el alma está cerrada como una casa con las cortinas cerradas. ¿Entienden?

¿Qué se necesita entonces para que brille el Sol? ¡Que seamos transparentes, como un vidrio, como un vitral que hace cantar los colores! ¿De acuerdo?

¿Entonces, qué quieren hacer? ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer para no volvernos asesinos, animales o parásitos? ¿Saben lo que es un parásito? Un parásito es una pulga, un piojo, un chinche… un animal que vive sobre otro, que no trabaja, que se contenta con comerse la sustancia de otro. ¿Entienden? ¡Ah! ¿Hay niños que son parásitos? ¿Hay niños… hay niñas que son parásitos? ¡Hay niños que son parásitos!, que no hacen nada, que no dan nada, que se tragan todo, que quieren todo para ellos, que nunca comparten, ¡que envenenan la vida de los papás! ¿Es para eso que nacieron? ¿Para envenenar la vida de los demás?

¿Cuál es la felicidad de los papás? ¿Cuál es la felicidad de los papás? ¡Ustedes!... ¡Ustedes!... Y ¿cuál es la desgracia de los papás? Si ustedes son malos, sus papás no son felices.

Escuchen. Había un niño, un niño bueno. Sus papás lo querían mucho, no tenían más hijos, y cada vez que salía bien en una tarea le daban un franco. Él lo echaba en la alcancía. Tenía un compañerito que era pobre, y lo quería mucho. Y el niño que tenía dinero iba a patinaje. Tenía un magnífico par de zapatos y unos lindos patines, ¡y su amiguito no tenía nada! Habría querido ir a patinar, ¡pero no tenía ni zapatos ni patines! Y entonces el que tenía la alcancía llena de dinero que sus papás le habían dado por salir bien en las tareas fue un día a comprar zapatos y patines para regalarle a su amiguito, que se puso muy contento. Entonces el niño comprendió que lo más bello en la vida es dar alegría, ¡dar alegría a los demás! Y cogió la costumbre de dar… ¡y toda la vida, la pasó a tratar de buscar la alegría de los demás!

Había una niña, porque las niñas son tan generosas como los niños, así lo espero, ¿verdad? Esa niñita sabía coser, le gustaba la cocina, tenía una mamá muy generosa, pero como tenía diez hijos, la mamá estaba agotada y un día al regreso de la escuela, la niña vio a su mamá muy cansada y le dijo: "¡Mamá, mamá, oye! Yo voy a preparar la comida". ¡Yo voy a preparar la comida! Preparó la comida y al día siguiente la volvió a preparar también y al día siguiente se puso a coser con la mamá, y la vida cambió porque la mamá ya no estaba agotada y sin aliento. ¡En su hijita, había encontrado una ayuda maravillosa!

Escuchen todavía! Yo conocí una obrera, una costurera. Era muy alegre. Le gustaba cantar, iba donde los clientes, y se ponía a cantar. Trabajaba admirablemente desde la mañana hasta la tarde, pero cantando. Y todas las clientas estaban encantadas. Y me decía: "Yo soy obrera, soy trabajadora de la Sagrada Familia", yo voy a las familias a llevarles la alegría de Dios. Y en efecto, llevaba tanto la alegría de Dios que todas sus clientas la esperaban como el Sol.

Un día la atropelló una bicicleta en la calle y le fracturó el fémur y le provocó toda clase de heridas, y cuando la enyesaron, era un encanto en el hospital para todas las enfermas, con su buen humor, con su sonrisa, y toda la sala estaba transformada, realmente iluminada con su presencia, porque la obrera de la Sagrada Familia tenía realmente el Sol en el corazón.

Y recuerdan a ese muchacho de 16 años que tenía un tumor en el cerebro del que iba a morir dos años después. Lo habían operado y no habían podido cerrar el cráneo porque el tumor seguía hinchando, y él hacía como si nada, para no causar sufrimiento a sus papás. Iba a la escuela, preparaba los exámenes y era primero de clase, y murió dos años después sin quejarse nunca… y sus papás no pudieron llorar, porque él les había dado tanta alegría con su valentía que toda su vida estaba iluminada.

¡Pues eso es la santidad! ¿Ven? ¡La santidad no es ser feos! ¡Ni poner una cara de entierro! ¡La Santidad es llevar el Sol, dar alegría, olvidarse para que la vida sea más bella!

Piensen en eso, por favor, pensando en ese niñito asesinado, pensando: "No estaría bien que yo, que estoy vivo o viva, pase el tiempo a complicarles la vida a mis papás, ya que ellos no me están exigiendo nada al fin de cuentas". Sus padres no les piden ganar dinero, o que les den dinero. No les piden sino una sola cosa: generosidad, un corazón bueno, una sonrisa.

¡Eso es ser santos! ¡Eso es un santo! Pueden ser santos si hoy y mañana se dedican con todas sus fuerzas a ser "buenos", a ser generosos, a llevar a casa la alegría, a ser el sol de sus padres, de sus camaradas y de sus maestros o maestras.

Lo vamos a hacer, ¿no? ¡Tenemos que tener un sol alrededor de la cabeza y vamos a ser transparentes a ese Sol que llevamos en el corazón para que reine la alegría en la casa, desde el sótano hasta el zarzo!

 

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