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Lausana, iglesia del Valentín, a
los niños.
Ustedes oyeron hablar del
asesinato de ese niñito, un bebé de 21 meses, asesinado en Ginebra durante el
sueño. Naturalmente, la policía busca afanosamente, los jueces interrogan… hacen
encuestas, porque quieren absolutamente saber quién lo mató, castigar al
criminal.
¿Qué importancia tiene?... ¿Ha
cambiado el mundo por eso?... ¿Cambió porque un niñito de 21 meses fue
asesinado?... ¿En qué cambian las cosas por eso? Si hubieran matado un insecto,
¿se habría movilizado la policía? ¿Porqué quieren absolutamente saber quién lo
mató? ¿Y porqué quieren castigar… castigar al asesino? ¿Porqué? ¿Qué tenía de
especial ese niñito, qué tenía de particular?... ¿No era un niñito como los
demás?... ¿Tenía algún tesoro que no tienen los demás niños?
¿Porqué no se puede matar un niñito?
¿Porqué?
¿Porqué no se puede matar a un
hombre como se mata un insecto? ¿Porqué?...
¿Ustedes se confiesan cuando
matan una pulga o un piojo? ¿Se van a confesar por eso? No. ¡Pero si mataran a
un hombre, eso sería otra cosa! ¿Porqué? ¿Porqué es un crimen matar a un
niñito, y no matar un insecto? ¿Porqué?
Ustedes ven… allá, esa galería,
esa galería de santos que rodean a Jesús crucificado, ¿ven esos santos? ¡No!
¿Qué tienen alrededor de la cabeza? ¿Qué tienen alrededor de la cabeza? ¿Cómo
se llama eso? ¿Cómo se llama? Eso es una aureola.
Tienen una aureola alrededor de
la cabeza. ¿Y qué quiere decir esa aureola? ¿Están ustedes dormidos? ¡Hm!...
¿No es una imagen del sol? ¿No es un sol? Tienen un sol alrededor de la cabeza.
¿Porqué les ponen un sol alrededor de la cabeza? ¿Andaban así, con un sol
alrededor de la cabeza cuando estaban vivos? ¡Hm! ¿Porqué tienen un sol
alrededor de la cabeza en esas imágenes? Sí… ¿Qué significa eso? ¿Porqué un
sol, y no un tarro de leche?... ¡Eso quiere decir que tenían, que tenían un sol
en el corazón! ¡Eso es lo que significa! ¡Tenían un sol en el corazón, un sol
que iluminaba y sigue iluminando el mundo! ¿No? ¡Eso quiere decir!
Entonces, si es un crimen matar
un niñito o un hombre, es porque en el niñito hay… ¿qué? ¡Hay un Sol! En el
corazón de un niñito hay el mismo sol que en el corazón de un Santo, porque en
el corazón del niñito está Dios. ¿No es claro?
Pero en fin, si ese niñito hubiera
vivido… ¡ahora está muerto, desgraciadamente! Si hubiera vivido habría podido
ser un asesino como el que lo mató, ¿no? El hombre que lo mató fue también
niño, ¿no? ¡Y se volvió asesino! Eso quiere decir que el sol que rodea la
cabeza de los santos es una posibilidad… y ustedes, ¿van a ser santos? ¿Los van
a representar un día en la iglesia del Valentín con un sol alrededor de la
cabeza? ¿Qué les parece? ¿Cuántos de ustedes, niños o niñas, van a ser santos?
¿Muchos? ¿Qué les parece? En todo caso es una posibilidad: cada uno de ustedes,
cada uno de ustedes puede ser santo o santa, porque cada uno tiene la
posibilidad de tener en el corazón el Sol que es Dios. Pero naturalmente, para
ser santos tienen que ser transparentes al Sol. ¿Entienden? El Sol, el sol que
ilumina y que hace el día… el sol no puede atravesar un muro. ¿Verdad? Ni
siquiera puede atravesar las cortinas metálicas, si están cerradas. Lo mismo
Dios, aunque esté en nosotros, "¡el Sol que ilumina a todo hombre que
viene a este mundo", como dice el Evangelio! Dios no puede brillar si el
corazón es de piedra. Si el corazón es una piedra, si el alma está cerrada como
una casa con las cortinas cerradas. ¿Entienden?
¿Qué se necesita entonces para
que brille el Sol? ¡Que seamos transparentes, como un vidrio, como un vitral
que hace cantar los colores! ¿De acuerdo?
¿Entonces, qué quieren hacer?
¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer para no volvernos asesinos, animales o
parásitos? ¿Saben lo que es un parásito? Un parásito es una pulga, un piojo, un
chinche… un animal que vive sobre otro, que no trabaja, que se contenta con
comerse la sustancia de otro. ¿Entienden? ¡Ah! ¿Hay niños que son parásitos?
¿Hay niños… hay niñas que son parásitos? ¡Hay niños que son parásitos!, que no
hacen nada, que no dan nada, que se tragan todo, que quieren todo para ellos,
que nunca comparten, ¡que envenenan la vida de los papás! ¿Es para eso que
nacieron? ¿Para envenenar la vida de los demás?
¿Cuál es la felicidad de los
papás? ¿Cuál es la felicidad de los papás? ¡Ustedes!... ¡Ustedes!... Y ¿cuál es
la desgracia de los papás? Si ustedes son malos, sus papás no son felices.
Escuchen. Había un niño, un niño
bueno. Sus papás lo querían mucho, no tenían más hijos, y cada vez que salía
bien en una tarea le daban un franco. Él lo echaba en la alcancía. Tenía un
compañerito que era pobre, y lo quería mucho. Y el niño que tenía dinero iba a
patinaje. Tenía un magnífico par de zapatos y unos lindos patines, ¡y su
amiguito no tenía nada! Habría querido ir a patinar, ¡pero no tenía ni zapatos
ni patines! Y entonces el que tenía la alcancía llena de dinero que sus papás
le habían dado por salir bien en las tareas fue un día a comprar zapatos y
patines para regalarle a su amiguito, que se puso muy contento. Entonces el
niño comprendió que lo más bello en la vida es dar alegría, ¡dar alegría a los
demás! Y cogió la costumbre de dar… ¡y toda la vida, la pasó a tratar de buscar
la alegría de los demás!
Había una niña, porque las niñas
son tan generosas como los niños, así lo espero, ¿verdad? Esa niñita sabía
coser, le gustaba la cocina, tenía una mamá muy generosa, pero como tenía diez
hijos, la mamá estaba agotada y un día al regreso de la escuela, la niña vio a
su mamá muy cansada y le dijo: "¡Mamá, mamá, oye! Yo voy a preparar la comida".
¡Yo voy a preparar la comida! Preparó la comida y al día siguiente la volvió a preparar
también y al día siguiente se puso a coser con la mamá, y la vida cambió porque
la mamá ya no estaba agotada y sin aliento. ¡En su hijita, había encontrado una
ayuda maravillosa!
Escuchen todavía! Yo conocí una
obrera, una costurera. Era muy alegre. Le gustaba cantar, iba donde los
clientes, y se ponía a cantar. Trabajaba admirablemente desde la mañana hasta
la tarde, pero cantando. Y todas las clientas estaban encantadas. Y me decía:
"Yo soy obrera, soy trabajadora de la Sagrada Familia", yo voy a las
familias a llevarles la alegría de Dios. Y en efecto, llevaba tanto la alegría
de Dios que todas sus clientas la esperaban como el Sol.
Un día la atropelló una bicicleta
en la calle y le fracturó el fémur y le provocó toda clase de heridas, y cuando
la enyesaron, era un encanto en el hospital para todas las enfermas, con su
buen humor, con su sonrisa, y toda la sala estaba transformada, realmente
iluminada con su presencia, porque la obrera de la Sagrada Familia tenía
realmente el Sol en el corazón.
Y recuerdan a ese muchacho de 16
años que tenía un tumor en el cerebro del que iba a morir dos años después. Lo
habían operado y no habían podido cerrar el cráneo porque el tumor seguía
hinchando, y él hacía como si nada, para no causar sufrimiento a sus papás. Iba
a la escuela, preparaba los exámenes y era primero de clase, y murió dos años después
sin quejarse nunca… y sus papás no pudieron llorar, porque él les había dado tanta
alegría con su valentía que toda su vida estaba iluminada.
¡Pues eso es la santidad! ¿Ven?
¡La santidad no es ser feos! ¡Ni poner una cara de entierro! ¡La Santidad es
llevar el Sol, dar alegría, olvidarse para que la vida sea más bella!
Piensen en eso, por favor,
pensando en ese niñito asesinado, pensando: "No estaría bien que yo, que
estoy vivo o viva, pase el tiempo a complicarles la vida a mis papás, ya que
ellos no me están exigiendo nada al fin de cuentas". Sus padres no les
piden ganar dinero, o que les den dinero. No les piden sino una sola cosa:
generosidad, un corazón bueno, una sonrisa.
¡Eso es ser santos! ¡Eso es un
santo! Pueden ser santos si hoy y mañana se dedican con todas sus fuerzas a ser
"buenos", a ser generosos, a llevar a casa la alegría, a ser el sol
de sus padres, de sus camaradas y de sus maestros o maestras.
Lo vamos a hacer, ¿no? ¡Tenemos
que tener un sol alrededor de la cabeza y vamos a ser transparentes a ese Sol
que llevamos en el corazón para que reine la alegría en la casa, desde el
sótano hasta el zarzo!