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Zundel

October 2009 - Posts

  • 31/10/09 - ¿Cómo construir un ecumenismo totalmente verdadero?

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Víspera de Todos los Santos.

    5ª parte de la 3ª conferencia del Cenáculo de París, en enero de 1971.

    Retoma: "El ecumenismo está inscrito en el corazón mismo de la Persona de Jesucristo, y precisamente en el despojamiento supremo, infinito, que le comunica su subsistencia en el Verbo".

    Continuación: "Y eso es, evidentemente, algo infinitamente delicado. Las misiones encuentran hoy dificultades inmensas en su realización. Los países recientemente emancipados y llegados a la independencia nacional son extremadamente celosos de su independencia. Quieren afirmar sus tradiciones, el valor de sus tradiciones. Sospechan a los que quieren hacerlos entrar en otras tradiciones, están tentados de verlos simplemente como tradiciones de una raza, de un continente, que pueden ser buenas para ellos pero que no deben exportarse.

    Hace mucho tiempo que se manifiesta en India en especial y aún en la persona misma de Gandhi, esta aversión por la actividad misionera. ¿Qué vienen ustedes a hacer entre nosotros? ¡Nosotros tenemos lo que necesitamos! ¡Tenemos una espiritualidad que vale bien la de ustedes! ¡Guarden la suya para ustedes y no pretendan cambiar las estructuras de nuestra mentalidad! Eso sería como un insulto al valor de nuestras tradiciones y una intromisión en nuestra autonomía mental.

    Y sabemos que todos los que fueron heridos por la colonización tienen un deseo muy comprensible de borrar sus huellas, de afirmar que se bastan a sí mismos y que tienen en su cultura todo lo que necesitan para cumplir la vocación humana.

    En cierto modo, es como las diferentes confesiones cristianas que se afrontan, cada una con el sentimiento de la legitimidad de su posición fundamental, queriendo unirse sin abandonar una experiencia que le parece válida y que sería criminal rechazar.

    ¿Cómo construir un ecumenismo que sea totalmente verdadero sino justamente a partir de la estructura misma, si se puede decir, de la Persona de Jesucristo? ¿Cómo es unificador Jesucristo? ¿Cómo hacer caer los muros de separación? Precisamente estando de rodillas para lavar los pies, precisamente porque para Él el valor esencial se realiza en el corazón de cada uno como una presencia infinita que lo libera radicalmente de sí mismo y porque de eso se trata finalmente.

    El cristiano injertado en la Persona de Jesucristo no tiene que poner atención a un sistema, a proponer cierta "Weltanschung", cierta visión del mundo que sería necesario instaurar en lugar de la que existe. El cristiano lleva en sí la ecuación: ¡A los ojos de Dios, el hombre iguala a Dios! Y tiene que ponerla en obra en todos sus comportamientos, en todas sus relaciones consigo mismo y con los demás, y de lo que tiene que dar testimonio es del poder de vacío que es en el Corazón de Dios el nacimiento eterno de la libertad y que es en nosotros el brote mismo de la libertad divina.

    Es claro que si el testimonio cristiano reside esencialmente en una dimisión, en un espacio ilimitado de luz y de amor en que los demás se sienten acogidos, no hay amenaza para ellos, no se sienten en peligro de ser colonizados por una doctrina que pretende ser superior a la suya, no hay que hacer el acto humillante de renegar de su pasado para tomar una forma que no es autóctona, que no brota de una tradición de su raza: es una invitación a enraizarse en lo que constituye precisamente la humanidad en toda su autenticidad, a enraizarse el al Presencia que está simbolizada, que es hecha sacramentalmente real por el cristiano auténtico y que está espiritualmente en el arrodillamiento del lavatorio de los pies.

    Y justamente por eso el ecumenismo sólo puede ser a base de silencio y de contemplación porque en el ecumenismo como en todo lo demás, encontramos todas las ambigüedades: ¿De qué hombre hablamos, y de qué Dios?

    Se necesita que muchos cristianos estén de acuerdo sobre la significación de Jesucristo, sobre el sentido de la revelación, sobre la liberación infinita que resulta del encuentro en Jesucristo con las tres Personas divinas y porque no estamos de acuerdo, porque las palabras no tienen el mismo significado, por estar prisioneros de teologías diversas, lo más urgente es nuestra dimisión personal, crear la corriente de desapropiación en que la humanidad se realiza en su plenitud y en que Dios transparenta por fin como el Espíritu de que habla Jesús a la samaritana y que está dentro de nosotros como fuente que fluye en vida eterna". (Continuará)

     

  • 30/10/09 – Se trata de crear libertades por doquiera.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 4ª parte de la 3ª conferencia del Cenáculo de París en febrero de 1971.

    Retoma: "Dios sólo puede crear libertades y el mundo fenomenal aferrado a sus necesidades es un mundo que invita a su liberación lo mismo que nosotros. El mundo fenomenal finalmente sólo puede ser un mundo llamado a hacer de sí mismo, como toda realidad, una ofrenda de amor y eso es lo que esporádicamente manifiesta el milagro: el milagro significa un golpe de liberación de un fenómeno ordenado a los fines del espíritu y manifiesta las intenciones del Amor; es como una realización fugitiva de la vocación de toda realidad, de cantar Dios, es decir de cantar el Amor, de hacerse nota de alegría en el Cántico del Sol".

    Continuación: "Toda criatura está llamada a realizarse finalmente y en esta dirección, y el universo inmenso es nuestro cuerpo finalmente, ya que estamos en él por nuestras raíces físicas y él está en nosotros por sus raíces espirituales.

    Es pues cierto que, en la medida en que un hombre realiza su liberación total, su liberación concierne toda la humanidad, todo el universo, entra en la continuación de la historia que comienza virginalmente en Jesucristo y en su Santísima Madre, la historia incomparable en que el hombre es portador de Dios, el sacramento, lo digo de Jesucristo, en que el hombre es el sacramento inseparable de Su advenimiento en la historia.

    La ecuación: "para Dios el hombre iguala a Dios" nos introduce pues, finalmente en el corazón de la Trinidad divina, en el corazón del despojamiento infinito, en el corazón de nuestra propia vocación, llamándonos a realizarnos infinitamente en una humildad infinita.

    Porque la paradoja del lavatorio de los pies precisamente es que la transmutación de los valores se realiza en ella totalmente y que para ser grande no se trata de mirar a los demás desde arriba, de dominarlos, de tener esclavos, admiradores o cortesanos, es decir seres que finalmente son objetos en las manos de un gran hombre o de la vedette, se trata de crear libertades por doquiera haciéndose fermento de liberación en todos y en todo por medio de la liberación propia. El más grande es el que se da más y crea más libertad en sí mismo y en los demás. Y esto nos permite considerar el sentido del ecumenismo que, justamente, está al orden del día en la semana de la unidad en que entramos.

    Nada es más difícil que concebir un ecumenismo bien equilibrado, enteramente sincero, que no consista en suprimir las diferencias, que no sea una especie de denominador común que anula todas las fronteras pero disolviendo también toda existencia.

    El ecumenismo está inscrito en el corazón mismo de la Persona de Jesucristo como lo experimenté en Biblos cuando me preguntaba que relación había entre un esqueleto de 5500 años y mi persona: ¿Qué relación hay entre él y yo? ¿No habría más relación que entre la carcasa de dos animales, como la que habría entre la carcasa de un león de esa época con la de un león actual? ¿Estaríamos unidos sólo por una cadena material que no implica significación alguna? ¿O existe un lazo entre él y yo? ¿Somos contemporáneos? ¿Tiene sentido la historia humana? ¿Tiene desenlace? ¿Hay un proyecto impreso y realizado en ella? ¿Pueden reunirse hoy las generaciones y hacerme yo contemporáneo de ese esqueleto desconocido que fue el soporte de una vida como la mía, que se creyó moderno como yo, que miraba el mismo paisaje pensando poseerlo para siempre y que está ahora anónimo entre tantos otros, sin haber inscrito su nombre en la historia?

    Entonces Jesucristo me pareció justamente el gran unificador, el que puede resucitar a los muertos, el que tiene la medida de la Eucaristía, el que llama a todos los que creemos difuntos, a todos los que vendrán y que aún no existen así como a nosotros, que los llama a formar un solo cuerpo, una sola vida, iba a decir, una sola persona, una sola presencia en la Suya.

    El ecumenismo está inscrito en el corazón mismo de la Persona de Jesucristo, y precisamente en el despojamiento supremo, infinito, que le comunica su subsistencia en el Verbo". (Continuará)

     

  • 29/10/09. En la persona de Jesucristo encontramos el despojamiento divino que debemos realizar dentro de nosotros para hacernos universales.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 3ª parte de la 3ª conferencia del Cenáculo de París, en 1971.

    La humanidad de Cristo se va a hacer universal… eso es Dios, en espera infinita…

    "Entonces Cristo entra en el mundo, aparece en la historia como Segundo Adán en el cual vuelve a comenzar toda la Creación, en una Humanidad que no se posee de ningún modo, que es pura referencia a Dios, que tiene su yo en Dios y a la cual Dios precisamente comunica la pobreza súper-esencial, el poder de evacuación infinita que hará que esa Humanidad que es finita de por sí – hablo de la Humanidad de Jesucristo que es sólo una cáscara de nuez en el océano inmenso del ser – esa Humanidad va a hacerse universal, va a portar toda la Creación en su significación espiritual, va a poder reunirnos, va a poder estar presente en todas las generaciones y hacerlas contemporáneas porque, siendo cáscara de nuez, es arrojada en Dios por el océano de despojamiento que es la subsistencia del Verbo en el Corazón de la Trinidad.

    Porque lo que constituye el Verbo es justamente la capacidad de vaciarse que arroja al Hijo en el seno del Padre, y esa capacidad de vaciarse (del Hijo de Dios) es la que toma la cáscara de nuez que es la Humanidad de Jesucristo, la arroja en Dios con el impulso infinito que es la personalidad misma del Verbo.

    Se trata pues de contemplar la Humanidad de Jesucristo en una capacidad de despojamiento insuperable. No existe en Él ninguna apropiación posible porque Su Humanidad sólo puede testimoniar de Dios en todo lo que dice, en todo lo que hace, en todo lo que es ella y si podemos apropiarnos el Evangelio de Jesucristo, lo tenemos como la Palabra de Dios, como la Palabra definitiva, eso es posible precisamente en cuanto que en Su Persona encontramos el despojamiento divino mismo y en cuanto que todo ese evangelio que es el evangelio de nuestra liberación se refiere precisamente a un despojamiento divino que debe realizarse dentro de nosotros mismos para hacernos universales, sin frontera, en una desapropiación que nos abre a toda la historia y a todo el universo, abriéndonos primero, claro está, al Dios que nos está esperando en lo más íntimo de nosotros mismos.

    1971, es pues siempre referencia al acontecimiento colosal en que la vocación del hombre, la divinización del hombre, deviene en efecto lo que se le propone como la única solución de su destino. Ahí es donde escapa al destino, ahí escapa a las necesidades, ahí escapa a la gravedad para que en adelante todo su ser esté orientado hacia el Amor, o al menos esté llamado a orientarse hacia el Amor.

    Creando pues en nosotros el inmenso espacio de despojamiento, poniéndonos en el movimiento de Jesucristo, en la irradiación de Su Presencia y de Su Persona, es como debemos realizar la divinización en que lo más divino de Dios, si se puede decir, se nos comunica, que es justamente el poder que tiene infinitamente de no sufrirse sino hacer de Su existencia un don eternamente comunicado.

    Si sentimos adentro la rebeldía, ¡somos hombres como los demás!, y es evidente que como los contestatarios tampoco tenemos gusto en someternos; sentimos la dignidad del Espíritu como algo inviolable y nada puede movernos más precisamente que la ecuación que brilla en el nacimiento de Jesucristo y en toda su carrera: a los ojos de Dios, el hombre iguala a Dios.

    Por tanto, es totalmente imposible que estemos delante de Dios en estado de rivalidad y, cuando Nuestro Señor se pone de rodillas en el lavatorio de los pies, manifiesta de manera suprema e incontestable esa ecuación.

    ¡Eso es, eso es Dios! Ante el santuario del hombre que es el sentido mismo de la Creación, ante la posibilidad de una vida espiritual que brota en completa libertad, Dios sólo puede estar de rodillas, es decir esperar, darse, hacer contrapeso, aceptar la muerte interior que el hombre le inflige cuando rehúsa acogerlo aunque Él permanezca en nosotros en espera infinita. ¡Eso es Dios!

    Y justamente si quieren que la ecuación significada por el nacimiento de Jesús tome forma inmediatamente asimilable, tenemos justamente que referirnos a la escena del lavatorio de los pies que la traduce en acción y en la cual es imposible dudar sobre el sentido mismo de la intervención divina.

    Dios sólo puede crear libertades y el mundo fenomenal aferrado a sus necesidades es un mundo que invita a su liberación lo mismo que nosotros. El mundo fenomenal sólo puede finalmente ser un mundo llamado a hacer de sí mismo, como toda realidad, una ofrenda de amor y eso es lo que esporádicamente manifiesta el milagro: el milagro significa un golpe de liberación de un fenómeno ordenado a los fines del espíritu y manifiesta las intenciones del Amor. Es como una realización fugitiva de la vocación de toda realidad, de cantar Dios, es decir de cantar el Amor, de hacerse nota de alegría en el Cántico del Sol". (Continuará)

     

  • 28/10/09. Cristo nos llama a la grandeza suprema en la suprema humildad.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 2ª parte de la 3ª conferencia del Cenáculo de París, en febrero de 1971.

    Retoma: " Todas las grandezas humanas, todas las grandezas de la carne, como dice Pascal, son construidas justamente según la línea piramidal en cuya cumbre tiene su trono un ser que mira a los demás desde arriba y los aplasta con su desprecio. Es lo contrario de la grandeza divina".

    Continuación: "Al contrario en la grandeza divina, del fondo del despojamiento, del fondo de la desapropiación, es de donde suscita Dios nuestra libertad fundando la inviolabilidad precisamente por el despojamiento infinito que es Él, de tal suerte que ahora podemos aspirar a una grandeza divina. A eso estamos llamados: "¡Sed perfectos como es perfecto el Padre celestial!", realizando la grandeza al modo de Dios, en el despojamiento y la desapropiación total.

    Es supremamente importante, me parece, considerar al principio la ecuación escandalosa de la igualdad ante Dios, de la igualdad del hombre con Dios, ya que revela, como traté de explicar ayer, el sentido mismo del gesto creador que es comunicar lo que constituye en Dios su libertad esencial, es decir precisamente que no puede tener contacto consigo mismo sino comunicándose (1). Es pues absolutamente cierto que la visión del gesto creador se renueva radicalmente en la revelación del secreto del Corazón de Dios que es justamente la relación (de perfecta desapropiación) del Padre con el Hijo y del Hijo con el Padre en el abrazo del Espíritu Santo.

    1971, (año en que Zundel pronunció esta conferencia), significa pues una referencia al don colosal que Cristo nos hace llamándonos a la suprema grandeza en la suprema humildad porque la humildad en el corazón de Dios es simplemente el revés de su Amor, si se puede decir, o finalmente, la expresión misma de Su Amor (1) ya que uno sólo puede darse a otro en una especie de veneración (?) hacia el otro.

    Cristo nos toca en el ser porque toca a las raíces del ser divino, y lo que acabo de decir justamente nos introduce en el secreto mismo de la Persona de Jesucristo porque, si Jesucristo puede hacernos esa revelación, - si puede dar testimonio de las profundidades de Dios, si puede liberarnos de Dios visto como límite para el hombre y fundamento de una dependencia insuperable, si Jesús puede eso, si establece una relación nupcial entre el universo y Dios, si nos llama a una libertad que va hasta la raíz del ser, es porque El mismo es totalmente liberado, liberado de Sí mismo, y Su Humanidad constituye simplemente el sacramento diáfano de la Presencia Divina.

    En la concepción paulina, admirable por otra parte, Jesucristo es visto como el segundo Adán, como comienzo virginal de un mundo enteramente nuevo. El mundo comienza de nuevo. La Creación vuelve a encontrar su verdadero origen más allá de la carne precisamente en el nacimiento virginal en que la humanidad es introducida en el mundo en un estado de total desapropiación.

    Porque eso es justamente: si la ecuación debe realizarse, si la distancia entre la criatura y el Creador debe superarse, eso es posible sólo porque Dios nos va a comunicar su propio despojamiento que es la condición de nuestra liberación ya que, para repetirlo por milésima vez, es evidente que ningún ser que llega a la existencia puede darse la primera existencia; su nacimiento es necesariamente fruto de un concurso al cual es extranjero.

    Sólo puede alcanzar la autonomía si puede recuperarse del primer nacimiento por medio de un segundo nacimiento que sea totalmente libre. Dios es eternamente virgen justamente porque, eternamente, sólo tiene contacto consigo mismo en esa suprema comunicación". (Continuará)

    Nota (1) (¿A retomar?) Dios sólo tiene contacto con su ser comunicándolo. El Padre sólo tiene contacto con su ser engendrando, gestando y dando nacimiento al Hijo en la perfecta desapropiación de Sí mismo. El Padre no existe antes del Hijo para darle nacimiento. Sólo existe eternamente como Padre.

    ¡Pero todo eso es difícil de entender! En el acto mismo del despojamiento perfecto y eterno de cada persona divina surge y brota la creación, es el vacío creador. Humildad de Dios, despojamiento y desapropiación que hacen que uno sólo podemos parecernos a Dios en la humildad, en el despojamiento y la desapropiación de nosotros mismos… ¡En Dios, uno no se mira! Tenemos la tentación de decir que entonces no existimos, pero es lo contrario en realidad. Comenzamos a existir humanamente cuando nos desapropiamos de nosotros mismos.

     


  • 27/10/09. Jesús permite realizar la igualdad entre el hombre y Dios.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 1ª parte de la 3ª conferencia del Cenáculo de París, en febrero de 1971.

    "En el día de hoy no se puede escribir una fecha sin referirse al nacimiento de Jesucristo. Estamos tan acostumbrados que no prestamos ninguna atención a este hecho y sin embargo qué cosa tan colosal, ordenar toda la historia del mundo, toda la historia de la humanidad por el nacimiento de Jesucristo, afirmando así que el acontecimiento central de la historia y su más alta significación es precisamente el nacimiento de Jesucristo.

    ¿Qué es lo que nos permite a primera vista considerar el nacimiento de Jesucristo, su nacimiento histórico como lo esencial de toda la evolución del mundo y de la humanidad? Creo que como primera aproximación podemos hacer esta ecuación: lo que Jesucristo nos aporta, lo que Él nos permite realizar, es la igualdad entre el hombre y Dios.

    En el fondo, la vida de Jesucristo, la muerte de Jesucristo es a los ojos de Dios la ecuación: el hombre iguala a Dios ya que Dios da su vida por el hombre, si sólo puede recuperarlo a ese precio, es que a los ojos de Dios, el hombre vale Dios.

    Eso parece absurdo y sin embargo es la realización de un antiguo sueño que está en lo más profundo nuestro, el sueño que Nietzsche expresa en el movimiento de rebelión cuando dice: "Si existen dioses, ¿cómo podría yo soportar no ser dios?" En efecto, apenas se concibe la posibilidad, para un ser que fuera espíritu, para un Dios que fuera la perfección de la santidad, se concibe muy difícilmente una creación que nos fuera impuesta en medio de la cual no tengamos la posibilidad de tomar conciencia de nuestra dependencia. Habría algo de sadismo (= gusto perverso de hacer sufrir) en cierto modo en crear seres capaces de conciencia, hasta el punto solamente en que constaten que están rigurosamente sometidos y que no pueden escapar al poder divino.

    Hay un texto de Santa Catalina de Siena – Dios sabe cuánto la venero y la admiro – pero que me parece bastante ambiguo: "Sabe, hija mía, que nadie puede escapar a mis planes, porque yo soy el que soy y vosotros no sois por vosotros mismos, solo sois por haber sido hechos por mí! Yo soy el creador de todas las cosas que participan del ser pero no del pecado que no es y por consiguiente no fue hecho por mí y, por no ser en mí, no es digno de ser amado. La criatura no me ofende sino porque ama lo que no debe amar, es decir el pecado, al odiarme a mí, estando obligada a amarme por ser soberanamente bueno y haberle dado el ser con tan ardiente amor. Pero para los hombres es imposible salir de mí, porque permanecen en mí bajo el peso de mi justicia que castiga su pecado, o permanecen en mí custodiados por mi misericordia. Entonces abramos los ojos de la mente para obedecer al Padre muy grande".

    Ella veía el universo entero encerrado en la mano divina, y Dios decía: "¡Hija mía, mira ahora y sabe que nadie puede escapárseme!"

    Me parece  que ahí hay una expresión ambigua, que no hace mella desde luego a la gran santidad de Catalina, pero me parece encontrar ahí un rastro de mezcla de dos concepciones: una de dependencia absoluta respecto de Dios y otra de relación de amor con Él.

    Justamente por estar enraizados en el corazón de la Trinidad, justamente por estar introducidos en el inmenso secreto de amor, por no poder ver a Dios espíritu como tal, en la comunión de amor que se realiza en lo más íntimo de Él, vemos la Creación como don de la libertad. No se trata de arrojar en la existencia creaturas, sacándolas de la nada para que se sometan, sino de comunicar lo más íntimo, de comunicar precisamente lo que constituye la esencia de la libertad en la disposición total en que el ser se convierte en pura ofrenda de amor.

    Si quieren, y creo que ustedes son sensibles como yo al movimiento de rebelión del ser que rehúsa tomar conciencia de sí mismo bajo forma de dependencia y de sumisión. ¿Para qué una creación sierva, esclava? No tendría ningún sentido para la mente.

    Y en el fondo Cristo, en la ecuación "a los ojos de Dios, el hombre iguala a Dios", en esta ecuación Cristo resuelve precisamente la crisis más profunda, resuelve la interrogación que nos arroja en la rebeldía o en una sumisión servil porque el rostro de Dios se revela justamente a través de Él bajo su aspecto absolutamente nuevo.

    En el fondo, Nietzsche veía, veía en sus momentos de rebeldía, veía en el deseo de ser único árbitro de sí mismo y creador de todos los valores, veía el único modo de existir sin ser esclavo, y Dios le parecía congénitamente un fabricante de esclavos: aceptar a Dios era aceptar la sumisión, la dependencia, la esclavitud, y sólo podía concebir la grandeza humana en la línea piramidal en que uno sube por encima de su cabeza, emerge por encima de los demás y los aplasta con su propia grandeza.

    Cristo deshace ese nudo trágico porque nos revela de Dios un rostro totalmente nuevo, un rostro de dimisión, de despojamiento y de pobreza.

    Si Dios es Dios precisamente porque no posee nada, porque es totalmente don, porque no se apega a sí mismo, porque no está aferrado a Su existencia, porque sólo la da, entonces entrevemos otra manera, o mejor otro aspecto de la grandeza, una grandeza que está unida íntimamente a la más profunda humildad porque es grandeza de don, grandeza de amor, grandeza en que uno se vacía de sí mismo, en que uno se hace espacio ilimitado para acoger a los demás.

    Y eso me parece justamente infinitamente considerable porque va hasta la raíz de nuestras aspiraciones, de nuestras ambiciones: deseamos grandeza infinita, jamás queremos detenernos en las aspiraciones y chocamos siempre finalmente contra un falso infinito, que construimos exaltándonos en delirio paranoico en que el hombre se pone en espectáculo y quiere absolutamente como testigos de su grandeza los seres que ha hecho esclavos.

    Todas las grandezas humanas, todas las grandezas de la carne, como dice Pascal, son construidas justamente según la línea piramidal en que tiene trono en la cumbre un ser que mira a los demás desde arriba y los aplasta con su desprecio. Es lo contrario de la grandeza divina". (Continuará)

     

    Nota: el verdadero amor no puede soportar que el amado siga siendo inferior a él. Amando infinitamente al hombre, Dios quiere que éste sea su igual. La igualdad se realiza cuando el hombre se hace miembro de la Iglesia. Cada miembro de la Iglesia es la Iglesia entera.

     

  • 25/10/09 – ¡Alegría, por comulgar en la alegría del Padre!(3)

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Tercera parte: intercambio con los ejercitantes.

    -Un ejercitante (E): ¿Cómo se llama el libro sobre el retiro?

    -P. Paul Debains (PD): Es el retiro de Timadeuc, "Fidelidad de Dios y grandeza del hombre". Lo publicaron los suizos.

    -Abad Paul Houix (PH): Los suizos lo publicaron, sin informarme.

    -E: todos esos textos están en el sitio del P. Paul Debains, si los desean. (GS: y también en este sitio)

    -E: Padre, usted nunca utilizó la palabra libertad, y me parecía que era constitutivo del primer hombre.

    -PH: debí decirlo: la libertad divina. Lo contrario de la libertad es el determinismo. Zundel trata de hacer pasar lo que es determinado, lo posesivo, a lo que es oblativo en la libertad. Nos hacemos libres en el amor. Por eso, cuando les hablo a los jóvenes, les digo: "El hombre más libre fue Jesús en la cruz". -- ¿Perdón, puede explicar un poco? – "El hombre más libre fue Jesús crucificado". Ahí tenemos un hombre libre. Eso hacía decir al polaco Lech Walesa, rodeado de policías por todas partes: "¡Ahora soy libre!" Sin embargo, lo tenían bajo escucha, con policías por todas partes. "¡Soy libre!" Y les digo eso a los jóvenes, porque cuando vienen acá tienen la impresión de una prisión. Hay los muros, los monjes, y les digo: Aquí se encuentra la verdadera libertad. Es necesario explicar. Sí, la libertad es importante.

    -E: justamente, me parecía que la libertad es lo primero para que el hombre prefabricado se haga Hombre.

    -PH: En él todo es primero. Cualquier hilo que se coja, viene todo. Abran donde quieran, ahí encuentran a Zundel.

    -E: Cuando usted dice que son libres en el monasterio, eso requiere explicaciones.

    -E: Es la libertad interior.

    -PH: Sí, es la libertad del amor. Supongan que un día se celebra un matrimonio. El matrimonio de Francisca y Víctor. ¿Les dirán ustedes: "Saben, en el matrimonio no son libres, dejan de ser libres"? Pues responderán: ¡Somos plenamente libres porque nos amamos! Después será necesario concretizar, de la mañana hasta la tarde y de la tarde a la mañana. La libertad no será fácil. ¡Pero si amamos, somos realmente libres! El otro día, un hermano hacía sus votos perpetuos. En el rito de profesión solemne, en los cistercienses, tenemos algo conmovedor: el hermano lee delante del padre abad, delante de los Hermanos y de la familia, lee lo que llamamos una cédula manuscrita: "Yo, Fray Manuel María Pinsón, prometo estabilidad, obediencia". Es el único lugar en que se dice YO en la liturgia católica. Uno se atreve a decir: "YO, yo prometo". Se necesitaron cinco, seis años para poner la libertad en ese YO. Entonces uno es plenamente libre.

    -E: ¿El retiro predicado por Zundel puso la comunidad en ebullición? ¿Hubo personas que no entendieron, Hermanos que no tenían la clave?

    -PH: Al comienzo, todos estaban como yo. No entendíamos nada. Para ser franco, a algunos no les gustó su estilo. Porque era muy original. Debía ser difícil vivir con él. En el presbiterio donde vivía, comía zanahorias y papas; llegaba tarde y se iba antes que los demás, no debía ser fácil vivir con él, era original. Decía "Hay personajes, pero no hay personas", y parecía jugar un papel. Verdaderamente, un personaje. La manera extravagante de vestirse, la manera de hablar, por ejemplo: tenía una voz demasiado rara, hablaba muy bajo, y luego le daba ira. Como si no le interesáramos.

    -E: Eso hace pensar en la voz de Antonin Artaud. Así, habitado. Él no hablaba de Dios, sino de la voz que había en él, y conmovía a todo el mundo; sus entonaciones así, disminuyendo y volviendo a subir. Antonin Artaud, poeta y escritor, estubo encerrado en un asilo psiquiátrico durante mucho tiempo, contra su voluntad. Dijo especialmente un texto magnífico sobre Van Gogh, el crucificado, un texto muy hermoso. (1) 

    -PH: Hubo Hermanos que no entendieron todo, Hermanos algo alérgicos al personaje, y otros como yo a los que les gustó mucho.

    -E: ¿Quién lo había invitado? ¿Usted, o usted no lo conocía particularmente?

    -PH: Yo no era todavía abad. Lo invitó el antiguo padre abad, porque había predicado en Bellefontaine. Fue prácticamente el mismo retiro.

    -E: ¿Escribió usted El corazón roto durante el proceso del paso de posesivo a oblativo?

    -PH: Así es. Usted comprendió. Me atreví a escribir un librito y el texto que les leí viene de ahí. Es "el sol interior". Eso es. La experiencia que viví del paso de afuera a dentro, no la viví a causa de Zundel, porque la viví antes de Zundel.

    En dos palabras, estuve confrontado con una experiencia terrible de obediencia. No era abad sino prior y maestro. El padre abad me pidió algo que yo rehusaba. Entré en la desobediencia de Adán. Y viví verdaderamente lo del corazón de piedra. Ezequiel y Jeremías hablan de eso: "Os arrancaré del pecho el corazón de piedra y os pondré un corazón de carne". Pero un año antes yo había encontrado la Renovación Carismática que me había marcado mucho. Un año después, el gran combate espiritual en el rechazo de la obediencia. Entré en un período que duró un mes durante el cual rehusé obedecer. Viví el corazón de piedra. Es terrible, es el infierno. Uno no es uno mismo, uno tiene un corazón de piedra, no hay amor, ya no hay sino odio, venganza, rechazo de amar. Ahora hablo de eso con mucho humor porque me pregunto cómo habría podido hacer para seguir viviendo así. Si al cabo de un mes no hubiera vivido algo, no sé cómo, pero así fue, al cabo de un mes, verdaderamente el corazón de piedra estalló. ¿Cómo? ¿Cómo explicarlo? Fue lo que sucedió. "Os arrancaré del pecho el corazón de piedra y os pondré un corazón de carne". El corazón se me rompió literalmente. Sírvame una comparación: fue como si el Espíritu Santo estuviera encerrado bajo una capa de hormigón, de acero, y que del interior, el Espíritu Santo hizo estallar todo. Viví eso, un bautismo de lágrimas durante tres días, y pasé de afuera a dentro. Eso fue. Por eso el libro lo llamé "El corazón roto". El corazón roto. Después, a uno no le quedan ganas de jugar al personaje. Ya no. Uno trata de ser alguien habitado, una persona.

    -E: Cuando uno es persona, me pregunto si no transparenta aun sin querer, y sigue siendo para los demás un personaje. No es apariencia sino una especie de transparencia.

    -PH: Es verdad, Zundel era realmente un personaje, raro. Pero eso era porque era persona. Podía ser personaje porque era persona, mientras que los demás son personajes porque no hay persona. Ha una página suya: "¡No hay nadie! ¡No hay persona!"

    -P. Bernardo de Boissière: Así es. A cada final de frase: "¡No hay persona!" Toda esa homilía está basada sobre ese tema, sobre la ausencia de relación. 

     

  • 22-23/10/09 ¡Alegría, por comulgar en la alegría del Padre! 2)

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Segunda parte: La teología de Mauricio Zundel.

    Después, leí mucho a Zundel mientras que entonces no teníamos sino un libro. Lo he leído mucho, mucho. Cuando abro a Zundel, en cualquier parte, en seguida estoy en resonancia con lo que dice. Y lo que me impresionó verdaderamente fue constatar que esa frase "uno deja de mirarse", es verdaderamente una frase clave que repite en todas partes. Voy a citarles unos pasajes. Tengo aquí "El problema que somos", un libro maravilloso que es mi libro de base. No mirarse pues. Les leo unos pasajes de Zundel:

    "El testimonio de Jesús ilumina del modo más profundo y conmovedor el misterio. Jesús nos enseña que Dios no es una potencia solitaria que se mira, que se complace en sí misma, que crea un mundo que no es nada para ella, para someterlo a sus decretos, sino que Dios es una eterna comunión de amor, que Dios no toma posesión de sí mismo de manera posesiva, sino de manera desapropiante, que Dios es Dios precisamente porque da todo, que Dios no sufre su existencia sino que la da, que, en una palabra, Dios es libre de sí mismo".

    Esa es una de las grandes claves teológicas de Zundel. Dios es libre de sí mismo. Nos predicó, nos hizo una homilía en la misa, una homilía magnífica. Está en las páginas 213 y siguientes del libro "Fidelidad de Dios y grandeza del hombre". Dice así:

    "Dios despega eternamente de sí mismo, no tiene adherencia a sí mismo, no puede mirarse, porque en Él la mirada es relación subsistente hacia el Otro, no puede amarse porque en Él el amor es relación con Otro, porque todo está desapropiado, el conocimiento y el amor, en fin, porque Dios es infinitamente libre de Sí mismo". Dijo esta frase extraordinaria: "Esa es la Perla del Reino, la Joya incomparable! ¡Esa es la Novedad imprevisible e inagotable!" y lo escucho todavía gritando: "¡Es OTRO DIOS!" ¡Eso es fuerte! ¡Otro Dios! "¿Quién habría pensado en semejante Dios? ¿¡Quién hubiera pensado que Dios es Dios PORQUE NO TIENE NADA!, que Dios es la anti-posesión y el anti-narciso por esencia?"

    El otro día yo estaba presente cuando el P. Debains dijo que el P. Zundel aporta una nueva teología porque efectivamente a pesar de todo estábamos marcados por una teología de un Dios todopoderoso. De un Dios dominador. El Dios que aplasta, el Dios que domina. Y Zundel dice ¡No, No, No, el Dios crucificado! Entonces, el Dios que no puede poseernos. Es un Dios que sólo puede amarnos, y espera de nosotros una respuesta libre, entonces, Dios es impotente delante del hombre.

    Siempre repetía lo mismo. Repitió sin cesar las mismas historias. "Dios es Dios porque sólo tiene contacto con su ser comunicándolo. Dios es Dios porque no puede poseer nada. Porque no puede mirarse con mirada complaciente ya que en Él la mirada sobre sí es mirada hacia el otro. El Padre es sólo la mirada hacia el Hijo, el cual es sólo mirada hacia el Padre". Es sorprendente porque, imagínense que en la tradición cisterciense estaba escrito que los hermanos no hacen sermones el día de la Trinidad. ¿Porqué? ¡Por lo difícil del tema! Entonces se evitaba a los monjes hacer homilías porque hablar de Dios era demasiado complicado. Evidentemente, si se habla de Dios como el Dios de antes, Padre, Hijo, Espíritu Santo… ¿y después? Mientras ahora tengo un gozo inmenso al hacer homilías el día de la Trinidad porque hablo como Zundel. Cito a Zundel: "El Padre es sólo mirada hacia el Hijo, el cual es sólo la mirada hacia el Padre en la respiración total del Espíritu Santo". Es el gran icono de Rublev.

    Fue en 1971, y lo cito: "Cuando pensamos en nosotros, es siempre al interior del yo prefabricado, el cual es nuestra verdadera prisión. Sólo tenemos toma de conciencia liberadora cuando dejamos de mirarnos. Y cuando nos sobrecoge la presencia que nos abre la puerta de nosotros mismos y nos hace pasar de afuera a dentro, pero esos momentos son tan raros como preciosos".

    Zundel se resume en seis líneas. Repite siempre lo mismo. "Pero es a través de ellos (de esos momentos) como tomamos conciencia de nuestra verdadera libertad y comprendemos el sentimiento de inviolabilidad que es el primer brote de nuestra humanidad".

    Es algo muy fuerte, que él repetía sin cesar: "El hombre es inviolable, porque hay siempre en lo más profundo del hombre, hay siempre lo que Paul Claudel llamaba el punto sagrado que dice Pater noster. Hay una página maravillosa de Claudel que dice que en la prostituta más horrible, en el borracho más vil, hay siempre ese punto sagrado que dice Pater noster. Y es lo que debemos encontrar en nosotros, y en los demás, eso es lo que hace posible la relación. Que no es relación de posesión sino relación de amor.

    "Entonces nada puede iluminar más profundamente que la revelación de una toma de conciencia puramente altruista en Dios, en que conocerse es estar eternamente vuelto hacia el otro, es decir conocerse sólo en el otro y para él". No me canso de repetir esas cosas.

    En 1973, cito: "Nuestra mirada sobre la creación cambia radicalmente: ¡si Dios es totalmente libre de sí mismo, si no se mira jamás, si su mirada es siempre mirada hacia el otro, el Padre hacia el Hijo, el Hijo hacia el Padre en la hoguera del Espíritu Santo, Dios sólo puede querer un universo libre! ¡Libre! Un universo que se va a decidir ante Él mismo, un universo que va inclusive a ser su Dios".

    Ven pues, me parece sorprendente que espontáneamente el P. Zundel, como un brote espontáneo de él mismo, cuando le pedía que orara para que yo permaneciera en la humildad, haya dicho: "¡No! ¡No! ¡Eso no tiene interés!" ¡Qué importa que sea humilde! Ese no es el problema. "¡Alegre! ¡Alegre!" Alegre por comulgar en la alegría del Padre, que es todo don de sí mismo al Hijo, y en la alegría del Hijo que es todo don de sí mismo al Padre, y en el gozo del Espíritu Santo, que es la comunión del Padre y del Hijo.

    Debemos pues vivir, dice Zundel, alegres. Pero eso supone haber salido completamente de sí mismo, no pertenecerse ya, haber pasado del yo posesivo al yo oblativo. Alegres, porque en la alegría uno deja de mirarse. Es una lección terrible la que me dio. Zundel, que es un verdadero místico, un verdadero profeta, se dio inmediatamente cuenta de que al pedir la humildad yo estaba todavía mirándome, contemplándome. Y me dijo: "¡Eso no tiene importancia, padrecito. ¡Ninguna! Deje de mirarse. Mire al Padre, como el Hijo lo mira, como el Padre mira hacia el Hijo".

    En una conferencia aquí en Timadeuc, Zundel dijo: "No vamos a contestar la afirmación del derecho a la felicidad humana, evidentemente, pero ella reposa sobre bases falsas, sobre un equívoco fundamental: ¿De qué Dios hablamos? ¿Y a qué hombre?"

    Esa era la gran pregunta de Zundel: ¿De qué Dios hablamos, y de qué hombre? Por eso es muy moderno. Porque a mi modo de ver, es la mayor pregunta, que me aguijonea cada vez más: ¿Qué Dios y qué hombre? Si tenemos una falsa imagen de Dios, necesariamente tendremos una falsa imagen del hombre. No sabremos lo que es el amor. Él dice: "Es evidente que si la moral no es mística, si la moral no es promoción para nuestra humanidad, si no se trata de un problema metafísico, si no se trata de ontología creadora, se comprende en efecto la polémica contra la encíclica Humanae Vitae. Estamos en un clima en que se percibe que es indispensable una mutación: en una palabra, hay que cambiar de dios, ¡cambiar de Dios! "Hay que llegar re-encontrar o a descubrir el DIOS interior, el Dios Trinidad, el Dios libertad, el Dios que es el único camino hacia nosotros mismos, el Dios que nos promueve a una grandeza infinita, la suya. Y sin duda lo que más les falta a los católicos, cuya fe no podemos sospechar, a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas, a todas las personas que se agitan, que contestan, que sufren, que se van, que abandonan, que denuncian, que se muestran en la televisión", (estamos en 1973, lo recuerdan), "que publican sus casos de conciencia y que protestan contra la esclavitud a que quieren someterlos, en nombre de una libertad humana que se inscribe finalmente en los Derechos Humanos". Pero Zundel dice: estamos radicalmente equivocados, porque nos equivocamos de Dios.

    En el libro del retiro de Timadeuc, pasó una conferencia entera, una hora, contándonos historias. ¡E historias que contó en todas partes! Me gustaría que alguien escriba un libro sólo con las historias de Zundel, tales como él las contaba. Es siempre la misma historia, pero las palabras son diferentes.

    - Padre Bernardo de Boissière: "Se ha encontrado un centenar, y se quería escribir un libro con ellas, pero todavía no se ha hecho, desgraciadamente".

    - Abad Paul Houix: Hay historias muy bellas, especialmente la de Oscar Wilde enviado en prisión. Oscar Wilde era un lord inglés enviado en prisión y toda la gente se burla de él, todo el mundo se avergüenza de él, y cuando pasa, un amigo se adelanta y se inclina ante él. Eso es todo. Y "al cabo de un año se realiza un trabajo que depende justamente de ese gesto de respeto que le mostró ese único hombre que salió de la multitud y se inclinó a su paso. Entonces brilla la luz, él piensa: ¡Cómo! ¡Hubo alguien que creyó en mí!" (1) 

    También está esa historia muy corta: cuando Beaudelaire escribe a Flaubert para pedirle ayuda para entrar a la academia francesa. Respuesta de Flaubert que Zundel repetía sin cesar: "¿Porqué querer ser algo cuando podemos ser alguien?" (1) 

    Es una frase que repito con frecuencia. Y con mucha frecuencia dijo: hay un personaje, pero no hay nadie. Eso es terrible. Y nosotros, inclusive yo, abad, en cierto modo soy un personaje. Cuando me invitan, cuando me ponen adelante, cuando me hacen hablar: un personaje. Pero no es eso, eso no importa, nada.

    Una conferencia entera pues contándonos historias, pero siempre el mismo deseo de hacernos tomar conciencia de nuestro valor, que es un valor de interioridad. Conciencia de que somos seres habitados. Y por consiguiente el cuerpo del hombre y de la mujer es una dignidad, un valor, y por eso la magnífica conferencia sobre la castidad. Por eso es muy moderno. Hay una palabra para nuestro triempo. Cuando uno ve todas las tonterías que se dicen sobre el celibato, sobre la castidad, sobre todo, él tiene la respuesta. El tiene razón. Es tan hermoso ser hombre, es tan hermoso tener cuerpo, y no cualquiera, sino un cuerpo de interioridad, un cuerpo habitado. Estás habitado. Y cuando decimos eso a los jóvenes, nos escuchan. Porque viven en un mundo tan exteriorizante! ¡Tan exteriorizado! ¡En el mundo del personaje y no de la persona!

    Sau primera conferencia terminó así: se intitulaba "Qué es el hombre". Quiso poner una primera señal. "Nos llevará muy lejos en el descubrimiento de la humanidad, y por consiguiente en el descubrimiento del Dios que nos habita. Pero era importante –es importante – que nos pongamos de acuerdo sobre la experiencia inicial del Hombre, que es el sentimiento admirable de su inviolabilidad. Creo que nada es más fuerte, nada más evidente, nada más universal. Ahí comienza propiamente la experiencia del hombre: cuando rehúsa ser instrumento, entonces del mismo golpe reivindica ser la fuente y origen de sus actos. Enconces comienza a despertar a su verdadera dimensión, comienza a entrar en la maravillosa aventura que debemos hacer y que podemos resumir en una frase: HACERSE HOMBRE". Así terminó su primera conferencia. (2) 

    Por eso su famosa frase: "¿Creen en Dios? ¡No es esa la cuestión! ¿Creen en el hombre?" Zundel quería realizar el hombre. Porque sabía que el hombre estaba creado a imagen de Dios y que mientras más Hombre sea el hombre, más puede encontrar a Dios.

    Pero ustedes saben mejor que yo sin duda qué precio tuvo que pagar para llegar a ser uno de los profetas de nuestro tiempo. Pues si hubo alguien más vilipendiado, aplastado, humillado, fue él. Él fue realmente rechazado. Terminó su vida en una pequeña parroquia como coadjutor en Suiza.

    Para mí, hay dos razones. La primera, es que Zundel a pesar de todo es complicado. O mejor, es sencillo, pero para comprenderlo se necesita una clave. Si no se tiene la clave, se choca. Se choca, se cierra el libro y se va a ver en otra parte. Pero si se ha descubierto la clave, entonces se entra en un castillo interior, y es un paseo. Entonces, la primera razón es que es complicado y la segunda, para mí, es que nos lleva en un camino sagrado. Y entonces se puede tener miedo de lanzarse en la aventura.

    A veces causa miedo. ¡Como se tiene miedo del amor! Eso quería decirles.

    (Continuará)

     

    Nota (1): Conferencia en la Abadía Cisterciense de Timadeuc Lunes 9 de abril 1973 por la mañana.

    Nota (2 Conferencia en la Abadía Cisterciense de Timadeuc Lunes 9 de abril 1973 por la noche.

     

  • 20-21/10/09 – Alegría, por comulgar en la alegría del Padre!

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Retiro de Timadeuc, del 13 al 19 de septiembre de 2009

    Intervención del Padre Abad HOUIX, el miércoles 16 de septiembre de 2009

     

    Durante el retiro a la escucha de Mauricio Zundel que tuvimos en la abadía de Timadeuc en septiembre pasado, el P. Abad HOUIX aceptó dar testimonio de su encuentro personal con Mauricio Zundel cuando él dio el retiro en Timadeuc, en abril de 1973.

    Con su autorización, conservando la espontaneidad del estilo oral, presentamos la intervención del padre abad, la cual marcó profundamente a todos los ejercitantes. Y a los que aprecien o queden subyugados por la fuerza de su testimonio, les recomendamos leer el libro "La brisure du coeur" (El corazón roto) - Paul Houix, Ed. Desclée de Brouwer, colección Voie spirituelle.

     

    Vamos a presentar la intervención del P. Paul Houix en tres partes:

    Primera parte: encuentro con Mauricio Zundel

    Segunda parte: la teología de Mauricio Zundel.

    Tercera parte: conversaciones con los ejercitantes.

     

    Primera parte: encuentro con Mauricio Zundel

    - Padre P. Debains: hoy estamos en la mitad del retiro, felices de acoger al Padre Paul Houix. Le agradezco desde ya el poder escucharlo hablar de Zundel.

    - Abad Paul Houix: Estoy encantado de encontrarme con ustedes como abad. Espero que su retiro transcurra bien. Y para nosotros es una gracia ya que en efecto tuvimos la suerte, la gracia, el placer de acoger al Padre Zundel entre nosotros en 1973 para un retiro. Además, acaban de publicar un libro "Fidelidad de Dios y grandeza del hombre" (sobre ese retiro de 1973) y yo ni lo sabía.

    Quisiera hablarles esta mañana de mi encuentro con el P. Zundel, que fue para mí algo muy importante, iba a decir casi decisivo. Cuando llegó, confieso que yo no sabía estrictamente nada de él. Yo sabía que existía, y como había predicado en Bellefontaine, me precipité a la biblioteca para buscar un libro del P. Zundel. Teníamos entonces un libro, "Moral y mística" y lo leí, sin entender mucho además. Cuando llegó, Fray Marcos fue a buscarlo a la estación de Rennes. Es interesante ver cómo sucedió. El P. Zundel llega con su sotana blanca y su capa negra, y el P. Marcos le pregunta si ya comió. – "¡No!" – Entonces el P. Marcos lo lleva al restaurante de la estación de Rennes, con su gran maleta. Había mucha gente y el P. Zundel se puso de pie, hizo un gran signo de cruz, y se puso a orar largo tiempo en el restaurante. El P. Marcos estaba un poco sorprendido. Ese fue el comienzo. Cuando llegó al monasterio, todavía lo veo entrar al capítulo. Era ya interesante verlo avanzar lentamente, los ojos bajos, el rostro interiorizado. Parecía alguien completamente presente y al mismo tiempo radicalmente ausente. Y esa fue mi experiencia durante todo el retiro. Un hombre realmente presente, por la palabra que era de fuego, y al mismo tiempo aparentemente ausente. Nos dio conferencias de tres cuartos de hora, con los ojos cerrados, y al cabo de tres cuartos de hora hablando, había terminado, sin mirar el reloj ni nada. Hombre curioso, y creo que todo su ser, toda su persona proclamaba el misterio de un hombre presente y ausente. Creo que es el misterio mismo de Dios. Dios está al mismo tiempo presente y ausente, presente en la ausencia, ausencia en la presencia. O mejor, Dios es un Dios escondido. Juan Pablo II proclamó ante los jóvenes en el Bourget, lo hizo adrede evidentemente: "¡El problema de la ausencia de Dios no existe!" Quería decir que Dios no está ausente sino escondido. Así era Zundel: a la vez, alguien presente y ausente.

    Con toda sencillez confieso que no entendí mucho en las primeras conferencias. Yo lo escuchaba, lo miraba, era fascinante, pero pensaba: "¿De qué está hablando? ¿Qué es lo que cuenta?" Hasta que comenzó a citar a San Agustín en la segunda conferencia intitulada: "Cómo encontrar al hombre. Encuentro con un Dios interior". Cita a Agustín: "Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo; Tú estabas adentro, pero yo, afuera". Y añade: creo que es difícil encontrar una expresión más noble, más profunda, más humana, más universal…" ¡Y el estilo de Zundel! Tenía un estilo extraordinario, hablaba y hablaba… Por decir algo esencial, la famosa frase de Agustín en las Confesiones, "Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé, pero Tú estabas adentro, era yo el que estaba afuera y te buscaba corriendo sin belleza hacia las bellezas que Tú hiciste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo".

    Esta frase de Agustín la citó continuamente. No hay una conferencia, ni un texto donde no cite esa frase: "Tú estabas adentro y yo estaba afuera". Entonces, desde el comienzo nos colocaba en una zambullida audaz. Uno presentía que la zambullida era liberadora, pero era difícil. ¿De qué se trata? De nada más que entrar en el templo interior, de entrar en el yo profundo, en el yo habitado por el Espíritu. Zundel deseaba gritar al hombre: ¡Hombre! ¿Sabes que eres un santuario? ¡Hombre! ¿Sabes que estás habitado?

    A mi entender, Zundel era verdaderamente un aventurero de las profundidades. ¡Había que seguirlo en esa aventura de interioridad! Y era difícil descender porque, a veces, apenas era audible, su voz era un murmullo entrecortado de largos silencios, y de repente comenzaba a gritar, sobre todo cuando deseaba hablar del verdadero Dios. Todavía lo oigo decir: "¡Ese es el verdadero Dios!" E inclusive añadía: "¡Es un nuevo Dios!" Zundel quería hacernos encontrar la presencia interior, cautivante, que saca al hombre de lo que él llamaba el yo posesivo, el yo prefabricado. Yo hice una nota personal en la que anoté todas las expresiones en que Zundel habla a la vez del yo posesivo y del otro yo. El yo positivo y el yo negativo.

    Yo fantasma, yo prefabricado, yo biológico, yo primario, yo instintivo, yo bruto, yo propietario, yo resultado, yo objeto, yo límite, yo pesadez, yo encierro, yo parásito, yo cómplice, yo cósmico, yo robot, yo pasional, yo infantil, yo ficticio, no narcisista, yo cupido, yo animal, y hasta yo cero.

    Al lado está el otro yo, y me parece que hay mucho menos. 

    Nuevo yo, yo autónomo, yo origen (es una de sus grandes expresiones, el hombre debe hacerse origen), yo abierto, yo relativo, yo auténtico, yo universal (es una intuición de Zundel, que mientras más "yo" se encuentre, más universal se hace o puede hacerse el hombre), yo solar (¡qué bello!), yo dignidad (la palabra dignidad vuelve con frecuencia a sus labios), yo sujeto, yo divino, yo interior, yo fuente (esa es otra e las grandes expresiones de Zundel: hacerse fuente de su propia vida), yo creador.

    Para Zundel era necesario pasar del yo posesivo al yo oblativo. Es toda la aventura humana. El yo prefabricado. Y entonces la palabra caía en un silencio contagioso. Lo sorprendente en el capítulo es que se sentía que el silencio se hacía cada vez más denso y profundo. Pero como si Zundel hubiera sentido un peligro enorme de mirarse, iba a decir contemplativo, entonces se ponía a rugir: un profeta, nos sacaba de nosotros. Y entonces, a medida que el retiro avanzaba, tenía impresión de que el camino se hacía escarpado. Porque la vocación de creador no se rehúsa a nadie, todos estamos llamados a ser templo de interioridad, habitado, a vivir ese santuario de inviolabilidad, pero hay que confesar que ese santuario se parece extrañamente al crucificado del Gólgota. Todo cambiaba cuando comenzaba a decir la palabra mayor que utilizaba en todas partes, la desapropiación. Desapropiarse. Uno es propietario de sí mismo, y desapropia, se sale de sí mismo. Como Jesús en la Cruz. Y entonces hay que vivir un despojamiento total para que surja en nosotros, en el vacío absoluto, que se levante en nosotros la figura del hombre nuevo, del hombre entregado a Dios. Es realmente la palabra grande de Zundel, uno es desapropiado. Ya no es propietario de sí mismo. Ya no es propietario. "Eso es Dios: la desapropiación fundamental en el horno de la eterna trinidad". Para él, así es Dios. Y yo tenía conciencia de que a medida que el retiro avanzaba, Zundel nos proponía el crucificado con los brazos crucificados. ¡El crucificado con brazos crucificados por los clavos liberadores! Y ésa era nuestra vocación: ¡ser libres! En la desposesión más radical, ¡como el servidor que marcha hacia la ley a través del fuego del calvario!

    La teología de Zundel es al mismo tiempo una gran teología de la resurrección, el hombre huevo, el hombre solar, y una teología profunda de la crucifixión, del calvario. En él siempre hay los dos.

    Entonces, a medida que avanzaba el retiro, yo pensé: tengo que ir a ver a este hombre. Al principio no iba porque no entendía nada. Yo entendía algunas palabras, pero no veía la experiencia y sólo al cabo de dos o tres días comencé a apasionarme por ese hombre y pensé: tengo que ir a verlo. Y entonces fui a ver al P. Zundel. Seguirá siendo uno de los momentos decisivos de mi vida, porque sin decir demasiados secretos, yo me encontraba entonces en una fase un poco difícil, atravesaba un período – en la vida monástica, ustedes saben, hay siempre momentos difíciles en que es necesario retomar el camino del amor – durante un año o dos pasé por momentos difíciles, especialmente al nivel de la obediencia. Ya había pasado ese período, entonces fui a verlo y le conté mi historia. El espectáculo era el mismo: estaba en su sillón, abrigado, con los ojos cerrados, no se movía. No se sabía bien si dormía o no. En realidad no estaba dormido, escuchaba pero sin decir estrictamente nada. Yo hablaba y el sin decir nada. Al final, me puse de pie y le dije: "Padre Zundel, quisiera que pida por mí, para que yo permanezca en la humildad". ¡Oración! ¡No sé porqué dije eso! Quizá por haber atravesado un período difícil y haberlo superado me sentía feliz, y sentía quizá la necesidad de vivir más en la humildad. Entonces sucedió algo absolutamente extraordinario. Literalmente saltó fuera de su sillón, levantó los brazos al cielo y me dijo: "¡No! ¡No! ¡No!" Yo estaba completamente petrificado, anonadado, y pensé: pero ¿qué fue lo que le dije? En ese momento abrió los ojos y en su rostro había una sonrisa mística, esa sonrisa sorprendente, esa sonrisa espiritual, de ternura. Y me dijo: "¡En la alegría! En la alegría uno ya no se mira". Yo me fui, me fui con esa frase sorprendente "uno ya no se mira". El me decía: "Está muy bien, padrecito, usted vivió una gracia, Dios lo salvó, usted está todavía ahí, feliz de ser monje, pero ahora corre un riesgo enorme y es el de seguir mirándose a sí mismo. Y eso no tiene ningún interés". (Continuará)

  • 19/10/09 – En el mal hay más que el hombre torturado...

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Final de la 2ª conferencia del Cenáculo de París en 1971.

    En el mal hay más que el hombre torturado, más que la criatura desgarrada, hay un Dios que muere. Esa es nuestra única esperanza. ¿Cómo podríamos justamente darle sentido a nuestra vida si no estuviéramos delante de ese Rostro Adorable confiado a nuestro amor?

    Es seguro que todos los sacerdotes que contestan, en la medida en que hacen ruido, si hubieran podido ponerse ante ese Rostro, si hubieran comprendido que la dignidad humana está ahí, no se trata de decir que el hombre tiene derechos. ¿Quién tiene derechos? ¿Nuestra dignidad? Lo que tiene derechos en nosotros no es ese complejo, no es el manojo de deseos y pasiones desordenadas, lo que tiene derechos en nosotros es justamente el ser que debemos ser, constituido alrededor de la Presencia de Dios.

    Si el hombre no llega a Dios, si no es en el corazón de cada uno que el universo se constituye, forzosamente, pareciendo satisfacer lo humano, erige una dictadura drástica que confíe la suerte de la multitud a unos pocos cuyas decisiones sean soberanas y no tengan ninguna contraparte ya que entonces no es en el hombre, al interior de cada uno donde se sitúa el futuro de la humanidad.

    Pero si vemos el porvenir de la humanidad en cada uno, es en el corazón de nuestro corazón donde se constituye la historia del mundo. Si hay que salvar en cada uno la posibilidad de ser creador, indispensable al equilibrio del universo, es necesario primero que vivamos intensamente esa Presencia, que la vivamos en silencio como se vive la vida nupcial.

    Tendremos entonces un contagio sobre los demás, no de rebelión instintiva, no de justicia horizontal, sino lo que Gandhi deseaba, el sentimiento de que hay en cada uno algo inviolable y de que ése es el don que debe hacer a los demás para liberarlos. Un solo hombre liberado, si lo hay, tan liberado de sí mismo, tendrá influencia infinita sobre toda la humanidad.

    Y justamente eso es lo indispensable, el retorno al silencio, el silencio que violamos, el silencio que ignoramos, el silencio que es todo. Es imposible, radicalmente imposible, escuchar la música interior si no estamos ante el silencio de Dios.

    Tratemos pues de partir de la revelación cardinal que es la Trinidad. ¡La Trinidad es verdaderamente la cuna de nuestro nacimiento, la cuna de nuestra libertad! ¡Y es totalmente imposible considerar nuestro destino sino en la ofrenda de amor que cerrará el anillo de oro del desposorio eterno que permite a Dios expresarse a través de nosotros! Y es claro que las palabras no pueden expresarlo, las palabras son totalmente inútiles si no son confirmadas por la verdad de la vida.

    Tenemos una tarea inmensa, llena de esperanza, porque no se trata de una especie de Deus ex machina, no se trata de una receta para hacer frente a las circunstancias, sino de la obra eterna que tenemos que realizar: permanecer de pies en el universo frente al Dios escondido en el fondo de los corazones y darle la respuesta de amor que dé sentido a toda realidad como lo dice Patmore, "tota realidad cantará y no cantará ninguna otra cosa".

    Ustedes ven la importancia inmensa del movimiento que hace bascular el universo de afuera a dentro y que inscribe toda la Creación en el corazón del primer Amor que late en el nuestro y que nos está confiado ya que justamente, Dios puede fracasar y fracasa de seguro si nosotros no estamos presentes, como fracasamos nosotros en la ternura humana si no encontramos eco, si el corazón de los seres amados permanece obstinadamente cerrado.

    Se trata de una historia de amor, de una historia de dos, en que se trata de salvar a Dios, de descrucificarlo y de darle en nosotros el Rostro de Navidad, el Rostro de Resucitado". (Fin de la segunda conferencia)

     

  • 18/10/09 – Los lazos que constituyen la humanidad son lazos nupciales

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 5ª parte de la 2ª conferencia del Cenáculo de París en 1971.

    "En la agonía de Jesucristo, en Su Pasión, en Su Soledad, en Su desesperación, en el hecho de que, como dice Pablo en su lenguaje inimitable, "Él se hizo pecado por nosotros", debió ser el contrapeso de todas las fallas y de todos nuestros rechazos de amor, aparece de repente la personalidad del mal, como también, claro está, la personalidad del Bien.

    ¡El Bien es Alguien por amar! No estamos en un sistema jurídico, ya no estamos bajo la Ley, como no cesa de proclamarlo San Pablo, sino en una relación nupcial. "Os he desposado con un esposo único para presentaros a Cristo como una virgen pura".

    Y aquí estamos en el centro de una experiencia bien nuestra: las heridas de amor en un hogar, las heridas de amor entre esposos, las heridas de amor entre padres e hijos, y recíprocamente, son evidentemente lo más grave que hay, pues tocan a la sustancia misma de los lazos que constituyen la familia. Pues bien, esos son los lazos que constituyen el universo: los lazos que constituyen la humanidad, los lazos que nos unen a la fuente misma de nuestra existencia, son lazos nupciales.

    El Bien es Alguien por amar, más bien que algo por hacer y el mal es una herida mortal hecha a ese amor, incluso el infierno, el infierno que en su figuración tradicional expresa por el exterior nuestra responsabilidad, y Dios sabe que es necesario mantenerla.

    Rehusar pues al hombre el ser responsable es matar al hombre en su germen, es negar al hombre en su esencia, es rehusar toda la dimensión que está delante de nosotros, es rehusar simplemente el existir.

    El hombre es responsable, pero no ante un tribunal sino ante una Vida que está confiada a su vida, a tal punto que finalmente el infierno aparecerá como el infierno de Dios: "Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo. No hay que dormir durante ese tiempo".

    Y esa es seguramente otra experiencia que podemos verificar a cada instante: ¿Dónde está el Mal? Malraux lo indicó en sus Antimemorias, puso en valor el carácter más horrible de los campos de concentración, el no ser simplemente un lugar donde se está privado de todo lo que hace el confort de la vida, sino un lugar donde se es sistemáticamente humillado. Lo que él denuncia es una voluntad de hacer al hombre despreciable a sus propios ojos, como el sacerdote belga que cuenta en su libro "Yo sufrí el lavado de cerebro", que, las manos atadas a la espalda, esposado inextricablemente, los pies encadenados, debía tomar su alimento lamiéndolo en un tazón y como era muy restringido, y mucha parte se regaba en el suelo, estaba condenado a lamer en el suelo el alimento indispensable para sobrevivir.

    La voluntad de perseguir al hombre en el yo más profundo, de humillarlo a sus propios ojos, de hacerlo despreciarse, de darle náuseas de sí mismo, Malraux lo denuncia como la empresa más mortal, más inicua, más salvaje.

    Y nadie sabe cuánto se hiere esa dignidad en el mundo de la enfermedad, en el universo de los leprosos, de los cancerosos, de los ciegos. ¡En el mundo condenado al sufrimiento físico no se puede encontrar la dignidad, la grandeza, el despojamiento, la generosidad, el heroísmo del amor! ¡Uno no es descalificado en su yo profundo por la enfermedad! El sufrimiento esencial, finalmente, es el sufrimiento de Dios.

    Si no hubiera en nosotros una Presencia infinita, si sólo fuéramos insectos y chacales, si fuéramos simplemente objetos, si no hubiera en nosotros la interioridad divinizable, si no fuéramos  el santuario de una Presencia infinita, el Mal no existiría.

    Vemos por otra parte que el mal, la frontera del mal, retrocede siempre cada vez más. Somos cada vez menos sensibles al sufrimiento, nos damos cada vez más espacio. ¡Hacemos finalmente lo que deseamos, creyendo alcanzar así la libertad cuando simplemente llegamos a una esclavitud cada vez más total! Pero eso es inevitable porque la frontera entre el bien y el mal sólo puede ser trazada en función de la creación nupcial en que Dios se da y se compromete tan a fondo que no puede realizar Su Presencia en la creación sino con el consentimiento y la colaboración de ella.

    El mal es pues mal de Dios: es Dios el herido cuando no se Lo ama. Cuando Gandhi estaba reducido casi a la muerte por el ayuno, eso no lo descalificaba, él estaba en la cumbre de su grandeza, y toda India lo sabía, y los ingleses lo sabían, y finalmente esa grandeza fue la que impuso la decisión de liberarlo.

    Y volvemos a la conclusión de nuestra primera charla: Revelación, Creación, inacabado del universo, fracaso de Dios en la Creación, fracaso de Dios en nosotros, todo eso constituye una revelación única, que es necesario esperar de un universo fundado sobre relaciones interpersonales o, lo que da lo mismo, sobre un lazo nupcial, y es justamente lo que condiciona, en una vida que ha tomado conciencia de la Presencia de Dios, lo que condiciona sus esfuerzos para superarse, para escapar a sus límites y aceptar trascender los límites ajenos.

    No es la perspectiva de una recompensa más allá de la vida, porque el más allá está adentro, porque el Cielo está en nosotros, porque estamos enfocados en la eternidad, porque vivimos realmente en la tierra sólo en la medida en que estamos en relación con el Dios Vivo, porque los únicos momentos en que llegamos verdaderamente al centro de nosotros mismos son aquellos en que estamos en diálogo con Él. Eso es justamente lo que estimula nuestra generosidad, y no: "Mañana estaré en posesión de una felicidad más grande", ni: "Después de la muerte gozaré de una situación privilegiada" porque la muerte ya está vencida hoy, en la medida justamente en que me libero de mis determinismos cósmicos y en que establezco mi existencia sobre el centro de gravedad en mí en que la Presencia es "nosotros".

    Pero lo que nos impide dar rienda suelta a nuestros deseos es que Él está implicado, Él puede morir en nosotros, Él está en agonía hasta el fin del mundo y que lo estará mientras haya en alguna parte una criatura que se rehúse al Amor.

    Dios no podrá ser jamás una especie de padre indiferente que dice: "Bueno, siguió sus caprichos, ¡se perdió, es culpa suya! ¡Que sufra las consecuencias!" porque Dios está implicado hasta la muerte en cada criatura y la derrota de la Creación es su propio fracaso.

    Lo sentimos bien en las relaciones humanas cuando herimos a otro, cuando empujamos al prójimo a la desesperación, cuando sentimos que un ser está caído, que viene con su propia oscuridad, sentimos que la única intervención posible es revelarle el Amor, es hacerle presente en su yo profundo esa espera eterna, y sólo podemos hacerlo renunciando completamente a nosotros mismos.

    La mirada de Cristo en nuestra vida, la revelación de Cristo, el testimonio que da a la Trinidad, su retorno a la fuente eterna, al primer origen de toda criatura en la divina pobreza, todo eso modifica nuestra visión del mundo, de la historia, de la revelación, de la creación y del misterio del mal que nos tortura.

    Pero en efecto, no hay otra respuesta que la respuesta sino la que nos da la agonía de Jesucristo, otra que la que nos da Su Crucifixión". (Continuará)

     

  • 17/10/09 - El mal se revela como una herida infligida a alguien.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 4ª parte de la 2ª conferencia del Cenáculo de París, en 1971.

    "En favor de la revelación del Antiguo Testamento, hay que decir además que este problema fue planteado de cierta manera, al contrario de lo que se piensa, quiero decir de una de las maneras más conmovedoras, en la historia del pecado original, porque, con todas sus imágenes, este relato es en el fondo la revelación bíblica, sea cual fuere la fecha del relato que es probablemente bastante posterior en la génesis de los escritos bíblicos pero, de todos modos, el relato que abre el Génesis es la primera tentativa bíblica por resolver el problema del mal.

    Y de manera muy profunda, el relato bíblico hace entrever la imposibilidad de crear un mundo humano sin consentimiento del hombre. El universo sólo será humano si el hombre se presta y consiente. Dios no puede crear solo, precisamente, porque se trata de una relación nupcial, se trata de interponer relaciones interpersonales, se trata de un diálogo de espíritu a espíritu, en que el éxito depende consustancialmente del consentimiento.

    Pero evidentemente el relato del pecado original, así sea muy profundo, es sólo una primera tentativa, digna de toda admiración, primera tentativa ya que Dios permanece fuera del juego. El hombre está condicionado por el orden divino, por el mandamiento que se le impone con la perspectiva de castigo en que incurrirá si transgrede la prohibición, pero Dios está fuera del juego. El hombre es el castigado, el hombre es el condenado a muerte, el hombre es el que cae. Queda una verdad fundamental: que un mundo humano jamás se constituirá sin consentimiento del hombre, y según la intuición de Pablo a los romanos, si el mundo está en esta situación, la causa no es Dios sino el hombre.

    Otra etapa demasiado importante será el Libro de Job. El Libro de Job, poema de prodigiosa grandeza, contiene uno de los mayores gritos de protesta que el hombre haya proferido jamás. El Libro de Job retoma el problema alrededor del siglo 5° antes de Jesucristo, quizás al mismo tiempo que Esquilo escribía "Los Persas" donde plantea también el problema del destino.

    Una vez más, el Libro de Job es un poema y no una historia, poema de suma grandeza, de un genio totalmente desconocido, donde el poeta se confronta con el mal. Puesto delante de Dios, se interroga. ¿Cómo es posible que ese Dios que todo lo puede deje que el mal torture al hombre? ¡Y al hombre inocente! ¡Al hombre inocente! Al hombre sin recursos, al hombre que no tiene esperanza ni siquiera en la inmortalidad, al hombre que debe recibir en esta vida la recompensa de su rectitud, o eventualmente la sanción de sus faltas. ¿Qué hace Dios? Entonces, bajo la presión de amigos que lo ponen al pie del muro, que quieren absolutamente que su miseria sea resultado de sus faltas, Job se enfada, se exaspera, provoca a Dios, lo pone a su vez contra el muro, le pide cuentas por la situación hasta ser confrontado con la omnipotencia de Dios que lo aplasta! Dios lo pone ante las constelaciones, ante el hipopótamo, el cocodrilo, el avestruz, ante las criaturas más sutiles o más grandes, y le dice: "¿Dónde estabas tú cuando todo esto comenzó a existir? ¿Dónde estabas? ¿Y qué haces, cómo puedes cuestionar al autor de todas estas maravillas?" Y Job cae en el polvo.

    El problema no está resuelto, ha sido planteado magistralmente, con los datos de la época, que suponen todos recompensas o castigos aplicados en esta vida. Pero el problema no está resuelto. Sólo podrá serlo en Cristo y en la Pasión de Cristo.

    Y justamente en ese momento el mal revela su verdadera naturaleza y no como violación de una obligación impuesta de afuera sino como una herida mortal infligida a alguien que está indefenso y que es el Amor eterno confiado a nuestro amor". (Continuará)

     

  • 16/10/09 – Dios se comunica para suscitar una libertad semejante a la suya.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 3ª parte de la 2ª conferencia del Cenáculo de Paris, en 1971.

    "Esa Presencia supremamente delicada que nos induce, o mejor, nos conduce a todos los matices del amor, que nos lo hace descubrir, que nos permite acercarnos a los demás en el arrodillamiento del respeto y del amor, no imaginamos que sea el mago que arroja los mundos en el espacio sin comprometerse en lo más mínimo.

    ¡Si Dios es espíritu, crea como espíritu, si está adentro, crea como interioridad, si es todo Amor, crea como Amor! Si está en nosotros totalmente entregado a nuestras manos hasta el punto de no poder invadir nuestra historia sin nuestro consentimiento, es que quiere dar al universo lo que es Él. Quiere crear el mundo como mundo libre. Invita toda criatura a la libertad, a la interioridad, a la ofrenda, a la contemplación, al amor.

    Sí, claro, si Dios está despojado, si es pura interioridad, el universo que debe tomarse en su totalidad, en la totalidad desde sus raíces físico-químicas más sutiles hasta nosotros, este mundo que debemos tomar en su totalidad, Dios sólo puede suscitarlo por mediación de las criaturas espirituales esperando su respuesta y con su consentimiento.

    Si en el universo no hay una respuesta de amor, el universo es un sin sentido desde el punto de visa espiritual justamente porque el Espíritu no puede suscitar esclavos, no puede interesarse por objetos cerrados sobre sí mismos sino por la respuesta de amor que suscitará dioses delante de Dios, porque Dios al crear crea dioses precisamente porque se compromete a fondo en una relación nupcial en que la respuesta de la criatura permanece inviolable a Dios mismo que funda la inviolabilidad y puede hacerlo fracasar.

    Una imagen extremamente sencilla nos hará entender inmediatamente el sentido de este pensamiento. Un hombre genial y místico, casado con una mujer de concepción muy estrecha, que quiere poseer al hombre, dirigirlo, que quiere que todo pase por ella y que sólo haya las relaciones que ella autoriza y las amistades que ella quiere aceptar, ese hombre, con toda su grandeza y su genialidad, con toda su espiritualidad, va a estar prisionero de esa posesividad, y a la mujer le va a fallar lo esencial por no estar abierta a esa dimensión, por no haber llegado a ser un espacio donde esa grandeza pudiera florecer. Consiguió marido conforme a su concepción, mutilándolo, haciéndolo sufrir cruelmente y haciéndose sufrir ella misma al no poder doblegar esa grandeza a su propia pequeñez.

    Pues bien, Dios es ese esposo si quieren, inmenso en el orden de la santidad y del amor, infinitamente grande, siempre dado, como el marido de la parábola que acabo de evocar. Estando siempre disponible, pedía sólo darse como era Él, con todo lo que era, pero al no ser recibido su don, era como si no existiera.

    En el gesto creador, desde el fondo de Su pobreza, desde el corazón de Su despojamiento más íntimo, desde el corazón de esa libertad total respecto de Sí mismo que constituye precisamente Su Santidad infinita, Dios se comunica para suscitar una libertad semejante a la Suya, para suscitar algo propiamente divino que es el existir bajo forma de don.

    Esto es para todo el universo a través de las criaturas dotadas de inteligencia, ángeles u hombres, o criaturas de otros planetas dotadas de pensamiento y capaces de amar. Pero en el don mismo que es el don creador está también comprendida la posibilidad de fracaso y eso es justamente lo que indica San Pablo en ese pasaje de increíble profundidad de la epístola a los romanos, cuando muestra la Creación gimiendo en dolores de parto, esperando la revelación de la gloria de los hijos de Dios.

    La Creación está entregada a la vanidad, entregada a la exterioridad, entregada a la objetividad, replegada sobre sí misma, opaca, sin luz ni amor, porque justamente la criatura espiritual que corona la Creación, que es el espacio de todo el universo, en que se enraíza toda realidad para ser promovida a la libertad divina, porque la criatura espiritual no cumple su vocación. En este pasaje de la epístola a los romanos uno puede presentir un fracaso de Dios en la Creación misma, que corresponde al fracaso de Dios en Su revelación. Lo mismo que balbucea con la humanidad infantil, fracasa con una humanidad que se niega, como fracasamos nosotros todos cuando tratamos de entender un alma que nos escapa y de la que sabemos bien que jamás podremos llegar a ella a menos de llevarla a la interioridad donde encuentre su propia libertad, pero en un encuentro silencioso con la Presencia única.

    Es pues seguro que si nuestra experiencia fundamental de nosotros mismos no es jamás exitosa fuera del encuentro divino, si nuestra experiencia fundamental nos pone ante un Dios que es libertad infinita, que es la única posibilidad de dar inclusive sentido a la palabra "libertad", pues ¿qué quiere decir libertad sino liberación de sí mismo? ¿Y cómo hacerlo si no podemos darnos totalmente a un amor que es el don infinito y eterno de sí mismo? Un fracaso de Dios es entonces posible, y la Pasión de Jesucristo nos revela precisamente ese fracaso.

    Y aquí tocamos al problema del mal que es otro problema insoluble e imposible de plantear como es imposible de plantear el problema de la libertad si no hemos entrevisto en el encuentro divino nuestra vocación de liberación. Como nuestra libertad sólo toma sentido en nuestra liberación, así también sólo es posible plantear el problema del mal ante la Presencia adorable que está confiada a nuestra vida y que debemos proteger constantemente contra nosotros mismos. ¡Y aquí, una vez más, se trata de una interiorización inmensa! Aquí no estamos, ya no estamos, en una moral de obligación: "¡Debes, tienes que…, está prohibido, está prohibido so pena de tal o cual castigo, inclusive hasta con castigo eterno!" ¡No es que nos demos licencias, no es que las exigencias sean menores, van a ser infinitamente más graves, más totales, van a pedirlo todo, pero desde adentro, desde adentro! Como un amor nupcial lo pide todo, pero desde adentro. El mal cambia radicalmente de de apariencia según lo consideremos de afuera o de adentro". (Continuará)

     

  • 15/10/09 La concepción de Dios como una especie de mago...

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 2ª parte de la 2ª conferencia del Cenáculo de París en 1971.

    "Entonces, al decir "Palabra de Dios" debemos tener mucho cuidado. Palabra de Dios, sí, pero palabra pedagógica, palabra que balbucea la madre con su bebé lactante, y esos balbuceos no los atribuimos a la madre y a sus imperfecciones, sino al niño que no puede seguir desde la cuna razonamientos platónicos, sino que debe ser tratado con un lenguaje accesible para él.

    Por eso también la revelación sólo podía alcanzar su perfección mediante una humanidad perfecta como la de Jesucristo, desde el punto de vista cristiano. Esa Humanidad totalmente despojada de sí misma era necesaria para que Dios transparentara sin ninguna especie de limitaciones y que nosotros nos encontráramos por fin ante el Dios-Espíritu.

    Dios es Espíritu. ¡Eso es! Es puro interior y sólo puede llegar a nosotros por el interior, haciendo surgir nuestra interioridad llevándonos al corazón de la intimidad, ya que nos es imposible llegar allá por nosotros mismos. Él es el único camino hacia nosotros mismos y ese camino sólo podía ser descubierto muy lentamente, tanto más que, como ya observaba hace un instante, al comienzo la revelación tuvo necesariamente aspecto colectivo.

    En verdad jamás hubo pueblo escogido sino una colectividad elegida – es decir elegida por ella misma – hubo una colectividad elegida para dar testimonio de una Presencia divina en favor de todos los pueblos, y no en su propio favor, tanto que la noción de "pueblo elegido para sí mismo" no puede ser más que desviación de una misión colectiva que tomó precisamente esa forma porque la personalidad no había alcanzado todavía todo su valor.

    Pasternak lo observó de manera extraordinariamente conmovedora en el Doctor Jivago, en dos páginas trascendentes, a propósito de la Anunciación de María. En un lenguaje de lirismo infinitamente silencioso, nos hace sentir el paso de la Antigua a la Nueva Alianza. La colectividad es el ruido de las muchedumbres, la muchedumbre de pueblos, todo ese gran movimiento que se manifiesta necesariamente en una colectividad misionera que no puede serlo sino muy aproximadamente, que arriesga siempre replegar sobre sí misma una elección destinada a los demás. Pasternak observa que toda la novedad es el diálogo entre el Señor y la jovencita, el coloquio secreto, silencioso, esencialmente personal, donde se va a decidir el destino de la humanidad. Es necesario el consentimiento de la joven. Es necesario que ella pronuncie en su intimidad profunda el "sí" que va a decidir de todo para que la Encarnación se haga realidad.

    Y así es en efecto. En Cristo, la Revelación concierne las personas, implica toda persona. Dicho de otro modo, en Cristo cada persona se convierte en un universo, cada persona se hace universal porque lleva en sí misma el tesoro depositado en cada conciencia y que hace de cada conciencia una fuente y origen, que hace de cada conciencia el centro del universo y de la historia, no reduciéndola a ella sola sino justamente porque la inmensifica la Divina Presencia, porque no puede vivir sin comunicarla. No hay pues que aferrarse a encontrar el Nuevo Testamento en el Antiguo.

    El Padre Lagrange dice ya en "el método histórico" que protesta contra la asimilación indiscreta que pretendía encontrar en el Antiguo Testamento todo el Nuevo, ¡anulando el aporte de Jesucristo! Él no era necesario si ya todo estaba contenido en la letra antigua. Lo que es verdad es que había señales, señales infinitamente preciosas, pero que eran sólo señales hacia la comunicación infinita, inagotable y maravillosa que es la Encarnación de Jesucristo.

    Nos previene pues que no busquemos en el Antiguo Testamento lo que no puede darnos. Nos protege contra el escándalo que es para nosotros el Dios que amenaza, que castiga, que encierra nuestro destino en su arbitrariedad, imagen inevitable justamente si nos situamos al nivel de una colectividad, pues una colectividad como tal no puede tener lazos místicos con la divinidad, sólo puede ver en la divinidad un poder que la protege, la defiende contra sus enemigos, le da la victoria sobre ellos y es tanto más poderosa cuando más terrible sea.

    La revelación es pues una relación recíproca pues es un diálogo cuyos lados débiles son evidentes y manifiestan precisamente los balbuceos del hombre, que es tan lento para liberarse de sí mismo y proyecta inevitablemente sobre Dios los límites que lo aprisionan, de modo que si vemos en el Antiguo Testamento el Rostro que será, o al menos que se revelará como el Rostro del Crucificado, si percibimos ese Rostro, nos conmueve tanto más que haya aceptado esa especie de desfiguración que le impusieron durante siglos dándole finalmente el rostro demasiado humano del hombre.

    Dios pasó por la pobreza en que se expresaba su eterna Pobreza precisamente para llegar hasta nosotros, lo mismo que ustedes hacen cuando quieren conquistar a un niño que les resiste o una mujer o un marido que se aleja: saben que no tienen más recurso que intensificar su amor, hacer del respeto de su inviolabilidad el centro de gravedad de todas sus intervenciones.

    Imposible lograr intimidad sino en la libertad de sí mismo, estando uno libre de sí mismo. La revelación-diálogo nos lleva a concebir igualmente una creación-diálogo y esto es capital. En efecto, en la mayoría de los sistemas filosóficos, en la mayoría de las tradiciones religiosas, en la tradición bíblica del Antiguo Testamento, Dios es el Creador del mundo, la explicación de este universo. Este universo tiene origen, viene de alguna parte, surgió de la no existencia por intervención de Aquél que existe eternamente y naturalmente se concibe a Dios como origen del mundo en que estamos, del mundo que perciben los sentidos, del mundo en que estamos enraizados, del mundo cuya evolución está grabada en el inconsciente, del mundo que es para nosotros la realidad primera. Si Dios es el Creador del mundo tal como se presenta, surge la pregunta de si está o no comprometido en la Creación, o si ella es totalmente exterior a Él.

    Hay una visión de Dios como una especie de mago colosal que, con una palabra, arroja el mundo a la existencia imponiéndole su forma y sus leyes, sin que por otra parte el Creador esté comprometido en lo más mínimo en los destinos de la Creación. Parece que esta concepción, que parece evidente, está en el fondo de todos los que se dicen creyentes. Son creyentes precisamente porque creen que el mundo tiene origen en Dios y que Dios se caracteriza ante todo como Creador del universo.

    Parece que esta concepción no coincide con el descubrimiento de un Dios que es, en el fondo de nosotros, el espacio en que respira nuestra libertad, de un Dios que es, en el fondo de nosotros, una Presencia que jamás se impone, que está eternamente disponible pero que no ejerce jamás ninguna coacción sobre nosotros". (Continuará)

     

  • 14/10/09 – Nadie puede actuar auténticamente sobre el hombre sin estar liberado de sí mismo.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 1ª parte de la 2ª conferencia del Cenáculo de París, en enero de 1971 (publicada ya en este sitio en octubre de 2005).

    "Recuerdan el episodio narrado por Gottfried Keller: un niño, hijo único de una madre que había enviudado, que no tiene sino a él en el mundo, que le prodiga toda su ternura y toda su atención, que lo educa en un protestantismo tradicional a base bíblica, que le enseño a orar mañana y noche y antes de comer, este niño regresa de la escuela, se pone a comer sin orar, y cuando su madre le llama la atención finge no escucharla. Finalmente se empecina, rehúsa, dice no: "¿No quieres orar?" – "¡No!" – "¡Pues anda a la cama sin cenar!" El niño acepta el reto, se va a la cama sin comer. Su madre se arrepiente, le lleva la comida a la cama. Demasiado tarde: desde ese día dejó de orar. Ese detalle infinitesimal tuvo sin embargo mucho significado, nos hace sentir la autonomía que comienza a despertar en un alma, un ser humano siente que hay en él algo inviolable donde nadie puede penetrar sin su autorización.

    Y en efecto eso es lo que constituye una de las experiencias humanas más corrientes y fundamentales, por defecto o por exceso, en el sentido de que el hombre toma conciencia de su dignidad cuando la ignoran. Cuando la pisotean, se da cuenta de hay en él un valor infinito, que no sabe nombrar, pero al rebelarse contra una agresión que lo pisotea, toma conciencia de cierta dimensión que la mayoría de las veces no logrará dominar plenamente, no logra realizarla pero en fin, es claro, en el hombre existe una zona inviolable.

    Ustedes son perfectamente conscientes de ello en sus relaciones con los hijos, en sus relaciones con el marido, con la esposa, en todas sus relaciones humanas: en una palabra, toman conciencia de la imposibilidad de forzar cierta barrera y si están centrados en una acción humana, propiamente humana, toman disposiciones para no herir la inviolabilidad, para actuar en cierto modo por el interior, eclipsándose, creando en sí mismos un espacio donde el otro se sienta acogido y pueda responder con plena libertad a lo que esperan.

    En efecto, todos hacemos esa experiencia, la renovamos a cada instante del día. En todo contacto humano hay esa exigencia fundamental: el contacto no dará resultados, no logrará crear nada, suscitará un bien auténtico sólo si tiene por base el despojamiento. En todo ser hay esta posibilidad infinita de entrega sólo en la medida en que se actualice, en que sea hecha efectiva por medio del amor.

    Ahí es donde fracasan todos los métodos: no hay trucos para penetrar en ese santuario, sólo es posible arrodillarse ante él y esperar en el silencio de sí mismo que despierte la disponibilidad para encontrar su verdadero objeto o mejor, para encontrar la única Presencia que pueda realizarla efectivamente.

    La revelación del hombre para el hombre ha tenido siempre como condición ese eclipse, esa dimisión, ese despojamiento, y nadie puede actuar auténticamente sobre el hombre sin estar liberado de sí mismo y es en la medida en que esa libertad es efectiva en él como puede ser para los demás un fermento de liberación.

    Esta situación nos pone inmediatamente frente a la revelación divina. Será evidentemente un error fundamental imaginar la revelación divina como una oficina de información que nos trasmite un boletín de noticias sobre lo que sucede en el Cielo.

    La Revelación es justamente la maduración lenta de la reciprocidad nupcial entre Dios y nosotros. Como un matrimonio se construye por dentro, como la intimidad del uno se hace accesible al otro sólo en la transparencia del amor, ¡así sucede, con mayor razón, con Dios que es pura interioridad! No hay exterioridad. Nosotros podemos camuflar los disentimientos, las diferencias, las distancias por formas de cortesía que pueden hasta cierto punto llenar las brechas, pero Dios que es pura interioridad, que no tiene exterior, que es puro interior, no puede ser accesible sino en la medida en que nosotros nos transformamos.

    Las manifestaciones de Dios están pues unidas a un devenir inmenso, Dios se revela en la medida en que el hombre se hace hombre. Dicho de otra manera, ¡la revelación es un diálogo y no un monólogo en que Dios hablaría desde lo alto de una montaña y dejaría caer sobre nosotros sentencias definitivas! La Revelación es un diálogo que supone que en la medida en que Dios se compromete, y lo hace infinitamente, nosotros nos comprometamos a la vez a nuestro nivel y, liberándonos de nosotros mismos en el resplandor de Su Presencia, Lo dejemos transparentar.

    Es lo que explica que la revelación bíblica que mencionaba hace un momento, esté como tal manchada de imperfecciones, sea cual fuere para nosotros, en ciertos momentos, totalmente inasimilable, no por parte de Dios, sino por parte del hombre.

    Si el Papa Gregorio pudo decir: "Es balbuciendo como hacemos eco a las grandezas de Dios", también nosotros podemos decir: es balbuciendo como Dios se adapta a nosotros, nos comunica lo que podemos recibir de Él, adaptándose a nuestra lentitud, haciéndose pobre con todas nuestras pobrezas, asumiendo, como decía un gran exégeta, el vestido de pobreza que Lo desfigura, que traiciona Su Verdadero Rostro pero que es a pesar de todo el comienzo de un conocimiento que se va a desarrollar y que sólo puede avanzar al ritmo de nuestra propia transformación". (Continuará)

     

  • 13/10/09 – El llamado a una liberación total.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} (Paul Debains)

    Oración: ¡Dios nuestro, Dios Padre, Hijo y Espíritu, Dios siempre primer implicado en nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás, Dios que apareces solamente cuando el hombre Te deja transparentar! ¡Dios amenazado y puesto en peligro cuando el hombre apaga Tu trasparencia, Te suplicamos que seas en nuestro corazón el fermento de nuestra liberación!

    ¡Tú tienes el rostro del supremo despojamiento, Tú eres la fragilidad infinita, Tú eres una espera infinita dentro de nosotros, Tú eres Dios porque eres total y eternamente libre de Ti mismo! ¡Enséñanos la libertad conquistada y siempre por conquistar en el don total de nosotros mismos a imagen del don eterno y perfecto del Padre, del Hijo y del Espíritu al Otro divino en el corazón del misterio de la Trinidad!

    ¡Dios, belleza suprema antigua y siempre nueva, Tú a quien quiero amar con todas las fuerzas de mi corazón, deseo estar plenamente contigo, estar plenamente en ti como Tú en mí! ¡Ser plenamente miembro vivo de tu Cuerpo, la santa Iglesia! ¡Fortifica sin cesar mi buena voluntad! ¡Sin ti, sin tu ayuda y tu gracia no podemos hacer nada!

     

    Relea el texto publicado ayer, u otro de la misma primera conferencia, ¡tome el tiempo de hacerlo!

     

    Deberíamos detenernos en esta 1ª conferencia. Sobre todo, ¡no nos apresuremos a abrir la segunda! ¡Hay que releerla orando! ¡Esto exige mucho silencio y tiempo! ¡Todo un noviciado, sin fin! ¡Dios es tan frágil en cada uno de nosotros!

    ¡Oremos para que otros tengan tiempo, mucho tiempo, para comprenderla vitalmente! Es tan importante para nuestro mundo de hoy.

    Probablemente sólo en una comunidad podremos acceder totalmente a la liberación, y en comunidad como miembros de la Iglesia. Es quizá necesaria una vida nueva, con hermanos que tienden también a la liberación.

     

    ... Conservemos al menos, por medio de la Trinidad revelada en Cristo, este llamado a una liberación total que comienza en lo más íntimo de nosotros en una mirada hacia El rostro de Cristo en la Cruz que resucita impreso en nuestros corazones…

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