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(Paul Debains)
Oración: ¡Dios nuestro, Dios
Padre, Hijo y Espíritu, Dios siempre primer implicado en nuestras relaciones
con nosotros mismos y con los demás, Dios que apareces solamente cuando el
hombre Te deja transparentar! ¡Dios amenazado y puesto en peligro cuando el
hombre apaga Tu trasparencia, Te suplicamos que seas en nuestro corazón el
fermento de nuestra liberación!
¡Tú tienes el rostro del supremo
despojamiento, Tú eres la fragilidad infinita, Tú eres una espera infinita
dentro de nosotros, Tú eres Dios porque eres total y eternamente libre de Ti
mismo! ¡Enséñanos la libertad conquistada y siempre por conquistar en el don
total de nosotros mismos a imagen del don eterno y perfecto del Padre, del Hijo
y del Espíritu al Otro divino en el corazón del misterio de la Trinidad!
¡Dios, belleza suprema antigua y
siempre nueva, Tú a quien quiero amar con todas las fuerzas de mi corazón,
deseo estar plenamente contigo, estar plenamente en ti como Tú en mí! ¡Ser plenamente
miembro vivo de tu Cuerpo, la santa Iglesia! ¡Fortifica sin cesar mi buena
voluntad! ¡Sin ti, sin tu ayuda y tu gracia no podemos hacer nada!
Relea el texto publicado ayer, u
otro de la misma primera conferencia, ¡tome el tiempo de hacerlo!
Deberíamos detenernos en esta 1ª conferencia.
Sobre todo, ¡no nos apresuremos a abrir la segunda! ¡Hay que releerla orando! ¡Esto
exige mucho silencio y tiempo! ¡Todo un noviciado, sin fin! ¡Dios es tan frágil
en cada uno de nosotros!
¡Oremos para que otros tengan
tiempo, mucho tiempo, para comprenderla vitalmente! Es tan importante para
nuestro mundo de hoy.
Probablemente sólo en una
comunidad podremos acceder totalmente a la liberación, y en comunidad como
miembros de la Iglesia. Es quizá necesaria una vida nueva, con hermanos que
tienden también a la liberación.
... Conservemos al menos, por
medio de la Trinidad revelada en Cristo, este
llamado a una liberación total que comienza en lo más íntimo de nosotros en
una mirada hacia El rostro de Cristo en
la Cruz que resucita impreso en nuestros corazones…