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Segunda parte: La
teología de Mauricio Zundel.
Después, leí mucho a Zundel
mientras que entonces no teníamos sino un libro. Lo he leído mucho, mucho.
Cuando abro a Zundel, en cualquier parte, en seguida estoy en resonancia con lo
que dice. Y lo que me impresionó verdaderamente fue constatar que esa frase "uno deja de mirarse", es
verdaderamente una frase clave que repite en todas partes. Voy a citarles unos
pasajes. Tengo aquí "El problema que
somos", un libro maravilloso que es mi libro de base. No mirarse pues.
Les leo unos pasajes de Zundel:
"El testimonio de Jesús
ilumina del modo más profundo y conmovedor el misterio. Jesús nos enseña que
Dios no es una potencia solitaria que se mira, que se complace en sí misma, que
crea un mundo que no es nada para ella, para someterlo a sus decretos, sino que
Dios es una eterna comunión de amor, que Dios no toma posesión de sí mismo de
manera posesiva, sino de manera desapropiante, que Dios es Dios precisamente
porque da todo, que Dios no sufre su existencia sino que la da, que, en una
palabra, Dios es libre de sí mismo".
Esa es una de las grandes claves
teológicas de Zundel. Dios es libre de sí mismo. Nos predicó, nos hizo una
homilía en la misa, una homilía magnífica. Está en las páginas 213 y siguientes
del libro "Fidelidad de Dios y
grandeza del hombre". Dice así:
"Dios despega eternamente de
sí mismo, no tiene adherencia a sí mismo, no puede mirarse, porque en Él la
mirada es relación subsistente hacia el Otro, no puede amarse porque en Él el
amor es relación con Otro, porque todo está desapropiado, el conocimiento y el
amor, en fin, porque Dios es infinitamente libre de Sí mismo". Dijo esta frase
extraordinaria: "Esa es la Perla del Reino, la Joya incomparable! ¡Esa es
la Novedad imprevisible e inagotable!" y lo escucho todavía gritando:
"¡Es OTRO DIOS!" ¡Eso es fuerte! ¡Otro Dios! "¿Quién habría
pensado en semejante Dios? ¿¡Quién hubiera pensado que Dios es Dios PORQUE NO
TIENE NADA!, que Dios es la anti-posesión y el anti-narciso por esencia?"
El otro día yo estaba presente
cuando el P. Debains dijo que el P. Zundel aporta una nueva teología porque
efectivamente a pesar de todo estábamos marcados por una teología de un Dios
todopoderoso. De un Dios dominador. El Dios que aplasta, el Dios que domina. Y
Zundel dice ¡No, No, No, el Dios crucificado! Entonces, el Dios que no puede
poseernos. Es un Dios que sólo puede amarnos, y espera de nosotros una
respuesta libre, entonces, Dios es impotente
delante del hombre.
Siempre repetía lo mismo. Repitió
sin cesar las mismas historias. "Dios es Dios porque sólo tiene contacto
con su ser comunicándolo. Dios es Dios porque no puede poseer nada. Porque no
puede mirarse con mirada complaciente ya que en Él la mirada sobre sí es mirada
hacia el otro. El Padre es sólo la mirada hacia el Hijo, el cual es sólo mirada
hacia el Padre". Es sorprendente porque, imagínense que en la tradición
cisterciense estaba escrito que los hermanos no hacen sermones el día de la
Trinidad. ¿Porqué? ¡Por lo difícil del tema! Entonces se evitaba a los monjes
hacer homilías porque hablar de Dios era demasiado complicado. Evidentemente,
si se habla de Dios como el Dios de antes, Padre, Hijo, Espíritu Santo… ¿y
después? Mientras ahora tengo un gozo inmenso al hacer homilías el día de la
Trinidad porque hablo como Zundel. Cito a Zundel: "El Padre es sólo mirada
hacia el Hijo, el cual es sólo la mirada hacia el Padre en la respiración total
del Espíritu Santo". Es el gran icono de Rublev.
Fue en 1971, y lo cito:
"Cuando pensamos en nosotros, es siempre al interior del yo prefabricado,
el cual es nuestra verdadera prisión. Sólo tenemos toma de conciencia
liberadora cuando dejamos de mirarnos. Y cuando nos sobrecoge la presencia que
nos abre la puerta de nosotros mismos y nos hace pasar de afuera a dentro, pero
esos momentos son tan raros como preciosos".
Zundel se resume en seis líneas. Repite
siempre lo mismo. "Pero es a través de ellos (de esos momentos) como tomamos conciencia de nuestra verdadera libertad
y comprendemos el sentimiento de inviolabilidad que es el primer brote de
nuestra humanidad".
Es algo muy fuerte, que él
repetía sin cesar: "El hombre es inviolable,
porque hay siempre en lo más profundo del hombre, hay siempre lo que Paul
Claudel llamaba el punto sagrado que dice Pater noster. Hay una página
maravillosa de Claudel que dice que en la prostituta más horrible, en el
borracho más vil, hay siempre ese punto sagrado que dice Pater noster. Y es lo
que debemos encontrar en nosotros, y en los demás, eso es lo que hace posible
la relación. Que no es relación de posesión sino relación de amor.
"Entonces nada puede
iluminar más profundamente que la revelación de una toma de conciencia
puramente altruista en Dios, en que conocerse
es estar eternamente vuelto hacia el otro, es decir conocerse sólo en el otro y
para él". No me canso de repetir esas cosas.
En 1973, cito: "Nuestra
mirada sobre la creación cambia radicalmente: ¡si Dios es totalmente libre de
sí mismo, si no se mira jamás, si su mirada es siempre mirada hacia el otro, el
Padre hacia el Hijo, el Hijo hacia el Padre en la hoguera del Espíritu Santo,
Dios sólo puede querer un universo libre! ¡Libre! Un universo que se va a
decidir ante Él mismo, un universo que va inclusive a ser su Dios".
Ven pues, me parece sorprendente
que espontáneamente el P. Zundel, como un brote espontáneo de él mismo, cuando
le pedía que orara para que yo permaneciera en la humildad, haya dicho: "¡No!
¡No! ¡Eso no tiene interés!" ¡Qué importa que sea humilde! Ese no es el
problema. "¡Alegre! ¡Alegre!"
Alegre por comulgar en la alegría del Padre, que es todo don de sí mismo al
Hijo, y en la alegría del Hijo que es todo don de sí mismo al Padre, y en el
gozo del Espíritu Santo, que es la comunión del Padre y del Hijo.
Debemos pues vivir, dice Zundel,
alegres. Pero eso supone haber salido completamente de sí mismo, no
pertenecerse ya, haber pasado del yo posesivo al yo oblativo. Alegres, porque
en la alegría uno deja de mirarse. Es una lección terrible la que me dio. Zundel,
que es un verdadero místico, un verdadero profeta, se dio inmediatamente cuenta
de que al pedir la humildad yo estaba todavía mirándome, contemplándome. Y me
dijo: "¡Eso no tiene importancia, padrecito. ¡Ninguna! Deje de mirarse.
Mire al Padre, como el Hijo lo mira, como el Padre mira hacia el Hijo".
En una conferencia aquí en
Timadeuc, Zundel dijo: "No vamos a contestar la afirmación del derecho a
la felicidad humana, evidentemente, pero ella reposa sobre bases falsas, sobre
un equívoco fundamental: ¿De qué Dios hablamos? ¿Y a qué hombre?"
Esa era la gran pregunta de
Zundel: ¿De qué Dios hablamos, y de qué hombre? Por eso es muy moderno. Porque
a mi modo de ver, es la mayor pregunta, que me aguijonea cada vez más: ¿Qué Dios y qué hombre? Si tenemos una falsa
imagen de Dios, necesariamente tendremos una falsa imagen del hombre. No
sabremos lo que es el amor. Él dice: "Es evidente que si la moral no es
mística, si la moral no es promoción para nuestra humanidad, si no se trata de
un problema metafísico, si no se trata de ontología creadora, se comprende en
efecto la polémica contra la encíclica Humanae
Vitae. Estamos en un clima en que se percibe que es indispensable una
mutación: en una palabra, hay que cambiar de dios, ¡cambiar de Dios! "Hay
que llegar re-encontrar o a descubrir el DIOS interior, el Dios Trinidad, el
Dios libertad, el Dios que es el único camino hacia nosotros mismos, el Dios
que nos promueve a una grandeza infinita, la suya. Y sin duda lo que más les
falta a los católicos, cuya fe no podemos sospechar, a los sacerdotes, a los
religiosos, a las religiosas, a todas las personas que se agitan, que
contestan, que sufren, que se van, que abandonan, que denuncian, que se
muestran en la televisión", (estamos en 1973, lo recuerdan), "que
publican sus casos de conciencia y que protestan contra la esclavitud a que
quieren someterlos, en nombre de una libertad humana que se inscribe finalmente
en los Derechos Humanos". Pero Zundel dice: estamos radicalmente
equivocados, porque nos equivocamos de Dios.
En el libro del retiro de
Timadeuc, pasó una conferencia entera, una
hora, contándonos historias. ¡E historias que contó en todas partes! Me
gustaría que alguien escriba un libro sólo con las historias de Zundel, tales
como él las contaba. Es siempre la misma historia, pero las palabras son
diferentes.
- Padre Bernardo de Boissière:
"Se ha encontrado un centenar, y se quería escribir un libro con ellas,
pero todavía no se ha hecho, desgraciadamente".
- Abad Paul Houix: Hay historias
muy bellas, especialmente la de Oscar Wilde enviado en prisión. Oscar Wilde era
un lord inglés enviado en prisión y toda la gente se burla de él, todo el mundo
se avergüenza de él, y cuando pasa, un amigo se adelanta y se inclina ante él. Eso es todo. Y "al cabo de un año
se realiza un trabajo que depende justamente de ese gesto de respeto que le
mostró ese único hombre que salió de la multitud y se inclinó a su paso.
Entonces brilla la luz, él piensa: ¡Cómo! ¡Hubo alguien que creyó en mí!" (1)
También está esa historia muy
corta: cuando Beaudelaire escribe a Flaubert para pedirle ayuda para entrar a
la academia francesa. Respuesta de Flaubert que Zundel repetía sin cesar:
"¿Porqué querer ser algo cuando podemos ser alguien?" (1)
Es una frase que repito con
frecuencia. Y con mucha frecuencia dijo: hay un personaje, pero no hay nadie.
Eso es terrible. Y nosotros, inclusive yo, abad, en cierto modo soy un
personaje. Cuando me invitan, cuando me ponen adelante, cuando me hacen hablar:
un personaje. Pero no es eso, eso no importa, nada.
Una conferencia entera pues
contándonos historias, pero siempre el mismo deseo de hacernos tomar conciencia
de nuestro valor, que es un valor de
interioridad. Conciencia de que somos seres habitados. Y por consiguiente el cuerpo del hombre y de la mujer es
una dignidad, un valor, y por eso la
magnífica conferencia sobre la castidad. Por eso es muy moderno. Hay una
palabra para nuestro triempo. Cuando
uno ve todas las tonterías que se
dicen sobre el celibato, sobre la castidad, sobre todo, él tiene la respuesta.
El tiene razón. Es tan hermoso ser hombre, es tan hermoso tener cuerpo, y no
cualquiera, sino un cuerpo de interioridad, un cuerpo habitado. Estás habitado.
Y cuando decimos eso a los jóvenes, nos escuchan. Porque viven en un mundo tan
exteriorizante! ¡Tan exteriorizado! ¡En el mundo del personaje y no de la
persona!
Sau primera conferencia terminó
así: se intitulaba "Qué es el hombre". Quiso poner una primera señal.
"Nos llevará muy lejos en el descubrimiento de la humanidad, y por
consiguiente en el descubrimiento del Dios que nos habita. Pero era importante
–es importante – que nos pongamos de acuerdo sobre la experiencia inicial del
Hombre, que es el sentimiento admirable de su inviolabilidad. Creo que nada es
más fuerte, nada más evidente, nada más universal. Ahí comienza propiamente la
experiencia del hombre: cuando rehúsa ser instrumento, entonces del mismo golpe
reivindica ser la fuente y origen de sus actos. Enconces comienza a despertar a
su verdadera dimensión, comienza a entrar en la maravillosa aventura que
debemos hacer y que podemos resumir en una frase: HACERSE HOMBRE". Así
terminó su primera conferencia. (2)
Por eso su famosa frase: "¿Creen
en Dios? ¡No es esa la cuestión! ¿Creen en el hombre?" Zundel quería
realizar el hombre. Porque sabía que el hombre estaba creado a imagen de Dios y
que mientras más Hombre sea el hombre, más puede encontrar a Dios.
Pero ustedes saben mejor que yo
sin duda qué precio tuvo que pagar para llegar a ser uno de los profetas de
nuestro tiempo. Pues si hubo alguien más vilipendiado, aplastado, humillado,
fue él. Él fue realmente rechazado. Terminó su vida en una pequeña parroquia
como coadjutor en Suiza.
Para mí, hay dos razones. La
primera, es que Zundel a pesar de todo es complicado. O mejor, es sencillo, pero para comprenderlo se
necesita una clave. Si no se tiene la
clave, se choca. Se choca, se cierra el libro y se va a ver en otra parte. Pero
si se ha descubierto la clave, entonces se entra en un castillo interior, y es
un paseo. Entonces, la primera razón es que es complicado y la segunda, para mí,
es que nos lleva en un camino sagrado. Y entonces se puede tener miedo de
lanzarse en la aventura.
A veces causa miedo. ¡Como se
tiene miedo del amor! Eso quería decirles.
(Continuará)
Nota (1): Conferencia en la
Abadía Cisterciense de Timadeuc Lunes 9 de abril 1973 por la mañana.
Nota (2 Conferencia en la Abadía
Cisterciense de Timadeuc Lunes 9 de abril 1973 por la noche.