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Zundel

22-23/10/09 ¡Alegría, por comulgar en la alegría del Padre! 2)

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Después, leí mucho a Zundel mientras que entonces no teníamos sino un libro. Lo he leído mucho, mucho. Cuando abro a Zundel, en cualquier parte, en seguida estoy en resonancia con lo que dice. Y lo que me impresionó verdaderamente fue constatar que esa frase "uno deja de mirarse", es verdaderamente una frase clave que repite en todas partes. Voy a citarles unos pasajes. Tengo aquí "El problema que somos", un libro maravilloso que es mi libro de base. No mirarse pues. Les leo unos pasajes de Zundel:

"El testimonio de Jesús ilumina del modo más profundo y conmovedor el misterio. Jesús nos enseña que Dios no es una potencia solitaria que se mira, que se complace en sí misma, que crea un mundo que no es nada para ella, para someterlo a sus decretos, sino que Dios es una eterna comunión de amor, que Dios no toma posesión de sí mismo de manera posesiva, sino de manera desapropiante, que Dios es Dios precisamente porque da todo, que Dios no sufre su existencia sino que la da, que, en una palabra, Dios es libre de sí mismo".

Esa es una de las grandes claves teológicas de Zundel. Dios es libre de sí mismo. Nos predicó, nos hizo una homilía en la misa, una homilía magnífica. Está en las páginas 213 y siguientes del libro "Fidelidad de Dios y grandeza del hombre". Dice así:

"Dios despega eternamente de sí mismo, no tiene adherencia a sí mismo, no puede mirarse, porque en Él la mirada es relación subsistente hacia el Otro, no puede amarse porque en Él el amor es relación con Otro, porque todo está desapropiado, el conocimiento y el amor, en fin, porque Dios es infinitamente libre de Sí mismo". Dijo esta frase extraordinaria: "Esa es la Perla del Reino, la Joya incomparable! ¡Esa es la Novedad imprevisible e inagotable!" y lo escucho todavía gritando: "¡Es OTRO DIOS!" ¡Eso es fuerte! ¡Otro Dios! "¿Quién habría pensado en semejante Dios? ¿¡Quién hubiera pensado que Dios es Dios PORQUE NO TIENE NADA!, que Dios es la anti-posesión y el anti-narciso por esencia?"

El otro día yo estaba presente cuando el P. Debains dijo que el P. Zundel aporta una nueva teología porque efectivamente a pesar de todo estábamos marcados por una teología de un Dios todopoderoso. De un Dios dominador. El Dios que aplasta, el Dios que domina. Y Zundel dice ¡No, No, No, el Dios crucificado! Entonces, el Dios que no puede poseernos. Es un Dios que sólo puede amarnos, y espera de nosotros una respuesta libre, entonces, Dios es impotente delante del hombre.

Siempre repetía lo mismo. Repitió sin cesar las mismas historias. "Dios es Dios porque sólo tiene contacto con su ser comunicándolo. Dios es Dios porque no puede poseer nada. Porque no puede mirarse con mirada complaciente ya que en Él la mirada sobre sí es mirada hacia el otro. El Padre es sólo la mirada hacia el Hijo, el cual es sólo mirada hacia el Padre". Es sorprendente porque, imagínense que en la tradición cisterciense estaba escrito que los hermanos no hacen sermones el día de la Trinidad. ¿Porqué? ¡Por lo difícil del tema! Entonces se evitaba a los monjes hacer homilías porque hablar de Dios era demasiado complicado. Evidentemente, si se habla de Dios como el Dios de antes, Padre, Hijo, Espíritu Santo… ¿y después? Mientras ahora tengo un gozo inmenso al hacer homilías el día de la Trinidad porque hablo como Zundel. Cito a Zundel: "El Padre es sólo mirada hacia el Hijo, el cual es sólo la mirada hacia el Padre en la respiración total del Espíritu Santo". Es el gran icono de Rublev.

Fue en 1971, y lo cito: "Cuando pensamos en nosotros, es siempre al interior del yo prefabricado, el cual es nuestra verdadera prisión. Sólo tenemos toma de conciencia liberadora cuando dejamos de mirarnos. Y cuando nos sobrecoge la presencia que nos abre la puerta de nosotros mismos y nos hace pasar de afuera a dentro, pero esos momentos son tan raros como preciosos".

Zundel se resume en seis líneas. Repite siempre lo mismo. "Pero es a través de ellos (de esos momentos) como tomamos conciencia de nuestra verdadera libertad y comprendemos el sentimiento de inviolabilidad que es el primer brote de nuestra humanidad".

Es algo muy fuerte, que él repetía sin cesar: "El hombre es inviolable, porque hay siempre en lo más profundo del hombre, hay siempre lo que Paul Claudel llamaba el punto sagrado que dice Pater noster. Hay una página maravillosa de Claudel que dice que en la prostituta más horrible, en el borracho más vil, hay siempre ese punto sagrado que dice Pater noster. Y es lo que debemos encontrar en nosotros, y en los demás, eso es lo que hace posible la relación. Que no es relación de posesión sino relación de amor.

"Entonces nada puede iluminar más profundamente que la revelación de una toma de conciencia puramente altruista en Dios, en que conocerse es estar eternamente vuelto hacia el otro, es decir conocerse sólo en el otro y para él". No me canso de repetir esas cosas.

En 1973, cito: "Nuestra mirada sobre la creación cambia radicalmente: ¡si Dios es totalmente libre de sí mismo, si no se mira jamás, si su mirada es siempre mirada hacia el otro, el Padre hacia el Hijo, el Hijo hacia el Padre en la hoguera del Espíritu Santo, Dios sólo puede querer un universo libre! ¡Libre! Un universo que se va a decidir ante Él mismo, un universo que va inclusive a ser su Dios".

Ven pues, me parece sorprendente que espontáneamente el P. Zundel, como un brote espontáneo de él mismo, cuando le pedía que orara para que yo permaneciera en la humildad, haya dicho: "¡No! ¡No! ¡Eso no tiene interés!" ¡Qué importa que sea humilde! Ese no es el problema. "¡Alegre! ¡Alegre!" Alegre por comulgar en la alegría del Padre, que es todo don de sí mismo al Hijo, y en la alegría del Hijo que es todo don de sí mismo al Padre, y en el gozo del Espíritu Santo, que es la comunión del Padre y del Hijo.

Debemos pues vivir, dice Zundel, alegres. Pero eso supone haber salido completamente de sí mismo, no pertenecerse ya, haber pasado del yo posesivo al yo oblativo. Alegres, porque en la alegría uno deja de mirarse. Es una lección terrible la que me dio. Zundel, que es un verdadero místico, un verdadero profeta, se dio inmediatamente cuenta de que al pedir la humildad yo estaba todavía mirándome, contemplándome. Y me dijo: "¡Eso no tiene importancia, padrecito. ¡Ninguna! Deje de mirarse. Mire al Padre, como el Hijo lo mira, como el Padre mira hacia el Hijo".

En una conferencia aquí en Timadeuc, Zundel dijo: "No vamos a contestar la afirmación del derecho a la felicidad humana, evidentemente, pero ella reposa sobre bases falsas, sobre un equívoco fundamental: ¿De qué Dios hablamos? ¿Y a qué hombre?"

Esa era la gran pregunta de Zundel: ¿De qué Dios hablamos, y de qué hombre? Por eso es muy moderno. Porque a mi modo de ver, es la mayor pregunta, que me aguijonea cada vez más: ¿Qué Dios y qué hombre? Si tenemos una falsa imagen de Dios, necesariamente tendremos una falsa imagen del hombre. No sabremos lo que es el amor. Él dice: "Es evidente que si la moral no es mística, si la moral no es promoción para nuestra humanidad, si no se trata de un problema metafísico, si no se trata de ontología creadora, se comprende en efecto la polémica contra la encíclica Humanae Vitae. Estamos en un clima en que se percibe que es indispensable una mutación: en una palabra, hay que cambiar de dios, ¡cambiar de Dios! "Hay que llegar re-encontrar o a descubrir el DIOS interior, el Dios Trinidad, el Dios libertad, el Dios que es el único camino hacia nosotros mismos, el Dios que nos promueve a una grandeza infinita, la suya. Y sin duda lo que más les falta a los católicos, cuya fe no podemos sospechar, a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas, a todas las personas que se agitan, que contestan, que sufren, que se van, que abandonan, que denuncian, que se muestran en la televisión", (estamos en 1973, lo recuerdan), "que publican sus casos de conciencia y que protestan contra la esclavitud a que quieren someterlos, en nombre de una libertad humana que se inscribe finalmente en los Derechos Humanos". Pero Zundel dice: estamos radicalmente equivocados, porque nos equivocamos de Dios.

En el libro del retiro de Timadeuc, pasó una conferencia entera, una hora, contándonos historias. ¡E historias que contó en todas partes! Me gustaría que alguien escriba un libro sólo con las historias de Zundel, tales como él las contaba. Es siempre la misma historia, pero las palabras son diferentes.

- Padre Bernardo de Boissière: "Se ha encontrado un centenar, y se quería escribir un libro con ellas, pero todavía no se ha hecho, desgraciadamente".

- Abad Paul Houix: Hay historias muy bellas, especialmente la de Oscar Wilde enviado en prisión. Oscar Wilde era un lord inglés enviado en prisión y toda la gente se burla de él, todo el mundo se avergüenza de él, y cuando pasa, un amigo se adelanta y se inclina ante él. Eso es todo. Y "al cabo de un año se realiza un trabajo que depende justamente de ese gesto de respeto que le mostró ese único hombre que salió de la multitud y se inclinó a su paso. Entonces brilla la luz, él piensa: ¡Cómo! ¡Hubo alguien que creyó en mí!" (1) 

También está esa historia muy corta: cuando Beaudelaire escribe a Flaubert para pedirle ayuda para entrar a la academia francesa. Respuesta de Flaubert que Zundel repetía sin cesar: "¿Porqué querer ser algo cuando podemos ser alguien?" (1) 

Es una frase que repito con frecuencia. Y con mucha frecuencia dijo: hay un personaje, pero no hay nadie. Eso es terrible. Y nosotros, inclusive yo, abad, en cierto modo soy un personaje. Cuando me invitan, cuando me ponen adelante, cuando me hacen hablar: un personaje. Pero no es eso, eso no importa, nada.

Una conferencia entera pues contándonos historias, pero siempre el mismo deseo de hacernos tomar conciencia de nuestro valor, que es un valor de interioridad. Conciencia de que somos seres habitados. Y por consiguiente el cuerpo del hombre y de la mujer es una dignidad, un valor, y por eso la magnífica conferencia sobre la castidad. Por eso es muy moderno. Hay una palabra para nuestro triempo. Cuando uno ve todas las tonterías que se dicen sobre el celibato, sobre la castidad, sobre todo, él tiene la respuesta. El tiene razón. Es tan hermoso ser hombre, es tan hermoso tener cuerpo, y no cualquiera, sino un cuerpo de interioridad, un cuerpo habitado. Estás habitado. Y cuando decimos eso a los jóvenes, nos escuchan. Porque viven en un mundo tan exteriorizante! ¡Tan exteriorizado! ¡En el mundo del personaje y no de la persona!

Sau primera conferencia terminó así: se intitulaba "Qué es el hombre". Quiso poner una primera señal. "Nos llevará muy lejos en el descubrimiento de la humanidad, y por consiguiente en el descubrimiento del Dios que nos habita. Pero era importante –es importante – que nos pongamos de acuerdo sobre la experiencia inicial del Hombre, que es el sentimiento admirable de su inviolabilidad. Creo que nada es más fuerte, nada más evidente, nada más universal. Ahí comienza propiamente la experiencia del hombre: cuando rehúsa ser instrumento, entonces del mismo golpe reivindica ser la fuente y origen de sus actos. Enconces comienza a despertar a su verdadera dimensión, comienza a entrar en la maravillosa aventura que debemos hacer y que podemos resumir en una frase: HACERSE HOMBRE". Así terminó su primera conferencia. (2) 

Por eso su famosa frase: "¿Creen en Dios? ¡No es esa la cuestión! ¿Creen en el hombre?" Zundel quería realizar el hombre. Porque sabía que el hombre estaba creado a imagen de Dios y que mientras más Hombre sea el hombre, más puede encontrar a Dios.

Pero ustedes saben mejor que yo sin duda qué precio tuvo que pagar para llegar a ser uno de los profetas de nuestro tiempo. Pues si hubo alguien más vilipendiado, aplastado, humillado, fue él. Él fue realmente rechazado. Terminó su vida en una pequeña parroquia como coadjutor en Suiza.

Para mí, hay dos razones. La primera, es que Zundel a pesar de todo es complicado. O mejor, es sencillo, pero para comprenderlo se necesita una clave. Si no se tiene la clave, se choca. Se choca, se cierra el libro y se va a ver en otra parte. Pero si se ha descubierto la clave, entonces se entra en un castillo interior, y es un paseo. Entonces, la primera razón es que es complicado y la segunda, para mí, es que nos lleva en un camino sagrado. Y entonces se puede tener miedo de lanzarse en la aventura.

A veces causa miedo. ¡Como se tiene miedo del amor! Eso quería decirles.

(Continuará)

 

Nota (1): Conferencia en la Abadía Cisterciense de Timadeuc Lunes 9 de abril 1973 por la mañana.

Nota (2 Conferencia en la Abadía Cisterciense de Timadeuc Lunes 9 de abril 1973 por la noche.

 

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