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Zundel

25/10/09 – ¡Alegría, por comulgar en la alegría del Padre!(3)

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-Un ejercitante (E): ¿Cómo se llama el libro sobre el retiro?

-P. Paul Debains (PD): Es el retiro de Timadeuc, "Fidelidad de Dios y grandeza del hombre". Lo publicaron los suizos.

-Abad Paul Houix (PH): Los suizos lo publicaron, sin informarme.

-E: todos esos textos están en el sitio del P. Paul Debains, si los desean. (GS: y también en este sitio)

-E: Padre, usted nunca utilizó la palabra libertad, y me parecía que era constitutivo del primer hombre.

-PH: debí decirlo: la libertad divina. Lo contrario de la libertad es el determinismo. Zundel trata de hacer pasar lo que es determinado, lo posesivo, a lo que es oblativo en la libertad. Nos hacemos libres en el amor. Por eso, cuando les hablo a los jóvenes, les digo: "El hombre más libre fue Jesús en la cruz". -- ¿Perdón, puede explicar un poco? – "El hombre más libre fue Jesús crucificado". Ahí tenemos un hombre libre. Eso hacía decir al polaco Lech Walesa, rodeado de policías por todas partes: "¡Ahora soy libre!" Sin embargo, lo tenían bajo escucha, con policías por todas partes. "¡Soy libre!" Y les digo eso a los jóvenes, porque cuando vienen acá tienen la impresión de una prisión. Hay los muros, los monjes, y les digo: Aquí se encuentra la verdadera libertad. Es necesario explicar. Sí, la libertad es importante.

-E: justamente, me parecía que la libertad es lo primero para que el hombre prefabricado se haga Hombre.

-PH: En él todo es primero. Cualquier hilo que se coja, viene todo. Abran donde quieran, ahí encuentran a Zundel.

-E: Cuando usted dice que son libres en el monasterio, eso requiere explicaciones.

-E: Es la libertad interior.

-PH: Sí, es la libertad del amor. Supongan que un día se celebra un matrimonio. El matrimonio de Francisca y Víctor. ¿Les dirán ustedes: "Saben, en el matrimonio no son libres, dejan de ser libres"? Pues responderán: ¡Somos plenamente libres porque nos amamos! Después será necesario concretizar, de la mañana hasta la tarde y de la tarde a la mañana. La libertad no será fácil. ¡Pero si amamos, somos realmente libres! El otro día, un hermano hacía sus votos perpetuos. En el rito de profesión solemne, en los cistercienses, tenemos algo conmovedor: el hermano lee delante del padre abad, delante de los Hermanos y de la familia, lee lo que llamamos una cédula manuscrita: "Yo, Fray Manuel María Pinsón, prometo estabilidad, obediencia". Es el único lugar en que se dice YO en la liturgia católica. Uno se atreve a decir: "YO, yo prometo". Se necesitaron cinco, seis años para poner la libertad en ese YO. Entonces uno es plenamente libre.

-E: ¿El retiro predicado por Zundel puso la comunidad en ebullición? ¿Hubo personas que no entendieron, Hermanos que no tenían la clave?

-PH: Al comienzo, todos estaban como yo. No entendíamos nada. Para ser franco, a algunos no les gustó su estilo. Porque era muy original. Debía ser difícil vivir con él. En el presbiterio donde vivía, comía zanahorias y papas; llegaba tarde y se iba antes que los demás, no debía ser fácil vivir con él, era original. Decía "Hay personajes, pero no hay personas", y parecía jugar un papel. Verdaderamente, un personaje. La manera extravagante de vestirse, la manera de hablar, por ejemplo: tenía una voz demasiado rara, hablaba muy bajo, y luego le daba ira. Como si no le interesáramos.

-E: Eso hace pensar en la voz de Antonin Artaud. Así, habitado. Él no hablaba de Dios, sino de la voz que había en él, y conmovía a todo el mundo; sus entonaciones así, disminuyendo y volviendo a subir. Antonin Artaud, poeta y escritor, estubo encerrado en un asilo psiquiátrico durante mucho tiempo, contra su voluntad. Dijo especialmente un texto magnífico sobre Van Gogh, el crucificado, un texto muy hermoso. (1) 

-PH: Hubo Hermanos que no entendieron todo, Hermanos algo alérgicos al personaje, y otros como yo a los que les gustó mucho.

-E: ¿Quién lo había invitado? ¿Usted, o usted no lo conocía particularmente?

-PH: Yo no era todavía abad. Lo invitó el antiguo padre abad, porque había predicado en Bellefontaine. Fue prácticamente el mismo retiro.

-E: ¿Escribió usted El corazón roto durante el proceso del paso de posesivo a oblativo?

-PH: Así es. Usted comprendió. Me atreví a escribir un librito y el texto que les leí viene de ahí. Es "el sol interior". Eso es. La experiencia que viví del paso de afuera a dentro, no la viví a causa de Zundel, porque la viví antes de Zundel.

En dos palabras, estuve confrontado con una experiencia terrible de obediencia. No era abad sino prior y maestro. El padre abad me pidió algo que yo rehusaba. Entré en la desobediencia de Adán. Y viví verdaderamente lo del corazón de piedra. Ezequiel y Jeremías hablan de eso: "Os arrancaré del pecho el corazón de piedra y os pondré un corazón de carne". Pero un año antes yo había encontrado la Renovación Carismática que me había marcado mucho. Un año después, el gran combate espiritual en el rechazo de la obediencia. Entré en un período que duró un mes durante el cual rehusé obedecer. Viví el corazón de piedra. Es terrible, es el infierno. Uno no es uno mismo, uno tiene un corazón de piedra, no hay amor, ya no hay sino odio, venganza, rechazo de amar. Ahora hablo de eso con mucho humor porque me pregunto cómo habría podido hacer para seguir viviendo así. Si al cabo de un mes no hubiera vivido algo, no sé cómo, pero así fue, al cabo de un mes, verdaderamente el corazón de piedra estalló. ¿Cómo? ¿Cómo explicarlo? Fue lo que sucedió. "Os arrancaré del pecho el corazón de piedra y os pondré un corazón de carne". El corazón se me rompió literalmente. Sírvame una comparación: fue como si el Espíritu Santo estuviera encerrado bajo una capa de hormigón, de acero, y que del interior, el Espíritu Santo hizo estallar todo. Viví eso, un bautismo de lágrimas durante tres días, y pasé de afuera a dentro. Eso fue. Por eso el libro lo llamé "El corazón roto". El corazón roto. Después, a uno no le quedan ganas de jugar al personaje. Ya no. Uno trata de ser alguien habitado, una persona.

-E: Cuando uno es persona, me pregunto si no transparenta aun sin querer, y sigue siendo para los demás un personaje. No es apariencia sino una especie de transparencia.

-PH: Es verdad, Zundel era realmente un personaje, raro. Pero eso era porque era persona. Podía ser personaje porque era persona, mientras que los demás son personajes porque no hay persona. Ha una página suya: "¡No hay nadie! ¡No hay persona!"

-P. Bernardo de Boissière: Así es. A cada final de frase: "¡No hay persona!" Toda esa homilía está basada sobre ese tema, sobre la ausencia de relación. 

 

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