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Tercera parte:
intercambio con los ejercitantes.
-Un ejercitante (E): ¿Cómo se
llama el libro sobre el retiro?
-P. Paul Debains (PD): Es el
retiro de Timadeuc, "Fidelidad de Dios y grandeza del hombre". Lo
publicaron los suizos.
-Abad Paul Houix (PH): Los suizos
lo publicaron, sin informarme.
-E: todos esos textos están en el
sitio del P. Paul Debains, si los desean. (GS: y también en este sitio)
-E: Padre, usted nunca utilizó la
palabra libertad, y me parecía que era constitutivo del primer hombre.
-PH: debí decirlo: la libertad
divina. Lo contrario de la libertad es el determinismo. Zundel trata de hacer
pasar lo que es determinado, lo posesivo, a lo que es oblativo en la libertad.
Nos hacemos libres en el amor. Por eso, cuando les hablo a los jóvenes, les
digo: "El hombre más libre fue Jesús en la cruz". -- ¿Perdón, puede
explicar un poco? – "El hombre más libre fue Jesús crucificado". Ahí
tenemos un hombre libre. Eso hacía decir al polaco Lech Walesa, rodeado de
policías por todas partes: "¡Ahora soy libre!" Sin embargo, lo tenían
bajo escucha, con policías por todas partes. "¡Soy libre!" Y les digo
eso a los jóvenes, porque cuando vienen acá tienen la impresión de una prisión.
Hay los muros, los monjes, y les digo: Aquí se encuentra la verdadera libertad.
Es necesario explicar. Sí, la libertad es importante.
-E: justamente, me parecía que la
libertad es lo primero para que el hombre prefabricado se haga Hombre.
-PH: En él todo es primero. Cualquier
hilo que se coja, viene todo. Abran donde quieran, ahí encuentran a Zundel.
-E: Cuando usted dice que son
libres en el monasterio, eso requiere explicaciones.
-E: Es la libertad interior.
-PH: Sí, es la libertad del amor.
Supongan que un día se celebra un matrimonio. El matrimonio de Francisca y
Víctor. ¿Les dirán ustedes: "Saben, en el matrimonio no son libres, dejan
de ser libres"? Pues responderán: ¡Somos plenamente libres porque nos
amamos! Después será necesario concretizar, de la mañana hasta la tarde y de la
tarde a la mañana. La libertad no será fácil. ¡Pero si amamos, somos realmente
libres! El otro día, un hermano hacía sus votos perpetuos. En el rito de
profesión solemne, en los cistercienses, tenemos algo conmovedor: el hermano
lee delante del padre abad, delante de los Hermanos y de la familia, lee lo que
llamamos una cédula manuscrita: "Yo, Fray Manuel María Pinsón, prometo
estabilidad, obediencia". Es el único lugar en que se dice YO en la
liturgia católica. Uno se atreve a decir: "YO, yo prometo". Se
necesitaron cinco, seis años para poner la libertad en ese YO. Entonces uno es
plenamente libre.
-E: ¿El retiro predicado por
Zundel puso la comunidad en ebullición? ¿Hubo personas que no entendieron,
Hermanos que no tenían la clave?
-PH: Al comienzo, todos estaban
como yo. No entendíamos nada. Para ser franco, a algunos no les gustó su
estilo. Porque era muy original. Debía ser difícil vivir con él. En el
presbiterio donde vivía, comía zanahorias y papas; llegaba tarde y se iba antes
que los demás, no debía ser fácil vivir con él, era original. Decía "Hay
personajes, pero no hay personas", y parecía jugar un papel.
Verdaderamente, un personaje. La manera extravagante de vestirse, la manera de
hablar, por ejemplo: tenía una voz demasiado rara, hablaba muy bajo, y luego le
daba ira. Como si no le interesáramos.
-E: Eso hace pensar en la voz de Antonin
Artaud. Así, habitado. Él no hablaba de Dios, sino de la voz que había en él, y
conmovía a todo el mundo; sus entonaciones así, disminuyendo y volviendo a
subir. Antonin Artaud, poeta y escritor, estubo encerrado en un asilo
psiquiátrico durante mucho tiempo, contra su voluntad. Dijo especialmente un
texto magnífico sobre Van Gogh, el crucificado, un texto muy hermoso. (1)
-PH: Hubo Hermanos que no entendieron
todo, Hermanos algo alérgicos al personaje, y otros como yo a los que les gustó
mucho.
-E: ¿Quién lo había invitado?
¿Usted, o usted no lo conocía particularmente?
-PH: Yo no era todavía abad. Lo
invitó el antiguo padre abad, porque había predicado en Bellefontaine. Fue
prácticamente el mismo retiro.
-E: ¿Escribió usted El corazón roto durante el proceso del
paso de posesivo a oblativo?
-PH: Así es. Usted comprendió. Me
atreví a escribir un librito y el texto que les leí viene de ahí. Es "el
sol interior". Eso es. La experiencia que viví del paso de afuera a
dentro, no la viví a causa de Zundel, porque la viví antes de Zundel.
En dos palabras, estuve
confrontado con una experiencia terrible de obediencia. No era abad sino prior
y maestro. El padre abad me pidió algo que yo rehusaba. Entré en la
desobediencia de Adán. Y viví verdaderamente lo del corazón de piedra. Ezequiel
y Jeremías hablan de eso: "Os arrancaré del pecho el corazón de piedra y
os pondré un corazón de carne". Pero un año antes yo había encontrado la
Renovación Carismática que me había marcado mucho. Un año después, el gran
combate espiritual en el rechazo de la obediencia. Entré en un período que duró
un mes durante el cual rehusé obedecer. Viví el corazón de piedra. Es terrible,
es el infierno. Uno no es uno mismo, uno tiene un corazón de piedra, no hay
amor, ya no hay sino odio, venganza, rechazo de amar. Ahora hablo de eso con
mucho humor porque me pregunto cómo habría podido hacer para seguir viviendo
así. Si al cabo de un mes no hubiera vivido algo, no sé cómo, pero así fue, al
cabo de un mes, verdaderamente el corazón
de piedra estalló. ¿Cómo? ¿Cómo explicarlo? Fue lo que sucedió. "Os
arrancaré del pecho el corazón de piedra y os pondré un corazón de carne".
El corazón se me rompió literalmente.
Sírvame una comparación: fue como si el Espíritu Santo estuviera encerrado bajo
una capa de hormigón, de acero, y que del interior, el Espíritu Santo hizo
estallar todo. Viví eso, un bautismo de lágrimas durante tres días, y pasé de
afuera a dentro. Eso fue. Por eso el libro lo llamé "El corazón roto". El corazón roto. Después, a uno no le quedan
ganas de jugar al personaje. Ya no. Uno trata de ser alguien habitado, una
persona.
-E: Cuando uno es persona, me
pregunto si no transparenta aun sin querer, y sigue siendo para los demás un
personaje. No es apariencia sino una
especie de transparencia.
-PH: Es verdad, Zundel era
realmente un personaje, raro. Pero eso era porque era persona. Podía ser
personaje porque era persona, mientras que los demás son personajes porque no
hay persona. Ha una página suya: "¡No hay nadie! ¡No hay persona!"
-P. Bernardo de Boissière: Así
es. A cada final de frase: "¡No hay persona!" Toda esa homilía está
basada sobre ese tema, sobre la ausencia de relación.