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17/11/09 - La revelación es inseparable de la Persona de Jesucristo.

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La Iglesia, sacramento de Jesucristo.

Comienzo de la instrucción.

Dios se puede revelar sólo a través de una intimidad humana que Lo acoge y Lo deja transparentar.

El misterio más profundo, más inviolable, es el de la persona.

Dios es persona, entera, total e infinitamente.

"Por ser intimidad, por ser puro interior, como dice Agustín: "Tu estabas adentro, yo afuera…", Dios no es cognoscible sino por medio de nuestra intimidad. Dicho de otro modo, en su realidad profunda, en su intimidad pura, Dios sólo puede revelarse a través de una intimidad humana que Lo acoge y Lo deja transparentar. Esto tiene importancia capital porque el sentido mismo de la revelación depende de esta perspectiva.

Y por otra parte, nada es más fácil de entender, ya que es lo que sucede en todas las relaciones interpersonales. Sólo conocemos una intimidad humana en la medida que abrimos la nuestra. Y la acogida interior es la que determina el conocimiento y el nivel del conocimiento: "Conocemos en la medida en que amamos". Conocemos en la medida en que nos damos, y si ya no amamos, ya no conocemos. Me refiero al orden interpersonal donde se trata precisamente de abordar el misterio más profundo e inviolable que es el de la persona – y Dios se sitúa justamente de manera eminente y única en el universo interpersonal.

¡Dios es Persona, entera, total e infinitamente! Nosotros somos personas sólo por intermitencia, recaemos siempre en el viejo fondo de nuestra naturaleza biológica, animal o cósmica. En Dios, la personalidad es la expresión total de Sí mismo en la circulación de toda la Luz y de todo el Amor que Él es, entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Y eso es justamente lo que nos da inmediatamente la perspectiva de la revelación. La revelación puede realizarse sólo a través de una humanidad que se transforma. En la medida en que una humanidad se transforma, se interioriza, se hace más "persona" es como la intimidad de Dios se refleja, se prismatiza y se comunica. De tal modo que a priori, es decir, por adelantado y en principio, se ve que en la medida en que la acogida del hombre a Dios es limitada, limita forzosamente el testimonio que rinde.

Por ejemplo Jeremías. Hay en Jeremías cosas admirables, gritos inolvidables que atravesarán los siglos, y al mismo tiempo, ahí está la oración de Jeremías por la destrucción de sus enemigos, la cual está lejos de entrar en el espíritu del Nuevo Testamento en que justamente, Cristo ora por sus enemigos pidiendo al Padre que les perdone porque no saben lo que hacen.

Entonces la Revelación, y esto nos da la clave de la Biblia, la revelación es proporcional a la apertura del hombre, a la liberación del hombre que deja pasar la intimidad de Dios en la medida en que el hombre se abre a ella, pero como jamás ningún hombre, siendo limitado, ha sido bastante perfecto como para no limitar a Dios, la revelación será siempre imperfecta hasta que lleguemos a la humanidad perfecta, que es la Humanidad de Jesucristo.

En Jesucristo es donde la Revelación alcanza su cumbre, porque en Jesucristo la humanidad está totalmente liberada de sí misma, por estar radicalmente enraizada en la personalidad del Verbo, en la pobreza que constituye esa personalidad en su despojamiento eterno e infinito, y por eso la Humanidad de Jesucristo está expropiada de sí misma a un grado infinito, insuperable. Ninguna humanidad presentará jamás la transparencia que permita a Dios expresarse en Persona a través de ella sin encontrar límites.

Pero eso es evidente, si la revelación supone una transformación del hombre, una purificación del hombre, una liberación del hombre, y si la liberación es perfecta y total en Jesucristo, la revelación no se puede separar de su Persona. La revelación no consiste en las palabras en su materialidad sino en la luz interior que viene de la palabra, justamente del despojamiento del hombre". (Continuará)

 

Nota (1). Para los cristianos, y según parece para la Iglesia oficial, ¡la revelación es el contenido de la Escritura! Lo es realmente ya que, en fin de cuentas, la Escritura sólo nos habla de Jesucristo que se identifica entonces con la revelación.

 

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