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Bernardo propone que se publique
toda la serie de retiros de Zundel en los cenáculos de París y Ginebra. Muchos
han sido ya publicados aquí. Trataremos de publicar lo que falta, a veces con
retomas.
Cenáculo de París, 1965. Las 3 primeras
conferencias no fueron grabadas ni figuran en las notas resumidas revisadas por
M. Zundel. Las transcribimos aquí.
Sábado 30 de enero de 1965. Primera
conferencia.
Retranscripción de notas demasiado
elípticas que por lo mismo no desarrollan todo el pensamiento expresado por
Zundel.
"El mundo humano no existe
todavía y ahí es donde Dios encuentra su lugar. Pero la existencia de ese mundo
depende de nosotros. Para encontrar al Dios vivo, sería necesario crear ese
mundo, ya que nuestro mundo es sólo prefabricado.
En efecto, nosotros entramos en
la existencia sin haberlo deseado, toda la historia del mundo está en
nosotros, pues somos su producto, nosotros lo sufrimos. Para vivir, tenemos que
ajustarnos a sus engranajes. El conocimiento del mundo prefabricado nos es indispensable
para subsistir, pero para subsistir
sólo en estado de máquina. Camino a seguir para eso: buscar las condiciones del
mundo a fin de poder reproducirlo. Pero eso no nos informa sobre el sentido de
la existencia.
¿En qué medida es legítimo o
necesario el verdadero mundo, que no aparece? Todos los investigadores llegan
ya a una ley de la naturaleza, pero ¿es necesario fundar la investigación sobre
algo más profundo?
Mentes muy inteligentes e
informadas, como Jacques Monod, llegan a la conclusión de que todo eso no tiene
sentido. Inútil pues buscarle sentido a todo lo que no lo tiene.
Otros le buscan sentido a lo que
aparece: ven su fundamento en Dios como fuente y criterio supremo del saber, pues
el mundo que no aparece es la condición última de todo lo que aparece.
Ahí está el problema del mal. Si
Dios es el fundamento de todo, Él es la mente perfecta y posee todas las
cualidades. ¿Cómo encontrar a Dios en esta afirmación, y al mismo tiempo
encontrar la explicación definitiva frente al mal? No queda nada de todo eso y
todos los inmensos esfuerzos caen ante el
absurdo del mundo actual.
Ante este mundo, todo lo que
podemos hacer es aceptarlo u oponernos. Si admitimos que el hombre es absurdo,
la última palabra será el torrente cósmico. Si la oscuridad es nuestra única
luz, chocamos con fenómenos que nos perturban. Hay sin duda en la experiencia
humana algo que indica hacia un mundo que, aunque poco aparente, hace surgir
una presencia de generosidad, pero eso no impide que el mundo prefabricado esté
infectado por el mal que nos habita, el inmenso mal representado por el hombre,
ese mal extraño.
Jung se hace de él una
representación singular. Lo ve como inevitable en las catástrofes del
Apocalipsis, lo ve como venganza de la bondad y del amor de Juan. Toda la
impaciencia, toda la ira, etc., que había en el hombre Juan la habría primero
reprimido en su inconsciente por estar liberada en una especie de fatalidad.
Aunque sean ejemplares, ustedes
pecan sin darse cuenta en ese mundo de tinieblas, mientras más ejemplar sea su
vida: es un contrapeso entre el consciente y el inconsciente, pero sería triste
pensar que para Jung existan dos principios al origen del universo, Dios y el
Mal.
Nietzsche hace un esfuerzo para
superar el mundo prefabricado, para fundar sus valores sobre sí mismo, pero ese
no es el buen camino… Además, conduce a la locura.
¿Cómo escapar a todo eso, incluso
al yo que representa nuestra identidad formada por la herencia, por todo el
pasado del mundo? ¿Qué hay en el yo que sea realmente de nosotros? Casi
nada.¿Cómo llegar a un ser a partir del yo? ¿Es posible cambiar de yo hasta la
raíz del inconsciente y del consciente? Es cuestión de experimentar una
transmutación.
En sus Confesiones, San Agustín
lo dice con palabras sencillas: "Tarde te amé, Belleza siempre antigua y
siempre nueva. ¡Pero tú estabas adentro! Tú estabas conmigo, era yo el que no
estaba contigo".
Cambio de afuera a dentro,
iniciativa creadora. San Agustín siente que había sido un objeto, una cosa, y
se siente ahora liberado, respira en un espacio ilimitado, libre de toda
obligación. El cambio de polaridad se hace posible y se convierte en ofrenda de
amor. Presencia personal, vida origen, vida fuente mediante don, mediante
ofrenda, mediante evacuación de sí mismo por amor. Si existe una posibilidad es
por ahí. Si podemos llegar hasta las raíces del ser es mediante la total
desapropiación. Todo lo que soy, lo soy ante Otro y para Él. Si la generosidad
no significara nada, sería insensato hablar de absurdo, uno mismo lo
experimenta.
El universo en que el
hombre se realiza es un mundo que no existe todavía.
Presencia que aparece como
encuentro personal al encontrarse a sí mismo, el yo origen, el yo valor que nos
inclina en todo ante posibilidades infinitas.
Saber si el Dios interior
puede acomodarse con el mal es otra cuestión. Es un Dios infinitamente frágil, basta que estemos
distantes (¿distraídos?) para que sea
un concepto vacío. No puede manifestarse en nuestra vida ni en el universo sin
nuestro consentimiento: estamos en una reciprocidad de amor que sólo solicita
nuestra generosidad, diálogo nupcial en que nuestro amor responde al Suyo.