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Zundel

26/11/09. Toda la historia del mundo está en nosotros.

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Cenáculo de París, 1965. Las 3 primeras conferencias no fueron grabadas ni figuran en las notas resumidas revisadas por M. Zundel. Las transcribimos aquí.

Sábado 30 de enero de 1965. Primera conferencia.

Retranscripción de notas demasiado elípticas que por lo mismo no desarrollan todo el pensamiento expresado por Zundel.

"El mundo humano no existe todavía y ahí es donde Dios encuentra su lugar. Pero la existencia de ese mundo depende de nosotros. Para encontrar al Dios vivo, sería necesario crear ese mundo, ya que nuestro mundo es sólo prefabricado.

En efecto, nosotros entramos en la existencia sin haberlo deseado, toda la historia del mundo está en nosotros, pues somos su producto, nosotros lo sufrimos. Para vivir, tenemos que ajustarnos a sus engranajes. El conocimiento del mundo prefabricado nos es indispensable para subsistir, pero para subsistir sólo en estado de máquina. Camino a seguir para eso: buscar las condiciones del mundo a fin de poder reproducirlo. Pero eso no nos informa sobre el sentido de la existencia.

¿En qué medida es legítimo o necesario el verdadero mundo, que no aparece? Todos los investigadores llegan ya a una ley de la naturaleza, pero ¿es necesario fundar la investigación sobre algo más profundo?

Mentes muy inteligentes e informadas, como Jacques Monod, llegan a la conclusión de que todo eso no tiene sentido. Inútil pues buscarle sentido a todo lo que no lo tiene.

Otros le buscan sentido a lo que aparece: ven su fundamento en Dios como fuente y criterio supremo del saber, pues el mundo que no aparece es la condición última de todo lo que aparece.

Ahí está el problema del mal. Si Dios es el fundamento de todo, Él es la mente perfecta y posee todas las cualidades. ¿Cómo encontrar a Dios en esta afirmación, y al mismo tiempo encontrar la explicación definitiva frente al mal? No queda nada de todo eso y todos los inmensos esfuerzos caen ante el absurdo del mundo actual.

Ante este mundo, todo lo que podemos hacer es aceptarlo u oponernos. Si admitimos que el hombre es absurdo, la última palabra será el torrente cósmico. Si la oscuridad es nuestra única luz, chocamos con fenómenos que nos perturban. Hay sin duda en la experiencia humana algo que indica hacia un mundo que, aunque poco aparente, hace surgir una presencia de generosidad, pero eso no impide que el mundo prefabricado esté infectado por el mal que nos habita, el inmenso mal representado por el hombre, ese mal extraño.

Jung se hace de él una representación singular. Lo ve como inevitable en las catástrofes del Apocalipsis, lo ve como venganza de la bondad y del amor de Juan. Toda la impaciencia, toda la ira, etc., que había en el hombre Juan la habría primero reprimido en su inconsciente por estar liberada en una especie de fatalidad.

Aunque sean ejemplares, ustedes pecan sin darse cuenta en ese mundo de tinieblas, mientras más ejemplar sea su vida: es un contrapeso entre el consciente y el inconsciente, pero sería triste pensar que para Jung existan dos principios al origen del universo, Dios y el Mal.

Nietzsche hace un esfuerzo para superar el mundo prefabricado, para fundar sus valores sobre sí mismo, pero ese no es el buen camino… Además, conduce a la locura.

¿Cómo escapar a todo eso, incluso al yo que representa nuestra identidad formada por la herencia, por todo el pasado del mundo? ¿Qué hay en el yo que sea realmente de nosotros? Casi nada.¿Cómo llegar a un ser a partir del yo? ¿Es posible cambiar de yo hasta la raíz del inconsciente y del consciente? Es cuestión de experimentar una transmutación.

En sus Confesiones, San Agustín lo dice con palabras sencillas: "Tarde te amé, Belleza siempre antigua y siempre nueva. ¡Pero tú estabas adentro! Tú estabas conmigo, era yo el que no estaba contigo".

Cambio de afuera a dentro, iniciativa creadora. San Agustín siente que había sido un objeto, una cosa, y se siente ahora liberado, respira en un espacio ilimitado, libre de toda obligación. El cambio de polaridad se hace posible y se convierte en ofrenda de amor. Presencia personal, vida origen, vida fuente mediante don, mediante ofrenda, mediante evacuación de sí mismo por amor. Si existe una posibilidad es por ahí. Si podemos llegar hasta las raíces del ser es mediante la total desapropiación. Todo lo que soy, lo soy ante Otro y para Él. Si la generosidad no significara nada, sería insensato hablar de absurdo, uno mismo lo experimenta.

El universo en que el hombre se realiza es un mundo que no existe todavía.

Presencia que aparece como encuentro personal al encontrarse a sí mismo, el yo origen, el yo valor que nos inclina en todo ante posibilidades infinitas.

Saber si el Dios interior puede acomodarse con el mal es otra cuestión. Es un Dios infinitamente frágil, basta que estemos distantes (¿distraídos?) para que sea un concepto vacío. No puede manifestarse en nuestra vida ni en el universo sin nuestro consentimiento: estamos en una reciprocidad de amor que sólo solicita nuestra generosidad, diálogo nupcial en que nuestro amor responde al Suyo.

 

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