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28/11/09 – Dios está siempre presente…

3ª conferencia en el Cenáculo de París el 31 de enero de 1965, según notas demasiado sucintas y elípticas.“La experiencia de Dios de San Agustín es una experiencia liberadora: se trata de nacer a sí mismo, experiencia que podemos hacer si lo deseamos. El hombre que ha hecho esta experiencia no puede ya dejarse aprisionar, su libertad ha nacido, Dios no podría obligarlo nunca. Le ofrece Su presencia divina en una generosidad total. Es un descubrimiento en que se puede comprometer toda la vida, es imposible concebir una relación divina que nos someta a su yugo.Todo lo que limita al hombre en la Biblia no es efecto de Dios sino del hombre. Antes de su conversión san Agustín era extranjero a Dios, Lo limitaba. De la revelación emerge un Rostro y San Agustín dice: "Dios está presente, pero nosotros no lo estamos".El mundo no ha nacido todavía. Hay que nacer de nuevo para que el mundo sea lo que está llamado a ser, es necesario que el hombre sea él mismo. Dios está siempre presente en todas las pulsaciones de nuestro corazón. Si nosotros no lo estamos, quedaremos sin nacer, el mundo permanecerá en estado de embrión y Dios no puede ser el creador del mundo tal como está, así como tampoco es el creador de San Agustín pecador, sino del Adán inocente.Si somos espíritu es justamente para no sufrir el universo sino para elevarnos, a fin de que la vida divina se realice y nuestra oración sea escuchada. Dios realiza todo, pero nuestro consentimiento es indispensable para que el mundo se realice, nuestra apertura debe permitirlo.Hay otro mundo que el universo del odio, cargado de lágrimas y sangre.Tomemos el mundo tal como es, haciendo abstracción de nuestro consentimiento: Dios que iba a poder todo se convierte en obstáculo. Sólo conocemos a Dios en el nacimiento nuestro. Nuestro sí condiciona el sí de Dios. Somos actores, el Dios interior no puede manifestarse en nuestro universo sin el consentimiento de nuestro amor.El dogma puede tomarse a niveles diferentes. El juicio final reside en nosotros y decide de un destino eterno. El infierno popular es una imagen; el infierno significa la dimensión infinita de nuestra libertad bajo colores diferentes. San Mateo pone en relieve el juicio que reside en nosotros. Eso no impide concebir la consecuencia de nuestros rechazos como un infierno: el místico considera el infierno como la crucifixión de Dios. Primacía del Amor: se propone sin jamás imponerse. Gratuidad del acto en que uno se compromete totalmente porque ama. El régimen de la gracia es eterno. Los místicos ven en la vida espiritual un matrimonio de amor con Dios (cf. 1 Cor.13)Un "Salvador": purificar esta palabra y tomarla en un nivel supremo. Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios. No se trata de humillarnos, sino de resucitar nuestra vocación divina. El nombre es creador con Dios, su destino está en sus manos."El Verbo se hizo carne para que la carne se hiciera Verbo". Transfiguración de todo el universo de la "carne" que designa al hombre en sus dependencias. Se trata de ser fermento de libertad y de grandeza. Hacer del cuerpo una oración rehusando sufrirlo para re-crearlo convirtiéndose en fuente de todo, ofrenda de nosotros mismos, visión reconciliada con la vida terrestre.En esta perspectiva, Cristo realiza la unidad del universo y le da toda su dimensión. Rehusando sufrir todo lo que nos condiciona para re-crearnos en nuestra ofrenda a la luz que surge de ahí, visión que nos reconcilia con la vida terrestre y nos aleja del mal.Como Cristo es una realidad interior, se debe ver en la transparencia de una carne penetrada de esa presencia divina. Rostro inaccesible, Rostro  que se aborda con respeto, afirmación de que Jesús es el Salvador. No se trata de dependencia sino de generosidad, de consentimiento y de amor. Se trata de establecer una amistad auténtica en una vida transformada. Todas las vacunas contra la carne son vanas: se trata de ordenar las pasiones, la luz debe absorber las tinieblas, todo nuestro ser pasional debe ser imantado hasta las raíces y el universo debe serlo a través de nosotros.Elevando las pasiones con la dimensión espiritual aparece el universo divinizado por la gracia, experiencia fundamental. Es imposible volver la espalda a esta exigencia, admitir todo lo que podría privarnos de la luz que nos conduce hacia Dios y hacia nosotros mismos.Glorificando la vida, una eternidad que debe florecer hasta vencer la muerte, experiencia final que impregna todo el ser con la Presencia de Dios. La muerte debe ser vencida por la resurrección de Jesús. Para Francisco, todo es amor en su corazón, él no abandona nada, es libre de escuchar todo, de cantar el Cántico y él hace de su cuerpo la ofrenda total. Así encuentra el Evangelio su realización.El mundo humano, el mundo del amor, el mundo de la alegría se convierte en el centro cada vez más transparente en que se revela la Presencia de Dios, el cual nos aparece como nuestra respiración misma, como la vida de nuestra vida.¿Porqué tropezamos? porque no nos hemos alejado de nuestra biología, estamos lejos de la perfección, lejos del amor perfecto – ¡pero no pongamos eso a cuenta de Dios!No limitemos al único Dios el cual está en nosotros, permanezcamos abiertos sin límites. Todo lo que limita a Dios, al universo o al hombre, no es de Dios. En Dios tenemos la plenitud, estamos en el corazón del amor. ¡Dios es el amigo que permanece en nosotros, que no cesa de imantarnos hacia una vida creadora!  Tenemos que construir la catedral interior para acceder a nosotros mismos. El universo es una verdadera custodia. En un mundo centrado sobre un rostro no se puede salir del mundo del amor.El genio del Evangelio y su milagro plantado en la tierra va hasta las últimas fibras de la carne, en la síntesis creadora que revela al Señor como Alguien que no limita nuestra vida sino que es el Verbo hecho carne”. 

 

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