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"... el disco del tiempo... representa... la distancia de nosotros a nosotros mismos". La metafora me recuerda que en una rueda el centro permanece inmovil. En la periferia del yo
en el centro.
en la dimension de la eternidad estamos en Dios
vivimos en el tiempo
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Zundel
12/12/09. Toda la ortodoxia consiste en la fidelidad a ese amor nupcial.
Fin de la 5ª conferencia y del retiro del Cenáculo de París en enero de 1965.
Toda la ortodoxia consiste en la fidelidad a ese amor nupcial en que el conocimiento es función del don de sí mismo, y condiciona el nacimiento del hombre, el nacimiento del Universo e igualmente la encarnación de Dios.
“Una pareja viene a verme y me comparte su angustia, su angustia material evidentemente urgente. No es nada, evidentemente, si tengo los 150 francos que necesita esa pareja esta noche, no es nada dárselos, pero lo que cuenta es que en el don haya el don de mí mismo, lo que importa esencialmente es que, precisamente, el lado anecdótico de la vida,
ese momento de angustia
, sea inmediatamente superado por un contacto humano
.
¡Bueno! El dinero es de todos. El mío, si yo tengo, es de ustedes, porque justamente, entre nosotros hay la comunicación esencial, porque entre nosotros existe el reino de Dios, porque entre nosotros está esa Presencia y que, si ustedes vienen esta noche con su angustia, están aquí ante todo con el hambre y la sed de dignidad, de grandeza, de libertad y de amor.
¡Ustedes no están buscando un muro! ¡Están buscando un rostro, una acogida que no les haga sentir los límites de las condiciones materiales que soportan ya todo el día, sino que les muestre que eso no cuenta finalmente porque en ustedes existe una grandeza eterna y que
la comunicación real se realiza por la respiración de Dios
. No se necesita añadir otra cosa
.
¿Es necesario hablar de Dios? ¿Se puede hablar de Él si lo damos? ¿Es necesario hablar de Él si es la respiración de un encuentro? En todo caso, cuando es necesario hablar, es imposible hacerlo de otro modo que en los espacios donde transparenta y donde se revela únicamente como el Amor por el que suspira todo el universo.
Me parece pues difícil superarse sin colocarse en el terreno de la Verdad persona.
La Verdad
es Alguien
, y una persona como tal sólo puede ser conocida por otra persona, y supone, para ser reconocida, que se le ofrezca el espacio en que pueda difundir su vida.
No hay otro enraizamiento posible sino el enraizamiento interior
en que uno se compromete en una comunión de amor. Cuando lo estemos de manera común y general, cuando esa convicción se haya manifestado en la mente de los cristianos, y especialmente de los jerarcas responsables de la presentación, dogmática y por ende liberadora, de Cristo, cuando se vea que se trata sólo de eso, no habrá dificultad alguna para reconocer la libertad
.
Es absolutamente indispensable, hay que reconocer a todos los hombres este privilegio y su ejercicio, en la medida evidentemente de su sinceridad y de su honestidad de las que, por otra parte, sólo Dios es juez y nosotros no tenemos sino que entrar en la desapropiación radical que dará a Dios la posibilidad de revelarse sin limitarlo con nuestras fronteras, para que aparezca siempre a los demás como apareció a Agustín cuando por primera vez comprendió que jamás podría encontrarse a sí mismo si no entraba en ese inmenso amor que jamás había dejado de esperarlo.
El conflicto entre Caridad y Verdad es pues un seudo conflicto, ya que
la Verdad
es la luz de una Presencia, la luz del Amor.
Claro que nosotros que sólo somos responsables de nuestro testimonio, estamos infinitamente cómodos. En efecto, sabemos que no tenemos sino que eclipsarnos en la Presencia, ofreciendo a los demás, cualesquiera que sean, el espacio en que su humanidad pueda descubrirse y donde encuentren al Dios Vivo como la respiración misma de su amor, sin que haya necesidad de nombrarlo.
La Verdad
no es un alambre de púas
que cierra el paso.
La Verdad no es un “porque sí” que se profiere brutalmente, la Verdad es justamente el espacio de luz que surge ante otro a quien no poseemos, al que consideramos porque lo amamos, al que contemplamos al ofrecerlo y a través del cual no dejamos de comulgar con el primer amor.
El conocimiento por sí mismo, precisamente por ser nacimiento de nosotros y del universo, se funda en
la libertad, en la libertad creadora, una libertad que es liberación
. No puede pues, sobre todo en su nivel supremo, cuando es la Verdad en persona,
no puede ser un límite
ni soportar que la proteja algún privilegio ni alguna obligación. Eso es evidente y debemos esperar que estas intuiciones maduren hasta la próxima sesión del Concilio.
En todo caso, estamos seguros de que no tenemos otra cosa que hacer, y de que
toda la ortodoxia consiste en la fidelidad a ese amor nupcial en que el conocimiento es función del don de sí mismo, y condiciona el nacimiento del hombre, el nacimiento del Universo e igualmente la encarnación de Dios
el cual sólo puede manifestarse en la realidad como un Rostro, como una Presencia, como un Corazón”.
(Fin de la conferencia)
Published
Dec 12 2009, 12:50 PM
by
Gustavo
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