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Zundel

20/12/09. Al revelarnos la fragilidad de Dios, Cristo la pone en nuestras manos.

6ª parte de la 2ª conferencia de Londres, el 16 de febrero de 1964.La fragilidad de Dios.“Se comprende mejor la fragilidad de Dios a medida que entramos más profundamente en la pobreza divina y que comprendemos mejor la alegría del que no puede guardar nada o poseer nada, la alegría de aquél cuyo conocimiento y amor están en estado de eterna comunicación y eterna desapropiación.A medida que percibimos las más altas manifestaciones del amor humano, en el heroísmo del amor maternal, a medida que percibimos el poder de identificación en que el amor hace capaz de vivir la vida de otro, por él y no para sí mismo, a medida que entramos en los abismos de la ternura, se revela la fragilidad de Dios.Dios es frágil. No es como creía la niñita, alguien que puede todo lo que quiere, a quien nada resiste, que mueve el mundo con un golpe de varita mágica. Es siempre del fondo de su pobreza, de su caridad, que brota el ser, del despojamiento infinito que es Él, y eso no basta porque todas las creaciones de Dios son creaciones de amor que suponen la reciprocidad, suponen la respuesta, el consentimiento de nuestro espíritu y corazón.Por tanto, Dios puede ser vencido. Lo sería de manera horrorosa si la humanidad pusiera fin a su historia con una guerra atómica. Dios puede ser vencido, lo es en la cruz en que muere de amor por los que rehúsan eternamente amarlo. Cualquiera puede darle muerte porque es indefenso, desarmado, como el candor de la eterna infancia.En Dios hay una infancia, como también una juventud eterna. ¡En Él hay una fragilidad infinita! La fragilidad que amaba Francisco ante el niño de Belén, es la parábola, es la manifestación, de la eterna fragilidad de Dios a través de la humanidad de Jesús.Dios es frágil y entonces finalmente no somos nosotros los que hay que salvar, hay que salvar a Dios de nosotros.¿Cómo quieren que una madre condene a su hijo, que lo juzgue? La madre iría a la prisión por él, daría su vida por él, se prestaría, se entregaría en vez de entregar a su hijo. ¿Tendrá Dios menos amor que una madre? Es imposible. Por eso Dios se entregará a la cruz, Dios muere por los que lo crucifican, muere por los que rehúsan obstinadamente amarlo. Eso hará siempre, y eso es el infierno. El infierno cristiano es que Dios muere, muere en manos del que rehúsa amarlo, y muere por él.Por eso hay que salvar a Dios de nosotros, salvar a Dios de nuestros límites, salvar a Dios de nuestra opacidad. Él está siempre ahí, se podría decir que es una emisora que difunde total, eterna y perfectamente. La emisora funciona siempre de lleno, pero nosotros, los receptores, estamos parasitados, mal sintonizadlos, recibimos mal o no recibimos todo lo que se nos ofrece continuamente.De por sí, todas las oraciones son atendidas, todos los milagros se realizan, todos los misterios de la salvación están realizados, pero nosotros no los acogemos. El don de Dios es infinito, siempre ofrecido, pero nosotros podemos siempre neutralizarlo, limitarlo y rehusarlo.Es pues absolutamente esencial que cambiemos toda la perspectiva, que comprendamos que ¡no se trata de salvarnos a nosotros! ¡Y qué sería la vida humana si estuviéramos embarcados en ese cálculo sórdido de buenas obras para ponerlas en el banco eterno para cobrar intereses compuestos! ¡Sería abominable, abyecta, una religión calculadora en que simplemente, con prudencia estrecha renunciamos a los pequeños placeres de ahora con miras a una mayor felicidad para mañana!¡No! ¡Es claro que Cristo nos coloca a otra altura! Al revelarnos la fragilidad de Dios, Cristo la pone en nuestras manos y nos confía el destino de Dios al cual debemos bajar de la cruz, dejarlo vivir en nosotros, según la admirable frase de San Pablo a los filipenses: “Para mí, la vida es Jesucristo”. Toda la perfección cristiana es eso: Jesucristo que vive en nosotros, en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestra sensibilidad, en nuestra carne, en nuestra acción, en nuestra conducta.La virtud cristiana no es un ejercicio de acrobacias en la cuerda floja del estoicismo. La virtud cristiana es la vida de Cristo que se comunica a través de nosotros a toda la humanidad, ¡a condición de que dejemos a Cristo vivir todo su poder! ¡No se trata pues de nuestra salvación sino de la vida de Dios puesta en nuestras manos!¿Pensar en la muerte? ¿Por qué? La muerte nos alcanzará lo mismo que a todos. ¿Porqué pensar en ella? No tiene importancia. ¿Pensar en las virtudes? Eso tampoco tiene importancia. ¡Si sólo se trata de nuestra elegancia moral, dejémosla para mañana si hoy estamos cansados!Pero justamente, no se trata de eso, sino de no dejar morir en nosotros la vida divina que nos está confiada, y eso no espera porque ¡en toda infidelidad, Dios es víctima inmediata!Escuchen, miren: el mal humor, el peso que ponemos en los hombros de los demás, las quejas que difundimos a nuestro derredor, rumiar los sufrimientos y contarlos a los demás, toda nuestra negatividad hace pesada la vida, debilita la esperanza, destruye el entusiasmo, intercepta el flujo de luz, y finalmente, se convierte en una pantalla en el movimiento de Dios.Al contrario, toda generosidad, todo esfuerzo por conservar la sonrisa, por difundir el entusiasmo, por hacer retroceder la vejez, por afirmar en sí mismo la eterna juventud de Dios, todo esfuerzo por ser espacio en la vida de los demás, abre todas las puertas de luz y permite a Dios revelar su rostro”. (Continuará) Nota (1). Hemos visto, veremos cada vez más, y es necesario que sintamos cada vez más cómo Dios está implicado totalmente y hasta el final en su creación, al mismo tiempo que no puede nada mientras el hombre no responda a su amor. La implicación divina, perfecta y absoluta, es una de las características esenciales de la mística de Zundel. “Él nos es más íntimo que lo más íntimo nuestro”. Por su parte, Él nos inviste totalmente, pero no puede nada sin nuestra respuesta. Él está siempre ahí. Oración: Dios nuestro, Padre, Hijo, Espíritu, que siempre estás en cada hombre. ¡Tú estás presente siempre en lo más íntimo de nosotros, y quieres realizar en cada uno lo que hace que Dios es Dios, el nacimiento del Hijo y la procedencia del Espíritu, y realizar así la unidad de todos los hombres en la unidad trinitaria!¡Padre, Hijo, Espíritu! ¡Haznos más conscientes de lo que nos es tan difícil comprender, que sólo podemos comenzar a comprender en la medida de nuestra respuesta a tu infinito amor!  

 

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