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"... el disco del tiempo... representa... la distancia de nosotros a nosotros mismos". La metafora me recuerda que en una rueda el centro permanece inmovil. En la periferia del yo
en el centro.
en la dimension de la eternidad estamos en Dios
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Zundel
21/12/09 – El misterio de la Encarnación en una dimensión insospechada todavía.
Final de la 2ª conferencia de Londres, el 16 de febrero de 1964.
El misterio de la Encarnación en una dimensión insospechada todavía.
La santidad está en ser alegría de los demás. La esperanza cristiana no consiste en esperar la felicidad para sí mismo sino en liberar el amor a fin de que pueda respirar a través de nosotros…
« Recuerdo siempre con admiración una mujer de 40 años enferma de cáncer del estómago, del que murió. Lo sabía y esperaba la muerte con perfecta serenidad, pero en su lecho, recibía sólo vestida con blusa de seda. Era además de condición modesta, pero no quería imponer a los demás la visión de su enfermedad.
Quería ser hasta el final de rostro sonriente, acogedor, y que diera testimonio del esplendor de la vida. Eso es la santidad
.
La santidad consiste en ser alegría de los demás
.
La santidad consiste en hacer más hermosa la vida.
La santidad es ser un espacio donde respira la libertad. La santidad es llevar a cada uno a descubrir la aventura increíble que tenemos, por estar encargados del destino de Dios.
La pobreza evangélica es la pobreza de Dios. Y si Dios nos pide entrar en la pobreza, es porque es la única grandeza auténtica.
¡La grandeza sólo está en el amor, en el don de sí mismo!
Y amar es justamente vaciarse de sí mismo, ser pobre de sí mismo, hacer de sí mismo un espacio donde uno pueda respirar su vida.
Pero esa pobreza, justamente por tener está en Dios su fuente infinita, pues jamás podremos ser tan pobres como Dios, jamás podremos ser la pobreza original, podremos encaminarnos hacia ese despojamiento y aumentar siempre su generosidad pero
jamás seremos tan pobres como Dios mismo
.
Pero en fin, si
Dios
nos llama a la felicidad que es gozo del don total, es justamente porque
quiere nuestra grandeza y llega al colmo confiándonos su vida, poniendo en nuestras manos su destino en la historia.
Porque Dios sólo puede ser realidad de la historia, ser una presencia
que cuenta en la historia, una presencia que camina en las calles de Londres, una presencia que cualquier hombre de la calle puede reconocer,
pasando por nosotros
, que somos la inserción temporal de Dios en el universo visible, y si faltamos a esta invitación, Dios es como anulado, eclipsado, inexistente en la experiencia humana
.
Y lo que es para mí
el único motivo de la esperanza cristiana
, no es esperar la felicidad para sí mismo (1), sino
liberar el amor de los límites en que lo encerramos
, de las caricaturas con que lo cubrimos, liberar el amor asfixiado por nuestro narcisismo, liberarlo
para que pueda por fin respirar a través de nosotros y comunicarse a todos
.
Evitar el mal es evitar de matar a Dios, evitar crucificarlo. Hacer el bien es descrucificarlo, hacerlo nacer es revivir el misterio de la Anunciación y de la Natividad, y en palabras del Evangelio, convertirse en la madre de Dios.
Pensándolo bien, quizá ninguna palabra del Evangelio es más emocionante que las palabras de Jesús: “
El que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre”
. Se trata pues de ser la cuna de Jesús, de darle en nosotros una humanidad más, de permitirle que nos invada totalmente para que pueda estar hoy realmente presente en la historia.
Si buscamos aventura, ahí tenemos una que nos conviene y que solicita nuestro amor, todo el día y toda la noche, pues no hay un momento en que nuestra ausencia, nuestra indiferencia o nuestro rechazo no ponga en peligro la vida de Dios en la historia. Y para los hombres, lo que no entra en la historia no existe, pues es inaccesible y no verificable.
Para que Dios esté realmente
Presente
a los hombres de hoy, tenemos que hacerle una cuna nueva a cada latido de nuestro corazón. Y es verdad, y ahí se ve la grandeza del Evangelio, su grandeza inmensa, paradójica y magnífica, pues si el hombre es hoy creador como lo desea el marxismo, si es creador como lo deseamos nosotros, si es origen, si es comienzo, si tiene el mundo en sus manos, si tiene que terminarlo con su amor, es en la imposibilidad radical de enorgullecerse
.
No hay que alzarse por encima de la cabeza como el superhombre de Nietzsche, ni que humillarse con esfuerzos imposibles, pues el cristiano sabe que la única grandeza es el don de sí mismo, la única grandeza es la generosidad, y que no se trata de dominar sino de darse.
Entonces, grandeza y humildad son una misma cosa, porque la grandeza consiste en vaciarse de sí mismo y la humildad es implemente no mirarse por ser sólo mirada hacia el otro.
Tenemos pues una obra inmensa que realizar, porque es de urgencia infinita para que el reino de Dios se realice, que nuestro consentimiento se dé sin falla, a cada minuto, en las cosas más pequeñas. Todas las pequeñeces tienen consecuencias infinitas.
El verdadero mal no es matar, violar, destruir, cosas que se hacen sólo en estado de violencia irracional. El verdadero mal está en los alfilerazos certeros que se dan bajo la hipocresía de falsa caridad. Todas las pequeñeces que anulan, que erosionan el amor, que tratan de vencerlo, y que provocan finalmente la descomposición de toda la existencia.
Se trata
pues, para entrar en los matices del amor,
de llevar a los demás la sonrisa de Dios
, de tener gracia de los pies a la cabeza para manifestar el estado de gracia, llevando por doquiera la luz de la belleza y de la bondad de Dios.
En todo caso, es imposible comprender la inmensidad de la vocación cristiana y la sed de grandeza que Cristo tiene para nosotros sin dejar entrar en nosotros la palabra más conmovedora que nos haya dicho: “
El que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre
”
.
Si cada uno de nosotros se dedica a esa divina maternidad, si cada uno comprende que tiene que convertirse en cuna de Dios,
¡entonces el misterio de la Virgen será para nosotros de candente actualidad!
Y comprenderemos que es realidad actual y de cada instante de la vida, y que hoy, y
cada día, cada minuto, a cada latido del corazón, a través de nosotros, el Verbo quiere hacerse carne para habitar en medio de nosotros”
. (Fin de la 2ª conferencia)
Nota (1). ¿¡Cómo no impresionarse al más alto nivel con el final de esta conferencia, y con toda la conferencia!?
“Cada minuto, a cada latido de nuestro corazón, a través de nosotros, el Verbo quiere hacerse carne para habitar en medio de nosotros”.
Ahí está el misterio de la Encarnación en toda su amplitud infinita, nunca antes desarrollada hasta ese punto, y que no concierne solamente, ni en primer lugar o principalmente la encarnación realizada en María el día de la Anunciación, sino la encarnación divina en todo hombre. Claro que el fiat de María es el que dispara, si se puede decir, la salvación de todos los hombres pero, si el Verbo de Dios se encarnó primero en ella según la carne, fue para encarnarse en todo hombre según todo su ser.
¡La gracia de la perfecta encarnación divina en María no se quiere limitar a ella!
Por otra parte, ella no se queda un solo instante en su cuarto de Nazaret una vez pronunciado su fiat. El Evangelio nos dice que salió de prisa, salió para la efusión del Espíritu, para derramarlo sobre el pequeño Juan Bautista y su madre. “Toda gracia es una misión”.
Ciertas teologías mariales, digamos al menos ciertas predicaciones frecuentes en la época de Teresa, pueden engañarnos. Teresa lo comprendió bien. Puede haberlas todavía. María se hizo de verdad madre de Dios y madre de todo hombre. Ella es su relación a Dios y al hombre, y todo hombre debe llegar a serlo también.
Se podría decir que Zundel fue el apóstol del realismo del ser trinitario de Dios, al mismo tiempo que del realismo del sentido de la existencia de María y de todo hombre.
Estamos al comienzo de la historia, la historia de la encarnación divina en todo hombre.
Oración: Jesucristo, Verbo de Dios, a cada instante, a cada latido del corazón, ¡tú quieres, por medio de nosotros, hechos transparentes a tu presencia, hacerte carne, y carne de nuestra carne, para salvación y felicidad de la humanidad entera!
¡Enséñanos a responder a tu amor a cada instante! que seamos cada vez más sensibles a tu encarnación en nosotros y a la presencia en nuestro corazón de ¡la humanidad entera que está esperando de cada uno de nosotros tu salvación, con la salvación de Dios en nosotros!
Published
Dec 21 2009, 09:57 AM
by
Gustavo
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