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Zundel

23/12/09 – En el centro del cristianismo está la afirmación de que Dios participa a fondo en el juego.

A las afirmaciones publicadas ayer les faltan ciertos matices y quizás lo observaron… Bernardo me lo hizo notar. Zundel utiliza a veces la palabra revolución, que puede ser necesaria para entenderse bien, pero es quizás demasiado fuerte. Desde siglos había en la Iglesia cierta preparación, cierto comienzo de esa “revolución”…3ª conferencia del Centro Charles Peguy de Londres, el 16 de febrero de 1964.La fe crece a medida que se eleva el amor. En el centro del cristianismo está la afirmación de que Dios participa a fondo en el juego.“La radio francesa presentaba un día experiencias hechas en laboratorio sobre una gata destinada a viajes espaciales. La gata se conducía por otra parte con mucha elegancia y uno pensaba inmediatamente que el cosmonauta humano era sometido a las mismas pruebas de laboratorio, el hombre y la gata eran lo mismo.Para el físico que controla reacciones, no hay diferencia. Tampoco para el público. El hombre es un animal como los demás, no hay diferencia alguna entre el hombre y el animal. De ahí viene la tentación de considerar que todo lo que está más allá de las medidas físico-químicas es arbitrario, es mero sueño y no realidad.La radio presentaba también simultáneamente, o unos instantes después, una entrevista entre un argelino y un marroquí, a propósito de incidentes fronterizos y, naturalmente, el marroquí defendía a Marruecos y el argelino, a Argelia, aunque ambos fueran socialistas, porque hay una verdad sujetiva que es verdad de sangre, la cual es indiscutible sea cual fuere el lado de la frontera donde uno esté, es decir que los hombres están condicionados por sus genes, por sus pasiones y entonces se comportan como animales, como partes de universo.Unos días más tarde, un periódico reseñaba el libro de Anne Philipe, “El tiempo de una sonrisa”, libro admirable que probablemente leyeron ustedes. En las primeras páginas se puede leer: “Solo tú me veías, sola yo te veía, y ahora estoy en un mundo sin mirada”.Y ustedes sienten de inmediato, se sienten transportados a otro mundo. Ya no están en el laboratorio, ya no están en verdades de sangre, sino en el diálogo del amor: “Solo tú me veías, sola yo te veía y ahora estoy en un mundo sin mirada”.Había sin duda en la conversación de Anne Philipe palabras referentes al precio de las papas, de las zanahorias y de los estrenos para darle al portero, pero también había algo inefable, la luz de presencias intercambiada.El laboratorio no explica nada, la sangre no explica nada, cuando se trata de la persona. Toda la verdad está en el mundo personalista donde se intercambian intimidades a la luz del amor. En realidad, la palabra “verdad” sólo toma vida en los intercambios personales.Por tanto, hay que desconfiar de los mecanismos verbales. Cuando me oponen la Causa Primera, yo respondo: “Se trata de una experiencia humana, un razonamiento humano, y muy inferior. Entonces, permítanme discutirlo porque justamente no es absoluto: fue un hombre el que inventó esa mecánica verbal. ¿Porqué dejarme limitar por palabras? No puedo sentirme ligado por palabras, tanto menos cuando sé que finalmente sólo se llega a la verdad en el mundo nupcial, en el mundo de la persona, en el mundo de la reciprocidad”.Y todos ustedes sienten el nivel al que sitúan las palabras de Anne Philipe, válidas por siglos, de verdad irresistible y que nos hacen comprender que, en efecto, a ese nivel, nada sucede si no hay dos personas para experimentarlo, nada sucede si uno no se da.¿Quieren que las verdades divinas estén por debajo? No creo. No hay que poner a Dios por debajo de las más altas experiencias humanas. El hombre llega a las más altas verdades por medio del amor, y justamente, por el amor y en el amor es como el hombre comulga con Dios en la reciprocidad nupcial en que intercambiamos con Él. Me parece que se debe dar infinitamente más importancia a la experiencia del místico crucificado con el Señor, que recibe los estigmas para atestiguar que Dios es el amor crucificado, que pierde la vista llorando por la pasión de Dios, que a la mecánica verbal de un profesor que no está comprometido en nada y que irá a comer tranquilamente después de haber hablado de la causa primera.Se trata pues de vivir siempre la experiencia en que nos comprometemos, en que alcanzamos la luz, pues la luz no puede situarse delante de nosotros, sino sólo dentro de nosotros si nosotros entramos en ella. En el intercambio es donde se realiza la claridad, y uno conoce tanto mejor, tanto más profundamente, cuanto más se de.No existe una fe estática. La fe crece a medida que se eleva el amor: mientras más generosidad haya, más luz habrá naturalmente. Es una precisión, para que no se escandalicen por mi comportamiento: ¿cómo no salir de mí mismo cuando a la sangre de Jesús oponen un pequeño razonamiento mecánico, como si no se tratara de Dios, cuando justamente en el centro del cristianismo está la afirmación de que Dios participa a fondo en este juego, hasta la muerte de la cruz, y que no está por fuera, indiferente e inerte. Él es más madre que todas las madres, y por eso está en nuestras manos, totalmente entregado”. (Continuará) 

 

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