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24/12/09 - Lo que deben preservar los derechos humanos, son los derechos de la persona.

2ª parte de la 3ª conferencia de Londres, el 16 de febrero de 1964. La definición del derecho de propiedad. Dios sólo puede hacerse presencia humana en forma de encarnación. La realidad de Dios sólo nos llega a través de la transfiguración del hombre. Paradójicamente, el derecho de propiedad reposa totalmente sobre la pobreza evangélica.“… Ahora vamos estudiar la propiedad, verdadero problema para todos, pues se trata de cada uno de nosotros y cada uno deberá responder verdaderamente cambiando finalmente su corazón a la luz de una respuesta válida.Una mujer pobre me dijo estas palabras: “El mayor sufrimiento de los pobres es que nadie necesita su amistad. La gente viene a vernos cuando estamos agotados, se sientan en el bordo de una silla, nos dejan con que continuar nuestra miseria por unos días, y se van tranquilamente a Chamonix o a la Costa Azul. Pero nadie cree que nosotros los pobres tenemos algo que dar. Somos simplemente organismos que comen, eso es todo. Y si nos dan por fin de comer quedan en paz. Nadie se imagina que nosotros también sentimos necesidad de dar. Nadie cree en nuestra dignidad y eso es lo que más nos hiere”.Esa mujer que había perdido un hijo al que encontró ahorcado al regresar de misa y fue demasiado tarde para salvarlo. Había visto a otro de sus hijos en prisión, y ella no podía dar a sus hijos sino mala alimentación porque no tenía con que pagar otra mejor, consideraba que el mayor sufrimiento de su vida era el desprecio de su dignidad, el desprecio de los que le daban ayuda y no la creían capaz de amistad generosa y gratuita.Esa mujer pobre reclamaba pues la posibilidad de dar, la posibilidad de crear también alegría y felicidad, y de ser también para los demás un espacio donde encontraran gozo y libertad.Y esa misma mujer me decía: "¿Cómo quiere que ore y medite cuando las marmitas están vacías y tengo cinco hijos que alimentar? Yo quisiera poder orar y meditar, pero es imposible porque la meditación se puede dejar para mañana, ¡pero no puedo aplazar el alimento de mis hijos!” Le aguijoneaba pues las entrañas el hambre de sus hijos, y esa inquietud, esa amenaza física le quitaba la posibilidad de orar y de meditar.¿Qué reclamaba ella? Reclamaba un espacio de seguridad que le permitiera ser espacio de generosidad. Esa es la definición del derecho de propiedad. Y la definición de todos los derechos humanos que no son inherentes al hombre como animal o como ser biológico, sino estricta y exclusivamente fundados en la vocación del hombre a ser persona.En nosotros, sólo la persona tiene derechos. Cuando se habla pues de Derechos Humanos, no se trata del hombre que acapara, sino del hombre hecho persona, del hombre en su vocación de persona. Lo que quieren proteger los Derechos Humanos es la vocación de la persona, la vocación de grandeza, la vocación creadora, la vocación a la dignidad. Pues en fin de cuentas, ¿qué es la persona? Es el ser humano vaciado de sí mismo que se hace espacio donde el mundo entero pueda encontrar su respiración.Piensen en Gandi, hombre grande entre los más grandes, que mantuvo en sus manos un pueblo de 4 a 500 millones y por la mera luz de su conciencia le prohibía toda violencia mientras que todo ese pueblo estaba bajo dominación extranjera contra la cual tenía derecho de rebelarse habiendo recibido tantas promesas de libertad y derramado su sangre por “el imperio”, engañado con promesas nunca cumplidas, tenía derecho de rebelarse, de indignarse y entregarse a las pasiones colectivas que pueden ser atroces pero parecen legítimas en ciertos casos a causa de una injusticia demasiado larga.Gandi detiene las pasiones colectivas diciendo: "¡No! Cuando sean dignos de la libertad la tendrán, y nadie se la podrá rehusar. Sean más grandes que la desgracia, renuncien a toda violencia”. Y al gobierno extranjero le decía: “No les tengo odio, pero voy a hacer esto: rehusaremos el impuesto, el impuesto de la sal, el impuesto en general, rehusaremos sus tejidos, pero pueden caminar en medio de nosotros sin que nadie les haga daño”.Y ustedes saben que cuando había violencia, fuera de la disciplina prescrita, Gandi la expiaba ayunando. Y cuando la injusticia del poder se hacía intolerable, ayunaba hasta casi morir pero jamás se entregaba a la violencia, jamás autorizaba la violencia. Y la luz de esa conciencia fue la que iluminó durante cerca de 40 años a un pueblo de 4 a 500 millones de hombres porque todos se sentían incluidos, acogidos, iluminados y liberados en esa conciencia.La conciencia, con todas sus posibilidades de don, con la universalidad de su luz, es la única que tiene derechos, y derechos imprescriptibles, derechos inviolables, porque el único bien común de los hombres es el hombre, el hombre que ha llegado a ser verdaderamente él mismo.Cuando un hombre se hace hombre como Gandi, es un bien común, el más elevado bien común, el bien común supremo, el único bien común de todos los hombres, porque todos pueden sacar de su conciencia un fermento de liberación y grandeza. Por eso todo hombre es sagrado, no por lo que es, sino por lo que puede ser.Y tenían razón de querer salvar la vida de Chessman, ya que en todo hombre, mientras no muera de muerte natural, hay posibilidad de retorno que puede hacer de un criminal un héroe o un santo, que puede hacer de él una encarnación de Dios.Pues justamente Dios, por ser lo que es, por ser amor, sólo puede ser sensible, sólo puede hacerse experiencia humana en forma de encarnación. La Presencia de Dios es siempre encarnada, encarnada imperfectamente en los profetas, en los genios, encarnada al máximo en Jesucristo. Dios siempre se hace experiencia real en la medida en que Lo vive una vida de hombre, en la medida en que lo transparenta una presencia humana.Entonces, es para preservar la encarnación de Dios que es necesario salvar toda vida humana y en mi opinión es necesario suprimir la pena de muerte así como también la guerra. Precisamente porque en todo hombre existe hasta el último momento la posibilidad creadora, la mediación posible entre Dios y nosotros que es la única afirmación de Dios que sea verificable en nuestra experiencia.Si Dios no toma rostro humano, si una vida humana no le rinde testimonio, si no transparenta en un comportamiento humano, si es imposible encontrarlo, sólo nos quedan imágenes, fantasmas, razonamientos mecánicos. Pero justamente la realidad de Dios sólo nos llega mediante la transfiguración del hombre.Ese es el fundamento de los derechos humanos, y ése es por lo mismo el fundamento del derecho de propiedad que paradójicamente reposa totalmente sobre la pobreza evangélica”. (Continuará). 

 

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