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19/01/2010. El pecado original sería una limitación impuesta al don de Dios...

Conferencia grabada en el convento de los Carmelitas de Bruselas.Publicada en "Foi Vivante", abril/junio de 1962 (N°11), Revista de los Carmelitas de Bruselas El rechazo de ser origen “La psicología profunda nos ha hecho atentos a los traumatismos, las heridas mentales y morales de ciertos niños que fueron rechazados por sus padres. Es clásico el caso de perturbaciones mentales o de neurosis provenientes precisamente del rechazo del niño, de haber nacido contra la voluntad de los padres y especialmente de la madre. Y se puede decir que la mayor parte de los niños, la inmensa mayoría de los niños, nacen así, sin haber sido deseados, como hijos de la especie más que de sus padres.Y lo que pueden reprochar a sus padres los neuróticos que sufren de esos traumatismos, de esa herida original, es precisamente el no haber sido verdaderamente origen de su vida. Dejaron actuar la carne y la sangre en vez de dar ellos la vida a esa vida nacida de la ceguera del instinto. Tantos niños en este mundo podrían reprochar a sus padres el haber rehusado ser su origen.Esta herida constituida por el rechazo de los padres que rehúsan ser origen del hijo nos reporta inmediatamente al pecado original del que podemos pensar que interesa de inmediato el porvenir de la especie humana. De cierto modo, el hombre debió rehusar ser origen, comprometerse con toda su generosidad en un acto realmente creador. Pues justamente todo el porvenir de la humanidad, y todo el porvenir del mundo, y quizás también su pasado, reposaba sobre el consentimiento, sobre el don original que debía promover al plano de la libertad la creación entera.Porque eso es lo que se debe retener en la tradición bíblica del pecado original: una vocación inmensa, infinita, ilimitada, y la falta misma se debe retener no como la usurpación del hombre que trata de hacerse Dios, es decir como una especie de ambición desmedida, sino al contrario, el pecado original se debe retener como una falta de ambición, como una avaricia replegada sobre sí misma, como una limitación impuesta a Dios y al don de Dios. Y en el relato bíblico, lo que más llama la atención es precisamente la duda sobre la bondad de Dios, la transformación de Dios en Dios propietario y celoso que prohíbe a sus criaturas el uso de los dones que les ha hecho.En el fondo, el rechazo de ser origen se repercute en todo acto verdaderamente libre. Pues un acto plenamente libre, un acto que compromete y constituye la persona es siempre en cierto modo un acto original, un acto que rebasa infinitamente las circunstancias en que se lo realiza, como el trabajo de la esposa que es realmente esposa no se limita a los trabajos de la casa sino que la hace disponible en todo lo que hace, la hace disponible por entero y hace de cada una de sus acciones un nuevo acto de amor, un nuevo compromiso de su persona.Un acto humano es siempre más grande que sus circunstancias. Cuando va hasta el final, es siempre infinito en las disponibilidades que evoca y que confirma.Y todas esas experiencias, todas esas tomas de conciencia del rechazo de ser origen que constituye la primera falta, la falta original y toda falta, nos hacen tomar conciencia también de que la historia del mundo es una historia de dos. Es una historia de amor, una historia que Dios no puede realizar solo, porque Dios es espíritu, intimidad, amor, sólo puede relacionarse con el espíritu, con el amor.Por eso el centro del universo, el centro del acto creador, es el pensamiento, el corazón, el amor de la criatura inteligente y libre. A través de ella se comunica el impulso creador y, si la criatura inteligente y libre falla, si está ausente, si se rehúsa, la creación entera se “avería”, fracasa, se vuelve des-creación. Es lo que san Pablo nos da a entender en el texto magnífico de la carta a los romanos donde nos muestra toda la creación gimiendo hasta ahora en dolores de parto. La creación gime, está desgarrada porque no está terminada. Está esperando la revelación de los  hijos de Dios, está esperando que el hombre se levante, que el hombre consienta, que se haga creador a su vez.Eso es lo que debemos entender en la tradición bíblica del pecado original. La historia del mundo es una historia de dos. Es una historia de amor que se enraíza no sólo en el corazón de Dios sino también en el nuestro, pues si somos en cierto modo solidarios físicamente del universo en que estamos plantados, del que nos alimentamos y en el que respiramos, también el universo está plantado en nosotros, enraizado en nuestros pensamientos y en nuestro amor, y no puede realizarse espiritualmente sin nuestro consentimiento.Es una historia de dos y una historia de amor, y por eso el relato del pecado original nos hace escuchar el grito de la inocencia de Dios. Dios no está por nada en el mal, en el sufrimiento, no está por nada en la muerte, en los desórdenes y catástrofes cósmicas, porque siempre está presente, siempre dado, siempre amor, siempre ofrecido sin jamás imponerse. No puede hacer otra cosa que ser amor, siempre presente, pero necesariamente desarmado ante nuestros rechazos de amor, ante el rechazo de criaturas semejantes a nosotros, quizá de otros planetas, que concurren como nosotros a la creación de nuestro universo. Por eso la pasión de Jesús tiene grandeza y significado cósmicos. No concierne solamente la humanidad, sino el universo entero, porque es la retoma y la recapitulación de toda la historia”. (Continuará) Oración:¡Dios nuestro, Dios de Jesucristo, tú que acogiste en el paraíso al buen ladrón que reconoció tu inocencia!¡Dios siempre dado, siempre Amor, siempre ofrecido sin jamás imponerte, tú que no puedes hacer otra cosa que ser amor!¡Tu pasión tiene grandeza y significación cósmicas para todo el Universo, retoma y recapitula toda la historia!Haznos cada vez más sensibles al amor infinito que te llevó a soportarlo por nuestra salvación. ¡Concédenos que volvamos a tomar conciencia de nuestra vocación y aceptemos plenamente ser comienzo, fuente y origen!  

 

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