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"... el disco del tiempo... representa... la distancia de nosotros a nosotros mismos". La metafora me recuerda que en una rueda el centro permanece inmovil. En la periferia del yo
en el centro.
en la dimension de la eternidad estamos en Dios
vivimos en el tiempo
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Zundel
24/01/2010. ¿La pobreza de Dios?
Final del texto sobre “la pobreza de Dios”. Con una nota importante.
Retoma: “
Dios
es puro ser, puro valor, porque no tiene nada
, porque no puede poseer nada, porque lo perdió todo eternamente, porque es el despojamiento subsistente, infinito, personificado y eterno”.
Continuación: “Eso fue lo que descubrió Francisco, ahí vivió, eso nos comunicó, o mejor, eso nos comunicó Dios por medio de él. Se acabó ahora el Dios propietario, el Dios dueño, el Dios déspota, el Dios que está sentado en sus tesoros, que los defiende y que, como dice Lutero en una frase terrible, “no quiere abandonar las riendas del poder”. La verdad es lo contrario:
Dios soltó eternamente las riendas del poder, no quiere otro poder que el de dar. En Él no hay nada más que amor. Sólo puede tocarnos con su amor, como tampoco nosotros podemos llegar a Él sino por nuestro amor
.
Es un Dios desconocido, un
Dios inimaginable, un Dios imprevisto, un Dios que los cristianos aún no han comenzado a reconocer. Seguimos pensando a Dios como se lo podía pensar antes de Jesucristo. Olvidamos que en Jesucristo todo fue renovado, que
a través de la humanidad transparente de Jesucristo se reveló el verdadero rostro de Dios, que es el rostro de la pobreza, el rostro de la fragilidad
. Porque si Dios es pobre, es frágil; si Dios es pobre, es desarmado, porque no tiene nada para defenderlo, Él es solo amor. Y basta con rehusarle nuestro amor para que nada se pueda realizar.
Es lo que nos dice magníficamente el prólogo de san Juan: “En Él estaba la luz y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la reciben. Estaba en el mundo y el mundo fue hecho por él, y el mundo no lo conoce. Viene a los suyos y los suyos no lo reciben”. ¿Y qué puede hacer? Muere. Muere por todos los que rehúsan amarlo. No hay otra solución para él, eso es lo que significa la cruz. La cruz quiere decir que Dios es el amor que es solo amor, amor frágil que apela a nuestro amor pero no puede nada en nosotros sin nosotros.
Por eso no se trata de salvarnos de una amenaza que vendría de Dios, sino de salvar a Dios de la menaza que somos para él, de salvarlo de nuestras tinieblas, de salvarlo de nuestra opacidad, de salvarlo de nuestros límites que lo transforman continuamente en ídolo. Por eso pudo decir magníficamente Graham Greene en “El poder y la gloria”: “Amar a Dios es querer protegerlo contra nosotros mismos”. Dios es frágil tanto como es amor, frágil como la verdad. Basta con taparse los oídos y la verdad ya no puede nada. Es frágil como la música: basta golpear una cacerola y la música no puede nada. Frágil como el amor: basta cerrar el corazón y el amor no puede nada.
Y aquí se une magníficamente san Juan de la Cruz, grandísimo doctor de la contemplación, a san Francisco, llamando a Dios “la música silenciosa”.
Dios es una música silenciosa
. No está donde hay ruido. Y por eso, cuando hacemos ruido nos separamos de él. Ya no podemos llegar a él sino por medio de fórmulas, de palabras, marcadas con nuestros límites y que hacen de él un ídolo.
Para encontrarlo es necesario escucharlo, hacer de todo su ser un silencio arrodillado y entonces su voz resuena como la voz de la música silenciosa
.
¡Qué descubrimiento! Como la niñita, teníamos tentación de ver en Dios un poder exorbitante o, como Nietzsche, un poder que provoca rebeldía e invita a rebelarse. Y ahora, Dios nos aparece en el cántico de san Francisco como el que no tiene nada. Nos aparece como eterna privación, como la sencillez de una pobreza tan grande que jamás podremos ser tan pobres como él. Pues siempre habrá en nosotros esas adherencias por las cuales nos pegamos a nosotros mismos, el sentido de la propiedad que nos hace esclavos de nuestras posesiones.
Solo Dios es libre, con una libertad infinita, que es la libertad del despojamiento total
. Así, su “ser por sí mismo” quiere decir también que hay en él todas las condiciones de la pobreza absoluta, del despojamiento infinito y del amor perfecto.
Debemos pues hacer silencio en nosotros para penetrar en los abismos de luz y de alegría en que nuestra libertad tiene su primer origen. Y recordando con frecuencia que Dios es la música silenciosa; que Dios es frágil, trataremos de protegerlo contra nosotros mismos.
Entonces Dios tomará para nosotros otro rostro, un rostro adorable, un rostro apasionante, un rostro siempre nuevo. Pues
qué descubrimiento más sorprendente que el de saber que Dios no tiene nada, que no puede poseer nada y que sólo estamos suspendidos de su amor, como está él suspendido del nuestro
. Fue lo que descubrió Claudel el día de navidad de l886 cuando fue fulminado por la gracia, como Saulo en Damasco, al entrar Claudel en (
la iglesia de
) Nuestra Señora (
de París
) diletante de emociones estéticas y escuchar de repente a través de las antífonas de las vísperas de Navidad, el formidable anuncio de la eterna infancia y la desgarradora inocencia de Dios.
Sí, ese es nuestro Dios. El Dios vivo, el Dios Espíritu, el Dios verdad, el Dios crucificado, el Dios silencioso, no hay otro, el Dios que resuena en lo más íntimo de nosotros como un llamado que escuchamos cuando cesamos de mirarnos y de escucharnos, y que nos aparece bajo los rasgos de su fragilidad divina como el niño eterno y la inocencia desgarradora”. (Fin del extracto)
Nota, reflexiones libres: “Él me envió a anunciar la buena nueva a los pobres”, leemos al comienzo del Evangelio de Lucas que la Iglesia nos hace leer el 3
er
domingo del tiempo ordinario. Dicho de otro modo, no podemos recibir su buena nueva sino en la medida en que somos pobres. El texto publicado hoy nos da la razón. El Evangelio sólo puede ser recibido por los que se parecen al Dios pobre.
Pero, ya lo hemos dicho muchas veces en este sitio, la palabra “pobre” está cargada de un sentido que nos hace difícil, y hasta imposible, comprender que se la pueda aplicar a nuestro Dios. Y el mismo Jesús, al explicar a sus apóstoles el sentido del lavatorio de los pies, les dice: “Ustedes me llaman maestro y Señor, y tienen razón porque lo soy”. No rehúsa pues su dominación universal, al mismo tiempo que tiene conciencia de ella y la afirma, les presta a sus apóstoles el servicio más humilde.
Creo que se puede decir que, si nuestro Dios es pobreza, es porque siendo infinitamente rico en un primer tiempo, se hace eternamente el gran pobre, y eso es lo que da finalmente todo el sentido y todo el relieve infinito a la pobreza de Dios, y pone a salvo la famosa expresión de san Pablo con la cual chocaba Zundel. Hay como un “mérito” más infinito, si se puede decir, en hacerse pobre cuando uno es infinitamente rico, infinitamente más que si uno jamás ha poseído nada. Es el “mérito” del Dios infinitamente pobre que no se apropia ni por un momento sus riquezas: la creación entera que Él hizo y que le pertenece. “Porque tuyo es el reino…”
Published
Jan 24 2010, 07:14 AM
by
Gustavo
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