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Zundel

31/01/10 – Necesidad de un cambio radical del yo.

2ª parte de la 1ª conferencia del convento de las dominicanas, Beirut, 1965.“Se trata de que pasemos de la biología abierta a la realización de un verdadero infinito que sólo puede realizarse mediante un cambio radical del yo…”Retoma: “La biología no tiene derechos, ya que la biología es precisamente una resultante y una esclavitud”.Continuación: “La biología sólo tendrá valor humano cuando haya sido transformada y completamente re-creada en una experiencia liberadora, lo cual supone – y ese es todo el problema – cambiar de yo, ¡cambiar de yo!” Mientras no hayamos revestido el yo superior, el yo universal, el yo divino, no somos sino algo del mundo, un pedazo y un instante de universo, no existimos con existencia humana real y auténtica, y ese es todo el problema humano, todo el problema religioso, todo el problema místico, todo el problema de la verdad, todo el problema de la cultura, todo el problema de la justicia social y todo el problema de la paz entre los pueblos.Mientras el hombre no exista, ¿cómo quieren que existan soluciones humanas? Se trata pues de que el hombre exista, de que llegue a ser él mismo a partir de su biología que es abierta.La biología de un animal es cerrada, no puede juzgarla, no puede dominarla, no puede superarla, y entonces no puede despegarse de ella, es decir que es incapaz de transformarla, está encerrado en su biología de manera irrevocable. El hombre por su parte tiene una posibilidad de salir, pues justamente su biología no es cerrada, él puede tomar distancia respecto a ella, puede suicidarse. Puede rehusar el juego. Puede rehusar vivir. Puede hacer huelga a la vida porque puede pesarla y encontrarla demasiado liviana, puede pesar la vida y encontrarla indigna de ser vivida – como hace Hamlet al final de la tragedia de Shakespeare declarando que la vida es un cuento contado por un idiota.¡El hombre puede pues cuestionarse porque su biología no lo contiene totalmente! Él puede salir de ella, y debe, porque si no, si se encierra en su biología, se destruye y la destruye, ya que la biología no es capaz de realizar el infinito sugerido por la apertura misma.Y los que tienen temperamento, gente como Musolini, como Hitler o Stalin, que marcaron nuestra época con el sello de su individualidad, la gente que tiene un temperamento enorme, sólo puede vivir en su biología haciendo saltar todo porque la biología justamente es incapaz de responder a los llamados mismos de la pasión, porque la pasión no puede encerrarse en una biología abierta, quiere otra cosa, quiere el infinito del cual está contaminada precisamente por el vecindario de la razón.Y por eso la biología humana tiene ese carácter tan particular, el carácter explosivo y destructor que no tiene la biología animal, la cual generalmente no reacciona cuando no está amenazada y no va más allá de las necesidades presentes. Al contrario, la biología humana, no pede ser satisfecha en la necesidad presente. Si usted está seguro de comer ahora, pero no de comer mañana, su comida de hoy está envenenada ya por la angustia de mañana, justamente porque nuestra biología es abierta, y su apertura no tiene límites.Se trata pues de que pasemos de la biología abierta a la realización de un verdadero infinito, el cual sólo puede realizarse mediante un cambio radical del yo, por el paso del yo biológico al yo valor, al yo personal, al yo universal, al yo generosidad, es decir finalmente al yo divino.Porque es necesario nada menos que el encuentro con Otro en lo más íntimo de nosotros para que se realice el paso y es la medida que experimentemos la Presencia es como se realizará la liberación.Eso es perfectamente lógico además. Es absolutamente imposible no apegarse a sí mismo cuando uno está solo. Si en mí sólo está el yo, ¿a quien puedo adherir sino a mí mismo? Sólo puedo vencer naturalmente la adherencia a mí mismo, el narcisismo trágico y destructor, si hay en mí otro que yo, al cual pueda darme, en quien realizarme, que me libere del yo porque Él es la Libertad fuente. Y en esa Libertad fuente, precisamente, encontramos a Dios y a nosotros, reconocemos a Dios y a nosotros mismos.Ése es el sentido de toda la revelación. Toda la revelación se concentra finalmente en la experiencia liberadora, en el encuentro con una Presencia que es el espacio infinito en que se revela a sí misma y se realiza nuestra libertad. El cristianismo está totalmente en la pobreza divina, totalmente en la Trinidad Divina que es lo mismo que la Caridad o la Pobreza divina. El cristianismo nos liberó del Dios faraón, del Dios propietario, del Dios que es un monstruo análogo al yo de Hitler, de Stalin o de Musolini.Es curioso que me venga a la mente en este instante una saboyanita que escuchó en una misión – esas misiones ruidosas que hacen los redentoristas en ciertos campos de Europa – y naturalmente el tema central era el infierno con todas sus amenazas y suplicios, y la saboyanita que tenía el sentido de las alturas, de la grandeza y de la majestad más profunda de la naturaleza, al salir de la prédica en que el orador había sacado todo su juego mayor, la saboyanita dijo: “Pues si Dios es así, si Él es verdaderamente el vengador que ha preparado tales suplicios, ¡Hitler no le da a los tobillos!” Ella había perfectamente comprendido que eso era imposible y monstruoso.El Dios cristiano es el Dios Trinitario, el Dios comunicación, el Dios que no tiene nada, que no puede poseer nada, es el Dios que es espacio infinito porque en Él el yo es puro impulso hacia el Otro. Su vida brota totalmente en la comunicación sin retorno y sin reserva, y por eso justamente, Él puede evacuar en nosotros el yo propietario, puede ampliarlo, desactivarlo, darle salida realizadora”. (Continuará)   

 

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