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Zundel

February 2010 - Posts

  • 26-27/02/10 – El ayuno corporal para rejuvenecer el corazón.

    Lausana 3r domingo de Cuaresma, 1960“¡No voy a morir, voy a vivir!” (Ps 118/17).Alabamos el ayuno de Gandhi por haber hecho retroceder la ocupación inglesa y encaminado la India hacia la independencia, pero no cabe duda de que en la mente de Gandhi ese ayuno correspondía a algo mucho más profundo todavía, a una liberación personal que lo llevaba a la victoria sobre su biología, la que además consagró mediante voto de castidad emitido en sus treintas y observado integralmente hasta la muerte a los casi ochenta años.Este gran hombre, gloria de nuestro siglo, sabía que tenemos vocación de dignidad, de grandeza y de belleza, que exige que asumamos nuestro cuerpo conforme además con la oración de la liturgia de hoy, en el secreto que pide la santidad, no solamente de la mente sino de los cuerpos.En eso hay algo que nos conmueve infinitamente porque es imposible realizar la unidad humana, la armonía de la existencia, si ponemos a un lado el cuerpo y el espíritu en otro, y si los ponemos en oposición y rivalidad continuas, como si hubiera necesariamente que desvalorizar el cuerpo y destruirlo para exaltar el espíritu.Es seguro que ciertas fórmulas peden inducir en error, como la que se le atribuye a San Juan de Alcántara, que habría hecho un pacto con su cuerpo para no dejarlo en paz hasta la muerte. Esas expresiones excesivas no corresponden a la armonía y la belleza de la liturgia que nos recuerda hoy que el cuerpo está llamado a la santidad, lo mismo que el alma espiritual.El ser humano debe constituir una perfecta unidad y es espíritu en la carne como en el pensamiento. Si justamente la personalidad le debe imprimir su dirección a todo nuestro ser, es necesario que la carne pueda hacerse también música, y lo hace además tan fácilmente, como lo hemos experimentado todos.Nuestra sensibilidad puede vibrar con la música, y sin esa vibración la música no existe. Puede también vibrar con la pintura, y con el espectáculo de la naturaleza, ¡y no existe emoción si la sensibilidad no vibra! La carne tiene pues vocación espiritual, vocación de eternidad, que preludia ya la divina resurrección. Y en esta perspectiva debemos entender la cuaresma, cuyas observancias penitenciales han sido reducidas a nada, pero no deja por tanto de invitarnos a la disciplina armonizante que quiere justamente que establezcamos el cuerpo en la libertad, en la dignidad y en la belleza.Durante un entierro en que participaba un día, me impresionó la fealdad, no de los parientes del difunto, sino de los simpatizantes, de los amigos presentes en la ceremonia por cortesía, la fealdad de ciertos hombres y mujeres de sesenta o más años digamos, su engrosamiento, su peso, la rigidez de sus rasgos, y yo me preguntaba porqué se habían dejado afear hasta ese punto. Es claro que dejar la biología tomar la ventaja sobre la libertad es una especie de ofensa a la Presencia divina en un cristiano. El testimonio que debemos dar a Dios, tenemos que darlo con el cuerpo tanto como con el pensamiento, y es absolutamente imposible que la belleza de Dios, la gracia del Señor se manifieste en cuerpo deformado por nuestra negligencia. No se trata de deformidades físicas congénitas o resultantes de enfermedad, las cuales pueden tener una belleza inmensa si la persona ejerce en todo su ser su resplandor creador. Porque la belleza que debemos instaurar en el cuerpo es una belleza que brota del interior. Es lo que vemos en ciertos artistas como Clara Haskil, que son música, tanto que ya no se ve en ellos más que música, y lo son tanto justamente porque ya no piensan en sí mismos, porque están suspendidos en una contemplación que los orienta totalmente hacia la Belleza divina, porque la respiran, porque la viven, porque ella estructura todo su ser, y se vuelve su único rostro.Es claro que eso es la belleza humana: una belleza que surge y brota del interior e imprime en todas las fibras de la carne la luz pacífica y serena del espíritu.Y eso es indispensable si es verdad que el cuerpo está llamado a la santidad, pues la santidad para el cristiano no es otra cosa que la irradiación de la Presencia misma de Jesucristo. ¡Para el cristiano, la santidad es alguien! Para el cristiano, la santidad es la vida divina, la vida eterna que se imprime desde ahora en nosotros, que se enraíza en todas las fibras de nuestro ser y se vuelve testimonio luminoso de la Presencia de Dios.San Pablo nos hace comprender que el matrimonio es un misterio inmenso, un misterio que se enraíza en la unión nupcial de Cristo y la Iglesia. Al dar al matrimonio esa dimensión mística, es claro que san Pablo considera la consecuencia sacada por una teología muy profunda, a saber, que los esposos que son los ministros del Sacramento, son el uno para el otro, durante toda su vida, una fuente de gracia, y una especie de sacramento vivo. Y lo son, desde luego, con todo su ser, con el cuerpo igualmente, el cual vive santificado por el sacramento y puede ser el uno para el otro comunicación continua de Dios. ¿Y por qué no? ¿Por qué, en vez de considerar las cosas siempre por lo bajo, por el lado de la biología, por qué no considerarlas por lo alto, por el lado del sacramento y de la vocación eterna?Está perfectamente claro que tenemos que crear el cuerpo, como también la personalidad y que en fin de cuentas es la misma cosa.El ser humano tiene raíces biológicas, nace de cierta manera – como el animal, de la tierra, de la biología, de la especie y de la raza – pero eso no es sino el comienzo: nace con vocación de humanidad, con vocación de dignidad, de libertad, de belleza y de santidad.El cuerpo no nos puede ser dado en la dimensión divina, nosotros debemos instaurarla en nosotros mismos, desarrollarla, e ir continuamente hacia nuestra juventud.No cabe duda de que la Cuaresma, precisamente por abrirnos a la resurrección, por ser sólo el preludio de la conmemoración eterna de la victoria de Cristo sobre la muerte, no cabe duda de que quiere imprimir en nosotros el sentimiento de que la vida debe ser cada día, y cada día más, una victoria sobre la muerte.El cristiano no es alguien, no puede ser alguien que languidece en la meditación de la muerte, pensando que está condenado a convertirse en polvo, sino al contrario, alguien llamado cada día a construirse desde el interior, a penetrar con la vida divina las fibras de su carne, a ir hacia la juventud inmortal, a ir hacia el nacimiento eterno, de modo que la muerte no sea la disolución de sí mismo sino el último impulso de una vida unificada hacia su fuente eterna.Hay algo insostenible e insoportable en la predicación de la muerte cuando no está centrada precisamente en la resurrección del Señor y cuando no constituye – deliberadamente – una invitación a triunfar de la muerte. 

     

  • 24-25/02/10 – No creo en la utilidad de lo que hago.

    Lausana“¡Qué suerte tiene usted! me decía una gran enferma. Yo no hago nada. Mi vida es inútil. Todos los dones que pude haber recibido fueron malgastados. Pero Ud. tiene al menos la sensación de que lo que está haciendo es útil”. A lo cual pude responder: “Yo no creo, no creo en la utilidad de lo que hago. Al contrario, estoy convencido de que la acción es una trampa y una ilusión”.San Ignacio de Antioquía, mártir de comienzos del siglo segundo, en camino hacia el martirio precisamente, escribía a las Iglesias de Asia que lo habían acogido al pasar, diciendo entre otras cosas estas palabras prodigiosas: “Ser, sin hablar, ser sin hablar, ser sin hablar, es mejor que hablar sin ser”, y a los romanos que tenían consideración por su edad avanzada y querían intervenir para evitarle el martirio, les dirigió esta súplica: “Sobre todo, no intervengan. Déjenme comenzar por fin a ser discípulo, pues cuando haya sido molido por el diente de los animales (pues debía ser condenado a los suplicios del anfiteatro), cuando haya sido molido por el diente de los animales yo seré por fin palabra de Dios”.Evidentemente hay una oposición, con frecuencia radical, entre la acción y el ser. Actuamos, nos agitamos, nos gastamos y creemos dedicarnos – y no existimos y lo que hacemos finalmente es disimular y ocultar la nada que somos.El campo de la “acción” es el campo de los medios. Se dan al hombre las técnicas. Además las técnicas son preciosas, y yo soy el primero en utilizarlas y quererlas. Mero las técnicas no significan nada si no creamos al hombre mismo. Pues finalmente el hombre es rebasado por sus técnicas. Las técnicas abundan. Pronto podrá el hombre crear un universo de fantasía que responda exactamente a los decretos de su voluntad, pero si no sabe en qué dirección crear, si no tiene idea del objetivo que busca, todo ese despliegue de medios sólo llevará a resultados catastróficos y falsificaciones.La acción es necesaria sin duda, pero ante todo hay que existir de manera auténtica que sitúa los valores al interior de la mente y del corazón. Es claro que sólo el ser que existe de manera auténtica es capaz de emocionarnos y de transformarnos.Es una justicia implacable. Decimos que la vida es injusta y que es atroz. Y es verdad, en primera aproximación. Existe sin embargo una justicia infalible e implacable que es imposible de esquivar y es precisamente que el ser no se puede disfrazar, que no se puede engañar con la existencia, siempre somos lo que somos – y nada más.Y cuando usurpamos un personaje, cuando nos revestimos de virtudes fingidas, aunque nos entreguemos con heroísmo, basta con escarbar un poco bajo las apariencias para ver que con frecuencia todo lo que llamamos acción – inclusive la Acción Católica – es una manera de emplear energías nerviosas para equilibrarnos, mucho más que una búsqueda del Reino de Dios.Y ésa es justamente la cuestión: ¿cuál es el hombre que va a transformar al hombre? ¿Cuál es el hombre capaz de conmovernos profundamente? ¿Cuál es el hombre que nos conmueve y nos conduce a una verdadera conversión? Es siempre y únicamente el que se convierte, el que está en la verdad de la vida, el que se coloca frente a Dios, el que respira Su Presencia y comunica Su Amor.Hemos leído cantidad de libros. Hemos escuchado cantidad de sermones. Tenemos cantidades de ideas y consejos. Y todo eso no sirve para nada. Pues para conmovernos, para transformarnos, necesitamos que alguien pague el precio, nos ayude y nos eleve hasta el Corazón de Dios donde comienza el diálogo que constituye nuestra verdadera intimidad.Y para eso no existen métodos, ni recetas, ni trucos. La verdadera acción que crea al hombre no puede ser trucada: sólo consiste justamente en la autenticidad del ser.La mujer que logró la conversión de su hijo, ese hijo que le había sido arrancado desde el nacimiento por un padre brutal y celoso de su mujer y que, para tiranizarla la había separado de su hijo y le había prohibido toda influencia moral y espiritual sobre él, cuando después de 30 años de oración, de sacrificios, de silencio, de sufrimientos, lo llevó de nuevo a Dios, fue sin palabras. Lo llevó a Dios porque él había visto el Rostro de Dios a través del rostro de su madre. No necesitó más catecismo que el brillo maravilloso de un ser que se había olvidado totalmente.Y de hecho, esa mujer era una obrera que había escuchado de su hijo estas palabras prodigiosas: “Mamá, si me hubieras hablado de él jamás lo habría hecho. Si reconocí a Dios fue a través de ti, mirándote, respirando su Presencia en ti”. Era lo que había realizado esa mujer: la plenitud del ser en una existencia perfectamente auténtica, porque ella no se miraba. Había sufrido tanto, había dado tanto que ya no se veía a sí misma: miraba a Dios y atraía a los demás en la dirección de su mirada. Y era imposible acercarse a ella sin ser conducido a un nivel superior y sin desear comulgar con la Presencia que la llenaba.Eso es lo importante. Hay un enorme desperdicio de energía humana. El hombre trabaja, el hombre inventa, multiplica su poder sobre la naturaleza, y eso es admirable… Pero justamente lo que queda por hacer, incompleto y cada vez más insuficiente, es el hombre mismo, el hombre tan precioso, el hombre que es el Reino de Dios, el hombre que es el único que puede revelar a Dios en el Universo, vivir Su Vida y llevar por doquiera su luz. 

     

  • 22/02/10 – Es necesario repensarlo todo, revivirlo todo bajo esta luz admirable...

    La Trinidad, misterio de la pobreza de Dios. 4° parágrafo.La inmensa diferencia entre los dos testamentos.¡Todo cambió, es otro mundo, es otro universo, es otro Dios!Es necesario repensarlo todo, revivirlo todo bajo esta luz adorable que se inscribe por otra parte en el corazón de los santos ya que, como hemos visto, no hay jamás encuentro auténtico con Dios que no sea garantizado, vivido, afirmado, en la dimisión, en la transparencia, en la humildad, en la pobreza.Todo cambió, y se comprende que Pasternak haya añadido al texto que leíamos ayer, la admirable antífona de la Liturgia Bizantina. En un cántico para la anunciación, “Como se dice en un Cántico para la Anunciación, Adán quiso hacerse dios y se equivocó, no pudo. Y ahora Dios se hace hombre para hacer de Adán un dios”.Nada mejor que este Cántico para la Anunciación para hacernos sentir la inmensa diferencia entre los dos Testamentos, la inmensa diferencia entre la visión piramidal de un Dios que está allá arriba, allá arriba, y que nos aplasta con su Majestad, Y el Dios del Nuevo Testamento que está arrodillado en el Lavatorio de los pies, que en ese paralelo: Adán quiso hacerse dios y no pudo, se equivocó, y fue para el autor del Génesis, el pecado original: quiso hacerse dios, quiso hacerse Dios. Ese es el crimen de los crímenes, y en el Nuevo Testamento, esa es la intención fundamental de Dios: se hace hombre para que nosotros nos hagamos Dios. Lo que era el pecado supremo en el Antiguo Testamento se convierte en el Nuevo Testamento en la única virtud: “¡Sed perfectos como el Padre es perfecto!”Y ¿porqué? ¡Porque justamente en el Antiguo Testamento el Autor del Génesis imaginaba a Dios en lo alto, en lo alto, en lo alto! y no podía concebir el pecado sino como una usurpación de la majestad divina. En el Nuevo Testamento, la grandeza, no es la altura sino la generosidad, la generosidad. El más grande es el que más se da, el que se da infinitamente, el que es la grandeza infinita, El que da todo, El que se da siempre y totalmente, Ése es el verdadero Dios, y no hay otro.En el Antiguo Testamento no se conocía esa dimensión de generosidad absoluta, y por eso se construía siempre la grandeza en el espacio, en altura. Ahora hay que construirla en profundidad, en humildad, en caridad, en despojamiento, en pobreza, en don de sí mismo.Es otro mundo, otro universo, otro Dios. Y por eso en el Nuevo Testamento el pecado original no consiste en haber querido hacerse Dios sino en haber hecho de Dios una caricatura, de haber imaginado que Dios era celoso, que era un propietario, que le faltaba amor y generosidad. Eso es el pecado original, justamente haberlo transformado en déspota que defiende, que es celoso de los bienes que posee y que rehúsa comunicarlos.A partir de ahí el hombre se separó de Dios, sospechando su Amor, no creyendo en Su generosidad, y entonces todo el resto sigue: ya se había separado del Corazón de Dios y se había hundido en sus propias tinieblas.Francisco justamente, no siendo teólogo, no construía con palabras, gracias a Dios, no nos dijo estas cosas. Él habría sido incapaz de decirlas y si las hubiera dicho lo habrían condenado inmediatamente, pero las vivió, las vivió hasta el final, las vivió apasionadamente, las vivió hasta el martirio de los estigmas, después de haber buscado el martirio sangriento. (A revisar más tarde).Y porque las vivió en todas las fibras de su ser, al canonizarlo dos años después de su muerte, al canonizarlo, la Iglesia canonizó la revelación que es él, canonizó la Pobreza con la cual se identificó, que es el Dios Vivo. Podríamos llorar de alegría meditando estas cosas, porque son realmente inagotables, inagotables… Oración: ¡Dios nuestro, que te haces hombre para hacernos Dios! ¡Que podamos como Francisco llorar de alegría! ¡Dios nuestro, Francisco se casó con Tu pobreza! ¡Haznos sensibles a su despojamiento! ¡Enséñanos a vivirlo en el mundo de hoy! ¡Enséñanos a servirnos de las innumerables maravillas de nuestro tiempo para conocerte y hacerte conocer cada vez mejor, para amarte y hacerte amar cada vez mejor, para hacer descubrir al mayor número posible las maravillas de tu amor en el misterio de la Santa Trinidad! 

     

  • 20/02/10 – Una persona es alguien que es don total.

    La Trinidad misterio de la pobreza de Dios. Segundo parágrafo.En Dios no existe un Yo único, un Yo solitario, un Yo apegado a Sí mismo, sino tres focos, tres focos de luz, tres focos de amor y de comunicación, donde toda la Vida Divina se renueva continuamente en un don inagotable. El Padre no se mira, es sólo mirada hacia el Hijo, y éste es sólo mirada hacia el Padre, y el Padre y el Hijo no se idolatran, sino que son un impulso hacia el Espíritu Santo, el cual respira al Padre y al Hijo. La vida divina está así en estado de pobreza.Dios sólo tiene contacto consigo mismo comunicando: el Padre al Hijo, y el Padre es sólo esa comunicación viva al Hijo. No es como un  padre humano que primero existe y luego se hace padre. ¡En Dios la paternidad es eterna! ¡En Dios la paternidad es eterna y la filiación también! y no me gusta que digan que “Dios tiene un Hijo”. Dios es Padre, Dios es Hijo, Dios es Espíritu Santo. ¡No existe primero el Padre que se da un Hijo!Eternamente la Trinidad es ese surgimiento de luz y de amor. Eternamente, la Trinidad es el despojamiento de Dios. Eternamente, Dios se da totalmente, en la circumincesión, en la circulación del Padre en el Hijo, del Hijo en el Padre, en el beso de fuego del Espíritu Santo, que es sólo una respiración de amor hacia el Padre y el Hijo.¡Tal es el descubrimiento que hace San Francisco cuando comprende que él es el prometido de Dama Pobreza! La divinidad no es una propiedad. Cuando Lutero dice esas palabras horribles: “Dios no suelta la rienda, no quiere soltar las riendas del poder”, sin saberlo voltea la espalda a la esencia misma del Evangelio.¡Dios no es un poder aferrado a sí mismo y que se defiende, que nos aleja, que nos prohíbe acercarnos a Él y que se venga con los peores castigos de toda tentativa de usurpar sus derechos! Justamente, Dios es El que no tiene nada, ni puede tener nada, no puede poseer nada, porque en Él la Vida es enteramente personificada, enteramente personal porque una Persona es justamente un ser que es totalmente don.Nosotros podemos poseer, volvernos sobre nosotros mismos, podemos relamernos los labios con las buenas obras realizadas, podemos felicitarnos, admirarnos, mirarnos en el espejo de nuestra propia perfección, y entonces perdemos todo lo que habíamos adquirido: perdemos la música, perdemos la verdad, perdemos el amor, en la medida que deseamos echarlos al bolsillo”. (Continuará)Oración¡Dios Padre nuestro, Dios Hijo nuestro, Dios Espíritu nuestro, Dios en tres personas, Dios que no tienes ni puedes tener nada! ¡Dios en quien cada persona es eternamente personalizada por el don total de sí misma! A pesar de estar, por el pecado original, centrados sobre nosotros, te suplicamos nos concedas que nos demos cada vez más perfectamente a Ti, Dios nuestro, que haces de nuestro corazón tu santuario y quieres hacerlo con nosotros en todo hombre. 

     

  • 18-19/02/10 – El misterio de la Trinidad libera la mente y el corazón.

    Reciban, acojan hoy y los días siguientes el estudio de un texto de Zundel absolutamente excepcional.Es la segunda parte de la conferencia del retiro del 5 de agosto de 1959 en Ghazir, dado a las franciscanas de Lons-le-Saunier. Le dieron como título: "La Trinidad, misterio de la pobreza de Dios". La historia de san Francisco ocupa un buen lugar porque vivió de manera admirable el misterio de la Trinidad, por el culto de la pobreza, y también porque Zundel se dirige aquí a hijas de san Francisco, mejor preparadas por eso a entrar en el misterio. Lo dividimos en cinco parágrafos, para cada uno de los días siguientes.OraciónDios nuestro, Padre, Hijo, Espíritu, ¡haz que recibamos el misterio luminoso de la Trinidad divina! ¡En el cielo jamás habremos terminado de recibir su luz! Te suplicamos que seamos iluminados ya aquí en la tierra con su claridad, que libere cada vez más nuestra inteligencia y nuestro corazón tan frecuentemente prisionero de la representación de un falso dios! El misterio de la Trinidad. La Trinidad, misterio de la pobreza de Dios. Primer parágrafo."Aprendimos en el catecismo que la Trinidad es un misterio, un misterio impenetrable y nos contaron ese cuento falso de Agustín que caminando en la playa vio un niño que quería meter el mar en una conchita. ¡No es verdad! ¡No es verdad! Si Jesús habló de la Trinidad, no fue para confundir la inteligencia sino para liberarla.El misterio, el misterio cristiano, no es algo oscuro. Es algo deslumbrante de luz. Es una luz que no se puede expresar, que no se puede agotar. ¡Es lo contrario de un velo, de un límite, de un muro contra el cual chocamos! Es todo el espacio que se abre, y podemos avanzar eternamente, eternamente, eternamente… y será siempre nuevo, siempre, siempre. ¡Jamás llegaremos a agotarlo!Si Jesús nos confió ese secreto, fue porque ese secreto es la libertad (la liberación) de nuestra inteligencia y de nuestro corazón (1). Porque es necesario confesar que mientras nos encontremos ante del Dios solitario del judaísmo o del Islam, somos aplastados. ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Dios es alguien centrado sobre sí mismo? ¿Es solitario, se alaba, se mira, se admira, se ama, y nos pide que lo alabemos y lo amemos? ¡Eso es asfixiante, eso ahoga…!Y se comprende que la pequeñita egipcia de nueve añitos, habiendo oído decir que Dios era la Causa Primera, que todo viene de Él, que todo vuelve a Él, que hace todo por sí mismo, que tiene todo, que nada le podemos quitar, que es infinitamente feliz, que es indiferente a la desgracia y a la felicidad de los demás porque Su gozo es entero en Él mismo, decía: "¡Qué suerte tiene! ¿Y eso le llegó así no más? No tuvo nada que hacer para ser Dios, eso lo tiene desde siempre… ¡Cosa curiosa! Y ¡qué suerte la suya! ¿Porqué Él y nosotros no? ¡En el fondo, eso no es justo! ¡Todos deberíamos tener la oportunidad!" y en su cabecita, esperaba que le llegara el turno de ser Dios…Como decía Nietzsche, el filósofo alemán: "Si hubiera dioses, ¿cómo podría yo soportar no ser dios?Justamente, porque la niñita, como sus catequistas y como Nietzsche tenían todos un Dios en altura, en la línea de la pirámide. Lo veían allá arriba, allá arriba, allá arriba, como la aplanadora que nos aplasta con su Poder y Majestad.No sabían que Dios es el que está arrodillado para el Lavatorio de los pies. Y justamente, la Trinidad nos abre el Corazón de Dios: La Trinidad nos enseña que Dios no es solitario. Es único, pero no solitario – único pero no solitario, que justamente, no es alguien que se mira y se admira, que se alaba, se inciensa y se ama, porque en Él, toda la vida brota, brota, brota como una comunicación que va del Padre al Hijo, del Hijo al Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, porque en Dios está el Otro, porque en él "Yo es Otro", porque en Él la vida es "Tú eres Yo"… "Tú eres Yo"… el Padre lo dice al Hijo, el Hijo lo dice al Padre, y el Hijo y el Padre al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo al Hijo y al Padre". (Continuará) (1) Mientras no se haya entrado, al menos un poco, en esta comprensión del misterio de la Trinidad, no se puede entender nada respecto de Dios ni respecto del hombre. De ahí la importancia capital, y Zundel se atreverá entonces a decir: "¡Hay que recomenzar todo!" y eso no se ha hecho todavía en la Iglesia, 50 años después de que todo eso haya sido dicho. Porque no conocemos esas cosas o porque pueden parecer menospreciar las bases de la doctrina de la Iglesia, lo que los hombres de Iglesia sólo pueden rehusar para comenzar. Es urgente, ahora que nuestros contemporáneos del siglo 21 aceptan cada vez más difícilmente un Dios en la cumbre de la pirámide. De ahí la indiferencia general actual hacia el cristianismo que les parece exigir fe en un dios totalmente inaceptable y completamente exterior al hombre. 

     

  • 16-17/02/10 – Es muy importante tomar conciencia de quién es el Dios que uno ama.

    Final de la 1ª conferencia del Retiro de las franciscanas de Lons-le-Saulnier en Ghazir, Líbano, del 3 al 10 de Agosto de. 3 de agosto, à las 4 p.m.¿De qué Dios se trata?El nudo de víboras…"Encuentra a su hijo ante el féretro de su mujer, y le dice: "¿No podían prevenirme antes? Y el hijo: "Pero, papá, no conocíamos tu dirección" – "¿Cómo eso? ¡Bandido! ¿No conocían mi dirección? ¿Qué estuvieron haciendo en París? Se pudieron encontrar con ese muchacho con quien negociaron el testamento". El hijo, abatido por haber sido descubierto, balbucea.El padre, furioso, expresa toda su ira contra él, y luego, de repente se desinfla: "¡Ah! ¡Y si lo que quieren es el dinero, lo tendrán! Se los voy a tirar a la cara, hoy mismo se los doy".Ante el féretro, acaba de comprender que es absurdo, que no se va a llevar nada, que para vivir sólo necesita la pequeña renta que le permita satisfacer sus necesidades básicas. Y ante el estupor de sus hijos y de sus nietos, ejecuta la promesa y les entrega sus bienes, pidiéndoles solamente que le viertan una pequeña pensión hasta su muerte.Y se va a vivir al campo, y comienza a escuchar, a observar. Ahora que está libre de la inmensa preocupación, comienza a abrirse a la belleza de las cosas, al esplendor de la luz, al color de las flores, a los juegos de los pequeñines; cuando su nieta, la del marido que quería hacerlo internar, se ve abandonada por su esposo, en su inmensa tristeza viene a refugiarse donde el abuelo. Entonces, ante la angustia de la joven mujer abandonada por su marido, se conmueve, se interesa por ella, entra a fondo en su dolor, trata de divertirla en su tristeza, y mientras más entra en el dolor de otra persona, mientras más entra en su dolor, más se libera de sí mismo, más siente que su corazón se dilata, y más crece su espacio interior.Y el cura del pueblo viene a verlo. Y eso, en el fondo, no le disgusta. Algo totalmente nuevo está naciendo en él. No sabe exactamente de qué se trata, pero ya no hay dureza, ya no hay rechazo, ya no hay negativas. Cierta disponibilidad cada vez más auténtica se establece en su corazón y finalmente, a través de la caridad que practica con su nieta, ya no se apega a nada. Se pone a meditar, a escuchar. Y el día de Navidad se acerca y en el fondo, no está escrito que no va a comulgar el día de Navidad.Escribe en su diario cada día, y cada día anota cierta invasión de su alma por una luz desconocida, un espacio que no cesa de crecer, una alegría muy sencilla, muy pura, que lo hace comulgar con la belleza de la naturaleza. Y al fin, una noche escribe: "Por fin encontré ese Amor Adorable…" y, en medio de la palabra "adorable" la pluma se le cae de las manos y queda muerto!Pero encontró, encontró, encontró… Justamente, en el fondo, murió de ese Amor Adorable que descubrió, en que Dios vino a él por dentro, como una presencia, como una luz, como un espacio, como una libertad, como una alegría. Y sin ninguna violencia, colmado de admiración, al contrario, liberado de todo lo que lo hacía antes esclavo del orgullo, esclavo del dinero, esclavo de los placeres, encuentra ahora, encuentra al que San Agustín llama "la Vida de nuestra vida".Como ven el tercer cuadro, que deshace el "Nudo de Víboras" de Mauriac, es muy diferente. Ya no se trata de un Dios que es enemigo de la libertad, que viene a hacerles saber que están sometidos, que los controla, que jamás podrán resistir a Su Voluntad, que ustedes no son nada bajo Su omnipotencia, que los aplasta y les reserva siempre los castigos si ustedes se apartan de sus Mandamientos. En esta evolución, en este descubrimiento de Dios en el "Nudo de Víboras", no encontramos nada semejante.Nada semejante tampoco al Dios de Festugière, el Dios que los hombres creyeron encontrar porque había en la naturaleza fuerzas que no controlaban, el Dios lejano que trataron de domesticar, y que con tanta frecuencia no responde a las llamadas, el Dios que crea un farisaísmo eterno puesto que de todos modos, en todas las religiones, incluso en la cristiana, es necesario obedecer a los mandamientos, el Dios que es un yugo difícil de soportar cuando uno sabe que casi siempre lo maltratan. Nada semejante en el "Nudo de Víboras". Al contrario!Esta subida hacia Dios es totalmente alegre, liberadora, brota como una fuente dentro del alma. Y el corazón esta tan colmado que en el curso del diario se dibuja la subida hacia la luz y que las ultimas palabras son las del encuentro definitivo, a través de una muerte apacible: "Por fin, acabo de encontrar el Amor Adorable".Es necesario que nos entendamos cuando hablamos de Dios. ¿De qué Dios hablamos? Hay tantas maneras de hablar de Dios. ¡es tan fácil hacer de Dios un ídolo! Y de ello tenemos además la prueba más terrible, en el hecho que pasa tan generalmente desapercibido, de que nuestro Señor mismo, Nuestro Señor, fue condenado en nombre de la religión por hombres religiosos, como enemigo de su religión. Son los sacerdotes, es el Príncipe de los sacerdotes, el Sumo Sacerdote, son los doctores de la Ley, hombres religiosos, hombres que se dedicaban continuamente a leer y comentar las Escrituras, los que vieron en Jesús al enemigo de la religión. Fue en nombre de su Dios, que ellos pretendían ser el Dios de Moisés, en nombre de su Dios que condenaron y crucificaron a Nuestro Señor. No cabe pues duda de que bajo el nombre de Dios se puede meter una cantidad de ídolos que no tienen ninguna semejanza con el Verdadero Dios.Por eso es tan importante, durante un retiro que tomemos conciencia del Dios que amamos, que debemos descubrirlo continuamente para no envolverlo en visiones de Dios como las tan lúgubres y desesperadas del P. Festugière, para no ser llevados por lecturas que parecen además emanar de gente muy competente, para no sucumbir a cierta literatura religiosa que nos presenta un rostro de Dios absolutamente intolerable.Es lo que vamos a tratar de hacer durante el retiro: descubrir a Dios según el programa que se propone San Agustín en las Confesiones cuando dice: "Noverim te noverim me": "Que te conozca y que me conozca", Que te conozca y que me conozca…"Y lo veremos además, ustedes lo saben porque no ignoran el admirable itinerario de San Agustín. San Agustín encontró también a Dios admirablemente como "la Vida de su vida", justamente no como un Dios terrible, no como un yugo pavoroso, como fuente de problemas y de desesperación, sino al contrario, como la fuente de donde brotaba su vida.Esta noche, pues, vamos a preguntarnos simplemente: ¿Cuál es mi Dios? ¿Cuál es mi Dios? ¿Qué rostro tiene mi Dios para mí? ¿Cómo lo encuentro y en qué medida es para mí verdaderamente la Vida de mi vida? Y tendremos la ocasión de darnos cuenta de cómo somos todos tentados de hacernos un Dios a nuestra imagen, un Dios semejante a nosotros, un Dios que tenga nuestros límites, un Dios que tenga más o menos los mismos sentimientos que nosotros, un Dios que precisamente por haber tomado nuestra propia figura, se vuelve en efecto con frecuencia un tormento, un obstáculo y un problema para nosotros.Y veremos al contrario que el Dios del Evangelio, y como ustedes saben, el "Evangelio" es la "Buena Nueva", que el Dios del Evangelio es un Dios maravillosamente desconocido, un Dios que tendremos la ocasión de volver a descubrir en nosotros cada instante del día y que ese descubrimiento es el más apasionante y maravilloso que podamos hacer en la vida, porque Dios es exactamente lo contrario de lo que piensa Marx, lo contrario de un enemigo de la libertad, lo contrario de lo que piensa Festugiere, es decir un misterio oscuro, terrible e impenetrable que tenemos que aceptar ya que estamos rodeados de fuerzas desconocidas pero en resumen, si no hubiera esa tradición y esa costumbre, rehusaríamos el yugo. ¡Sería mucho más sencillo no creer! Justamente, no es de ese Dios del que Jesús nos habla, sino de un Dios que está dentro de nosotros esperándonos y que fue descubierto justamente por el héroe de Mauriac como el Amor Adorable, que responde a todas las preguntas de nuestra inteligencia y a todos los impulsos de nuestro corazón y que es tan hermoso, tan inagotable, que cada día es nuevo y más maravilloso que el día antes, a condición justamente de que el alma se abra, se haga disponible y escuche dentro de sí la vocecilla que no cesa de enseñarnos. Porque Dios no está lejos de nosotros, sino como dice San Pablo, en Él tenemos el movimiento, el ser y la vida" (Hechos 17, 28). (Fin de la conferencia) Oración: Dios, Dios nuestro, ¡único Dios verdadero! ¡A cada instante recibimos de ti, Padre, Hijo y Espíritu, el ser, el movimiento y la vida! ¡A cada instante nos estás esperando dentro de nosotros, más íntimo que lo más íntimo de nuestro ser! ¡Concédenos que respondamos a tanto Amor en el don cada vez más total de nosotros mismos!En nuestro corazón y de nuestro corazón, el Padre quiere dar nacimiento al Hijo y el Espíritu quiere surgir sobre la humanidad entera! Quieres pues hacer de nuestro corazón el eterno paraíso del Padre infinitamente amante quehacer eternamente nacer, y del Hijo que eternamente nace! ¡Quieres realizar en nosotros y por nosotros lo que hace que Tú seas el Dios Trino infinitamente amante!¡Permite que el verdadero amor modele nuestra respuesta, que el Hijo nazca fácilmente en nuestro corazón, que el Espíritu brote a cada instante de nuestra vida! 

     

  • 15/02/10 b. Es muy importante tomar conciencia de quién es el Dios que amamos.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Retoma: "Sin que la joven se diera cuenta, esa confidencia fue una catástrofe, porque a él le dio la impresión de haber sido engañado y de haberse implicado en esta situación simplemente para asegurar la tranquilidad de los padres".

    Continuación: "Desde entonces se retira, se sumerge en sus negocios, se vuelve insoportable, se encierra en un mutismo hostil y la esposa que no entiende nada, y no tiene la menor idea de que su confidencia fue la que provocó la catástrofe, la esposa, desde luego muy herida, pero viendo que no había nada qué hacer, y muy religiosa por temperamento y con varios hijos que cuidar, se repliega sobre sus deberes de madre, y acepta ante Dios el sacrificio de su felicidad conyugal.

    El padre, viendo a la madre dada por entero a los hijos – y ¿cómo, si no, ejercer su ternura, ya que él se ha retirado? – necesita a quién darla, y la da a sus hijos – y él se imagina que la madre se une con los hijos contra él. Su hostilidad se agrava entonces cada vez más, y mientras los hijos crecen, aparecen claramente dos bandos, el de la madre con los hijos, y el del padre, solitario, mudo y hostil. Y él lleva su hostilidad hasta hacerse servir carne el Viernes Santo, para herir los sentimientos religiosos de su mujer.

    Conociendo sólo la ternura de la madre, los hijos son profundamente hostiles al padre, y mientras más crecen más se enraíza en ellos la hostilidad. La vida los lleva a casarse, y los crecen hasta que el viejo abogado, que ha envejecido entre tanto, llega a tener una nieta que acaba de casarse. Por otra parte, todo el que entra en la familia se une al bando de la madre y  se convierte para él en un nuevo enemigo. Su fortuna es colosal y en el fondo es el único bien que mantiene cierta solidaridad de los hijos para con el padre. La fortuna es inmensa, y naturalmente ellos desean heredarla, y están obligados a mantener cierta presencia para que el padre no los desherede.

    ¡Pero la situación se prolonga y dura! Quisieran que muriera y que una circunstancia favorable los libere de su presencia. Él, naturalmente, se da cuenta, conoce exactamente los sentimientos de ellos y los conoce tanto mejor que cuando por la noche se retira cansado a su cuarto antes que los demás, apaga la luz y deja la ventana abierta para saber todo lo que se dice en la terraza.

    Oye entonces los murmullos, oye ecos, y una noche escucha justamente que el marido de la nieta propone nada menos que internarlo en un ancianato, secuestrarlo, encerrarlo, hacerlo declarar incapaz de administrar sus negocios y así apoderarse de su fortuna, en vez de esperar una muerte que tarda realmente en llegar.

    Al oír esa conversación, entra naturalmente en un furor indescriptible y al día siguiente anuncia a su mujer que se va de viaje.

    Ella, que no estaba en el complot, pues se había retirado antes de esa conversación cínica, no estando en el complot, lo mira y se siente cansada. Por primera vez en su vida, la observa, sola. Ve que ella está consternada, acabada. Comienza a llenarlo un sentimiento de compasión. Quisiera no irse, pero se endurece pensando en las terribles palabras de ese nieto de adopción, con la complicidad de los demás, escuchadas en la noche anterior.

    Está pues resuelto a ir a París, desheredarlos a todos y transferir toda su fortuna a un hijo natural que había tenido con una de sus clientas, una institutriz que él había defendido en un asunto muy grave, y que, en reconocimiento, se había entregado a él, y le había dado un hijo. Por otra parte, muy justamente, él había seguido sosteniéndolos, nada les faltaba. En este aspecto, él había cumplido todos sus deberes, pero decidió transferir toda su fortuna a ese hijo natural al que no conoce. Llega pues a París y cuenta a su antigua clienta, madre de ese hijo, su intención, y confía a ese hijo natural con quien se encuentra por primera vez, que él sería le heredero de toda su fortuna.

    Se da cuenta con estupor que eso no parece encantarles, que en el fondo les da más bien miedo, miedo de entrar en esa historia, miedo de complicaciones extraordinarias para toda la familia que de toda evidencia los atacaría, se defendería con garras y dientes contra el testamento. Él trata de persuadirlos, se instala en su vecindario durante algún tiempo, y pide al hijo natural que recoja su correo. Y comienza a dudar por otra parte de que el muchacho sea capaz de asumir semejante carga, cuando un día, paseándose en París, ve en el reflejo de una vitrina la sombra de su yerno en un almacén. Observa de nuevo y ve a su hijo en el almacén, y ve que su hijo natural está con ellos. Entonces comprende, comprende: "Vendió la mecha y va a negociar con los herederos legítimos, va a pactar con ellos.

    Entonces se retira, se esconde, y los dejar ir. Los sigue. Van a la iglesia de San Germán y allá arreglan los negocios, se ponen de acuerdo sobre la pensión que recibirá el hijo natural, duplicada en cambio del abandono total del testamento hecho en su favor.

    Se retira entonces habiendo visto lo que deseaba, y cuando se encuentra ante su hijo natural, finge no haber visto nada, no saber nada, le hace una pregunta y hace soltar el secreto. Lo pone entonces contra el muro diciéndole: "¡Imbécil! Naturalmente te vendiste, te las arreglaste con los demás. Pues yo voy a hacer exactamente lo que ellos querían: ¡doblaré tu pensión y daré mi fortuna a otro!" y rompe entonces definitivamente con la mujer y el hijo, y su correo permanece dos o tres días sin ser retirado.

    Cuando va a retirarlo, hay una carta de su hijo que le pide regresar lo más pronto posible, porque su esposa está enferma. Comienza entonces a conmoverse, y toma el primer tren, y cuando llega, ella ha muerto…. Ella está muerta.

     

  • 15/02/10. Es muy importante tomar conciencia de quién es el Dios que amamos.

    Final de la 1ª conferencia del retiro. El nudo de víboras..."Existe otra visión de Dios y es ésta. Nos la sugiere Mauriac. Una de sus novelas se llama "El nudo de víboras". En ella, Mauriac nos presenta un joven con dones extraordinarios, hijo único de una mujer de extracción campesina, que adora a su hijo pero sin sentimentalidad, que le es demasiado dedicada y tanto más cuanto que el muchacho es de salud delicada y está amenazado o inclusive afectado por la tuberculosis. Esta mujer, que es viuda, vela sobre su hijo como su único tesoro y, al mismo tiempo, como ella es de extracción campesina, se ocupa admirablemente de la gestión de los negocios y por tanto, bajo su dirección la fortuna de su marido, que es ahora la de su hijo, aumenta, crece y se consolida considerablemente.El joven no es religioso. Como es muy frágil de salud, hace la carrera más corta y más fácil posible, el derecho, y triunfa rápidamente, brillantemente en sus estudios, y se convierte en un abogado brillante y exitoso, que gana siempre los procesos, y se hace cada vez más célebre, y su fortuna no deja de aumentar.En cuestión de sexo, frecuenta mujeres ocasionalmente, no ama a nadie más que a sí mismo. Torna sobre sí mismo y tiene un solo objetivo: triunfar en sus negocios y aumentar su fortuna. Es bastante duro con su madre, la cual se deja llevar por su hijo, es duro con ella y ella no espera mayor cosa de él, es feliz de haberlo salvado de la muerte y está orgullosa de verlo triunfar en sus negocios.Pero en un viaje de vacaciones, ese joven y brillante abogado, que no ama a nadie, que jamás ha estado enamorado, que ha utilizado a las mujeres para su placer, va a un hotel donde está también una familia noble venida a menos, y sucede que una de las hijas lo impresiona, él se siente atraído por ella, y comienza discretamente a cortejarla. Y, siendo él de extracción campesina y la familia noble por lo menos en sus orígenes y en sus tradiciones, le extraña y lo llena de alegría ver que la familia no parece oponerse. Los papás no desaprueban la relación que él mantiene con la hija y finalmente la relación se vuelve más seria: él se compromete y se casa con la joven.En el noviazgo, él tiene la ocasión de salir poco a poco de sí mismo por primera vez en su vida, ya que su madre en el fondo nunca lo amó para ella misma, él vio en ella la abastecedora, la ecónoma, la enfermera, nunca la vio como presencia necesaria para su corazón. Por primera vez en su vida sale pues de sí mismo, de su egoísmo y comienza a sentir el provecho. Comienza a respirar con más holgura porque su vida ya no torna alrededor de su persona y se siente encargado del bien de otra persona, y se conmueve de ver que dar gusto a otro es también fuente de felicidad.Por desgracia, la joven, demasiado ingenua, se imagina que no debe ocultarle nada a su marido, y en su ingenuidad, le cuenta que se le había muerto un hermano de tuberculosis, que ella había estado ya comprometida otra vez y que su novio la había dejado a la muerte de su hermano tuberculoso, temiendo que la tuberculosis fuera una enfermedad familiar, que sus padres habían hecho una enfermedad, que su madre se lamentaba sin cesar diciendo: "Entonces nunca te podrás casar, pues tus pretendientes invocarán siempre el mismo argumento, porque hubo una tuberculosis y tu hermano murió de eso y tú puedes estar contaminada".Y naturalmente, ella confiesa haber sido muy sensible al tormento de sus padres. Entonces el joven marido pensó: "¡Ah, ya comprendo! ¡Ella no me amaba, sino que tuvo compasión de sus padres! En  el fondo, fue para quitarles esa preocupación que ella aceptó casarse. Como yo no puse condiciones ya que también había estado enfermo, ella vio una solución a una situación desesperada, se casó conmigo simplemente por acomodarse, para evitar a sus padres ese tormento insuperable!"

    Y sin que la joven se diera cuenta, esa confidencia fue una catástrofe, porque a él le dio la impresión de haber sido engañado y de haberse implicado en esta situación simplemente para asegurar la tranquilidad de los padres.

     

    Nota de GS. Durante esta semana he estado ausente. El texto publicado en francés el 15 de este mes fue muy largo (siete páginas!). Hoy tuve tiempo de traducir sólo una parte, y la pongo en el sitio... mañana, si Dios quiere, pondré una segunda parte, o todo el resto, si logro traducirlo.

    Excusas! De todos modos, ya algunos se han quejado de lo largos que son los textos! En adelante, traduciré una o dos páginas a la vez...
  • 13/02/10 – Bajo la palabra Dios se pueden poner cosas bien diferentes.

    1ª parte de la 1ª conferencia de M. Zundel a las franciscanas de Lons le Saunier en Ghazir, del 3 al 10 de agosto de 1959. Lunes 3 de agosto, 4 p.m. ¿De qué Dios se trata?“Un nombre que todos conocen es el de Karl Marx. Ustedes saben que él es el fundador del comunismo, el gran doctor del comunismo, pues las obras de Karl Marx son leídas, estudiadas y comentadas. Él amaba profundamente al pueblo. Por otra parte, era muy culto: era abogado, de origen burgués, era un hombre de condición acomodada, y se interesó por el problema obrero con una entrega extraordinaria. Le dedicó finalmente su vida entera al problema obrero. Él era fundamentalmente ateo – o al menos eso creía. Y he aquí cómo justificaba su incredulidad, su rechazo de la fe en Dios.Decía: “La libertad...” – era la libertad lo que deseaba defender ante todo – decía: “la libertad es cuando el ser sólo depende de uno mismo. Por eso, o bien el hombre es creado por otro del cual depende, y no es libre, o bien su ser sólo depende de él mismo, es decir, él es libre, pero entonces Dios no existe.Un ser sólo aparece como independiente en la medida en que es su propio dueño, y lo es sólo en la medida en que se da a si mismo la existencia. Un hombre que vive gracias a otro se considera dependiente. Y yo vivo completamente gracias a otro si no solamente le debo la conservación de mi vida sino que además él creó mi vida, si él es su fuente. Mi vida tiene su fuente necesariamente fuera de mí si no es mi propia creación. Por eso es tan difícil sacar de la conciencia popular la idea de creación. Pero para el hombre socialista, (es decir para Marx mismo), ya que toda la historia universal no es sólo procreación del hombre por el trabajo humano, devenir de la naturaleza para el hombre, él tiene la prueba irrefutable de que se engendra a sí mismo, y ese es el proceso de la creación.Por eso desde su primera obra, Marx había dicho: “La filosofía no lo oculta, ella hace suya la profesión de fe de Prometeo”. Prometeo es un personaje mítico de la antigüedad que había robado a los dioses el fuego del cielo y había sido crucificado sobre una roca a la que había sido encadenado. Los dioses se habían vengado porque quiso robar el fuego del cielo. Entonces, la filosofía no lo oculta: hace suya la profesión de fe de Prometeo. En una palabra, odio a todos los dioses. Y la filosofía opone esa divisa a todos los dioses del cielo y de la tierra que no reconocen la conciencia humana como la divinidad suprema”.Para él entonces no existe sino una divinidad, la conciencia humana. Y si Dios existe – pero para él no existe – sólo puede ser enemigo de la conciencia humana, porque si se acepta la existencia de un dios, la conciencia humana es dependiente y esclava, y no es posible la libertad. En nombre de la libertad pues, Marx rechaza absolutamente la existencia de Dios.Y es curioso – ya que todas esas corrientes se unen – es curioso que en una novela de un autor alemán, llamada “Der gruner Heinrich”, “Enrique el Verde”, un niño regresa un día de la escuela. Es protestante, llega de la escuela y se pone a la mesa. Vive solo con su madre viuda, y no hizo su oración antes de sentarse a la mesa. Su mamá le dice: “¿No hiciste la oración? – “No, no la hice”. - ¿No la quieres hacer? – No, no quiero. – ¡Tienes que hacerla! – ¡No la voy a hacer! – Entonces no comes. – Pues no voy a comer”. Y el niño se marcha.Ahí vemos pues nacer en un niño las mismas reacciones: no quiere que lo fuercen a algo y afirma su libertad rehusando hacer su oración, y prefiere no comer, lo cual es mucho para un niño, más bien que someterse a la obligación de hacer una oración. Hay pues en el mundo una cantidad de gente que rechaza a Dios porque ven en él el enemigo número uno de la libertad. Ahí tienen un primer cuadro.Y aquí tienen otro, bien extraordinario. La Revista Bíblica, la revista de los dominicanos de Jerusalén, es una revista sabia, una revista admirable que publica todos los trabajos que conciernen la Biblia, donde encontramos artículos de primera importancia, y que es una revista conocida en el mundo entero. Fue creada por el P. Lagrange a fines del siglo pasado, tiene entonces más de 50 años de existencia, y es un instrumento de trabajo indispensable a todos los que se ocupan de Sagrada Escritura.Y en la Revista Bíblica del primero de enero de 1958 hay un artículo del P. Festugière. El P. Festugière es un dominicano de París, ingresado relativamente tarde en la orden, un helenista de primera categoría. Un helenista, es decir un gran conocedor de Grecia, de la lengua griega, de todo lo griego, de la historia y la filosofía griega. Es miembro del Instituto, de la Academia de Inscripciones y Bellas Letras. Es una celebridad en el mundo entero y uno de los mejores conocedores de Grecia y de la lengua griega.Y el P. Festugière a quien conozco un poco pues lo encontré una o dos veces en París, el P. Festugière hace en la Revista Bíblica la reseña de una obra muy importante sobre la religión romana, escrita por Jean Bayet. Y el artículo del P. Festugière que contiene unas quince páginas, lo cual es muy importante y supone que el libro reseñado es también muy importante – el artículo da al P. Festugière la ocasión de hacer toda una serie de reflexiones que me llenaron de estupor.Dice esto en particular: “Nos sentimos continuamente dependientes de fuerzas oscuras, de fuerzas de la naturaleza, de fuerzas como el granizo, la lluvia si dura demasiado, la sequía, capaces de destruir las cosechas. Nos sentimos continuamente dependientes de fuerzas oscuras que apenas podemos nombrar, las sentimos presentes por doquiera, por doquiera activas, decidiendo nuestra felicidad o nuestra desgracia. Buscamos pues apaciguar la divinidad difundida por doquiera en la naturaleza, ponernos en paz con ella y percibimos, sentimos más o menos claramente, que para apaciguarla es necesario realizar exactamente los ritos que le agradan. El temor es dominante en esta actitud religiosa, lo mismo el escrúpulo. Tal actitud no ha desaparecido: subsiste en las condiciones modernas, subsiste en el cristianismo”.Admite pues que las religiones, todas las religiones, comenzaron por el temor del hombre ante las fuerzas desconocidas que lo rodean, sobre las que no tiene poder, y busca justamente apaciguar a los señores de esas fuerzas, señores que ignora. Trata de domesticarlos para hacérselos favorables. Para el P. Festugière, ése es el origen de la religión.El miedo ha dominado entonces la actitud religiosa y, como acabo de decirlo, esa actitud no ha desaparecido, subsiste en el cristianismo.“Muchas almas muy sinceramente cristianas, muy auténticamente religiosas, están obsedidas por la preocupación de realizar siempre, en el momento necesario y en el rito adecuado los deberes prescritos. Nos hemos burlado del farisaísmo y sin duda todos los fariseos contemporáneos de Cristo presentan una deformación de la religión, pero el farisaísmo original no era eso, era una observancia escrupulosa de la letra, porque con el respeto de la letra nos aseguramos de ser agradables a Dios, estamos en paz con Él.Bajo esta forma, el farisaísmo es eterno y el Evangelio mismo impone la estricta obediencia a los mandamientos. Si observamos que en la religión romana los mandamientos son más propiamente culturales que morales, habremos definido con bastante justeza, me parece, la actitud religiosa del Romano…” “Nos sentimos rodeados de fuerzas, y esas fuerzas, desde tiempos inmemoriales, nos aparecen como personas”.Y más adelante se lee: “Se puede naturalmente reprochar a esta religión el ser una especie de mercado. Se ofrecen sacrificios a los dioses para obtener sus favores. Se hace un contrato con ellos, se les hacen promesas que se cumplen si ellos son fieles en ayudar quienes los invocan”.Se trata todavía de la religión romana, pero el P. Festugière, de acuerdo con el autor que reseña, dice: “Después de todo, había quizás este aspecto en la religión romana. Pero eso no impide que también existiera un sentimiento religioso incontestable”. Y ahí es cuando dice: “El contrato, si le reprochan a la religión romana el haber sido un contrato “dando y dando” con los dioses, en que “yo doy tanto y ustedes dan tanto”, se puede decir del matrimonio que es también un contrato. El matrimonio es un contrato. ¿Es puro contrato sin reciprocidad de confianza y de amor?”Y he aquí algo que nos impresiona más: “Los miembros de las órdenes religiosas pronuncian tres votos, de castidad, pobreza y obediencia. En otros términos, alienan en manos de Dios, representado por el Superior de la Orden los tres bienes esenciales del hombre. Por su parte, el Superior, en nombre de Dios, promete al joven profeso la Vida eterna. Es pues un contrato entre el hombre y Dios: ¿hablaremos de un mercado? Se necesita no haber asistido nunca a una profesión, jamás haber encontrado un profeso en el momento en que se compromete, para reducir a un sórdido mercado ese compromiso, que es de verdad un contrato, un acto contractual. Simplemente, el adolescente se da – como se daba antiguamente un joven caballero al príncipe al que deseaba servir – se liga por contrato con el misterio infinito que es Dios. Y el sentido propio de ese contrato es el siguiente: aunque Dios lo trate como quiera – generalmente mal – y aunque el misterio divino se oscurezca mucho a lo largo de la vida, el hombre permanecerá fiel. De suerte que de parte del hombre todo consiste en el contrato a permanecer fiel a pesar de todo”. Y es lo que hacían también los romanos.Y llega ahora a los períodos en que los romanos comienzan a descuidar su religión, comienzan a introducir en Roma otras religiones que parecen más capaces de conmover a los dioses más cercanos a los hombres, justamente los defensores de la religión atribuyeron todas las catástrofes que sobrevinieron al Imperio al hecho de que abandonaban los dioses tradicionales. “¡Si cesan los sacrificios, nada funciona! Pero hubo gente que permaneció fiel hasta el final a la religión romana. Y si ninguna catástrofe, ninguna catástrofe pudo debilitar la fe romana, las relaciones de confianza recíproca jurídicamente establecidas entre las dos partes, una de las cuales puede dominar a la otra, es algo mucho más profundo y más auténticamente religioso que una transacción comercial”.Y aquí tenemos una frase extraordinaria, sorprendente e inquietante: “Los dioses nunca cesaron de incumplir el contrato. Y sin embargo, el contrato subsistió. Se sentía pues confusamente que una de las partes, Dios, tiene derechos soberanos y merece, a pesar de todo, que se le sirva. Después de todo, pagana, cristiana, la pobre humanidad se debate en el misterio. Sería seguramente más sencillo no creer, pero el hecho es que creemos”. Eso es curioso bajo la pluma de un religioso.Y algo que me parece mucho más inquietante todavía: “No es lo mismo con las religiones paganas y con la cristiana. La religión cristiana, en efecto, es eminentemente moral. Impone, especialmente en asuntos de la carne, un código moral de extremo rigor. Condena el amor de sí mismo, el orgullo de la vida, y va entonces contra instintos entre los más poderosos concebibles del animal humano (dice el P. Festugière) y se entiende que un joven, consciente de sus fuerzas, la rechace con asco y con odio. Tanto más cuanto que esta religión, habiendo introducido la noción teológica de pecado para las faltas morales, es decir la ofensa directa a Dios, hace pesar sobre la existencia entera el peso insoportable de una culpabilidad, el riesgo de un juicio y de un castigo eterno que arriesga impedir toda acción y apagar toda alegría”.Pues me parece demasiado, demasiado trágico que un religioso, que escogió hacerse monje, que es un gran sabio, escriba cosas de tanto desencanto sobre la religión, uniendo todas las religiones finalmente al miedo del hombre ante las fuerzas de la naturaleza, mostrando que después de todo, todas las religiones aceptan contratos en que el hombre acepta las condiciones de Dios a condición que Dios sea fiel a sus promesas. En general, Dios no es fiel a sus promesas. Pero el hombre persevera en la fe. Sería más sencillo no creer, y sin embargo creemos, es un hecho. Y finalmente, el cristianismo no hizo sino agravar todo eso, porque no sólo nos presenta un Dios que generalmente trata mal a los que se dan a Él, sino que envenena la vida con mandamientos severos y terribles, de suerte que un ser joven y sano debería rehusarlos con asco y horror.¡Y me parece que cuando un religioso escribe eso, es que realmente su vida está profundamente herida! Es realmente necesario que ya no se sienta cómodo en su religión para poder escribir de esa manera.Y entonces, Dios mío, alguien puede estar en estado de crisis, ¡eso sólo nos invita orar por él! ¡Pero es triste! Ciertamente la Revista Bíblica no se atrevió a rehusar el artículo por la importancia del personaje, pero es evidente, - ¡afortunadamente se trata de una revista que sólo es leída por sabios! – es evidente que un artículo como ése no puede ser garantía para la fe de los lectores. Y si les hablo de él, es porque representa otro aspecto de Dios.Marx rechaza a Dios en nombre de la libertad, y un religioso cristiano lo acepta a pesar, a pesar de todas las desventajas de la situación, a pesar de que muchas veces Dios no responde cuando lo llaman, a pesar de toda la dureza de una ley que va contra los deseos más profundos de la naturaleza: ¿es realmente Dios el enemigo de nuestra libertad, es el que hace pesar sobre la vida el yugo feroz de una exigencia que ensombrece la existencia toda, o es Dios alguien diferente?Esos dos ejemplos muestran en todo caso que cuando se pronuncia la palabra “Dios” se puede estar hablando de cosas bien diferentes. Marx ve en él el enemigo de la libertad, el P. Festugière, un desconocido cuyo misterio es impenetrable y que hace pesar sobre la vida un yugo casi insoportable”. (Continuará) 

     

  • 11-12/02/10 - Ite missa est... ¡Pueden irse, es la misión!

    Nuestra Señora del Valentín, Lausana, domingo de las vocaciones, 6° después de Epifanía, 11 de febrero de 1962“¿Quiénes eran los Apóstoles cuando recibieron la misión de evangelizar el mundo? Una docena de hombres de un país muy pequeño, sin ninguna influencia sobre la marcha del mundo y sin embargo a ellos, que no tenían grandes conocimientos, ni vastos horizontes, a ellos les fue confiado el mundo mismo para que lo iluminaran con la luz de Cristo. Pero ¿de qué fuerzas disponían? ¿De dónde sacaban el valor para afrontar todas las dificultades, hasta el martirio, sino justamente del hecho de haber sido enviados? Tenían el profundo sentimiento de que no eran ellos quienes actuaban, sino Otro, y que ese Otro, desde lo más íntimo de ellos mismos, les permitía afrontar todos los peligros, soportar todos los suplicios y tocar todos los corazones.Pero el envío, la misión, la fuerza que los Apóstoles sacaban de la certeza de ser llevados por la Presencia del Señor, esa certeza debemos tenerla nosotros también, porque todos somos enviados. No cesamos de decir que la Iglesia es apostólica, es decir, enviada, y ser de Iglesia es lo mismo que ser enviado.Les pedían ahora oraciones por las vocaciones sacerdotales y religiosas. ¿Porqué hay tan pocas vocaciones? Porque el pueblo cristiano en general perdió la convicción de ser enviado, perdió el sentido de la misión, ya no es como está llamado a ser, un pueblo sacerdotal.Todo cristiano tiene la misma misión. Todo cristiano es tan enviado como el sacerdote. El sacerdote es sin duda un lazo visible, un lazo sacramental de la unidad del Cuerpo Místico de Jesucristo, pero su misión, indispensable, no dispensa a los demás cristianos de ser testigos como el sacerdote, testigos de Jesucristo, y todo cristiano es enviado, desde el bautismo.Además, san Pablo lo recuerda formalmente a los esposos cuando presenta el matrimonio como el sacramento mismo del Cuerpo Místico, afirmando que el matrimonio es el misterio que representa y que realiza la unidad del cuerpo místico, el sacramento que representa y realiza la unión de Jesucristo con toda la Humanidad. Los esposos también son consagrados y por la consagración, enviados a realizar en el mundo la obra de Jesucristo, para ser sus testigos, para comunicar la luz de Su Presencia y la alegría de Su Amor.Y los no casados tienen igualmente la misión de representar a Jesucristo y de darlo, y el mismo san Pablo, que coloca el matrimonio a esa altura incomparable, que ve en el matrimonio una misión divina, una misión universal, el mismo san Pablo glorifica el trabajo, une la pureza de su apostolado al trabajo de sus manos, recuerda a los corintios que todo su honor está justamente en realizar su apostolado gratuitamente, y de ganarse el pan mediante el trabajo de sus manos, pues fabricaba tiendas con sus amigos Áquila y Priscila. El trabajo, para él, hacía parte de la misión, continuaba el trabajo del artesano de Nazaret. También para nosotros tiene, debe tener siempre un valor sagrado, debe constituir una misión y un testimonio, porque es imposible amar a Cristo sin querer difundir su Luz y comunicar Su Presencia.De la certeza de ser enviados, debemos pues sacar el valor para actuar, el entusiasmo para trabajar, la perfección de nuestro servicio, sea cual fuere, porque dondequiera que estemos representamos a Cristo y comprometemos Su Vida.Además, el Evangelio de hoy nos muestra cómo tenemos más posibilidad de realizar con fruto la misión: comenzando por las cosas pequeñas. Ustedes recuerdan que el primer milagro de Jesús se realiza en las bodas de Caná, con ocasión de un banquete, de una fiesta nupcial, en que el vino llegaba a faltar y los esposos corrían el riesgo de quedar mal ante sus invitados. Entonces María interviene, intercede, y por su oración obtiene, por el Corazón del Señor, el milagro que saca del paso a los esposos y les permite conservar de por vida el recuerdo de un día perfectamente exitoso, y que era como el dintel de su felicidad.Es algo muy pequeño, pero así comienzan las cosas grandes, pues la vida está hecha de pequeñeces, de detalles, y el cuidado de arreglar las cosas cada día, de establecer en nuestro medio un clima de paz, de concordia, de benevolencia, de gentileza, de cortesía, será el cumplimiento más fecundo de nuestra misión.¿No encontramos al final del Evangelio, en el relato adorable de los discípulos de Emaús, que los discípulos, que no habían entendido las palabras de Jesús, que no sabían que el peregrino que los acompañaba en el camino era el Señor mismo, no vemos cómo se abren sus ojos? Simplemente porque ejercieron la hospitalidad al que tomaban por un peregrino y un viajero, porque lo forzaron casi a entrar en su casa y a sentarse a su mesa, porque fueron simplemente fraternales para con él, de repente sus ojos se abrieron y reconocieron al Señor en la fracción del pan. Con actos semejantes, con el cuidado de las pequeñeces, será como cumpliremos la misión que se nos confía en cada liturgia, pues las últimas de la misa son “Ite, missa est”, “¡Pueden irse, es la misión!”.Estamos aquí justamente para sacar la fuerza de la misión, para recibirla de nuevo de la boca y del corazón del Señor, a fin de que recomencemos el trabajo esta semana con la convicción de que somos enviados.Cualquier cosa que hagamos, cualquiera que sea nuestro trabajo, cualquiera que sea el medio en que gastemos nuestras fuerzas, tenemos que hacer hombres, hacer seres humanos que lleven en sí los mismos deseos, los mismos sufrimientos, las mismas esperanzas, las mismas preocupaciones que nosotros y que esperan, sin atreverse a decírnoslo, esperan de nosotros la respuesta a sus problemas, y esperan con tanto más impaciencia que saben que nosotros somos, como se dice, practicantes, que saben que pretendemos ser cristianos y se imaginan que realmente tenemos algo que llevarles.Y en efecto, tenemos algo esencial que llevarles, es la Presencia misma del Señor lo que tenemos que comunicarles y si todos los que estamos aquí esta noche consideramos realmente que somos enviados, si comenzamos la semana con la convicción de realizar una misión divina, de ser llevados por la Presencia y la gracia del Señor, a través de los gestos humanos indispensables para ganar el pan cotidiano, puede pasar, si ponemos en ello todo el respeto, toda la bondad, toda la benevolencia, toda la sonrisa y la cortesía, puede pasar la Presencia de Jesús, sabremos que la Iglesia toda entera es apostólica, que la Iglesia toda entera es sacerdotal y que el pueblo cristiano es un pueblo de sacerdotes. En esa medida crecerán naturalmente las vocaciones sacerdotales y religiosas porque, si todo el pueblo cristiano es un pueblo de sacerdotes y apóstoles, será como natural que surjan de él los jefes y los cuadros que de manera oficial deben desempeñar el papel de sacramentos de la unidad del Cuerpo Místico del Señor.Esta noche pues, recordando que el cristianismo fue difundido por doce pescadores de Galilea que no tenían ninguna posibilidad de éxito ni más apoyo que la certeza de la Presencia del Señor dentro de ellos, queremos pedir que también nosotros, tan limitados, tan frágiles, tan poco generosos como seamos, seamos tanto más estimulados cuanto más convencidos estemos de que la vida, el Evangelio, la gracia, la alegría, la luz del Señor ha sido puesta en nuestras manos, y que eso es lo que significan las breves palabras con que termina esta liturgia: “Ite, Missa est”, “¡Pueden irse, es la misión!” 

     

  • 09-10/02/10 - La diferencia de Dios es que no tiene ninguna.

    Nuestra Sra. del Valentín, Lausana, domingo 11 de febrero de 1962, 6° después de Epifanía.“Durante la Semana de la Unidad, una religiosa había tenido ocasión de conversar con sus alumnos de diferentes confesiones, sobre el problema de la unidad y naturalmente había tenido toda la delicadeza para no herir a nadie, tanto que después de la clase sentía ciertos escrúpulos al pensar: “Sin embargo, los alumnos católicos no deben olvidar que sólo la Iglesia Católica tiene los signos distintivos de la verdadera Iglesia”.Comprendo ese escrúpulo – común además a todas las confesiones – de que el deseo de unidad no se convierta en una forma de infidelidad a una proposición que uno considera muy sinceramente verdadera, y si cito la inquietud de la religiosa es simplemente porque nos permite, no digo precisar las ideas, sino orientar el corazón hacia la respuesta que Cristo mismo nos daría.Y creo que la respuesta, admirablemente formulada por Fenelón, el gran arzobispo de Cambray, absolutamente además sin referirse a la cuestión y quizás sin haber previsto la importancia de sus palabras. Son unas palabras de Fenelón que leemos en un tratado filosófico (1) sobre la existencia y los atributos de Dios. Fenelón quería mostrar la diferencia entre Dios y las criaturas, cada una de las cuales está encerrada en su naturaleza, es ser este ser y no otro, y estar rigurosamente determinada en su poder de obrar. Entonces escribe la frase que me gusta citar, tan corta y tan plena: “La diferencia de Dios es que no tiene ninguna”. La diferencia de Dios es que no tiene ninguna, mientras que cada criatura está encerrada en los límites de su naturaleza. La naturaleza de Dios es ser sin límites, ser infinito, ser la plenitud de la existencia que absolutamente nada limita, porque su existencia es la mismísima plenitud del Amor.La diferencia de Dios es que no tiene ninguna. Me parece que todos los escrúpulos de la conciencia confesional nos orientan en este sentido.Entre las iglesias cristianas, no tenemos sino una pregunta que hacernos, o mejor, un solo problema y es éste: el Verdadero Dios no puede ser sino Aquél cuya diferencia consiste en no tener ninguna.Y el Verdadero Cristo sólo puede ser Aquél cuya diferencia es no tener diferencia. Y la verdadera Iglesia no puede ser sino aquella cuya diferencia está en no tener ninguna. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir, para comenzar por Jesucristo, que él no viene a limitar nuestra noción de Dios. Al contrario, viene a amplificarla al infinito. Y justamente el combate que Lo llevó hasta la muerte de la Cruz es un combate maravilloso por la libertad humana.Recuerden ese rasgo tan emocionante: un Sábado, estando con hambre, los discípulos están cogiendo espigas para comerse el grano, y unos arrogantes Doctores de la Ley los acusan de trabajar el día Sábado y de violar así la sacrosanta Ley. Entonces nuestro Señor toma su defensa diciendo: “El Sábado es para el hombre y no el hombre para el Sábado” (Mc 2, 27). Muestra justamente que toda la orientación de la religión tiende a la liberación del hombre, a su perfecta realización en el amor de Dios.Y estando la Humanidad de Jesucristo absolutamente despojada de sí misma, toda la vida de Jesucristo en su Humanidad consiste en ofrecer a Dios una perfecta transparencia para permitirnos leer a través de su corazón la Eterna Pobreza de Dios. Jesucristo nos revela a Dios precisamente como El que se da infinitamente, el que es sólo Amor y sólo espera de nosotros el amor, es decir como El que quiere hacernos semejantes a Él, hacer de nosotros una fuente surgente de luz y de bondad. Y Jesús nos conduce al Dios Pobreza, al Dios cuya diferencia es no tener ninguna. ¿Cómo va a reunir la humanidad sino justamente bajo el signo de la pobreza?Y en su pensamiento, la Iglesia, es decir la unidad del género humano tal como él la desea, tal como él la vive, sólo puede consistir precisamente en la apertura ilimitada del corazón que hace de cada uno un espacio donde todos los demás hombres pueden respirar, donde todos los demás hombres se sienten acogidos y donde aprenden que en Dios ellos están en casa.Me parece que ese es prácticamente el único signo de la Iglesia auténtica. Se podrán hacer mil teorías, abstractas, sobre los títulos y la legitimidad de una institución cualquiera para representar a Dios. Es absolutamente cierto que la única manera de ser cristiano, según la mente de Jesucristo, es no tener fronteras.Porque Jesucristo no es un teórico que viene a traernos ideas sobre Dios. Jesucristo es la Divinidad que se dirige personalmente a nosotros a través de una Humanidad que no puede poseer nada, apropiarse nada, limitar nada y que nos transmite en toda su pureza la luz de la Eterna Inocencia y de la Eterna Bondad. Y desde luego, a la luz de la Eterna Inocencia y del Eterno Amor, sólo podemos vivir en un clima de universalidad.No podemos dar testimonio del don infinito que es Dios sino por el don de nosotros mismos y es absolutamente seguro que, si cerramos el corazón, si limitamos el don de nosotros, si pretendemos hacer de la verdad una posesión y un monopolio, estamos esencialmente opuestos al espíritu de Jesucristo.Por tanto, la unidad del mundo cristiano sólo podrá realizarse en la medida en que cada uno de nosotros viva la Pobreza Divina, en la medida en que cada uno sea una acogida sin segundas intenciones, en la medida en que cada uno dé testimonio de un Dios que es simplemente la luz del Eterno Amor. Porque es evidente que si Dios es únicamente Amor, si es únicamente don de Sí mismo, si en Su Corazón no hay parcialidad, ni fronteras, si quiere comunicarse en Su Plenitud a toda criatura, es perfectamente seguro que la única manera de dar testimonio de Su Presencia es siendo también nosotros don sin límite e irreversible.¿Y quién rechazaría el Evangelio si fuera presentado a cada uno como un hogar, como una morada, como un corazón, como ternura infinitamente materna que nunca ha cesado de esperarlo? Mientras el Evangelio no tenga ese aspecto, mientras la Iglesia, cualquier cosa que pretenda ser, no sea concretamente para nosotros el Corazón mismo del Señor que late en todos los corazones humanos, es inútil pensar en la Unidad o hablar de ella.Por eso, para que el esfuerzo, milagrosamente realizado además, de una simpatía cada vez mayor de todos los hombres unos hacia otros, y de todas las confesiones unas para con otras, queremos prolongar el movimiento con la gracia del Señor apropiándonos, es decir haciendo nuestras, es decir alimentándonos de las palabras admirables de Fenelón: la diferencia de Dios es que no tiene ninguna.Me parece que esa es la más hermosa definición de un espíritu auténticamente católico, es decir auténticamente universal, que no se sientan límites en él y que la verdad aparezca no como una idea que uno se hace sobre algo, sino simplemente como la Luz de la Llama de Amor”.(1) Fenelón, “De la existencia de Dios”, cap. V § 65.  

     

  • 01/02/10 – Hemos de llegar a ser la revelación, los bienes del espíritu se asimilan por esta identificación.

    3ª parte de la 1ª conferencia del convento de las dominicanas de Beirut, en junio de 1965.

    La imantación de una generosidad infinita en nosotros... Nosotros somos la revelación, o al menos debemos llegar a serlo....

    "La biología se abre justamente bajo la imantación de una generosidad infinita y puede llegar a ser generosidad en la medida en que justamente todo nuestro ser pasa en adelante bajo la imantación del nuevo yo que es el yo de la generosidad salido de la generosidad divina y que además sólo se puede mantener bajo la influencia actual, permanente y renovada sin cesar de la generosidad divina. Ahí está todo. El cristianismo no puede ni quiere ser otra cosa, y eso puede expresarse bajo una multitud de aspectos, como por ejemplo, que, finalmente, nosotros somos la Revelación. Nosotros somos la revelación suprema cuando somos nosotros mismos. Los bienes del espíritu no se pueden asimilar sino por la interiorización, por la asimilación, la identificación.

    Es absolutamente imposible que lleguen a la intimidad de su hijo si están llenos de ustedes mismos. Aunque pongan toda su buena voluntad, si están llenos de ustedes, hacen pantalla entre él y ustedes. Todas sus posesiones, todas sus adherencias, todas sus pasiones les impiden ser espacio ilimitado donde se sienta acogido. Se encuentra en estado de defensa porque no siente en nosotros el espacio ilimitado en que puede nacer y desarrollarse su libertad.

    Lo mismo en el amor conyugal. Si hay reticencias, disimulaciones, si llegamos a soportarnos ya es mucho, si llegamos a soportarnos sin choques y con cortesía, es magnífico. Pero si rara vez existe la fusión unitiva y plena, es que cada uno hace pantalla al otro con sus límites, ninguno es el espacio sin fronteras que aparezca al otro como una luz que lo revela a él mismo. Hay en el misterio de un alma una necesidad de proteger su secreto. Para querer transparentar, ella tiene que sentir que su secreto será respetado, que no será publicado, que no estará amenazado.

    "La proximidad absoluta está en la distancia infinita" y la distancia infinita, el espacio de amor que uno deviene cuando está perfectamente liberado de sí mismo.

    Pasa lo mismo en el conocimiento. Además, lo que acabo de evocar, es precisamente el conocimiento, el conocimiento de la persona por la persona.

    Es lo mismo en la ciencia ya que la ciencia es igualmente el conocimiento de la persona por la persona. El hombre sólo recibe la Verdad, sólo conoce la Verdad haciéndose luz, y la luz del ser, la luz de lo real, tiene una arquitectura inteligible. El sentido de la Creación sólo se revela al hombre en la transfiguración íntima de él mismo.

    No hay absolutamente nada que hacer contra esta exigencia imprescriptible. Si no se hacen luz, la luz no puede llegar a ustedes. Se pueden hacer una idea material de la cosa, formarse una imagen de ella, pero esa imagen limita lo real y nos limita a nosotros. Para que la luz circule a través de lo real, para que el universo se haga inteligible, se necesita el Rostro que contempla san Francisco al cantar el Cántico del Sol o san Juan de la Cruz al componer el Cántico Espiritual.

    Es necesario transformarnos. Es necesario hacernos luz en la Luz, y por eso la Revelación es la luz sin mezcla en que se convierte alguien, en que Dios puede expresarse y comunicarse sin encontrar límite, es la Revelación misma, es el Evangelio eterno. Y Jesús viene precisamente para hacer de nosotros el Evangelio eterno. No quiere llevarnos a una proposición externa, a un sistema del mundo, a una explicación de los acontecimientos exterior a nosotros. Quiere llevarnos hacia nosotros mismos por el fermento liberador de Su Presencia en nosotros.

    Su Presencia en nosotros no tiene otro objetivo, no busca otra cosa que conducirnos a nuestra verdadera identidad y hacer de nosotros el foco de luz y el evangelio eterno. Mientras no nos transformemos en el Evangelio eterno, mientras no seamos la Revelación viva, toda la Revelación está falseada, la Biblia no significa nada, el evangelio mismo se adultera, todas las proposiciones dogmáticas hacen pantalla entre el alma y el espíritu porque justamente todo eso es recibido de afuera, todo eso se carga instantáneamente de nuestros límites y sombras y Dios mismo en las fórmulas más magníficas se transforma inmediatamente en ídolo como el alma se transforma en cosa y cosifica toda la realidad y materializa todo el universo.

    Porque ése es el verdadero materialismo, por el cual nos cosificamos nosotros mismos rehusando despegar de nosotros y hacernos fuente, origen y creador. Nosotros somos la Revelación, o al menos tenemos que llegar a serlo. Nosotros somos el criterio de toda verdad, o al menos tenemos que llegar a serlo. Porque finalmente toda verdad, todos los milagros, todas las profecías, todas las visiones no son nada antes de ser filtradas por la luz interior, antes de haber sido decantadas en la luz espiritual, antes de entregar su fermento liberador.

    Eso es todo lo que se puede esperar de una revelación profética, de una vida que pretende ser testigo de Dios. Todo lo que se puede esperar de ella es que sea fermento de liberación. Todo lo que en nosotros no puede hacerse fermento de liberación no puede proceder de Dios, no puede llevarnos a Dios sino al contrario se convierte en obstáculo para descubrirlo y encontrarlo". (Continuará)

  • 08/02/10 – Todo eso se dirige a lo más específicamente humano que hay en nosotros.

    Final de la 3ª conferencia del convento de las dominicanas de Beirut en junio de 1965.“¡Es perfectamente claro que la revelación no nos interesaría ni un instante si pretendiera ser un duplicata de la historia científica o de la ciencia! Ella nos penetra, nos informa, nos transforma, nos libera, precisamente porque no es nada de eso, porque nos pone en contacto con la intimidad personal de la divinidad para enraizarnos en ella, a fin de que, a su vez, nuestra vida llegue a ser fuente, llegue a ser espacio y se ofrezca al universo entero como fermento de liberación, de dignidad y de grandeza.La revelación divina sólo puede situarse en esta dirección, y su criterio práctico sólo puede ser el poder efectivo de liberación del hombre y del universo. No se trata pues, jamás, de presentar la Revelación como un sistema del mundo, como una explicación de las cosas sino de presentarla bajo la luz de una intimidad que se propone a otra, siempre como el resplandor personal del Primer Amor a través de las palabras-sacramentos que comunican la Luz de Su Intimidad. Finalmente, si es auténtica, la Revelación sólo puede dirigirse a la persona, a la Persona, a lo más específicamente humano de nosotros, a lo que es común a todos los hombres en cuanto hombres.Si el Evangelio puede convencernos, si el Evangelio puede ser para nosotros camino de luz y de liberación, es justamente en la medida en que el Evangelio esta todo centrado en un personalismo divino, en que Dios se revela capacidad infinita de eclipsarse.La Trinidad, la Encarnación, el nuevo nacimiento, todo eso gravita precisamente en el universo de la persona, todo eso nos une al Centro del Universo-Persona para hacernos personas, todo eso se dirige a lo específica y esencialmente humano de nosotros.Si el Evangelio trajera nociones que fueran una visión del mundo como las de los filósofos, a priori sabríamos que comporta límites, que no se dirige a todos los hombres, que, teniendo también fronteras, eleva muros de separación entre los hombres. Si es, al contrario, únicamente la revelación en persona de la Verdad en persona, es decir de la Luz de Amor que exorciza nuestras tinieblas y nos desenraíza de nuestras esclavitudes, que nos arroja en nuestra intimidad y nos restablece en el verdadero yo, si el Evangelio es todo eso, bienvenido, es para todos los hombres, no les pide cambiar de fórmula, cambiar de sistema, se dirige a lo específicamente humano que son ellos.Fenelón dijo, como ustedes recuerdan, que “la diferencia de Dios es no tener diferencia”. Los demás seres que forman la creación son categorizables, pertenecen a cierto orden que los distingue de los demás seres encerrados en otros órdenes. Solo Dios está por encima y afuera de todas esas categorías, su diferencia es no tener diferencia, Él es la amplitud ilimitada de un Amor sin fronteras.Una Revelación auténtica, una revelación definitiva por lo menos, sólo puede tener ese carácter: su diferencia debe estar en no tener diferencia. En seguida sienten la imposibilidad de satisfacer la mente encerrándola en categorías, la imposibilidad de dirigirse a los demás para llevarles algo que perturba sus categorías, que les pide cambiar de fórmula y que los hiere ya oponiéndose a lo que son. Sienten que la única manera de corresponder a la Verdad en persona, de dar testimonio de Su Presencia y de comunicar Su Luz, es ir a los demás en el vacío absoluto de una mente sin fronteras en que se afirma la Persona como fermento de liberación y en que los demás son acogidos en lo mejor de ellos mismos, en su intimidad más inviolable como dignidad sagrada y, si las circunstancias quieren, sean promovidos a ella o revelados a sí mismos por el vacío mismo que hacemos ante ellos.Es imposible escapar al fanatismo si uno cree llevar un mensaje formulable en palabras que no sean palabras-sacramentos, en palabras que no sean una Presencia, en palabras que no tengan la garantía de la Vida, en palabras que no lleven la corriente del Amor ilimitado, ¡es imposible no sentirse incómodo! Es imposible escapar al fanatismo si uno cree que hay que llevar los demás a cambiar de fórmulas y no ayudarles a nacer a sí mismos, a alcanzar su grandeza universal, a hacerse hombre y ser a su vez creadores del universo nuevo de que todos estamos encargados y tenemos responsabilidad.¿Qué quiere Jesús en el lavatorio de los pies? ¿Qué quiere provocar sino que sus discípulos reconozcan, y nosotros también, el tesoro confiado a toda conciencia humana y que es el Dios Vivo? ¿Y qué más tenemos nosotros que hacer? No tenemos que proponer un programa, un ideal que afirmemos inmediatamente como superior a todos los demás en el vacío de palabras ineficaces, tenemos que vivir esa Presencia, devenir esa Presencia para que la respiren a través de nosotros. Una vez más, no se trata de una fórmula, sino de un intercambio, de un intercambio nupcial que sólo se puede realizar en el nivel de la dimisión y del amor.¡Se ve en seguida que si eso es la Revelación, si está en un universo-persona, si el criterio práctico de su Verdad es su poder de liberación del hombre y del universo, se ve en seguida que la palabra tolerancia es intolerable! ¿Cómo decir a los demás que los toleramos sin ofenderlos, sin poner en duda la sinceridad de sus convicciones? Si nos ponemos en su lugar, sentiremos inmediatamente el carácter injurioso de la palabra “tolerancia”.Una revelación que quiere ser, que sólo debe, que sólo puede ser fermento de liberación, que nos revela la libertad y nos la comunica, que quiere hacer de nosotros un universo y un centro, una revelación que lleva así el fermento de una libertad infinita, ¿cómo podría no proponerse bajo el aspecto de una comunión sin fronteras, proclamando justamente que, en el campo de la Persona, toda obligación es imposible, toda obligación representa una violación de lo más sagrado que hay y que sólo podemos abordar las cosas eficazmente cuando nos dirigimos a la Persona liberándonos primero de nosotros mismos, para ofrecerle el vacío sagrado donde se revela el Dios Vivo que es un poder infinito de eclipsamiento y de desposesión.Claro que todo esto sólo tiene sentido en la medida en que lo vivimos. Todo eso tiene sentido sólo si tenemos sentido de lo humano, ¡sentido de lo humano!, si sentimos lo que está en juego en cada uno, si comprendemos que la Presencia de Dios en el mundo está unida finalmente, está unida al interior de nosotros mismos, está condicionada inevitablemente por la transparencia que ofrecemos a Su Luz.Es pues perfectamente claro que si la ciencia constituye ya un lazo de libertad con el universo y con nosotros mismos, con mayor razón la revelación confirma el movimiento de liberación y nos arrastra bajo el peso inmaterial de la Pobreza divina, nos arrastra hacia ese universo sin fronteras en que toda criatura puede encontrar su grandeza y realizar su infinitud.Por eso, prácticamente, conviene hablar lo menos posible de la Verdad, lo menos posible de Dios, porque estas palabras han sido tan utilizadas que han perdido su eficacia. No se trata de hablar sino de ser al dirigirnos a la persona dejando transparentar en nosotros como en un vitral el sol inteligible que es la luz de la mente y la liberación del corazón.¡Qué cómodos estaremos en este mundo múltiple en que tantos muros separan a los hombres unos de otros, donde tantas confesiones religiosas pretenden venir de Dios y tener una revelación absoluta que sería por lo tanto indiscutible y obligatoria! ¡Qué cómodos estaríamos habiendo comprendido que en el personalismo evangélico, en la pobreza de la Humanidad de Cristo, en su desapropiación radical, hay justamente con qué curarnos de todo fanatismo, de todo proselitismo indiscreto invitándonos continuamente a dialogar con la personan más allá de toda palabra!¿De qué sirve aferrarse a las palabras, los sistemas, las lenguas, los argumentos? ¡Para nada! La mayor parte del tiempo, los argumentos son automatismos verbales y brotan de un universo pasional con el cual chocamos y los herimos, reforzando así su determinación a no ceder.La única palabra eficaz es el silencio que se arrodilla delante de la persona, que le permite llegar a ella misma y le revela el sol a través del vitral. ¿Cómo podrían los hombres rechazar una revelación que les lleva lo que están buscando, que los colma de luz y de Amor, que les revela y realiza su libertad? ¿Qué maravillados estarían los hombres si la revelación tuviera en nosotros el Rostro de la divina pobreza, si fuera en nosotros la Vida de la vida?Nada me parece más estéril, nada me escandaliza más que esas apologéticas en que uno arroja a los cuatro vientos la afirmación de la superioridad de su propio sistema y de su propia revelación sin meter las manos en la masa, sin transformar las condiciones humanas, sin sentirse comprometido con los demás hasta la raíz de su ser en una dimisión total que pone justamente a su disposición no un sistema de palabras, no un complejo de discursos, sino que los pone ante una Presencia que nunca conocemos, que siempre reconocemos en que cuando entra en contacto con ella uno se siente inmediatamente libre de sí mismo”. (Fin de la conferencia) 

     

  • 07/02/10 -¿Cómo reconocer una revelación divina?

    3ª parte de la 3ª conferencia a las dominicanas de Beirut, en junio de 1965.“Si admitimos, si reconocemos, conforme al discurso de Bachelard y a las intenciones expresadas por Jean Rostand, que por otra parte son las de todos los investigadores actuales, si admitimos que la Verdad es eso, que es Alguien, que es única, que es una Persona, que además es inefable, y que sólo aparece al que se hace Persona, podemos hacernos ahora la segunda pregunta: ¿Qué puede significar una revelación divina y cómo reconocerla?Antes de pasar a esta cuestión quisiera resumir el itinerario, como hago en “Diálogo con la Verdad”. La Verdad está en el intercambio, en el diálogo, en la distancia silenciosa que nos personaliza, refiriéndolo todo, y en primer lugar nosotros, al Otro en quien llegamos a ser nosotros mismos. No se puede hablar propiamente de verdad fuera de esa perspectiva personalista en que todo respira en el espacio de luz” (Ver “Diálogo con la Verdad”).Si la ciencia nos introduce ya en un universo de libertad, en un universo de personas, si constituye precisamente un lazo de libertad con la realidad física, no se puede concebir, no se puede imaginar que la revelación nos mantenga en un universo-cosa.Una revelación divina sólo puede lanzarnos de lleno en un universo-Persona, por ser la manifestación personal del Centro original del universo-Persona.Era lo que expresaba yo recientemente en (la revista) "le Lien" diciendo: "La tempestad que sumerge una nave no se preocupa de la dignidad de los hombres que perecen. Los hombres que perecen tampoco pueden inclinarse ante la dignidad de la tempestad. Si el universo no fuera una aplanadora sin ninguna exigencia inteligible, si sólo pudiéramos sufrirlo y sufrirnos, no habría verdad. La verdad supone la posibilidad de un lazo de libertad con el universo y con nosotros mismos. Supone que podemos romper la cubierta del universo-cosa, del mundo ciego y enceguecedor, y llegar por medio de él, en un contexto nuevo, a un universo humano donde se hace posible un diálogo de persona a persona”. (Cf. “Verdad y Libertad”, Le Lien, vol. XXX, N° 1, marzo de 1965, p.10)Dicho de otro modo, ¿por qué una ciencia auténtica exigiría una mente liberada de toda pasión desordenada, siendo un hecho que los sabios, si lo son auténticamente, sacan de la contemplación del universo una exigencia de pureza de la cual su vida es con frecuencia un ejemplo magnífico?Dicho esto, podemos afirmar de inmediato que una revelación divina añadida a la mediatizada por el universo del sabio no podrá situarse en el universo-cosa en que nos aprisionan las opciones pasionales, podrá situarse, más particularmente en su fase inicial, expresarse sin dificultad en el lenguaje elemental de una humanidad fuertemente anclada todavía en la materia, y ser transmitida por los hombres aún insuficientemente liberados de sí mismos, y será para depositar en ellos, o al menos a través de ellos y para beneficio de los demás, un fermento de liberación que los imante hacia un personalismo en que cesarán de sufrir, con una orientación más explícita y un impulso más eficaz que el que pueda imprimirles ninguna ciencia de que sean capaces.Se puede presumir que esa eficacia resulta de una manifestación propiamente personal del Centro original del universo-Persona, explícitamente reconocido como una Presencia distinta de nosotros y atestiguada finalmente cuando la revelación haya alcanzado la plena madurez como intimidad trascendente enraizada en la nuestra y única capaz de sellar nuestra autonomía haciéndonos pasar del yo posesivo al yo oblativo, o lo que es lo mismo, de afuera a dentro, para citar una vez más las palabras de Agustín en la confidencia inagotable de las Confesiones: “Tú estabas dentro, y yo afuera”.Puesto que Dios mismo se afirma como Persona en la luz que sólo puede emanar de una Persona Infinita para hacer de nosotros personas, es muy aproximadamente el esquema elemental según el cual se puede concebir una realidad divina que pueda superar la ciencia cuando crea ya un lazo de libertad con el mundo y con nosotros mismos, comprendiéndola y colmándola sin medida.Dicho de otro modo y en los términos más sencillos, la revelación sólo puede ser Alguien, la Revelación sólo puede ser una Persona y no puede proponerse doblar la ciencia y explicarnos los fenómenos, cosa que por otra parte ya no tiene sentido actualmente, ya que la ciencia no busca conocer lo que son las cosas, sino cambiar creando un universo cultural, un universo humano en que la mente pueda encontrarse inmediatamente en la luz en que se realiza su propia vida.La revelación no tiene que enseñarnos historia, física, cosmología, el comienzo o el fin de algo, tiene que introducirnos en el universo de la Persona, de la libertad y de la dignidad, revelándonos precisamente la divinidad bajo su aspecto más personal, donde nos toca en las raíces más íntimas, donde suscita en nosotros la Persona, el ser fuente y origen. No puede ser palabras, acontecimientos o cosas. Es claro que una revelación sólo puede ser la emergencia de la Presencia, precisamente porque sólo puede ser la manifestación más personal de la Verdad en Persona, manifestación que sólo se puede realizar por medio de presencias humanas que se hacen cada vez más transparentes, cada vez más personales y que dejan transparentar esa Presencia como una intimidad revelada a otra.Ustedes recuerdan las palabras admirables Ana Philipe, unas de esas que merecen vivir eternamente, escritas en el libro que le dedicó a Gerardo Philipe: “Sólo tú me veías, sólo yo te veía y ahora vivo en un mundo sin mirada”. Es difícil expresar mejor el carácter de intercambio y reciprocidad que comporta la revelación de una persona a otra. No son las palabras las que revelan una persona a otra, una intimidad a otra, es la luz en que la una se convierte para la otra.Si las palabras pueden ser comunicación del amor, las palabras siempre las mismas, siempre idénticas, es en la medida en que están cargadas de una presencia, en que hacen pasar la corriente de la intimidad del uno a la intimidad del otro. En el campo de la persona, en el nivel supremo en que se sitúa el tercer piso del cohete que somos, no hay otro modo de intercambiar. Estamos más allá del discurso, y el conocimiento está unido a nuestro nacimiento, y es tanto más perfecto en cuanto nacemos al espíritu y somos liberados de nuestros determinismos pasionales.No son las cosas como tales, los acontecimientos o las personas como tales, los que son objeto de la revelación, sino que hacia ellos se dirige la Presencia que se manifiesta progresivamente hasta que resplandezca plenamente la revelación en una conciencia humana tan radicalmente desapropiada de sí misma que ya no pueda oponer límites a la manifestación personal de la Verdad en persona”. (Continuará) 

     

  • 06/02/2010. La realidad es una cosmogénesis.

    La realidad es una cosmogénesis...2ª parte de la 3ª conferencia en el convento de las dominicanas de Beirut, en junio de 1965.“En las últimas páginas de su librito “¿Se puede modificar al hombre?”, páginas palpitantes de vida, de pasión, de fervor y de amor, páginas de verdadera mística, Jean Rostand afirma que la única pasión del sabio es el amor de la verdad. Y expresa el amor de la verdad en la frase muy tradicional además: “Es el amor de lo que ES, simplemente porque ES”. Las mayúsculas con que adereza estas palabras, el fervor con que se expresa ya que sólo se puede llegar a lo que es superándose a sí mismo, y que la Verdad quizás nunca está donde se grita y quizá nunca tampoco donde se habla, todas estas precauciones, todo ese fervor nos llevan a no tomar a la letra estas afirmaciones: “El amor de lo que Es simplemente porque Es”, pues precisamente el libro trata de modificar la realidad.¿Cómo llegar nunca a lo que Es si precisamente uno se propone modificar la realidad y por lo mismo el hombre, de todas las maneras posibles, ejerciendo una influencia sobre el ácido desoxirribonucleico (A.D.N.), que es el componente esencial de los cromosomas, es decir de los genes hereditarios? En el intento de cambiar al hombre, la cumbre de la realidad, ¿cómo se puede esperar llegar a “lo que Es simplemente porque Es”?En efecto, nos encontramos ante esta situación: la ciencia modifica la realidad, se propone hoy precisamente nada más que modificar la realidad, como nos lo mostró Bachelard en sus libros de genio, donde analizó con increíble agudeza las tentativas de la física moderna. Nos mostró precisamente que el propósito de la física moderna era modificar la realidad, que la física moderna busca un realismo calculado en que lo artificial se adelanta a la realidad, como realismo de construcción opuesto a un realismo de constataciones, en que la realidad estudiada es una realidad corregida, cultural y humana, en que ya no es la naturaleza la que plantea problemas al hombre, sino el hombre el que impone a la naturaleza soluciones calculadas a priori, o como en la química moderna, el plan racional de una sustancia no encontrada se propone todavía como problema de realización, así como las casillas vacías en la tabla de Mendeleyev exigían que la naturaleza las llene, en que en toda investigación el fenómeno emerge en un marco de razón necesario.No se trata de verificar con los órganos sensoriales. Justamente, sólo se puede abordar la experiencia científica a través de cálculos y de instrumentos que sólo cálculos pueden manejar, y cuyo resultado puede interpretar sólo el cálculo, mediante una instrumentación, fruto ella misma de teorías reificadas, es decir encarnadas en el instrumento mismo.Vemos bien que en la ciencia contemporánea se trata de instituir una realidad conforme a la razón, pero la razón misma no cesa de corregirse. En esta empresa se trata de asimilar la realidad por las articulaciones racionales suscitadas en ella, ordenándola para comprenderla, para vivirla sin obstáculos a la luz de lo que llega a ser en nosotros. En otras palabras, lo que dice la ciencia contemporánea es que la realidad es una cosmogénesis, es decir un nuevo nacimiento del universo, que implica rehusar someterse al dato bruto para reengendrarlo a fin de que llegue a ser interior a la mente.En la física contemporánea nos encontramos con la más hermosa tentativa que jamás haya sido concebida y emprendida, de liberar la inteligencia, pues todo el universo está llamado a pasar de afuera a dentro para cesar de estar sometidos a él y que pueda hacerse luz en nosotros.Ustedes recuerdan cómo en Nagasaki, después de haber socorrido a las víctimas recuperables de la terrible catástrofe, los sabios japoneses hicieron una pausa heroica que constituye uno de los acontecimientos más conmovedores de la Historia: olvidando su derrota, olvidando el desastre, se interrogaron sobre las últimas etapas de la fisión del uranio que se estudiaba en el mundo entero y cuyo éxito había permitido a los americanos infligir esa terrible derrota. Querían de cierto modo respirar, esforzándose por comprender. Se sentían menos vencidos si podían ser convencidos. Se trataba de una victoria de la inteligencia y no de un golpe mortal dado por el destino.Quizá nunca se ha afirmado la dignidad humana es manera más evidente que en esa toma de distancia ante el acontecimiento, en esa pausa heroica en que unos sabios, olvidando el desastre, quisieron ponerse en el plano de la mente para recobrar justamente la dimensión humana y sentirse en un universo viable todavía.Es pues claro que lo que quiere la ciencia, lo que busca sin decirlo, sin tomar de ello una conciencia clara, es justamente hacernos pasar de afuera a dentro, de cesar de sufrir el universo, y entrar con él en un diálogo de luz y de amor, de compensar nuestra cosmicidad, que nos hace depender de él orgánicamente, enraizándolo en nosotros para que llegue a ser, transformado en nosotros, el alimento de nuestra meditación, y entre en la luz en que la persona tiene su misterio.Hacer inteligible cualquier realidad es iluminar con la luz interior, suscitar en ella la luz de la referencia que une todas las cosas con lo que Baudelaire llamaba el “hogar primitivo”. Y esto parece tanto más seguro cuanto que justamente la ciencia contemporánea no cesa de modificar lo real. No se trata pues de comprender lo que Es, lo que se da a la experiencia bruta, sino de hacerlo interior por medio de las articulaciones racionales suscitadas en la realidad, a fin de realizar la unidad del universo.Estábamos escandalizados por el divorcio, aplastados por la cosmicidad que nos hacía presas de las fuerzas ciegas del universo, y la ciencia trata de restaurar o de instaurar un orden humano en que la mente pueda encontrarse en toda realidad dialogando con ella en el diálogo silencioso que arrastra el universo en nosotros hacia la luz, hacia la luz de la mente, hacia la Verdad que es Alguien, hacia la Verdad que es una Persona, hacia la Verdad que es la Luz de una Presencia Infinita, que es justamente el gozo del conocimiento, común a todos los sabios de todas las disciplinas, el gozo del conocimiento que conduce a todos los investigadores de la circunferencia en que sus disciplinas se dividen, hacia el Centro en que se unen con la Presencia que es la Verdad en Persona. El gozo del conocimiento afirma precisamente la convergencia de intención, la contemporaneidad de todos los investigadores que se reúnen en el mismo Centro Eterno.Einstein repudió la atracción universal de Newton que había dominado la ciencia durante más de dos siglos. La remplazó por una métrica del espacio. Pero buscó, no menos que Newton, un lazo de libertad con el universo.Lo que hace la grandeza de la ciencia es precisamente la búsqueda de ese lazo de libertad con un universo que no cesamos de sufrir, que comprendemos, que interiorizamos, que contemplamos y a través del cual, corrigiéndonos al mismo tiempo que lo corregimos, nos encaminamos hacia la Única Luz.Bajo este aspecto, la física moderna es más esencialmente humana que todas las demás, más humanizante, inmaterialista, compensando más que todas ellas nuestra cosmicidad al interiorizar toda nuestra materialidad en la luz en que la mente dialoga con ella, a condición que el hombre de ciencia contraiga un lazo de libertad consigo mismo, cesando de sufrir el universo en la misma medida exacta en que cesa de sufrirse a sí mismo.Así es como una antropogénesis es solidaria de la cosmogénesis. Lo mismo que la ciencia busca engendrar un mundo humano, inteligible, un mundo interior a la mente, la ciencia exige del sabio, para no mezclar a su empresa sus opciones pasionales, que las rectifique, que nazca a sí mismo, que se haga Persona, es decir, justamente, fuente y origen, arrancándose de todos los determinismos que lo identificaban con un universo-cosa.Y, en la medida misma en que la realidad científica resulta de una modificación de la realidad por el hombre, se puede decir que la única constante de la ciencia, que hace toda su grandeza, es ese movimiento hacia el hombre, ese movimiento hacia la Persona, ese movimiento hacia la libertad, la dignidad y la grandeza a través del Centro Único en que todos los investigadores se hacen contemporáneos, hacia la misma Luz en que somos liberados de nosotros mismos.Se comprende entonces que Einstein haya podido decir que el sentimiento místico es la semilla de toda verdadera ciencia. La Verdad es, en efecto, Alguien hacia el cual está orientado el sentimiento místico del que es presentimiento. La Verdad es Alguien, es una Persona, es única como la Belleza Única a través de todas las obras de arte, y cada uno puede reconocerla si está lleno de Su Luz y se libera de sí mismo”. (Continuará) 

     

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