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06/02/2010. La realidad es una cosmogénesis.

La realidad es una cosmogénesis...2ª parte de la 3ª conferencia en el convento de las dominicanas de Beirut, en junio de 1965.“En las últimas páginas de su librito “¿Se puede modificar al hombre?”, páginas palpitantes de vida, de pasión, de fervor y de amor, páginas de verdadera mística, Jean Rostand afirma que la única pasión del sabio es el amor de la verdad. Y expresa el amor de la verdad en la frase muy tradicional además: “Es el amor de lo que ES, simplemente porque ES”. Las mayúsculas con que adereza estas palabras, el fervor con que se expresa ya que sólo se puede llegar a lo que es superándose a sí mismo, y que la Verdad quizás nunca está donde se grita y quizá nunca tampoco donde se habla, todas estas precauciones, todo ese fervor nos llevan a no tomar a la letra estas afirmaciones: “El amor de lo que Es simplemente porque Es”, pues precisamente el libro trata de modificar la realidad.¿Cómo llegar nunca a lo que Es si precisamente uno se propone modificar la realidad y por lo mismo el hombre, de todas las maneras posibles, ejerciendo una influencia sobre el ácido desoxirribonucleico (A.D.N.), que es el componente esencial de los cromosomas, es decir de los genes hereditarios? En el intento de cambiar al hombre, la cumbre de la realidad, ¿cómo se puede esperar llegar a “lo que Es simplemente porque Es”?En efecto, nos encontramos ante esta situación: la ciencia modifica la realidad, se propone hoy precisamente nada más que modificar la realidad, como nos lo mostró Bachelard en sus libros de genio, donde analizó con increíble agudeza las tentativas de la física moderna. Nos mostró precisamente que el propósito de la física moderna era modificar la realidad, que la física moderna busca un realismo calculado en que lo artificial se adelanta a la realidad, como realismo de construcción opuesto a un realismo de constataciones, en que la realidad estudiada es una realidad corregida, cultural y humana, en que ya no es la naturaleza la que plantea problemas al hombre, sino el hombre el que impone a la naturaleza soluciones calculadas a priori, o como en la química moderna, el plan racional de una sustancia no encontrada se propone todavía como problema de realización, así como las casillas vacías en la tabla de Mendeleyev exigían que la naturaleza las llene, en que en toda investigación el fenómeno emerge en un marco de razón necesario.No se trata de verificar con los órganos sensoriales. Justamente, sólo se puede abordar la experiencia científica a través de cálculos y de instrumentos que sólo cálculos pueden manejar, y cuyo resultado puede interpretar sólo el cálculo, mediante una instrumentación, fruto ella misma de teorías reificadas, es decir encarnadas en el instrumento mismo.Vemos bien que en la ciencia contemporánea se trata de instituir una realidad conforme a la razón, pero la razón misma no cesa de corregirse. En esta empresa se trata de asimilar la realidad por las articulaciones racionales suscitadas en ella, ordenándola para comprenderla, para vivirla sin obstáculos a la luz de lo que llega a ser en nosotros. En otras palabras, lo que dice la ciencia contemporánea es que la realidad es una cosmogénesis, es decir un nuevo nacimiento del universo, que implica rehusar someterse al dato bruto para reengendrarlo a fin de que llegue a ser interior a la mente.En la física contemporánea nos encontramos con la más hermosa tentativa que jamás haya sido concebida y emprendida, de liberar la inteligencia, pues todo el universo está llamado a pasar de afuera a dentro para cesar de estar sometidos a él y que pueda hacerse luz en nosotros.Ustedes recuerdan cómo en Nagasaki, después de haber socorrido a las víctimas recuperables de la terrible catástrofe, los sabios japoneses hicieron una pausa heroica que constituye uno de los acontecimientos más conmovedores de la Historia: olvidando su derrota, olvidando el desastre, se interrogaron sobre las últimas etapas de la fisión del uranio que se estudiaba en el mundo entero y cuyo éxito había permitido a los americanos infligir esa terrible derrota. Querían de cierto modo respirar, esforzándose por comprender. Se sentían menos vencidos si podían ser convencidos. Se trataba de una victoria de la inteligencia y no de un golpe mortal dado por el destino.Quizá nunca se ha afirmado la dignidad humana es manera más evidente que en esa toma de distancia ante el acontecimiento, en esa pausa heroica en que unos sabios, olvidando el desastre, quisieron ponerse en el plano de la mente para recobrar justamente la dimensión humana y sentirse en un universo viable todavía.Es pues claro que lo que quiere la ciencia, lo que busca sin decirlo, sin tomar de ello una conciencia clara, es justamente hacernos pasar de afuera a dentro, de cesar de sufrir el universo, y entrar con él en un diálogo de luz y de amor, de compensar nuestra cosmicidad, que nos hace depender de él orgánicamente, enraizándolo en nosotros para que llegue a ser, transformado en nosotros, el alimento de nuestra meditación, y entre en la luz en que la persona tiene su misterio.Hacer inteligible cualquier realidad es iluminar con la luz interior, suscitar en ella la luz de la referencia que une todas las cosas con lo que Baudelaire llamaba el “hogar primitivo”. Y esto parece tanto más seguro cuanto que justamente la ciencia contemporánea no cesa de modificar lo real. No se trata pues de comprender lo que Es, lo que se da a la experiencia bruta, sino de hacerlo interior por medio de las articulaciones racionales suscitadas en la realidad, a fin de realizar la unidad del universo.Estábamos escandalizados por el divorcio, aplastados por la cosmicidad que nos hacía presas de las fuerzas ciegas del universo, y la ciencia trata de restaurar o de instaurar un orden humano en que la mente pueda encontrarse en toda realidad dialogando con ella en el diálogo silencioso que arrastra el universo en nosotros hacia la luz, hacia la luz de la mente, hacia la Verdad que es Alguien, hacia la Verdad que es una Persona, hacia la Verdad que es la Luz de una Presencia Infinita, que es justamente el gozo del conocimiento, común a todos los sabios de todas las disciplinas, el gozo del conocimiento que conduce a todos los investigadores de la circunferencia en que sus disciplinas se dividen, hacia el Centro en que se unen con la Presencia que es la Verdad en Persona. El gozo del conocimiento afirma precisamente la convergencia de intención, la contemporaneidad de todos los investigadores que se reúnen en el mismo Centro Eterno.Einstein repudió la atracción universal de Newton que había dominado la ciencia durante más de dos siglos. La remplazó por una métrica del espacio. Pero buscó, no menos que Newton, un lazo de libertad con el universo.Lo que hace la grandeza de la ciencia es precisamente la búsqueda de ese lazo de libertad con un universo que no cesamos de sufrir, que comprendemos, que interiorizamos, que contemplamos y a través del cual, corrigiéndonos al mismo tiempo que lo corregimos, nos encaminamos hacia la Única Luz.Bajo este aspecto, la física moderna es más esencialmente humana que todas las demás, más humanizante, inmaterialista, compensando más que todas ellas nuestra cosmicidad al interiorizar toda nuestra materialidad en la luz en que la mente dialoga con ella, a condición que el hombre de ciencia contraiga un lazo de libertad consigo mismo, cesando de sufrir el universo en la misma medida exacta en que cesa de sufrirse a sí mismo.Así es como una antropogénesis es solidaria de la cosmogénesis. Lo mismo que la ciencia busca engendrar un mundo humano, inteligible, un mundo interior a la mente, la ciencia exige del sabio, para no mezclar a su empresa sus opciones pasionales, que las rectifique, que nazca a sí mismo, que se haga Persona, es decir, justamente, fuente y origen, arrancándose de todos los determinismos que lo identificaban con un universo-cosa.Y, en la medida misma en que la realidad científica resulta de una modificación de la realidad por el hombre, se puede decir que la única constante de la ciencia, que hace toda su grandeza, es ese movimiento hacia el hombre, ese movimiento hacia la Persona, ese movimiento hacia la libertad, la dignidad y la grandeza a través del Centro Único en que todos los investigadores se hacen contemporáneos, hacia la misma Luz en que somos liberados de nosotros mismos.Se comprende entonces que Einstein haya podido decir que el sentimiento místico es la semilla de toda verdadera ciencia. La Verdad es, en efecto, Alguien hacia el cual está orientado el sentimiento místico del que es presentimiento. La Verdad es Alguien, es una Persona, es única como la Belleza Única a través de todas las obras de arte, y cada uno puede reconocerla si está lleno de Su Luz y se libera de sí mismo”. (Continuará) 

 

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