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"... el disco del tiempo... representa... la distancia de nosotros a nosotros mismos". La metafora me recuerda que en una rueda el centro permanece inmovil. En la periferia del yo
en el centro.
en la dimension de la eternidad estamos en Dios
vivimos en el tiempo
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Zundel
08/02/10 – Todo eso se dirige a lo más específicamente humano que hay en nosotros.
Final de la 3ª conferencia del convento de las dominicanas de Beirut en junio de 1965.
“¡Es perfectamente claro que
la revelación
no nos interesaría ni un instante si pretendiera ser un duplicata de la historia científica o de la ciencia! Ella nos penetra, nos informa, nos transforma, nos libera, precisamente porque no es nada de eso, porque
nos pone en contacto con la intimidad personal de la divinidad para enraizarnos en ella, a fin de que, a su vez, nuestra vida llegue a ser fuente
, llegue a ser espacio y se ofrezca al universo entero como fermento de liberación, de dignidad y de grandeza
.
La revelación divina sólo puede situarse en esta dirección, y su criterio práctico sólo puede ser el poder efectivo de liberación del hombre y del universo. No se trata pues, jamás, de presentar la Revelación como un sistema del mundo, como una explicación de las cosas sino de presentarla bajo la luz de una intimidad que se propone a otra, siempre como el resplandor personal del Primer Amor a través de las palabras-sacramentos que comunican la Luz de Su Intimidad. Finalmente, si es auténtica, la Revelación sólo puede dirigirse a la persona, a la Persona, a lo más específicamente humano de nosotros, a lo que es común a todos los hombres en cuanto hombres.
Si el Evangelio puede convencernos, si el Evangelio puede ser para nosotros camino de luz y de liberación, es justamente en la medida en que el Evangelio esta todo centrado en un personalismo divino, en que Dios se revela capacidad infinita de eclipsarse.
La Trinidad
, la Encarnación, el nuevo nacimiento, todo eso gravita precisamente en el universo de la persona, todo eso nos une al Centro del Universo-Persona para hacernos personas, todo eso se dirige a lo específica y esencialmente humano de nosotros.
Si el Evangelio trajera nociones que fueran una visión del mundo como las de los filósofos, a priori sabríamos que comporta límites, que no se dirige a todos los hombres, que, teniendo también fronteras, eleva muros de separación entre los hombres. Si es, al contrario, únicamente la revelación en persona de la Verdad en persona, es decir de la Luz de Amor que exorciza nuestras tinieblas y nos desenraíza de nuestras esclavitudes, que nos arroja en nuestra intimidad y nos restablece en el verdadero yo, si el Evangelio es todo eso, bienvenido, es para todos los hombres, no les pide cambiar de fórmula, cambiar de sistema, se dirige a lo específicamente humano que son ellos.
Fenelón dijo, como ustedes recuerdan, que “la diferencia de Dios es no tener diferencia”. Los demás seres que forman la creación son categorizables, pertenecen a cierto orden que los distingue de los demás seres encerrados en otros órdenes. Solo Dios está por encima y afuera de todas esas categorías, su diferencia es no tener diferencia, Él es la amplitud ilimitada de un Amor sin fronteras.
Una Revelación auténtica, una revelación definitiva por lo menos, sólo puede tener ese carácter: su diferencia debe estar en no tener diferencia. En seguida sienten la imposibilidad de satisfacer la mente encerrándola en categorías, la imposibilidad de dirigirse a los demás para llevarles algo que perturba sus categorías, que les pide cambiar de fórmula y que los hiere ya oponiéndose a lo que son. Sienten que
la única manera de corresponder a la Verdad en persona, de dar testimonio de Su Presencia y de comunicar Su Luz, es ir a los demás en el vacío absoluto de una mente
sin fronteras
en que se afirma la Persona como fermento de liberación y en que los demás son acogidos en lo mejor de ellos mismos, en su intimidad más inviolable como dignidad sagrada y, si las circunstancias quieren, sean promovidos a ella o revelados a sí mismos por el vacío mismo que hacemos ante ellos
.
Es imposible escapar al fanatismo si uno cree llevar un mensaje formulable en palabras que no sean palabras-sacramentos
, en palabras que no sean una Presencia, en palabras que no tengan la garantía de la Vida, en palabras que no lleven la corriente del Amor ilimitado, ¡es imposible no sentirse incómodo! Es imposible escapar al fanatismo si uno cree que hay que llevar los demás a cambiar de fórmulas y no ayudarles a nacer a sí mismos, a alcanzar su grandeza universal, a hacerse hombre y ser a su vez creadores del universo nuevo de que todos estamos encargados y tenemos responsabilidad
.
¿Qué quiere Jesús en el lavatorio de los pies? ¿Qué quiere provocar sino que sus discípulos reconozcan, y nosotros también, el tesoro confiado a toda conciencia humana y que es el Dios Vivo? ¿Y qué más tenemos nosotros que hacer? No tenemos que proponer un programa, un ideal que afirmemos inmediatamente como superior a todos los demás en el vacío de palabras ineficaces, tenemos que vivir esa Presencia, devenir esa Presencia para que la respiren a través de nosotros. Una vez más, no se trata de una fórmula, sino de un intercambio, de un intercambio nupcial que sólo se puede realizar en el nivel de la dimisión y del amor.
¡Se ve en seguida que si eso es la Revelación, si está en un universo-persona, si el criterio práctico de su Verdad es su poder de liberación del hombre y del universo, se ve en seguida que la palabra tolerancia es intolerable! ¿Cómo decir a los demás que los toleramos sin ofenderlos, sin poner en duda la sinceridad de sus convicciones? Si nos ponemos en su lugar, sentiremos inmediatamente el carácter injurioso de la palabra “tolerancia”.
Una revelación que quiere ser, que sólo debe, que sólo puede ser fermento de liberación, que nos revela la libertad y nos la comunica, que quiere hacer de nosotros un universo y un centro, una revelación que lleva así el fermento de una libertad infinita, ¿cómo podría no proponerse bajo el aspecto de una comunión sin fronteras, proclamando justamente que, en el campo de la Persona, toda obligación es imposible, toda obligación representa una violación de lo más sagrado que hay y que sólo podemos abordar las cosas eficazmente cuando nos dirigimos a la Persona liberándonos primero de nosotros mismos, para ofrecerle el vacío sagrado donde se revela el Dios Vivo que es un poder infinito de eclipsamiento y de desposesión.
Claro que todo esto sólo tiene sentido en la medida en que lo vivimos. Todo eso tiene sentido sólo si tenemos sentido de lo humano, ¡sentido de lo humano!, si sentimos lo que está en juego en cada uno, si comprendemos que la Presencia de Dios en el mundo está unida finalmente, está unida al interior de nosotros mismos, está condicionada inevitablemente por la transparencia que ofrecemos a Su Luz.
Es pues perfectamente claro que si la ciencia constituye ya un lazo de libertad con el universo y con nosotros mismos, con mayor razón la revelación confirma el movimiento de liberación y nos arrastra bajo el peso inmaterial de la Pobreza divina, nos arrastra hacia ese universo sin fronteras en que toda criatura puede encontrar su grandeza y realizar su infinitud.
Por eso, prácticamente, conviene hablar lo menos posible de la Verdad, lo menos posible de Dios, porque estas palabras han sido tan utilizadas que han perdido su eficacia.
No se trata de hablar sino de ser
al dirigirnos a la persona dejando transparentar en nosotros como en un vitral el sol inteligible que es la luz de la mente y la liberación del corazón.
¡Qué cómodos estaremos en este mundo múltiple en que tantos muros separan a los hombres unos de otros, donde tantas confesiones religiosas pretenden venir de Dios y tener una revelación absoluta que sería por lo tanto indiscutible y obligatoria! ¡Qué cómodos estaríamos habiendo comprendido que en el personalismo evangélico, en la pobreza de la Humanidad de Cristo, en su desapropiación radical, hay justamente con qué curarnos de todo fanatismo, de todo proselitismo indiscreto invitándonos continuamente a dialogar con la personan más allá de toda palabra!
¿De qué sirve aferrarse a las palabras, los sistemas, las lenguas, los argumentos? ¡Para nada! La mayor parte del tiempo, los argumentos son automatismos verbales y brotan de un universo pasional con el cual chocamos y los herimos, reforzando así su determinación a no ceder.
La única palabra eficaz es el silencio que se arrodilla delante de la persona
, que le permite llegar a ella misma y le revela el sol a través del vitral. ¿Cómo podrían los hombres rechazar una revelación que les lleva lo que están buscando, que los colma de luz y de Amor, que les revela y realiza su libertad? ¿Qué maravillados estarían los hombres si la revelación tuviera en nosotros el Rostro de la divina pobreza, si fuera en nosotros la Vida de la vida?
Nada me parece más estéril, nada me escandaliza más que esas apologéticas en que uno arroja a los cuatro vientos la afirmación de la superioridad de su propio sistema y de su propia revelación sin meter las manos en la masa, sin transformar las condiciones humanas, sin sentirse comprometido con los demás hasta la raíz de su ser en una dimisión total que pone justamente a su disposición no un sistema de palabras, no un complejo de discursos, sino que los pone ante una Presencia que nunca conocemos, que siempre reconocemos en que cuando entra en contacto con ella uno se siente inmediatamente libre de sí mismo”. (Fin de la conferencia)
Published
Feb 08 2010, 11:33 AM
by
Gustavo
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