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Zundel

15/02/10 b. Es muy importante tomar conciencia de quién es el Dios que amamos.

Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Retoma: "Sin que la joven se diera cuenta, esa confidencia fue una catástrofe, porque a él le dio la impresión de haber sido engañado y de haberse implicado en esta situación simplemente para asegurar la tranquilidad de los padres".

Continuación: "Desde entonces se retira, se sumerge en sus negocios, se vuelve insoportable, se encierra en un mutismo hostil y la esposa que no entiende nada, y no tiene la menor idea de que su confidencia fue la que provocó la catástrofe, la esposa, desde luego muy herida, pero viendo que no había nada qué hacer, y muy religiosa por temperamento y con varios hijos que cuidar, se repliega sobre sus deberes de madre, y acepta ante Dios el sacrificio de su felicidad conyugal.

El padre, viendo a la madre dada por entero a los hijos – y ¿cómo, si no, ejercer su ternura, ya que él se ha retirado? – necesita a quién darla, y la da a sus hijos – y él se imagina que la madre se une con los hijos contra él. Su hostilidad se agrava entonces cada vez más, y mientras los hijos crecen, aparecen claramente dos bandos, el de la madre con los hijos, y el del padre, solitario, mudo y hostil. Y él lleva su hostilidad hasta hacerse servir carne el Viernes Santo, para herir los sentimientos religiosos de su mujer.

Conociendo sólo la ternura de la madre, los hijos son profundamente hostiles al padre, y mientras más crecen más se enraíza en ellos la hostilidad. La vida los lleva a casarse, y los crecen hasta que el viejo abogado, que ha envejecido entre tanto, llega a tener una nieta que acaba de casarse. Por otra parte, todo el que entra en la familia se une al bando de la madre y  se convierte para él en un nuevo enemigo. Su fortuna es colosal y en el fondo es el único bien que mantiene cierta solidaridad de los hijos para con el padre. La fortuna es inmensa, y naturalmente ellos desean heredarla, y están obligados a mantener cierta presencia para que el padre no los desherede.

¡Pero la situación se prolonga y dura! Quisieran que muriera y que una circunstancia favorable los libere de su presencia. Él, naturalmente, se da cuenta, conoce exactamente los sentimientos de ellos y los conoce tanto mejor que cuando por la noche se retira cansado a su cuarto antes que los demás, apaga la luz y deja la ventana abierta para saber todo lo que se dice en la terraza.

Oye entonces los murmullos, oye ecos, y una noche escucha justamente que el marido de la nieta propone nada menos que internarlo en un ancianato, secuestrarlo, encerrarlo, hacerlo declarar incapaz de administrar sus negocios y así apoderarse de su fortuna, en vez de esperar una muerte que tarda realmente en llegar.

Al oír esa conversación, entra naturalmente en un furor indescriptible y al día siguiente anuncia a su mujer que se va de viaje.

Ella, que no estaba en el complot, pues se había retirado antes de esa conversación cínica, no estando en el complot, lo mira y se siente cansada. Por primera vez en su vida, la observa, sola. Ve que ella está consternada, acabada. Comienza a llenarlo un sentimiento de compasión. Quisiera no irse, pero se endurece pensando en las terribles palabras de ese nieto de adopción, con la complicidad de los demás, escuchadas en la noche anterior.

Está pues resuelto a ir a París, desheredarlos a todos y transferir toda su fortuna a un hijo natural que había tenido con una de sus clientas, una institutriz que él había defendido en un asunto muy grave, y que, en reconocimiento, se había entregado a él, y le había dado un hijo. Por otra parte, muy justamente, él había seguido sosteniéndolos, nada les faltaba. En este aspecto, él había cumplido todos sus deberes, pero decidió transferir toda su fortuna a ese hijo natural al que no conoce. Llega pues a París y cuenta a su antigua clienta, madre de ese hijo, su intención, y confía a ese hijo natural con quien se encuentra por primera vez, que él sería le heredero de toda su fortuna.

Se da cuenta con estupor que eso no parece encantarles, que en el fondo les da más bien miedo, miedo de entrar en esa historia, miedo de complicaciones extraordinarias para toda la familia que de toda evidencia los atacaría, se defendería con garras y dientes contra el testamento. Él trata de persuadirlos, se instala en su vecindario durante algún tiempo, y pide al hijo natural que recoja su correo. Y comienza a dudar por otra parte de que el muchacho sea capaz de asumir semejante carga, cuando un día, paseándose en París, ve en el reflejo de una vitrina la sombra de su yerno en un almacén. Observa de nuevo y ve a su hijo en el almacén, y ve que su hijo natural está con ellos. Entonces comprende, comprende: "Vendió la mecha y va a negociar con los herederos legítimos, va a pactar con ellos.

Entonces se retira, se esconde, y los dejar ir. Los sigue. Van a la iglesia de San Germán y allá arreglan los negocios, se ponen de acuerdo sobre la pensión que recibirá el hijo natural, duplicada en cambio del abandono total del testamento hecho en su favor.

Se retira entonces habiendo visto lo que deseaba, y cuando se encuentra ante su hijo natural, finge no haber visto nada, no saber nada, le hace una pregunta y hace soltar el secreto. Lo pone entonces contra el muro diciéndole: "¡Imbécil! Naturalmente te vendiste, te las arreglaste con los demás. Pues yo voy a hacer exactamente lo que ellos querían: ¡doblaré tu pensión y daré mi fortuna a otro!" y rompe entonces definitivamente con la mujer y el hijo, y su correo permanece dos o tres días sin ser retirado.

Cuando va a retirarlo, hay una carta de su hijo que le pide regresar lo más pronto posible, porque su esposa está enferma. Comienza entonces a conmoverse, y toma el primer tren, y cuando llega, ella ha muerto…. Ella está muerta.

 

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