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22/02/10 – Es necesario repensarlo todo, revivirlo todo bajo esta luz admirable...

La Trinidad, misterio de la pobreza de Dios. 4° parágrafo.La inmensa diferencia entre los dos testamentos.¡Todo cambió, es otro mundo, es otro universo, es otro Dios!Es necesario repensarlo todo, revivirlo todo bajo esta luz adorable que se inscribe por otra parte en el corazón de los santos ya que, como hemos visto, no hay jamás encuentro auténtico con Dios que no sea garantizado, vivido, afirmado, en la dimisión, en la transparencia, en la humildad, en la pobreza.Todo cambió, y se comprende que Pasternak haya añadido al texto que leíamos ayer, la admirable antífona de la Liturgia Bizantina. En un cántico para la anunciación, “Como se dice en un Cántico para la Anunciación, Adán quiso hacerse dios y se equivocó, no pudo. Y ahora Dios se hace hombre para hacer de Adán un dios”.Nada mejor que este Cántico para la Anunciación para hacernos sentir la inmensa diferencia entre los dos Testamentos, la inmensa diferencia entre la visión piramidal de un Dios que está allá arriba, allá arriba, y que nos aplasta con su Majestad, Y el Dios del Nuevo Testamento que está arrodillado en el Lavatorio de los pies, que en ese paralelo: Adán quiso hacerse dios y no pudo, se equivocó, y fue para el autor del Génesis, el pecado original: quiso hacerse dios, quiso hacerse Dios. Ese es el crimen de los crímenes, y en el Nuevo Testamento, esa es la intención fundamental de Dios: se hace hombre para que nosotros nos hagamos Dios. Lo que era el pecado supremo en el Antiguo Testamento se convierte en el Nuevo Testamento en la única virtud: “¡Sed perfectos como el Padre es perfecto!”Y ¿porqué? ¡Porque justamente en el Antiguo Testamento el Autor del Génesis imaginaba a Dios en lo alto, en lo alto, en lo alto! y no podía concebir el pecado sino como una usurpación de la majestad divina. En el Nuevo Testamento, la grandeza, no es la altura sino la generosidad, la generosidad. El más grande es el que más se da, el que se da infinitamente, el que es la grandeza infinita, El que da todo, El que se da siempre y totalmente, Ése es el verdadero Dios, y no hay otro.En el Antiguo Testamento no se conocía esa dimensión de generosidad absoluta, y por eso se construía siempre la grandeza en el espacio, en altura. Ahora hay que construirla en profundidad, en humildad, en caridad, en despojamiento, en pobreza, en don de sí mismo.Es otro mundo, otro universo, otro Dios. Y por eso en el Nuevo Testamento el pecado original no consiste en haber querido hacerse Dios sino en haber hecho de Dios una caricatura, de haber imaginado que Dios era celoso, que era un propietario, que le faltaba amor y generosidad. Eso es el pecado original, justamente haberlo transformado en déspota que defiende, que es celoso de los bienes que posee y que rehúsa comunicarlos.A partir de ahí el hombre se separó de Dios, sospechando su Amor, no creyendo en Su generosidad, y entonces todo el resto sigue: ya se había separado del Corazón de Dios y se había hundido en sus propias tinieblas.Francisco justamente, no siendo teólogo, no construía con palabras, gracias a Dios, no nos dijo estas cosas. Él habría sido incapaz de decirlas y si las hubiera dicho lo habrían condenado inmediatamente, pero las vivió, las vivió hasta el final, las vivió apasionadamente, las vivió hasta el martirio de los estigmas, después de haber buscado el martirio sangriento. (A revisar más tarde).Y porque las vivió en todas las fibras de su ser, al canonizarlo dos años después de su muerte, al canonizarlo, la Iglesia canonizó la revelación que es él, canonizó la Pobreza con la cual se identificó, que es el Dios Vivo. Podríamos llorar de alegría meditando estas cosas, porque son realmente inagotables, inagotables… Oración: ¡Dios nuestro, que te haces hombre para hacernos Dios! ¡Que podamos como Francisco llorar de alegría! ¡Dios nuestro, Francisco se casó con Tu pobreza! ¡Haznos sensibles a su despojamiento! ¡Enséñanos a vivirlo en el mundo de hoy! ¡Enséñanos a servirnos de las innumerables maravillas de nuestro tiempo para conocerte y hacerte conocer cada vez mejor, para amarte y hacerte amar cada vez mejor, para hacer descubrir al mayor número posible las maravillas de tu amor en el misterio de la Santa Trinidad! 

 

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