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March 2010 - Posts

  • 29-30/03/10 – Jesús viene a sustituir el corazón del hombre al templo de piedra.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Lausana, Domingo de Pasión de 1960.

    Una mujer blanca que vivía en Extremo Oriente en medio europeo era la única mujer blanca en ese medio. Era muy cortejada por la colonia europea y aunque estaba casada y tenía un hijo, terminó por perder la cabeza creyéndose una belleza, una estrella de primera magnitud y se dejó cortejar por un hombre de la colonia. Dejó a su marido, abandonó sus hijos, so pretexto de que tenía deberes para consigo misma. ¡Nada pudo retenerla en su hogar! Vivió una experiencia que le salió mal además, pues el hombre que la había seducido la abandonó dejándole otro hijo, y su marido, perfectamente cristiano, que había comprendido que la debilidad humana es perdonable, hizo todo por ayudarle, la acogió en el hogar y todo volvió al orden. El hogar se reconstituyó y el episodio al margen de la vida conyugal fue olvidado en un amor renovado y mejor que antes, puesto que el había pagado con su magnanimidad esperando a su mujer, le había tenido confianza, y quiso proteger en los hijos el respeto que debían a su madre, y les había ayudado a guardar paciencia y volver a encontrar a la mamá sin que su confianza hubiera sido afectada…

    ¡Es evidente que ese éxito, esa recuperación, esa paciencia en el amor, esa confianza en el futuro suponía en el marido un don de sí mismo muy poco corriente! Tenía que ser particularmente desinteresado, su generosidad no debía tener límites y que él debía tener realmente confianza en la Gracia de Dios que puede triunfar de todos los obstáculos en nosotros, para esperar pacientemente a que su mujer fuera hasta el final de su aventura para devolverle su puesto en el hogar.

    Pero comprendemos inmediatamente en este ejemplo que el mal estaba por el lado de la mujer misma, el mal era "ella" en cuanto que abandonaba su hogar y sus hijos so pretexto de deberes para consigo misma, y que el bien, es decir la conversión, fue que volvió a encontrar el equilibrio, corrigió su error y se enraizó de nuevo en la intimidad con su marido.

    Esta parábola es importante, porque además de que el ejemplo es auténtico, nos introduce en el centro del misterio de

  • 28/03/10 – No hay que aislar la función vicarial del Papa en la Iglesia. También el mendigo es, a su manera, vicario de Jesucristo...

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 7ª parte de la conferencia sobre la Iglesia, dada en Ghazir el 8 de agosto de 1959

    Hay en la Iglesia funciones múltiples, pero una sola misión.

    "Entonces, cuando somos heridos por la Iglesia, es porque no hemos encontrado todavía la Iglesia, todavía no estamos en el centro del dogma, en el centro de la gracia, en el centro de la vida, porque si vivimos plenamente el misterio de la Iglesia, sólo podemos vivirlo como misterio de Jesús que sigue viviendo en ese inmenso sacramento, y se une a través de las bendiciones que se difunden sobre todas las cosas: el mar, las montañas, las cosechas, las vendimias, la casa, los instrumentos de trabajo. Finalmente, todo el universo es un inmenso sacramento en que Jesús perpetúa su Encarnación y no cesa de comunicarse en la virginidad de la fe que sólo se une con Él.

    Por fin, no olvidemos que la Iglesia no debe confundirse simplemente con el magisterio doctrinal, es decir con el poder de administrar los sacramentos, los cuales evidentemente son indispensables e infinitamente sagrados, sino que La Iglesia es también el mendigo que les tiende la mano a la salida de la basílica de San Pedro en Roma.

    Yo no vacilo en afirmar que si es evidente que me arrodille delante del papa, como es evidente que me arrodille ante el sacerdote con quien me confieso, si es evidente porque el papa como el sacerdote con quien me confieso es un sacramento, también es evidente que me arrodille ante el mendigo que representa igualmente a Jesucristo, que es el sacramento de Su Pobreza, que es el vicario de Su Pobreza, que es el vicario de Jesús en su función de Pobreza, lo mismo que el papa". (Fin de la difusión sonora).

    No hay que aislar la función vicarial. El papa es incontestablemente el vicario de Jesucristo en su función sacerdotal, en su función magisterial, en su función doctrinal, pero el mendigo es igualmente a su manera Vicario de Jesucristo, y el niñito es igualmente vicario de Jesucristo.

    Para que la Iglesia sea el Cristo total, es necesario que Él esté representado de mil modos diferentes y complementarios y si mi adhesión al papa y a los Concilios no es negociable, tampoco tiene que ser negociable con el mendigo, como tampoco san Francisco la negoció con el leproso que le reveló a Cristo.

    ¿Cuál es la tarea que tenemos en la sala de hospital, en el salón de clase, en la calle, en la cocina, en el sótano? Estamos ahí para ser Jesús. El vestido religioso prueba que somos Iglesia, que somos la Iglesia, que somos la Madre Iglesia.

    Después de la Ascensión Jesús se hizo invisible. Ya sólo puede aparecer a los hombres a través de nuestro rostro. Cuando vacilemos, cuando suframos, cuando nos parezca difícil, cuando estemos agotados, o tentados, eso nos devolverá la energía: "No estoy aquí por mí, sino por Él". Los demás Lo esperan de mí y sólo pueden verlo en mí.

    Ser cristiano es ser Jesús. Ser consagrado es hacerse visiblemente Cristo". (Fin de la conferencia).

     

    Oración: ¡Padre, Hijo, Espíritu Santo! ¡Sólo podemos vivir el misterio de Jesús en la Iglesia continuando su vida en la tierra en este inmenso sacramento! Enséñanos, te lo pedimos, a vivir plenamente el misterio de la Iglesia.

    ¡Enséñanos a ver a Jesús tanto en el mendigo que está a la puerta de la basílica de San Pedro al vicario de Jesucristo en su pobreza, tanto como en el Papa!

    Jesús, Jesucristo, ¡Tú eres la Iglesia! Ella es tu cuerpo y tú nos creaste y nos salvaste para que cada uno de nosotros sea un miembro irremplazable de ella.

    ¡Enséñanos a convertirnos en sacramento de tu presencia en la Iglesia para la vida misma de ese Cuerpo!

    ¡Cada uno de nosotros es tu Cuerpo entero! ¡Qué inmenso misterio!

    ¡Ser cristiano es ser Jesús, es identificarse inseparablemente con la inmensidad de Tu Cuerpo!

    ¡Haznos sensibles a esa pertenencia, a esa identificación constitutiva de nuestro ser y de la vida eterna en nosotros!

     

  • 27/03/10 – La Iglesia reúne a los hombres por el interior.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 6ª parte de la conferencia de Ghazir el 8 de agosto de 1959.

    La Iglesia es el sacramento del amor… Es esencial que vivamos su misterio por la fe.

    Retoma: "El sacramento nos exenta, el sacramento nos libera, nos libera del hombre, en principio y radicalmente. Nunca estamos sometidos al hombre, jamás. Porque el hombre no es, para nosotros, y no puede ser jamás otra cosa que un sacramento. Y cuando cree dominarnos, es tiempo perdido porque no tiene ningún control sobre nuestra fe, y nuestra fe nos pone en contacto inmediato con la intimidad de Nuestro Señor, y en esa intimidad es donde leemos el dogma como la confidencia de Su Amor.

    En su intimidad es como entramos en toda la vida sacramental. En su intimidad recibimos el Derecho Canónico que es un misterio de fe, como todo lo de la Iglesia, porque vemos justamente en lo que llamamos la legislación de la Iglesia sólo el cuidado de reunir el Cuerpo de Cristo en orden, en la armonía y la unidad, y que por eso el Derecho Canónico es un sacramento de amor".

    Continuación: "Era además el nombre que daba san Ignacio de Antioquía a la Iglesia entera. A principios del siglo segundo, San Ignacio de Antioquía la llamaba "Ágape": el Amor. La Iglesia es el Amor. La Iglesia es el sacramento del Amor. No puede ser otra cosa.

    La Iglesia no puede jamás alejarnos de Dios, jamás. Un hombre de Iglesia, tomado en su función sacramental y por una visión de fe, jamás puede separarnos de Dios, ya que no tiene ningún control sobre nosotros para inducirnos a ello, y si pretendiera alejarnos de Dios cesaría de ser la Iglesia para nosotros, y se uniría al Satanás del Evangelio, se uniría a la negación de Pedro y sería como él o como lo somos nosotros cada vez que somos infieles, se uniría al Anticristo.

    Importa pues esencialmente que vivamos el misterio de la Iglesia en la fe. No se trata de leer una Encíclica así no más, consultando el diccionario para saber lo que quieren decir las palabras. Si la Encíclica es en verdad Palabra de la Iglesia, es Palabra de Jesús; es un sacramento, un sacramento, y el verdadero sentido de la Encíclica, sean cuales fueren las intenciones del papa, las cuales no nos interesan en modo alguno, porque lo que cuenta no es lo que el papa tiene en la mente, sino lo que Jesús tiene en su Corazón. Y puede suceder que una Encíclica o de una definición dogmática tenga intenciones muy humanas como motivo psicológico. Eso no tiene ninguna importancia, porque nosotros no estamos ligados a la definición que es un sacramento que hace de esa Palabra, que era pan y vino como lo que servimos a la mesa ordinaria, que hace de esa Palabra en adelante una Eucaristía de verdad.

    Todo eso es admirable, admirable – y no es sino la consecuencia de la afirmación esencial que fue el comienzo de la conversión de Saulo: "Yo soy Jesús". La Iglesia es Jesús. Y el carácter sacramental de la Iglesia nos da al mismo tiempo la clave de una sociología única – una sociología, es decir una manera de reunir a los hombres.

    Pues en efecto, es la primera vez, la primera vez que se reúne a los hombres por el interior (1) con esa intensidad, con ese rigor. El peligro de toda reunión es nivelar, nivelar una muchedumbre. Tomen la muchedumbre más inocente: en un partido de fútbol, cincuenta mil personas en un estadio, eso hace una de esas aglutinaciones, un conglomerado de pasiones, de chillidos, de gritos, de brazos levantados al mismo tiempo, de pasiones furiosas según sea un lado o el otro el que gane. En la pasión colectiva cada uno ha perdido su alma, su personalidad.

    El beneficio incomparable, la invención divina del misterio de la Iglesia es reunir a los hombres en la fe, justamente identificar de manera inseparable la Comunidad y la soledad. Es algo tan extraordinario que vale la pena detenerse en ello.

    Quizá no lo hagan con frecuencia, pero si asisten a un concierto y que el concierto es dado por grandes músicos, quizá después al escuchar la radio, pueden hacer la experiencia que se tiene a veces e una sala de concierto, en que hay un momento en que la ejecución es tan perfecta, en que la música suscita un silencio tal que se la percibe como una presencia, y toda la sala está suspendida de esa presencia, respira en esa Presencia. Y cada uno lo siente, cada uno siente la presencia si está suficientemente en silencio para acogerla. Es justamente que ha llegado a su más íntima soledad. Es una revelación para él, es una luz en él, es un gozo: está colmado, está liberado. Todo el espacio se abre en su mente y en su corazón que pudo dar nacimiento a la obra maestra en la mente de su creador. Y al mismo tiempo, en esa soledad llena de una Presencia maravillosa, cada uno siente que los demás comunican en la misma Presencia, que todos juntos están centrados en la misma belleza y que todos juntos respiran y comunican tanto más intensamente unos con otros cuanto que cada uno está más recogido en su más íntima soledad.

    Esa es justamente la única manera plenamente humana de reunir a los hombres: reunirlos por dentro (1), fundar la comunidad sobre la conciencia, hacer de la comunidad un intercambio de soledades cada una de las cuales enriquece a las demás, tanto más justamente cuanto más profundo es su recogimiento y su soledad más personal.

    Se puede decir entonces que no hay soledad auténtica y verdadera que no sea un bien común para el mundo entero, y que no hay comunidad verdadera que no tenga sus bases en la soledad. ¡Pues bien! La Iglesia sacramento realiza de manera perfecta, perfecta a los ojos de la fe que nos libera siempre de lo que no es Jesucristo, la Iglesia realiza de manera perfecta la comunidad que tiene sus bases en la soledad.

    Y por eso, si en la Iglesia siempre estamos en misión, si en la Iglesia siempre somos enviados, si en la Iglesia participamos siempre en el segundo Adán y en su función unitiva, si no podemos adherir a Cristo sin tomar a cargo toda la Humanidad y todo el universo, es verdad que al mismo tiempo y mientras más cumplamos esta misión, tanto más entramos en la soledad de una comunión única y cada vez más personal con Jesús. Ese es el equilibrio prodigioso, único, que será, creo, la única solución posible al comunismo, como veremos más adelante. Pero ¿cómo no maravillarse desde ya de que la Iglesia no pueda ser otra cosa?" (Continuará)

     

    Nota (1). Recuerden esta expresión admirable: "La única manera plenamente humana de reunir a los hombres es reunirlos por dentro". Esa es la especificidad de la Iglesia. Si Dios es puro interior, la reunión de los hombres en ella se realizará por el interior del hombre. La soledad, con la oración incesante que pide el Evangelio, profundiza el interior del hombre, haciéndolo apto para ser cada vez más auténticamente miembro de la Iglesia.

  • 26/03/10 – La infalibilidad pontificia.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 5ª parte de la conferencia del 8 de agosto de 1959, en Ghazir. 

    La Iglesia entera es una inmensa dimisión en la persona de Jesucristo, no puede ser sino un inmenso sacramento.

    El sentido de la infalibilidad pontificia es lo contrario de lo que imaginamos

    "Nada más triste en cierto sentido que la lectura de la historia de Pío IX y ver que Pío IX, que estaba extremamente preocupado por hacer definir la infalibilidad del papa, y no aceptaba ninguna especie de resistencia sobre este punto, fue aclamado por sus cortesanos cuando la infalibilidad fue efectivamente definida por el Concilio Vaticano. Gritaban: "¡Viva el papa infalible, viva el papa infalible!" como un homenaje rendido a la persona de Pío IX.

    No podemos equivocarnos más que los cortesanos de Pío IX pues la infalibilidad quería decir exactamente esto: "Usted no es nada, nada, nada; la infalibilidad significa que usted no es nada, que no es su palabra lo que escuchamos, no queremos oírla. No somos discípulos suyos. No queremos su sabiduría, ni siquiera su virtud. La infalibilidad es la garantía de que a través de usted tratamos con Jesucristo, que sólo de Jesucristo somos discípulos. Sólo existe una palabra que es para nosotros toda la verdad, es Jesucristo, y usted es sólo un sacramento y en ese título es como usted implica nuestra fe. Pero por medio de usted, y si necesario, a pesar de usted, nuestra fe llega inmediatamente a la intimidad del Señor".

    Y noten que esto es tan cierto que todo el mundo admite que los Padres de un Concilio con el concurso de Pedro o que el Papa solo, pero él nunca está solo, porque toda la Iglesia está finalmente detrás de una definición dogmática, y si el Concilio no se reúne, es virtualmente reunido por las consultas hechas antes; pero sea el papa, o un hombre, sea un Concilio unido al papa, todo el mundo admite que los Padres del Concilio, que el papa cuando define un dogma no comprende lo que pasa más que la mujercita que barre la sala del Concilio o los corredores del Vaticano. Es decir que ellos no pueden comprender el dogma de otra manera sino como ella, por la fe y el amor, porque el dogma no es fruto de su sabiduría, no es fruto de su experiencia, no es fruto de su genio, ni siquiera es fruto de su virtud. El dogma responde exactamente, en el Concilio o en el papa, a una función de Consagración, es exactamente lo análogo del gesto del sacerdote que dice sobre el Pan y el Vino: "Esto es mi Cuerpo, esto es mi Sangre". Y como la Presencia eucarística sólo se ofrece a los sacerdotes de la misma manera que a todos los fieles, es decir que se ofrece a la fe y al amor, pidiéndoles toda su presencia y toda su generosidad, exactamente de la misma manera el dogma solicita la fe del papa o de los Padres en un Concilio, como solicita la fe de la mujer iletrada que barre los corredores del Vaticano.

    Eso es admirable porque justamente la infalibilidad es lo contrario de lo que imaginamos, lo contrario de lo que imaginamos. Y ahora que se habla de un Concilio Universal (pronto se iba a reunir el Concilio Vaticano 2), qué urgente es afirmarlo, qué urgente es gritarlo a los cuatro vientos, hacer comprender en Constantinopla, y en Alejandría, y en Antioquia, que la infalibilidad no quiere decir: hay una Sede por encima de las demás, hay un obispo que está por encima de todos los demás, sino que significa que la Iglesia entera es una inmensa dimisión en la Persona de Jesucristo, que la Iglesia entera sólo puede ser un sacramento que comunica la Palabra, y la Presencia, y la vida de Jesús, y que Pedro es simplemente Pedro infalible, último retoque hecho a esa creencia, es el último sello puesto sobre esta afirmación: ¡La Iglesia es Jesús! Pedro es el sello de la unidad en la fe, el sello de la adhesión de toda la Humanidad redimida y santificada en la Persona de Jesús que es la vida de nuestra vida.

    Por eso justamente, cuando hemos comprendido la Iglesia, cuando la vivimos en el misterio de la fe, cuando la vemos toda como un sacramento, nunca nos molesta en ella lo humano. ¿Qué puede importarnos? El sacramento nos exenta, el sacramento nos libera, nos libera del hombre en principio y radicalmente. Jamás estamos sometidos al hombre, jamás. Pues jamás el hombre es ni puede ser para nosotros otra cosa que un sacramento. Y cuando piensa dominarnos, es tiempo perdido porque no tiene influencia sobre nuestra fe y nuestra fe nos pone en contacto inmediato con la intimidad de Nuestro Señor y en esa intimidad es como leemos el dogma, como la confidencia de Su Amor.

    En su intimidad es como entramos en toda la vida sacramental. En su intimidad es como recibimos el Derecho Canónico que es un misterio de fe, como todo lo de la Iglesia, porque vemos justamente en lo que llamamos la legislación de la Iglesia sólo el cuidado de reunir el Cuerpo de Cristo en orden, en armonía y en la unidad, y que el Derecho Canónico es por eso un sacramento de amor". (Continuará)

     

  • 25/03/10 – La Iglesia es sólo el misterio de fe en que Jesús se expresa y se comunica…

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 4ª parte de la conferencia del 8 de agosto de 1959, en Ghazir.

    La Iglesia es un misterio de fe como el misterio de la Trinidad y el misterio de la Encarnación que estamos celebrando en este día… La Iglesia es plenamente y en todo nivel, en todas sus manifestaciones, rigurosa, exclusiva y únicamente el misterio de fe en que Jesús se expresa y se comunica.

    "Ustedes se acercan todas a la Mesa Sagrada. ¿Quién puede decir lo que va a pasar entre ustedes y Cristo? ¡Nadie! El contacto con el Señor, a través de un sacramento común y recibido en común en la misma Iglesia, sigue siendo un secreto entre Jesús y ustedes.

    Y eso es verdad para toda la Iglesia. Un dogma es un sacramento, es una confidencia de la intimidad de Nuestro Señor hecha a la nuéstra. ¿Qué quiere decir? Eso sigue siendo un secreto para cada uno, exactamente como la Eucaristía. En una Iglesia, todos los fieles están sin duda orientados hacia la Presencia del Señor, pero cada uno Lo ve finalmente al nivel de su propia fe, y cada uno entra en Su Intimidad según el grado de su amor. Pasa exactamente lo mismo con el dogma que no es otra cosa que una eucaristía de verdad en que la intimidad del Señor nos introduce en Su Luz.

    Hay que guardar en toda su pureza esta visión de la Iglesia que es un misterio de fe, un misterio de fe como el misterio de la Trinidad, como el misterio de la Encarnación, ¡es el mismo, el mismo, el mismo misterio, porque la Trinidad se nos comunica por medio de Jesús en la Iglesia! Es el mismo acto de fe dirigido a la Iglesia, o mejor a Dios por medio de Jesús en la Iglesia, es el mismo acto de fe, y si salimos del acto de fe ya no tenemos contacto con la Iglesia.

    Hay quienes van a Roma a ver al Papa, y olvidan que no lo podemos ver. ¡No podemos ver al Papa! Podemos ver a alguien vestido de blanco y rodeado de todo un aparato. Pero sólo la fe puede decirnos: "¡Ese hombre es el Papa!" así como sólo la fe puede decirme que yo soy sacerdote. Si yo no creyera en el valor del sacramento no tendría ninguna razón de pensar que soy sacerdote. La Iglesia es, de parte a parte, a todo nivel, en todas sus manifestaciones, rigurosa, exclusiva y únicamente el misterio de fe en que Jesús se expresa y se comunica.

    Tenemos de ello además un certificado al alcance de todo el mundo, y es la afirmación que nadie ignora, que el sacramento no depende de la dignidad del ministro que lo da. Un sacerdote puede estar en estado de pecado y celebrar la Misa por los fieles en nombre del Cuerpo Místico. El sacerdote está ahí sólo a título de sacramento. Él es el sacramento de la unidad en la comunidad eclesial.

    Una mujer iletrada, sin saber nada de las cosas humanas, puede estar infinitamente más cerca del corazón del Señor que el sacerdote, el cual comulga en la medida en que pone toda su fe y todo su amor, y si es pecador se encuentra infinitamente más lejos de Jesús que esa mujercita que le besa la mano por respeto a su sacerdocio y recibe la eucaristía de su mano, pero la recibe justamente con toda su fe, con todo el heroísmo de su amor.

    Nadie ignora la infalibilidad del poder sacramental, la cual afirma del modo más concreto que la Iglesia es un sacramento, y además la infalibilidad del magisterio doctrinal significa exactamente lo mismo". (Continuará)

     

    Oración. ¡Jesucristo, Tú eres la iglesia! Ella es tu cuerpo y tú nos creaste y nos salvaste para que seamos cada uno un miembro irremplazable, al mismo tiempo que somos la Iglesia entera. ¡Enséñanos a ser sacramento de tu presencia en la Iglesia, para la vida misma de ese Cuerpo!

    ¡Cada uno de nosotros es tu Cuerpo entero! ¡Inmenso misterio!

    ¡Ser cristiano es ser Jesús, es estar identificado totalmente a la inmensidad de tu Cuerpo!

    ¡Haznos sensibles a esta pertenencia, a esta identificación constitutiva de nuestro ser y de la vida eterna en nosotros!

     

  • 24/03/10 - La clave del misterio de la Iglesia es que, si la Iglesia es Jesús, si es una Persona, todo lo demás es sacramento.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 3ª parte de la conferencia del 8 de agosto de 1959, en Ghazir.

    Nadie puede estar fuera de Su amor y es imposible participar en Su vida sin participar al mismo tiempo en Su misión...

    "Si se quiere limitar a Jesús a uno mismo, hacer de Él un Salvador para sí mismo, se lo convierte inmediatamente en ídolo porque, justamente, Él no es un hombre sino El Hijo del Hombre que reúne toda la humanidad y recapitula toda la Historia. Nadie puede estar fuera de Su Amor, y es imposible participar en Su vida sin participar al mismo tiempo y en la misma manera en Su misión.

    Para que continúe la Encarnación se necesitan hombres que retomen, si se puede decir, el "programa de Jesús", es decir que tengan derecho de reunir toda la humanidad en Su nombre, y que en lo posible estén consumidos en su propia vida, en su vida personal por el fuego de amor que se encendió en el corazón de los Apóstoles el día de Pentecostés, para que la misión de que están encargados coincida con el don de su vida.

    Esas dos cosas van idealmente juntas: ser enviado por Cristo para reunir, ser en nombre de Cristo el Sacramento de la unidad del mundo que debe sacar de Él su unidad, y estar normalmente comprometido en una vida de santidad, es decir en un camino de caridad universal sin fronteras ni límites.

    Pero vista la fragilidad humana – el caso de san Pedro lo prueba del modo más típico – puede suceder que la misión, que pone a un hombre en ese cargo de unificador, sea negada por su vida. Puede suceder que el que prosiga la obra de Pedro sea también un renegado, que juegue también el papel de Satanás, y se muestre también como anticristo.

    Pero justamente la identificación que Nuestro Señor hace de la comunidad consigo mismo, esa identificación es absolutamente indispensable pues, si Cristo no hubiera permanecido con nosotros, si no estuviera presente en la Humanidad hasta el fin de los siglos, no tendríamos ya sino palabras, el Evangelio sería una doctrina que se comentaría al infinito, como comentaban los fariseos el Antiguo Testamento. Se haría de él un sistema, una respuesta a preguntas, una construcción de ideas y de nociones y, finalmente, todo se perdería en el juego de palabras, en el tumulto de los discursos, en el endurecimiento del farisaísmo.

    ¡Pero no! Jesús va a perdurar. Y el cristianismo no será una doctrina, el cristianismo no será un sistema, el cristianismo no será un gobierno. El cristianismo será una Persona, Jesucristo. El cristianismo es Alguien. El Cristianismo es Jesús.

    Pero si se asocian hombres a Su Obra, – y es imposible que no se asocien ya que su obra debe continuar y al mismo tiempo, para ser su discípulo, hay que entrar en sus intenciones y en su misión de Segundo Adán – si se asocian hombres a su obra, para que el cristianismo siga siendo siempre Jesús, para que Él siga siendo Jesús, es necesario que tales hombres sólo estén asociados a la misión del Señor a título de sacramento.

    Y esa es justamente la clave del misterio: si la Iglesia es Jesús, si la Iglesia es Alguien, si es una Persona, todo lo demás es sacramento, todo lo demás, ya sean los hombres: el Papa, los Obispos, los Sacerdotes, los Confirmados, los Bautizados, ya sean los libros: el Antiguo y el Nuevo Testamento, el Misal, el Ritual, los decretos de los Concilios o el Derecho Canónico, las encíclicas o la predicación, todo eso, como el agua, el vino, el fuego y el incienso, como el óleo y el pan, como todas las cosas finalmente, absolutamente todo lo que hay en la Iglesia y no es Jesús sólo puede ser el sacramento (1) que representa y comunica a Jesús, a cualquier nivel.

    Y eso justamente nos obliga a corregir la expresión que utilicé ahora diciendo que había en la Iglesia un lado humano. No, en la Iglesia no existe lado humano porque el lado humano como tal no pertenece a la Iglesia.

    Si yo soy la Iglesia, si soy sacerdote, es únicamente en cuanto que no soy yo. Si soy yo, ya no soy el enviado de Cristo. Sólo soy sacerdote para Él, en Él y desapareciendo en Su Persona. Si pretendo ocuparme de lo mío, el sacerdocio no lo cauciona y eventualmente los fieles están obligados a alejarse de eso, si es contrario al Reino de Dios.

    Justamente el sacramento (1) es la caución absoluta de que en la Iglesia sólo se puede tratar de Jesucristo, y si ya no se trata de Jesucristo, ya no es la Iglesia, lo mismo que Pedro ya no es Pedro cuando es Satanás, como ya no es Pedro cuando niega al Señor. Entonces no sólo ya no estamos llamados a unirnos a Él, sino que debemos separarnos de Él, por no ser ya sacramento de Jesús.

    El sacramento responde a la fe, es decir que es la fe sola, justamente la que permite reconocer en la Iglesia únicamente la calidad de sacramento, es decir de signo que representa y que comunica a Jesús. (1) Esto va muy lejos porque quiere decir que nadie en el mundo puede decirnos quién es la Iglesia, nadie puede decirnos qué significa un dogma, nadie puede decirnos qué significa un sacramento sino con palabras que son también sacramentos". (Continuará)

     

    Nota (1): Se puede decir que la "sacramentalidad" de todo en la Iglesia no es muy reconocida en la Iglesia de hoy. Jesús está realmente presente y actuando en la Iglesia, mucho más de lo que pensamos generalmente, en cada instante de la historia de la Iglesia y en cada uno de sus miembros. En ella, todo es sacramento de Su presencia. Pero no se trata de presencia física.

    La presencia real de Jesús no es pues solamente en la Eucaristía, la cual es además mucho más sacramento de Su ofrenda perfecta que de Su presencia real.

    "Es la fe la que permite reconocer en la Iglesia la calidad de sacramento, es decir de signo que representa y comunica a Jesús".

     

  • 23/03/10 – La Iglesia es la gran obra de Jesús. Ella proviene inmediatamente de su calidad de segundo Adán.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 2ª parte de la conferencia de Ghazir, el 8 de agosto de 1959.

    La Iglesia es la gran obra del segundo Adán. Esta comunidad, la Iglesia, no es separable de la persona de Jesús: "Yo soy Jesús a quien tú persigues". En el fondo, ahí está toda la teología de la Iglesia.

    Retoma: "El Misterio de la Iglesia tiene justamente todos esos lados oscuros de que hemos hablado, que dependen del lado humano que hay en ella, digámoslo al menos provisoriamente, pues vamos a ver que es necesario corregir esta expresión".

    Continuación: "No hay que extrañarse nunca, como tampoco hay que extrañarse de ver que los Evangelistas nos cuentan las debilidades de san Pedro. Igualmente, algo que nos preservará para siempre de todo escándalo, son las palabras mismas que nuestro Señor dijo a Saulo, perseguidor, que va a ser el Apóstol san Pablo: "Yo soy Jesús al que tú persigues". En el fondo, ahí está toda la teología de la Iglesia y la hemos recibido de Cristo mismo: "Yo soy Jesús al que tú persigues. ¡Esta comunidad a la que tú te opones, esta comunidad que tú quieres exterminar, soy yo, soy yo!"

    De modo que en el mismo relámpago que lo derriba y lo transforma radicalmente, Saulo, convertido en san Pablo, reconoce o mejor conoce al mismo tiempo a Cristo y a la Iglesia, a Cristo en la Iglesia, y a la Iglesia en Cristo. No es de extrañarse que se convierta más tarde en el mayor teólogo de la Iglesia y que nos introduzca magníficamente al misterio del Cuerpo Místico.

    No hay que perder de vista nunca esta identificación: "Yo soy Jesús al que tú persigues". Esta comunidad no es separable de la Persona de Jesús. Jesús habita en ella, Jesús circula en ella, Jesús la conduce, por ella se comunica Jesús a toda la Humanidad, y en ella es siempre con Él con quien tratamos.

    Notemos en primer lugar que era imposible que Nuestro Señor no fundara la Iglesia. La Iglesia es la gran obra de Jesús. Ella proviene inmediatamente de su calidad de segundo Adán. La Encarnación debe realizar lo que el primer Adán rehusó realizar. La misión del primer Adán tenía ya ese aspecto vicarial, es decir que el primer Adán, lo mismo que el segundo a un nivel mucho más alto, infinitamente más alto evidentemente, pero ya el primer Adán tenía esa función de representar a toda la Humanidad.

    Porque el primer pensamiento que surgía en él, el primer pensamiento que era el primer acto de la libertad que surgía en el Universo el cual estaba hasta entonces en pañales, ese primer pensamiento era como la edad de razón de toda la Creación, y era necesario que el primer acto de razón de toda la Creación fuera un acto de adhesión y de amor que habría promovido toda la creación al plano de la libertad y toda la Humanidad al nivel de la comunión de los santos. Es decir que la Humanidad no habría sido una especie animal como lo es, sino una comunidad animada por la gracia y unida a la Presencia de Dios.

    El Segundo Adán, que representa a un nivel muy superior y más maravilloso, más admirable, como dice la (antigua) oración del ofertorio: "¡Oh Dios que creaste al hombre en una dignidad admirable y lo restauraste más admirablemente todavía", tiene eminentemente esa función vicarial. Él representa a la Humanidad por ser él sacramento vivo de la divinidad. Su papel esencial es pues reunir, unir, derribar los muros de separación, borrar las fronteras, hacer de la Humanidad justamente una Comunión de santos, sacar a los hombres de la vida animal que los separa, los divide y los opone, y los arroja continuamente en masacres unos contra otros, para que sean, sean por fin dignos de ellos mismos y dignos de Dios.

    Por consiguiente, su primera intención, la primera intención de Jesús debe ser afirmar su misión de segundo Adán, y pues ella debe durar hasta el fin de los siglos, comunicarla a los hombres que deben continuar su apostolado.

    Y eso es tanto más necesario cuanto que, como lo vimos, es imposible ser discípulo suyo sin participar en la misión del segundo Adán, ya que sólo en esta inmensa intención, en esta visión y acción descubriremos su realidad". (Continuará)

     

    Oración: ¡Oh Dios que creaste al hombre en una dignidad admirable y lo restauraste más admirablemente todavía, danos, te pedimos, que seamos partícipes de la divinidad del segundo Adán! Él tomó nuestra humanidad para hacer de ella el cuerpo místico de Cristo, con el cual ella también está sentada a la derecha del Padre, en igualdad con el Padre, el Hijo y el Espíritu, pues el verdadero Amor no puede aceptar que permanezca inferior a él aquél a quien ama.

     

  • 21-22/03/10 – El misterio de la Iglesia tiene muchos lados oscuros.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Retiro de Ghazir, conferencia del 8 de agosto de 1959 a las 8 y 30. 1ª parte.

    El misterio de la Iglesia (1).

    Una de las cosas más extraordinarias del Evangelio, que se reproducirá después.

    "Cuando uno lo piensa, una de las cosas más extraordinarias es encontrar en los Evangelios el relato de la negación de san Pedro. Que los evangelistas no hayan vacilado en contarnos la negación de san Pedro, en mostrarnos en esta posición extraordinaria al que es la piedra sobre la cual debe descansar la Iglesia, que no hayan hesitado tampoco en recordarnos las palabras tan duras de nuestro Señor para el mismo Pedro: "Apártate de mí, Satanás", es ciertamente algo que no puede dejar de asombrarnos.

    Si no hubieran estado animados por una fe extraordinaria y por un sentido infinito de la verdad, se las habrían arreglado para esconder esa historia, para disimularla, para pasarla en silencio. Pero no, ¡no lo hicieron! Nos mostraron esa posición del jefe de la Iglesia convertido en un momento en renegado. Como san Pablo en la epístola a los Gálatas tampoco hesitará en contarnos el conflicto que lo opone al mismo Pedro a propósito de las observancias que los judíos querían imponer a los gentiles, es decir a los paganos convertidos, observaciones a las cuales Pedro se había sustraído mientras estaba solo con paganos convertidos y que vuelve a observar cuando unos emisarios de Jerusalén vinieron a observar para urgir, es decir para imponer de nuevo el respeto de esas observancias, a pesar del decreto de Jerusalén que había exentado a los paganos convertidos.

    Nada puede aclararnos más sobre la fe y darnos más respeto hacia los Evangelistas que esa sinceridad absoluta. Sí, puede suceder que el mismo jefe de los Apóstoles haga el papel de Satán, con una actitud de renegado y sea en cierto modo un anticristo. Era bueno que esa situación fuera evocada por los Evangelistas, ya que se iba a reproducir a todo lo largo de la Historia.

    Deberíamos poder evocar aquí el diálogo entre Savonarola y Alejandro VI. Savonarola es un dominicano del siglo 14, o mejor, del s. 15. Es el predicador más intransigente de la austera severidad cristiana de Florencia. Él mismo practica un ascetismo radical y la fama de su ejemplo y de su virtud es tan grande que finalmente hay en Florencia un inmenso movimiento de conversiones. Queman en la plaza pública las chuchearías, todos los objetos que constituyen un lujo injurioso para los pobres y que son además un medio de provocación que pone en peligro la virtud. Florencia está en cierto modo en manos de Savonarola porque su virtud es ahí dominante.

    En Roma, el trono pontificio está ocupado por Alejandro VI, un Borgia de origen español, que tiene un hijo como cardenal y una hija. Había comprado el cargo además, corrompiendo a los electores prometiéndoles recompensarlos cuando fuera papa, y hecho papa, o habiendo al menos sido reconocido como tal – pues Savonarola nunca lo reconoció, ya que según él era simoniaco por haber comprado el cargo – reconocido como papa, y gran político además, y gran señor, sólo pensó en establecer a sus hijos, y comenzó por hacer a su hijo cardenal, y luego duque, y se las arregló para organizar a su hija mediante el más rico matrimonio. Todo eso a la vista de todo el mundo.

    Gran político además, papa a pesar de todo, debiendo gobernar la Iglesia y arbitrar en los diferendos entre las diferentes casas de príncipes, entre los diferentes estados, dando con un trazo de pluma la América a los españoles que acababan de conquistarla, y miraba con sospechas a Savonarola que parecía más o menos hereje, justamente a causa de su austeridad.

    Por otra parte, Savonarola no duda de su posición. Está perfectamente seguro de que Alejandro VI es un usurpador. Cuando los legados de Alejandro VI vienen a Florencia, sube sin vacilar al púlpito de la catedral y habla de los legados diciendo: "He aquí las vacas gordas sobre el monte de Sión". Evidentemente, tales palabras no pueden acreditarlo ante la corte romana. Termina en la hoguera y muere en las llamas, suprema ironía, con la bendición apostólica de Alejandro VI.

    Este cuadro podría repetirse en muchos ejemplares ya que, en el mismo siglo encontramos a Julio II que también tuvo una hija, y fue también un gran líder militar que lideraba las batallas en cota de malla como general, y que se enfrentó con sus hijos como adversarios. Sus enemigos, a los que va a aplastar en una victoria triunfal, deben al mismo tiempo pensar y creer que él es el vicario de Jesucristo. ¡Hay que confesar que la cosa es difícil!

    Pero justamente lo que dijimos de san Pedro nos previene contra todo escándalo. No pueden extrañarnos esas situaciones que se van a repetir a lo largo de la Historia y que serán tanto más inevitables cuanto que el papa será un gran soberano, un gran soberano temporal, rey de reyes y árbitro de los imperios. No puede tampoco extrañarnos leer de la pluma de los Evangelistas que Jesús tratara a Pedro de Satanás, y que éste lo haya abandonado en el momento decisivo, jurando inclusive no conocerlo.

    El misterio de la Iglesia tiene justamente todos esos lados oscuros, que dependen de la parte humana que hay en ella. Al menos digámoslo provisoriamente, puesto que como veremos es necesario corregir esa expresión. (Continuará)

     

    Nota (1). Uno sólo puede preguntarse por qué en la Iglesia se habla finalmente tan poco del misterio de la Iglesia. Se apreciará tanto más lo que dice Zundel y se comprenderá fácilmente su gran importancia y su urgencia actual.

     

  • 19-20/03/10 – Dios es una persona, en un grado supremo.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Se da catecismo como si se enseñara una lección de matemáticas; se propone la teología a futuros sacerdotes como materia de examen; se habla de los ángeles y de la Trinidad como si se tratara de geometría. ¡Y ni siquiera!, porque finalmente un verdadero geómetra enseña geometría con respeto porque sabe que finalmente, detrás de los números, o a través de los números existe una verdad y que la verdad es una Persona.

    Vimos justamente a Juan Rostand entrar en contacto con la biología en su laboratorio, con las células de sus ranas y sapos, con los genes que son los factores hereditarios, lo vimos a la escucha de la verdad en su laboratorio, justamente en una actitud de diálogo con una Persona.

    Pero, la religión ha sido siempre enseñada como algo que se aprende de memoria, como 2 y 2 son 4. Y así se ha hecho imposible el diálogo con Dios, porque Dios aparece siempre como algo por conocer y no como una Persona en cuya intimidad entramos.

    No se puede imaginar la catástrofe de ese modo de tratar las cosas divinas. He escuchado sobre la causalidad divina razonamientos como estos:

    Dios es la Causa primera – miren qué tipo de razonamiento terrible – Dios es la Causa Primera, es decir que Dios es el Autor de todo, absolutamente todo. Y por ser la Causa Primera no puede recibir nada de nadie, pues si pudiera recibir algo de alguien es que le faltaría algo, no sería completo, no sería la Causa Primera. Luego, el gozo de Dios viene sólo de Él mismo. Su gozo es perfecto. Es tan perfecto que nada puede turbarlo, pues si algo pudiera perturbarlo Él no sería la Causa Primera. Por tanto, la condenación de los que se condenan no le da absolutamente nada, pues si pudiera atentar contra su gozo, Él no sería la Causa Primera. Por consiguiente, el gozo de los elegidos no le da absolutamente nada, porque si el gozo de los elegidos le pudiera añadir un átomo a su felicidad Él no sería la Causa Primera. Por consiguiente, no sólo no recibe nada de nadie, no sólo el universo entero recibe todo de Él, sino que todo lo que Él hace lo hace para sí mismo, lo hace por su gloria, no por nosotros sino por su gloria, pues si lo hiciera finalmente por nosotros, seríamos nosotros la finalidad de Dios. Él no sería su propia finalidad, no sería la Causa Primera.

    Tales razonamientos se escuchan en los auditorios de teología en Roma, de parte de la gente más ilustrada.

    Dios es la Causa Primera, por consiguiente sabe a quién le va a dar la gracia eficaz a la que no se puede resistir y, por consiguiente, conoce a sus elegidos – no porque lo sepa leyendo en su conciencia el uso que harán de la gracia, sino porque ha decidido darles una gracia intrínseca e infaliblemente eficaz a la cual nadie resiste. Así todo viene de Él. ¡Absolutamente todo! No recibe de nadie su conocimiento: le basta con mirarse a sí mismo. Y finalmente no puede hacer nada más que mirarse a sí mismo, si no, no sería la Causa Primera.

    ¿Cómo quieren que una teología fundada sobre tales razonamientos, en que se habla de Dios como de un objeto, poniendo a nombre de la Causa Primera todo lo que se quiera, tomado de la mecánica del mundo, cómo quieren encontrar al Sagrado Corazón, encontrar la Eucaristía, encontrar la Encarnación, encontrar el misterio de la Cruz? ¡Imposible poner juntos estos Misterios de Amor y la Causalidad Primera en que Dios es una esfera completamente cerrada sobre sí mismo y no puede abrirse en dirección de nadie!

    Y finalmente, eso es lo que se cuenta en los catecismos, eso es lo que se dice en los sermones, y luego se pide a la gente que ame a Dios, que se preocupen por Dios, que den su vida por Dios cuando Dios no hace nada, pues Él es la Causa Primera y no puede recibir nada de nadie.

    Hemos olvidado justamente que Dios es una Persona en grado supremo, que Dios es en grado supremo una intimidad, que Dios es Amor en grado supremo, que Dios es Corazón en grado supremo y que para reconocerlo es necesario entrar con Él ante todo en el diálogo de amor que es el único que permite entrar en la intimidad de una persona.

    ¿Cómo? Uno sólo puede llegar a un ser humano en el arrodillamiento del respeto; sólo se puede llegar a un ser humano bajando lo ojos ante su alma, como lo hace Jesús delante de la mujer adúltera; sólo se puede persuadir a un niño tomándolo por su intimidad más profunda, haciendo un llamado a su corazón, ¿y podrían ustedes conocer a Dios por medio de un razonamiento externo que no los compromete, jugando con fórmulas y explicando simplemente el significado que pueden tener las palabras "Causa Primera"?

    Pero a priori están equivocados, a priori no tienen ninguna posibilidad de llegar a Él. Porque es claro que es únicamente en el arrodillamiento de la intimidad con Dios, enraizándose en su intimidad, escuchándolo como la música silenciosa como se entra en relación viva con Él.

    Un joven, que murió a los 19 años, que se llamaba Francisco, cuya biografía la escribió su padre, Augusto Valentín, el cual sabía que estaba perdido, como sucede con frecuencia en los casos de diabetes en los jóvenes, y el papá había hecho todo lo que podía. Lo había formado de verdad, lo había educado y le había dado, con toda la intensidad de su amor, un vivo sentido del Amor de Dios. Y en los papeles de Francisco, después de su muerte, encontraron un poema justamente en que dice: "¡Señor, tantos hay que os dan un rostro que no desearían tener ellos mismos!" os dan un rostro que no desearían tener ellos mismos…

    Eso era lo que yo pensaba en Roma al escuchar esos razonamientos. Y si Dios fuera así, yo no quisiera ser Dios. Si Dios es esa mecánica, esa Causa Primera, totalmente cerrada sobre sí misma, Él es peor, peor que el hombre más mediocre. Porque podemos encontrar en una mujer, en una prostituta como la que comparece ante Salomón para reclamar su hijo, podemos encontrar un momento enteramente gratuito, un impulso de generosidad absolutamente pura, únicamente hacia otro, como esa mujer que, creyendo que iban cortar a su hijo en dos, aceptó darlo a su enemiga, porque eras la única manera que tenía de salvarlo. Cuando vio que sólo había esa solución, prefirió separarse de ese hijo que era el orgullo de su vida de mujer y al que deseaba con todas sus fuerzas recuperar de la vecina que se lo había robado.

    Pues si una madre, incluso la más mediocre, es capaz de tal generosidad, ¿cómo quieren hacer de Dios una esfera cerrada por todas partes, enteramente cerrada sobre sí misma, que no puede recibir nada de nadie y que hace todo únicamente por su propia gloria?

    Yo sé que si uno es místico puede matizar esas palabras, hacerlas menos duras, yo lo sé. Pero también sé, por haberlos escuchado, que tales razonamientos son desesperantes y mortales porque justamente no se puede hacer el diagnóstico de una intimidad, no se puede hablar de la intimidad de un hombre, de la intimidad de un niño, no se puede tocar siquiera un alma en estado de pecado, sin comenzar por reconocer la infinitud de su intimidad.

    Conservemos entonces esta idea esencial: Dios es esencialmente una Persona. Él es como la fuente misma de toda personalidad y sólo podemos tratarlo como se trata una intimidad, de la que sabemos que jamás podremos agotarla, que jamás podremos expresarla y que, para conocerla, tenemos primero que identificarnos con ella ofreciéndole la transparencia del amor.

    Entonces evitaremos dar a Dios un rostro que nosotros no quisiéramos tener, porque es indigno del hombre y con mayor razón indigno de Dios, y cada vez que lean en la Escritura, o en el catecismo, o en otra parte, o que escuchen algo que les parece indigno del hombre, piensen: eso no puede ser Dios, porque Dios es justamente la fuente de todo lo mejor que hay en nosotros, y si un ser humano es capaz de amor, Dios lo es infinitamente más, ya que en Él no hay nada, nada que no sea el Amor.

    Como lo decía Él a santa Ángela de Foligno mostrándole su Corazón: "Mírame, mírame y dime: ¿hay en mí algo que no sea el Amor?" Y santa Ángela tenía que reconocer: "En efecto, Señor, en vos no hay nada que no sea el Amor". (Fin de la conferencia).

     

  • 21/02/10 - Un Dios desconocido.

     Alguien me hizo notar que había omitido el texto del 21 de febrero. Helo aquí. Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}


    La Trinidad, misterio de la pobreza de Dios. 3r parágrafo.

    Todo se esclarece a partir de la Trinidad. Dios no viene a nosotros sino como el Amor.

    "Un niño comprende, comprende, comprende que no se puede meter al bolsillo el amor, comprende que en la familia, que es una trinidad y que es el más hermoso ejemplo creado de la Trinidad, en la familia donde están el padre, la madre y el hijo, todo niño comprende que en la trinidad en que vive, en su hogar, en su casa, hay una exigencia fundamental sin la cual no hay felicidad, y es olvidarse a sí mismo.

    Pero es evidente que la felicidad de la familia, el gozo del hogar, la armonía de la casa, la unidad de esas tres personas, depende totalmente del hecho que cada una mira al otro y no a sí mismo. Cuando el marido se olvida al mirar a la esposa, y la mujer se olvida al mirar al marido, y los padres se olvidan al mirar al hijo, y el hijo se olvida al mirarlos, entonces sí, eso es unidad, eso es armonía, eso constituye una felicidad maravillosa porque nadie posee nada.

    Pero si uno de los tres quisiera apropiarse el amor, la felicidad, la unidad, diciendo: "Soy yo, yo, el centro y la fuente y el fin", destruiría todo, porque la felicidad no puede existir sino en estado de comunicación, como todos los bienes del espíritu, como todos los bienes del corazón, sólo pueden existir en estado de comunicación.

    Por eso si uno se admira a sí mismo admirando, ya no ve nada. Cuando se admira por haber comprendido, ya no comprende. Cuando uno se admira por orar bien, ya no está orando, pues justamente para que pase la Luz, para que se enraíce la Verdad, para que florezca el Amor, se necesita el espacio, el vacío sagrado de que habla Claudel, que es como la cuna del Dios Vivo. Es necesario retirarse delante de la Luz, ofrecerle la transparencia de una vida enteramente despojada.

    ¿Cómo quieren que el Bien Supremo que es el Bien Divino sea otra cosa que despojamiento, otra cosa que olvido de sí mismo, otra cosa que impulso hacia el otro, otra cosa que la Santísima Pobreza?

    ¿Cómo no exultar de gozo ante la confidencia incomparable en que Nuestro Señor nos introduce en la intimidad del Corazón de Dios? ¿Y porqué decir que eso es algo oscuro? ¡Es la cosa más luminosa!... Justamente, si es un misterio es porque nunca, nunca podremos agotarlo, nunca seremos bastante pobres como para comprender la Pobreza que va hasta la raíz del ser.

    Porque esa es la fuente de la vida en Dios: la Pobreza. ¡Dios no puede volverse hacia sí mismo! El Padre no puede jamás mirarse al mirar, porque el Padre es sólo mirada hacia el Hijo. Es todo entero impulso hacia el Hijo. ¡Es totalmente Su paternidad! No es nada más que la relación viva con el Otro, lo mismo que el Hijo no es sino Su filiación, y el Espíritu Santo no es sino la respiración del Padre y del Hijo.

    Jamás conoció la humanidad una hora semejante, jamás conoció la humanidad una revelación que fuera hasta este punto, jamás fue la humanidad tan colmada, tan liberada como cuando, a través de San Francisco, pudo por fin leer la esencia del Mensaje Evangélico. Todo se esclarece a partir de la Trinidad. Todo se explica, si se puede decir, en esa confidencia única que nos libera del Dios piramidal, del Dios dominador, del Dios aplastante, del Dios dueño, del Dios propietario, del Dios que deja caer a cuentagotas las migajas de su mesa y que nos castiga por el más pequeño paso hacia delante.

    Es un falso Dios, es un ídolo y en adelante, por fin, podemos respirar porque Dios sólo viene a nosotros como el Amor, el Amor que es sólo Amor y sólo puede amar, el Amor que nos toca sólo por su Amor, como una madre sólo puede tocar el corazón de su hijo con su amor, un amor tan grande, tan infinito, que sólo podemos alcanzar nosotros por el amor.

    Es un Dios desconocido, es un Dios al que no estamos acostumbrados, un Dios que los cristianos en general no conocen. Siguen siendo judíos. ¡Se quedaron con el Dios del Sinaí, al cual le añadieron, no sé cómo, un Hijo nacido de la Virgen! Olvidaron que en Dios la Filiación es eterna, eterna como la Paternidad, eterna como la respiración del Espíritu Santo, que Dios es Trinidad y no puede ser otra cosa porque Dios no puede ser jamás un Dios solitario, un Dios centrado en sí mismo. Tiene al Otro en Su Corazón. Hay el Otro en el corazón de su Corazón y para ejercer la plenitud del Amor sólo tiene que existir, porque para Él, existir es darse; para Él, existir es comunicarse; para Él, existir es despojarse. Perdió todo eternamente, y si no puede perder nada no es porque posee todo y defiende Su Propiedad a fuego y espada, sino porque todo lo perdió eternamente, como Alguien cuyo "Yo, es Otro".

    Oración. ¡Trinidad santa, misterio inagotable! ¡Ojalá entremos sin cesar en lo impenetrable, aunque sea sólo un poco, realizando lo que hace que nuestro Dios es el Dios Trino, el don incesante y perfecto de la totalidad de nosotros mismos! ¡Que lo incognoscible sea conocido para la liberación y la felicidad de todos los hombres!

     

  • 17-18/03/10. Al comienzo de toda iniciación religiosa.

    Conferencia de retiro predicado por Zundel en Ghazir a las hermanas franciscanas de Lons-le-Saunier el 5 de agosto de 1959.En lo más intimo de cada persona, y en el diálogo de la persona con la persona es donde comienza toda iniciación religiosa. Y es Dios ante todo que es necesario tratar como persona. "El Padre Damián, que tenía una parroquia de leprosos. Naturalmente no podía tomar ninguna precaución hacia de ellos, ya que toda hesitación para recibirlos en su casa y acogerlos como a hijos habría sido una especie de ultraje a su dignidad humana.Sabía perfectamente bien que iba a contraer la lepra en contacto con ellos, pero justamente por el don de sí mismo iba a revelarles el tesoro confiado a sus conciencias y a sus corazones. Y un detallito nos hace sentir la delicadeza de su amor: como buen flamenco, él fumaba pipa y dejando la pipa sobre la mesa, volteaba la espalda para preparar una taza de café en el fondo de su pieza, y uno de sus amigos leprosos, fuera de su vista, chupaba una bocanada en su pipa. Naturalmente, él fingía no haberse dado cuenta, porque la menor observación habría sido catastrófica.Es evidente que, si había dejado su patria, y abandonado todo lo que amaba para entregarse a esa población de las Islas Hawai, no era para salvar su pellejo. Y eso se lo habrían dicho los leprosos: "Padre, si tenía miedo, si quería salvar su pellejo, no tenía que venir donde nosotros. Era mejor que se quedara con los suyos. Y justamente porque no quiso protegerse, porque se hizo leproso de los pies a la cabeza, por eso pudo, más que por todas sus palabras, convencerlos de que, en efecto, había en ellos un tesoro infinito.No los confundió con la piel, más allá de la piel, lamentable y devastada por la enfermedad, vio justamente la dignidad infinita del Reino de Dios que está dentro de nosotros.Y así, mucho más que por conferencias y razonamientos, fue como los leprosos de Hawai aprendieron qué era la dignidad humana y la grandeza de la persona. Justamente, en todo ser humano existe al menos como posibilidad ese mundo infinito ante el cual se arrodilla Jesús en el lavatorio de los pies. Y ese mundo infinito de la Persona, ese secreto que lleva dentro toda conciencia humana y que el Padre Damián quiso justamente poner en valor entre los leprosos, ese secreto de la persona humana es infinitamente delicado. Para acercarse a él se necesita nada menos que el arrodillamiento del Hijo de Dios.Pero es imposible llegar a un ser humano, llegar a él de verdad, en su real profundidad, sin respetar esa intimidad que tiene.Un oficial de la marina inglesa en Alejandría, durante la guerra, me contaba que había confiado a uno de sus marinos una misión extremamente peligrosa: creo que se trataba de desactivar una mina que podía hacer volar un barco y naturalmente desactivar la mina era para el soldado poner su vida en extremo peligro. Al final, cuando hubo realizado brillantemente su misión, de regreso le dio las gracias al oficial por haberle confiado esa misión mortalmente peligrosa, justamente porque veía un homenaje rendido a su persona en la confianza que le habían hecho. A través de todos los peligros, su oficial sabía que su valor sería más fuerte que el miedo y el haber mostrado absoluta confianza en su valor, era su honra más grande.Hasta los culpables exigen que se reconozca en ellos el valor de la personalidad. Ellos mismos no la respetan sin duda, la traicionan, pero si queremos llegar a ellos y llevarlos al bien, primero hay que tratarlos como personas, recordarles justamente su dignidad mediante el respeto de su intimidad que puede siempre ser restituido a su dimensión divina.Mauriac, en "Lo que estaba perdido", nos lo hace sentir admirablemente contándonos una historia lamentable que termina bien, la historia de un joven que no creía en nada, es decir de un joven rico que no se privaba de nada, que aprovechaba toda ocasión de placer, que tenía una joven esposa cancerosa y lo sabía y sabía que era sin remedio, que el cáncer acabaría por llevársela en un plazo más o menos largo.Además, ella tampoco creía en nada, sabía que su marido le era infiel regularmente, y no esperaba nada de él, ni de la vida, ni de la muerte.Por otra parte, el joven era bien educado y por consiguiente, aunque era infiel a su mujer sin ninguna vergüenza, la protegía inventando siempre una explicación plausible a sus ausencias, a sus salidas imprevistas, a sus fines de semana pasados lejos de ella. Naturalmente, ella entraba en el cuento, fingía creerle lo que le contaba, pero sabía perfectamente bien que él la traicionaba todos los días y que en el fondo no la amaba, que ella era más bien un freno a su libertad, y que con su presencia lo forzaba a vivir continuamente en la mentira.Entonces pensaba: "¿Para qué, para qué sirve? No creo en nada, no espero nada, no soy útil a nadie, soy un obstáculo para los placeres y salidas de mi marido: mejor desaparecer". Y tomó la decisión de suicidarse.Pero, por suprema lealtad, quiere hacer una ensayo final con su marido. Le pide que le dedique el próximo fin de semana. Entonces, con toda la gravedad de que es capaz, le pide que se quede con ella el domingo siguiente.Él comienza por rehusar porque ya había preparado una salida que le interesaba particularmente. Y pretexta tener negocios muy importantes que arreglar. Ella insiste. Entonces, por primera vez, él percibe en su voz algo alarmante, y cede: "Bueno, de acuerdo, me quedo, me quedo este sábado".Y a disgusto, se queda. Se instala a la cabecera de su mujer, y comienza ha leer para ella. Como lee muy bien, se encanta con su propia voz. Pero al cabo de una hora, la enferma está muy cansada, y se adormece y se pone a dormir.Entonces él se dice: "¡Maravilloso! Se durmió y ya no me necesita". Y sale de la pieza sin hacer ruido, y se va a sus placeres. Baja con cuidado las escalas, abre la puerta y al cerrarla, el ruido despierta a la mujer, la cual comprende que él no pudo mantener su promesa. Entonces, ella no significa nada para él. Toma somníferos en cantidad industrial, y muere.El marido, no saben dónde encontrarlo. Imposible darle la noticia. Se la dan a su madre. Ella lo conoce muy bien y comprende inmediatamente el origen del drama. Está perfectamente segura de que la mujer se suicidó porque su marido le era infiel y no solo eso, sino que era incapaz de darle más de una hora para acompañarla.La madre se instala pues a la cabecera de su nuera y espera el regreso de su hijo. Cuando llega, sin decir nada, pálida, rígida como un juez, lo lleva junto al cadáver de su esposa para confrontarlo con su crimen. Pero él, reacciona con su egoísmo, y se persuade de que ella se equivocó, eso es todo. Ella se equivocó en la dosis, ella no quería poner fin a su vida. Fue un error, y él no tiene ninguna responsabilidad.La madre comprende que se equivocó, no era el buen modo para darle el sentido del mal que había hecho y hacerlo volver a sí mismo.Por eso, al regreso del entierro, en vez de acogerlo friamente como a un pecador endurecido, lo atrae tiernamente contra su corazón, le toma la cabeza entre sus manos y le dice: "¡Pobre hijito!"Entonces él estalla en llanto: "¡Mamá, mamá! Dice. ¡Si crees que la vida que llevo es agradable! ¿Crees que es agradable vivir en el fango?" Puede en ese momento confesar todo, justamente porque no lo tratan como un juez a un culpable, ya no lo ponen contra el muro, no lo forzan en su amor propio, su corazón responde y él reconoce que vive en el fango y como la mamá lo percibe inmediatamente pues él llama las cosas por su nombre – sabe que el fango es fango – no está lejos de salvarse.Pero era necesario justamente llegar hasta allá, había que respetarle la dignidad humana para que primero la reconozca y decida luego de cuidarla. Ese mundo misterioso de la Persona constituye justamente en el hombre el centro del encuentro con Dios. El hombre puede vivir exteriormente como un animal, arrastrado por sus instintos no dominados, pero desde luego no es allá donde encuentra la verdad, no es allá donde percibe la música silenciosa, no es allá donde va a reconocer en sí mismo el amor infinito que lo está esperando.Para estar a la altura del Evangelio, para escuchar la Buena Nueva, para reconocer el Rostro de Cristo, es necesario primero que el hombre sea llevado a sí mismo, a su corazón, a su mente, a su grandeza y a su dignidad. En la intimidad justamente donde sólo se puede llegar con el respeto que el Padre Damián demuestra a sus leprosos, que el oficial demuestra a su marino al que confía una misión peligrosa, y que la madre redescubre en su hijo, en el respeto infinito de esa intimidad comienza toda iniciación religiosa.Pero si esto es verdad, si en el diálogo de la persona con la persona es donde comienza toda iniciación religiosa, naturalmente a Dios es al que hay que tratar como Persona. Y lo que es absolutamente trágico precisamente en la educación que llamamos cristiana, en la pedagogía catequística, en la enseñanza de la teología y en la predicación, es que se trata a Dios no como Persona sino como objeto. Se habla de Dios como se habla de dos y dos son cuatro". (Continuará) 

     

  • 16/03/10 – El dogma es Alguien.

    Fin de la conferencia de retiro predicado en Ghazir el 6 de agosto de 1959. "Y es notable que la gloria rendida por Jesucristo sube al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, asì como el sacrificio de la Cruz es incontestablemente ofrecido por Jesucristo nuestro Señor al Padre, al Hijo y al Espíritu, a la divinidad entera.Eso esclarece las profundidades del misterio en que sólo podemos entrar en el arrodillamiento de la Pobreza.Pero no es difícil comprender precisamente, porque tenemos diariamente la experiencia del velo que tejemos entre Dios y nosotros, no nos es difícil entender que mientras había hombres como nosotros que hablaban de Dios, no podían no imponerle sus propios límites. Eso era inevitable. No podían imaginar un amor infinitamente despojado como el de la Santísima Trinidad porque ellos estaban aferrados a sí mismos.Si nuestro Señor pudo introducirnos en esos abismos de Amor, fue porque en su humanidad él estaba enteramente despegado, despegado de toda pertenencia a sí mismo.Esa Pobreza transparente es la que hace de su humanidad un puro sacramento que nos introduce en la suprema Revelación, la cual, además, no está contenida en palabras. No son las meras palabras de Nuestro Señor las que habrían podido cambiar algo en el estado del mundo, sino la Presencia de Jesús, su humanidad sacramento, inseparable y personalmente unida a la divinidad: justamente porque en ella la humanidad es portadora de la luz eterna en la transparencia del pleno medio día, por eso puede comunicarnos una luz infinita sobre Dios, porque es Dios mismo.El cristiano no cree en palabras. El cristiano adhiere a Alguien. La verdad del cristianismo no es lo que leemos escrito en el Evangelio, el cual es también un sacramento Evangelio, como es sacramento la Biblia y más que la Biblia – adherimos a Alguien: el dogma es Alguien. Siempre estamos en frente de la Presencia y de la Persona de nuestro Señor.¿Y cómo llegar a la verdad que es Jesús, cómo llegar a ella sino haciéndonos pobres? Justamente, entrando en el despojamiento adquiriremos poco a poco la transparencia indispensable para vivir el misterio de Jesús.Pero lo que habremos descubierto entonces es tan hermoso, tan puro y tan delicado y liberador que no vamos a repetir más las fórmulas aprendidas: "¡Jesús dijo que era Dios y lo demostró!"Llevaremos a los niños justamente a esa Presencia en ellos, los llevaremos al pozo de Jacob, les haremos desear el agua viva de la vida eterna y cuando hayan comprendido que ahí está Dios esperándolos, comprenderán mejor quién es el que está sentado al borde del pozo y que es el único que puede purificarnos de nosotros mismos con suficiente profundidad para que ofrezcamos a Dios la transparencia perfecta o al menos más o menos imperfecta que es indispensable para conocerlo y amarlo.Pidamos pues de nuevo ahora a San Francisco que nos ayude a vivir el misterio de Jesús que es un misterio, que es el misterio de la Pobreza por excelencia y nos apegaremos con tanto más ardor a la humanidad de nuestro Señor porque hay en ella una criatura, una criatura transparente, infinitamente despojada, que va a ser aplastada en cierto modo por la misión que le incumbe y que nos permite amar a Nuestro Señor no solamente como a nuestro Dios sino, como dice san Pablo, como a nuestro hermano mayor.Jesús es tan cercano a nosotros justamente porque es a la vez uno de nosotros y al mismo tiempo UNO de la Trinidad, como decían los Concilios, y que en Él se realiza la unión, el paso, no que Dios haya jamás estado ausente, que jamás tuvo necesidad de venir hasta nosotros, sino que nosotros no podíamos despegar de nosotros mismos y necesitábamos ese fermento de Pobreza que es la humanidad santa de nuestro Señor la que nos arranca poco a poco de nosotros mismos, nos atrae, nos imanta y nos hace comulgar a la vida eterna en ella misma.Vamos pues a pedirle esa agua de la vida eterna, mirándolo con todo nuestro amor y todo nuestro gozo de encontrarlo de nuevo como nuestro Señor y nuestro hermano mayor. Fin. 

     

  • 15/03/10 - Las preguntas de santo Tomás sobre la encarnación.

    6ª parte de la conferencia de retiro dado en Ghazir a las franciscanas de Lons-le-Saunier el 6 de agosto de 1959. Y santo Tomás se plantea otras preguntas. Se las cito simplemente porque eso ayuda a la imaginación, eso le ayuda justamente a liberarse de ciertos límites. Se  pregunta: "¿Habría podido el Padre encarnarse lo mismo que el Hijo?", y responde: Sí. "¿Y habría podido el Espíritu Santo encarnarse lo mismo que el Hijo?" y responde: Sí. ¿Habría podido encarnarse la Trinidad entera?" y responde: Sí.Pues justamente la Encarnación no pone ningún cambio en Dios, como dice admirablemente santo Tomás, y el Credo de san Atanasio antes de él. Se trata de una asunción, de una apertura de la humanidad al sol que es el misterio adorable de la Santísima Trinidad, y estando unida a la Persona del Hijo, por eso mismo, la humanidad de nuestro Señor está unida a la Persona del Padre y del Espíritu Santo, ya que la divinidad es UNA en el surgimiento de tres Personas.Santo Tomás se plantea otra pregunta que no es menos luminosa: "¿Habría podido ser Cristo otra persona que Jesús? ¿Habría podido haber dos o tres Cristos, o finalmente, todos los hombres habrían podido ser Cristo?" y responde: Sí. En sí no es imposible que cada uno de nosotros fuera despojado del yo propietario y se uniera inmediatamente al Verbo de Dios o, lo que es equivalente, a la Santísima Trinidad.Pero en ese caso, como dice santo Tomás, todos esos Cristos no habrían tenido nada que comunicar. El sentido de la Encarnación es la constitución del segundo Adán, el segundo Adán, que va a asumir, a tomar sobe sí, a encargarse de todos los demás, desde el comienzo del mundo y, en la única luz, en la luz divina, en la luz infinita que se va a comunicar a todos.Justamente, la vocación de Cristo, es realizar la unidad del género humano comunicándose a todos, ya que si la humanidad que brota en el seno de María está unida personalmente al Verbo de Dios, no es para ella sola, es para todos y cada uno, de manera que finalmente, toda la humanidad, como dice San Pablo, sea una sola persona en Jesús.Nada es más emocionante que contemplar la humanidad de Nuestro Señor. Porque finalmente hubo un momento, pues la Encarnación es un momento, quiero decir, la eclosión de la humanidad de nuestro Señor en el seno de María, hubo un momento en que un alma, un alma totalmente nueva, precisamente la que María lleva en su seno virginal, esa alma toda nueva fue confrontada con la misión única que la hace subsistir en el Verbo de Dios como la humanidad sacramento y, por consiguiente, es confrontada con el deber inaudito de inscribir en una vida de hombre todo el misterio de la divinidad, tomando a cargo por el mismo hecho toda la humanidad y todo el universo. ¡Qué carga aplastante! Cuando vemos esa humanidad, cuando haya nacido, cuando la vemos al final de su carrera en el huerto de la agonía, tenemos la intuición de lo que pudo ser la misión de la santa humanidad de nuestro Señor, confrontada con la divinidad que es su único y solo yo, que no absorbe sino que la absorbe y la encarga de expresar justamente, en plena luz, en plena transparencia, es decir en plena pobreza, y en dimisión suprema, todo el Misterio de la Pobreza divina.Todo eso es infinitamente profundo y lo sentimos aún más si recordamos que las antiguas fórmulas litúrgicas, como en la tradición apostólica de san Hipólito a comienzos del siglo tercero, las fórmulas litúrgicas, las oraciones litúrgicas, terminan con frecuencia con las palabras: "Por Jesús, tu hijo, a ti sea la gloria, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo". 

     

  • 13-14/03/10 – La pobreza de la humanidad de Jesucristo es la que deja transparentar la divinidad.

    5ª parte de la conferencia del 6 de agosto de 1959, la las franciscanas de Ghazir.Nuestro Señor es el sacramento de los sacramentos. Su Humanidad es el sacramento de los sacramentos, el primer sacramento. Él es el signo por excelencia que nos es dado para comenzar a conocer quién es Dios, en el infinito misterio de la prueba de su paso al Padre. Al mismo tiempo, Él es el sacramento de la infinita pobreza de Dios."El P. Schwalm fue el primero, creo yo, en forjar la expresión en su "Comentario de la 3ª parte de la Suma Teológica" donde Sto. Tomás trata de la Encarnación. Cristo según santo Tomás de Aquino, París, Lethielleux, 1910, 7ª edición, p.124: "Nuestro Señor es pues el Sacramento por excelencia, del cual todos los demás son sólo representaciones y del cual derivan, y la Eucaristía tiene como objetivo conservarnos en la Iglesia militante su realidad sustancial, el Sacramento de los Sacramentos que es su Jefe": "La Humanidad de Nuestro Señor es el Sacramento de los sacramentos, es el Primer Sacramento".Y creo en efecto que es el término más puro, el mejor, y lo encontramos resplandeciente además a través de toda la vida cristiana. Es una Humanidad Hostia, una Humanidad Sacramento, una Humanidad que, en todo lo que es, en todo lo que hace, en todo lo que dice, da siempre testimonio de la divinidad en que subsiste, y nunca en sí misma. Por eso ninguna humanidad puede ser más pobre que la de Nuestro Señor.En Él no es la Humanidad la que posee la divinidad, y la encierra en sí misma. La Humanidad de Nuestro Señor es superada por la divinidad, como toda criatura. Y santo Tomás afirma – y eso es precioso – que la inteligencia humana de Nuestro Señor no puede penetrar a fondo, a fondo, a fondo todos los misterios de la divinidad, a la cual está unida en la Unidad de una sola Persona.Entonces la Humanidad de Nuestro Señor no absorbe la divinidad: es la divinidad la que absorbe la humanidad, y hace de ella el Sacramento inseparable de una revelación única, definitiva, insuperable, porque ¡jamás, jamás podremos ser más pobres ni tan pobres como la Humanidad de Jesús! Como su humanidad no puede limitar nada, es toda impulso, toda don, toda transparencia, y entonces la divinidad, que está en nosotros pero que nosotros limitamos, y bloqueamos en nuestras tinieblas, la divinidad transparenta a través de la Humanidad de Nuestro Señor, como el sol en pleno medio día.¡Si no somos discípulos de Buda, que es un gran contemplativo, o de Mahoma que es quizá un auténtico profeta para la gente a quienes fue enviado, si no somos discípulos de los grandes filósofos de Grecia, no es porque despreciemos la Sabiduría de unos u otros!Podemos venerar a Buda, encontrar en el Corán cosas admirables, pero esa no es la cuestión. Si somos discípulos, o al menos deseamos tratar de ser discípulos de Jesucristo, es porque jamás la divinidad pudo transparentar con tal plenitud, porque jamás hubo una Humanidad tan pobre, tan despojada, tan incapaz de poseer nada, y por tanto de limitar nada.Porque la revelación no se hace con palabras. No son las palabras las que convierten. Podemos construir los sistemas más maravillosos, eso no sirve para nada. La conversión es siempre una luz que pasa por una vida, que pasa por una persona que en un momento dado se eclipsa en Dios y deja transparentar Su Presencia.Y los Profetas no nos llevaron a Dios, no condujeron a Israel a Dios porque decían cosas sublimes, sino porque, en un momento dado, la luz de Dios pasaba a través de sus vidas. Pero tan grandes como fueran, ellos no eran tan despojados de sí mismos como para ofrecer a Dios la transparencia absoluta, única que podía revelarnos la pobreza de Dios. Eso es: el Misterio divino, que es un misterio de despojamiento, un misterio de pobreza, sólo podía revelarse a través de la pobreza infinita de Nuestro Señor". (Continuará) Oración: ¡Santa humanidad de Jesucristo, Sacramento de la pobreza transparente de Dios, Criatura noble entre todas! ¡Jamás en nuestra tierra había aparecido una humanidad tan pobre, tan despojada, incapaz de poseer nada y entonces de limitar nada! ¡Así es como a través tuyo transparenta la divinidad como un sol en pleno medio día!¡Enséñanos la divina transparencia, a nosotros que no podemos conocerlo y dejarlo transparentar sino a través de esa Santa Humanidad!¡Te lo pedimos, Padre, por el mismo Jesucristo, salvador de la verdadera imagen de Dios en nuestros corazones! ... El sacramento de la Eucaristía es el sacramento de la humanidad de Jesucristo, más precisamente, el sacramento de la ofrenda perfecta hecha al Padre por el Hijo de Dios hecho hombre. "Contiene" el cuerpo, la humanidad, de Jesucristo inseparablemente unida al Verbo, Hijo de Dios, y que es Dios él mismo.Ver a Jesús, incluso para los apóstoles, no significa ver a Dios. Sólo vieron la humanidad de Jesucristo que no es Dios sino la más noble de todas las criaturas. Sólo la fe pudo hacerles reconocer la divinidad en Jesús, la fe, portadora de felicidad, que justamente pide a Tomás Jesús resucitado."A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único, que está en el seno del Padre, nos lo hizo conocer". 

     

  • 11-12/03/10 - De la Humanidad de Jesucristo.

    4ª parte de la conferencia de M. Zundel en Ghazir el 6 de agosto de 1959.Desde su concepción, la humanidad de Jesús es revestida de la personalidad divina, es radicalmente despojada de todo yo humano para tener sólo la atracción del yo divino… Es una humanidad-sacramento.Sto. Tomás nos lo explica con extrema precisión. Y hay que agradecer aquí a sto. Tomás por habernos dado justamente, en una fórmula de extrema concisión, una manera admirable de derrumbar inmediatamente las falsas imágenes que cerraban el camino e impedían el acceso a ese misterio.Al comienzo del Tratado de la Encarnación (S.Th.III a, 1,1, ad 1um.), como siempre, Santo Tomás plantea una objeción. Todos los artículos de la Suma Teológica y de la Suma contra los gentiles y de casi todas sus obras comienzan por una objeción.Una objeción formulada aquí en estos términos: la Encarnación se sitúa en el tiempo, es decir que Dios no está siempre encarnado. La Encarnación tiene fecha. Tiene comienzo y la celebramos justamente el 25 de diciembre, simbólicamente, ya que no conocemos la fecha del nacimiento de Cristo, pero el 25 de diciembre celebramos esa novedad absolutamente increíble de la Encarnación.Ahora bien, dice santo Tomás, en Dios no puede haber nada nuevo. En Dios todo es eterno. En Dios no puede haber novedad, y entonces la Encarnación es imposible pues constituiría algo nuevo en Dios. Y responde: "La Encarnación no constituye ninguna novedad en Dios, pues no introduce ningún cambio en Él"."Ningún cambio en Él". La Encarnación, dice textualmente santo Tomás, significa que Dios se unió de manera nueva a la criatura, o mejor, dice corrigiéndose, que une consigo la criatura de manera nueva. (Quod (Deus) novo modo creaturae se univit, vel potius eam sibi).Entonces, todo el cambio está del lado de la humanidad que brota en el seno de la bienaventurada Virgen María, toda la novedad está del lado de la humanidad que es asumida, unida personalmente a la divinidad.Es lo que dice también, y de manera extremamente rica, el símbolo llamado de San Atanasio, que recitamos el domingo, que se recitaba antes el domingo en Prima (1), que se recita ahora en la fiesta de la Santísima Trinidad: "La fe verdadera consiste en que creamos y confesemos que Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre. Es Dios, engendrado de la misma substancia que el Padre, antes del tiempo, y hombre, engendrado de la substancia de su Madre Santísima en el tiempo. Perfecto Dios y perfecto hombre: que subsiste con alma racional y carne humana. Es igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. El cual, aunque es Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo. Uno, - escuchen bien esta frase que es admirable – Uno, no por conversión de la divinidad en cuerpo, sino por asunción de la humanidad en Dios".¡Es admirable! UNO, no por conversión de la divinidad en cuerpo, sino por asunción de la humanidad en Dios…" UNO, no por confusión de naturalezas, sino por la unidad de la Persona". No se puede decir más claramente que en la encarnación todo el cambio está por el lado de la humanidad. La divinidad es eternamente lo que es, está presente siempre. Es la humanidad la que estaba ausenteSe encaminaba sin duda hacia la luz a través de los sabios, de los héroes, a través de los profetas, se encaminaba hacia la luz pero jamás una humanidad se había abierto a fondo hasta comunicar personalmente la Presencia de Dios.¿Y en qué consiste el cambio en la santa humanidad de nuestro Señor? ¿Qué sucede en esa humanidad que comienza a existir en el seno de María, en esa humanidad que es criatura, criatura en el seno de María? ¿Qué sucede en esa humanidad? Precisamente esto: que ella está inmediatamente revestida de la personalidad divina (2), que es radicalmente despojada de todo yo humano, del yo animal, del yo propietario, del yo en que recaemos sin cesar, del yo que en nosotros se opone a la Luz, del yo que hace de Dios una caricatura y un ídolo, del yo que descrea el universo desfigurando a Dios. Ese yo no existe en Jesús. Su humanidad no puede apegarse a sí misma, está completamente, completamente purificada, radicalmente liberada del yo-peso, del yo animal, para estar imantada solamente por la atracción del yo divino, del yo en que "Yo es Otro", del yo del Verbo que no es sino una relación viva con el Padre.Y entonces, a diferencia de la nuestra que gravita en un yo animal, opaco, limitado, propietario, en Jesús la humanidad gravita alrededor de ese sol, subsiste en él, es su único yo, todo parte de ese yo y todo vuelve a él, de suerte que esa humanidad no puede ni siquiera decir "Yo".Hay sin duda en esa humanidad, como acabamos de decirlo en el símbolo de san Atanasio, hay en ella, esa humanidad es un alma racional, es cuerpo humano, es inteligencia humana, es una voluntad humana, es un corazón humano, es una sensibilidad humana, es una criatura humana perfecta, pero justamente su eje de gravitación no está en ella, su eje de gravitación no puede ser un repliegue sobre sí misma, ella es incapaz de decir "Yo" y de expresarse, porque es una humanidad-Sacramento, una humanidad transparente, una humanidad diáfana, una humanidad infinitamente despojada, una humanidad tan pobre de sí misma que no puede sino expresar al Otro y, en ella, justamente, como en la Trinidad, en ella, Yo es Otro, al máximo, Yo es Otro.Y esa es justamente la maravilla del misterio de Jesús: que en ella encontramos – como era de esperar, pues de él recibimos este mundo nuevo – en el misterio de Jesús volvemos a encontrar, al máximo, la santísima Pobreza.Yo me siento herido cuando me dicen: "Jesús afirmó que era Dios y lo demostró", como una especie de pregón de feria que sube a la tribuna y dice: "¡Atención! ¡Aquí estoy!" Eso es tan poquito… La humanidad de nuestro Señor es una humanidad en estado de dimisión, una humanidad que no tiene nada, que no puede tener nada, que es absolutamente incapaz de poseerse a sí misma, que no puede ni siquiera decir "yo".Por eso resuena en san Marcos el grito que los demás evangelistas no retuvieron, pero que es admirable: al joven que viene a preguntarle el secreto de la vida eterna diciendo: "Maestro Bueno…" – "¿Porqué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno". Justamente porque ese joven no veía en él, no veía que la humanidad era el Sacramento, el Sacramento que revela, que comunica y que es consumado por la divinidad". (Continuará) Oración: ¡Santa humanidad de Jesucristo, reveladora perfecta, perfecto sacramento de Dios! ¡Humanidad diáfana, perfectamente transparente de Dios, humanidad infinitamente despojada de sí misma, Tú sólo puedes expresar al Otro divino! ¡Tú no tienes otro yo que el yo del Padre, del Hijo y del Espíritu!¡Enséñanos a dejar expresarse, en y por nosotros también, ese mismo y único Yo de Dios! Enséñanos una nueva calidad de vida en un don de nosotros cada vez más total y perfecto.Lo pedimos al Padre en el Espíritu Santo, en ti y por ti, Jesucristo. (1) Prima: oración de la mañana en el breviario romano (N. del T.)(2) Nota de P. Debains. Nos podemos preguntar porqué todas nuestras humanidades no están también desde el origen revestidas de la personalidad divina (¡cuánto mejor habría sido!), mientras que en la Trinidad divina, desde toda eternidad, mucho antes de la inserción de la encarnación redentora en la historia de la humanidad, la felicidad es perfecta, y aparentemente sin dificultad.Llegamos entonces a pensar, para colmar nuestra mente, que para Dios mismo, la plenitud de la felicidad eterna no le fue dada así no más. ¡Es impensable, es imposible! ¡Misterio inmenso!Lo cierto es que cuando Dios se encarna, cuando muere y resucita para subir al cielo y, en esa humanidad y permaneciendo como criatura, se sienta a la derecha del Padre, en perfecta igualdad con Él, y eso después de una prueba infinitamente dolorosa, mientras que como lo deja entender santo Tomás, ¡una sola gota de su sangre habría sido suficiente para salvar numerosas humanidades! ¡Inmenso misterio!Lo cierto es también que Jesucristo, en el modo infinitamente doloroso de pasar al Padre, nos hizo conocer quién es Dios… El Dios que nadie ha visto jamás, pero que el Hijo único, que está en el seno del Padre nos da a conocer (Juan 1,18)Dios, nuestro Dios, Padre, Hijo y Espíritu, revelado en la prueba del paso de Jesucristo al Padre, ¿sería entonces, de manera infinitamente misteriosa, eternamente "sometido a prueba", al mismo tiempo que infinitamente vencedor de la prueba? ¿Y su eterna y perfecta felicidad sería entonces el fruto de esa victoria eterna? ¿Dios no sería ya Dios así no más, sin haber hecho nada para fundar su felicidad perfecta? y la niñita que esperaba su turno de ser Dios quedaría plenamente satisfecha.¿Un Dios eternamente probado al mismo tiempo que perfecto vencedor de la prueba y que llega en y por su victoria a la felicidad perfecta? Es un pensamiento muy atrevido que no encontramos en la doctrina tradicional de la Iglesia, y poco conforme con la doctrina de Deo Uno. 

     

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