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13-14/03/10 – La pobreza de la humanidad de Jesucristo es la que deja transparentar la divinidad.

5ª parte de la conferencia del 6 de agosto de 1959, la las franciscanas de Ghazir.Nuestro Señor es el sacramento de los sacramentos. Su Humanidad es el sacramento de los sacramentos, el primer sacramento. Él es el signo por excelencia que nos es dado para comenzar a conocer quién es Dios, en el infinito misterio de la prueba de su paso al Padre. Al mismo tiempo, Él es el sacramento de la infinita pobreza de Dios."El P. Schwalm fue el primero, creo yo, en forjar la expresión en su "Comentario de la 3ª parte de la Suma Teológica" donde Sto. Tomás trata de la Encarnación. Cristo según santo Tomás de Aquino, París, Lethielleux, 1910, 7ª edición, p.124: "Nuestro Señor es pues el Sacramento por excelencia, del cual todos los demás son sólo representaciones y del cual derivan, y la Eucaristía tiene como objetivo conservarnos en la Iglesia militante su realidad sustancial, el Sacramento de los Sacramentos que es su Jefe": "La Humanidad de Nuestro Señor es el Sacramento de los sacramentos, es el Primer Sacramento".Y creo en efecto que es el término más puro, el mejor, y lo encontramos resplandeciente además a través de toda la vida cristiana. Es una Humanidad Hostia, una Humanidad Sacramento, una Humanidad que, en todo lo que es, en todo lo que hace, en todo lo que dice, da siempre testimonio de la divinidad en que subsiste, y nunca en sí misma. Por eso ninguna humanidad puede ser más pobre que la de Nuestro Señor.En Él no es la Humanidad la que posee la divinidad, y la encierra en sí misma. La Humanidad de Nuestro Señor es superada por la divinidad, como toda criatura. Y santo Tomás afirma – y eso es precioso – que la inteligencia humana de Nuestro Señor no puede penetrar a fondo, a fondo, a fondo todos los misterios de la divinidad, a la cual está unida en la Unidad de una sola Persona.Entonces la Humanidad de Nuestro Señor no absorbe la divinidad: es la divinidad la que absorbe la humanidad, y hace de ella el Sacramento inseparable de una revelación única, definitiva, insuperable, porque ¡jamás, jamás podremos ser más pobres ni tan pobres como la Humanidad de Jesús! Como su humanidad no puede limitar nada, es toda impulso, toda don, toda transparencia, y entonces la divinidad, que está en nosotros pero que nosotros limitamos, y bloqueamos en nuestras tinieblas, la divinidad transparenta a través de la Humanidad de Nuestro Señor, como el sol en pleno medio día.¡Si no somos discípulos de Buda, que es un gran contemplativo, o de Mahoma que es quizá un auténtico profeta para la gente a quienes fue enviado, si no somos discípulos de los grandes filósofos de Grecia, no es porque despreciemos la Sabiduría de unos u otros!Podemos venerar a Buda, encontrar en el Corán cosas admirables, pero esa no es la cuestión. Si somos discípulos, o al menos deseamos tratar de ser discípulos de Jesucristo, es porque jamás la divinidad pudo transparentar con tal plenitud, porque jamás hubo una Humanidad tan pobre, tan despojada, tan incapaz de poseer nada, y por tanto de limitar nada.Porque la revelación no se hace con palabras. No son las palabras las que convierten. Podemos construir los sistemas más maravillosos, eso no sirve para nada. La conversión es siempre una luz que pasa por una vida, que pasa por una persona que en un momento dado se eclipsa en Dios y deja transparentar Su Presencia.Y los Profetas no nos llevaron a Dios, no condujeron a Israel a Dios porque decían cosas sublimes, sino porque, en un momento dado, la luz de Dios pasaba a través de sus vidas. Pero tan grandes como fueran, ellos no eran tan despojados de sí mismos como para ofrecer a Dios la transparencia absoluta, única que podía revelarnos la pobreza de Dios. Eso es: el Misterio divino, que es un misterio de despojamiento, un misterio de pobreza, sólo podía revelarse a través de la pobreza infinita de Nuestro Señor". (Continuará) Oración: ¡Santa humanidad de Jesucristo, Sacramento de la pobreza transparente de Dios, Criatura noble entre todas! ¡Jamás en nuestra tierra había aparecido una humanidad tan pobre, tan despojada, incapaz de poseer nada y entonces de limitar nada! ¡Así es como a través tuyo transparenta la divinidad como un sol en pleno medio día!¡Enséñanos la divina transparencia, a nosotros que no podemos conocerlo y dejarlo transparentar sino a través de esa Santa Humanidad!¡Te lo pedimos, Padre, por el mismo Jesucristo, salvador de la verdadera imagen de Dios en nuestros corazones! ... El sacramento de la Eucaristía es el sacramento de la humanidad de Jesucristo, más precisamente, el sacramento de la ofrenda perfecta hecha al Padre por el Hijo de Dios hecho hombre. "Contiene" el cuerpo, la humanidad, de Jesucristo inseparablemente unida al Verbo, Hijo de Dios, y que es Dios él mismo.Ver a Jesús, incluso para los apóstoles, no significa ver a Dios. Sólo vieron la humanidad de Jesucristo que no es Dios sino la más noble de todas las criaturas. Sólo la fe pudo hacerles reconocer la divinidad en Jesús, la fe, portadora de felicidad, que justamente pide a Tomás Jesús resucitado."A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único, que está en el seno del Padre, nos lo hizo conocer". 

 

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