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21/02/10 - Un Dios desconocido.

 Alguien me hizo notar que había omitido el texto del 21 de febrero. Helo aquí. Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}


La Trinidad, misterio de la pobreza de Dios. 3r parágrafo.

Todo se esclarece a partir de la Trinidad. Dios no viene a nosotros sino como el Amor.

"Un niño comprende, comprende, comprende que no se puede meter al bolsillo el amor, comprende que en la familia, que es una trinidad y que es el más hermoso ejemplo creado de la Trinidad, en la familia donde están el padre, la madre y el hijo, todo niño comprende que en la trinidad en que vive, en su hogar, en su casa, hay una exigencia fundamental sin la cual no hay felicidad, y es olvidarse a sí mismo.

Pero es evidente que la felicidad de la familia, el gozo del hogar, la armonía de la casa, la unidad de esas tres personas, depende totalmente del hecho que cada una mira al otro y no a sí mismo. Cuando el marido se olvida al mirar a la esposa, y la mujer se olvida al mirar al marido, y los padres se olvidan al mirar al hijo, y el hijo se olvida al mirarlos, entonces sí, eso es unidad, eso es armonía, eso constituye una felicidad maravillosa porque nadie posee nada.

Pero si uno de los tres quisiera apropiarse el amor, la felicidad, la unidad, diciendo: "Soy yo, yo, el centro y la fuente y el fin", destruiría todo, porque la felicidad no puede existir sino en estado de comunicación, como todos los bienes del espíritu, como todos los bienes del corazón, sólo pueden existir en estado de comunicación.

Por eso si uno se admira a sí mismo admirando, ya no ve nada. Cuando se admira por haber comprendido, ya no comprende. Cuando uno se admira por orar bien, ya no está orando, pues justamente para que pase la Luz, para que se enraíce la Verdad, para que florezca el Amor, se necesita el espacio, el vacío sagrado de que habla Claudel, que es como la cuna del Dios Vivo. Es necesario retirarse delante de la Luz, ofrecerle la transparencia de una vida enteramente despojada.

¿Cómo quieren que el Bien Supremo que es el Bien Divino sea otra cosa que despojamiento, otra cosa que olvido de sí mismo, otra cosa que impulso hacia el otro, otra cosa que la Santísima Pobreza?

¿Cómo no exultar de gozo ante la confidencia incomparable en que Nuestro Señor nos introduce en la intimidad del Corazón de Dios? ¿Y porqué decir que eso es algo oscuro? ¡Es la cosa más luminosa!... Justamente, si es un misterio es porque nunca, nunca podremos agotarlo, nunca seremos bastante pobres como para comprender la Pobreza que va hasta la raíz del ser.

Porque esa es la fuente de la vida en Dios: la Pobreza. ¡Dios no puede volverse hacia sí mismo! El Padre no puede jamás mirarse al mirar, porque el Padre es sólo mirada hacia el Hijo. Es todo entero impulso hacia el Hijo. ¡Es totalmente Su paternidad! No es nada más que la relación viva con el Otro, lo mismo que el Hijo no es sino Su filiación, y el Espíritu Santo no es sino la respiración del Padre y del Hijo.

Jamás conoció la humanidad una hora semejante, jamás conoció la humanidad una revelación que fuera hasta este punto, jamás fue la humanidad tan colmada, tan liberada como cuando, a través de San Francisco, pudo por fin leer la esencia del Mensaje Evangélico. Todo se esclarece a partir de la Trinidad. Todo se explica, si se puede decir, en esa confidencia única que nos libera del Dios piramidal, del Dios dominador, del Dios aplastante, del Dios dueño, del Dios propietario, del Dios que deja caer a cuentagotas las migajas de su mesa y que nos castiga por el más pequeño paso hacia delante.

Es un falso Dios, es un ídolo y en adelante, por fin, podemos respirar porque Dios sólo viene a nosotros como el Amor, el Amor que es sólo Amor y sólo puede amar, el Amor que nos toca sólo por su Amor, como una madre sólo puede tocar el corazón de su hijo con su amor, un amor tan grande, tan infinito, que sólo podemos alcanzar nosotros por el amor.

Es un Dios desconocido, es un Dios al que no estamos acostumbrados, un Dios que los cristianos en general no conocen. Siguen siendo judíos. ¡Se quedaron con el Dios del Sinaí, al cual le añadieron, no sé cómo, un Hijo nacido de la Virgen! Olvidaron que en Dios la Filiación es eterna, eterna como la Paternidad, eterna como la respiración del Espíritu Santo, que Dios es Trinidad y no puede ser otra cosa porque Dios no puede ser jamás un Dios solitario, un Dios centrado en sí mismo. Tiene al Otro en Su Corazón. Hay el Otro en el corazón de su Corazón y para ejercer la plenitud del Amor sólo tiene que existir, porque para Él, existir es darse; para Él, existir es comunicarse; para Él, existir es despojarse. Perdió todo eternamente, y si no puede perder nada no es porque posee todo y defiende Su Propiedad a fuego y espada, sino porque todo lo perdió eternamente, como Alguien cuyo "Yo, es Otro".

Oración. ¡Trinidad santa, misterio inagotable! ¡Ojalá entremos sin cesar en lo impenetrable, aunque sea sólo un poco, realizando lo que hace que nuestro Dios es el Dios Trino, el don incesante y perfecto de la totalidad de nosotros mismos! ¡Que lo incognoscible sea conocido para la liberación y la felicidad de todos los hombres!

 

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