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Retiro de Ghazir, conferencia del 8 de
agosto de 1959 a
las 8 y 30. 1ª parte.
El misterio de la Iglesia (1).
Una de las cosas más extraordinarias del
Evangelio, que se reproducirá después.
"Cuando uno lo piensa, una de las
cosas más extraordinarias es encontrar en los Evangelios el relato de la
negación de san Pedro. Que los evangelistas no hayan vacilado en contarnos la
negación de san Pedro, en mostrarnos en esta posición extraordinaria al que es
la piedra sobre la cual debe descansar la Iglesia, que no hayan hesitado tampoco en
recordarnos las palabras tan duras de nuestro Señor para el mismo Pedro: "Apártate de mí, Satanás", es
ciertamente algo que no puede dejar de asombrarnos.
Si no hubieran estado animados por una fe
extraordinaria y por un sentido infinito de la verdad, se las habrían arreglado
para esconder esa historia, para disimularla, para pasarla en silencio. Pero
no, ¡no lo hicieron! Nos mostraron esa posición del jefe de la Iglesia convertido en un
momento en renegado. Como san Pablo en la epístola a los Gálatas tampoco
hesitará en contarnos el conflicto que lo opone al mismo Pedro a propósito de
las observancias que los judíos querían imponer a los gentiles, es decir a los
paganos convertidos, observaciones a las cuales Pedro se había sustraído
mientras estaba solo con paganos convertidos y que vuelve a observar cuando unos
emisarios de Jerusalén vinieron a observar para urgir, es decir para imponer de
nuevo el respeto de esas observancias, a pesar del decreto de Jerusalén que
había exentado a los paganos convertidos.
Nada puede aclararnos más sobre la fe y
darnos más respeto hacia los Evangelistas que esa sinceridad absoluta. Sí,
puede suceder que el mismo jefe de los Apóstoles haga el papel de Satán, con una actitud de renegado y sea en cierto modo un anticristo. Era bueno que esa situación fuera evocada
por los Evangelistas, ya que se iba a reproducir a todo lo largo de la Historia.
Deberíamos poder evocar aquí el diálogo
entre Savonarola y Alejandro VI.
Savonarola es un dominicano del siglo 14, o mejor, del s. 15. Es el predicador
más intransigente de la austera severidad cristiana de Florencia. Él mismo
practica un ascetismo radical y la fama de su ejemplo y de su virtud es tan
grande que finalmente hay en Florencia un inmenso movimiento de conversiones.
Queman en la plaza pública las chuchearías, todos los objetos que constituyen
un lujo injurioso para los pobres y que son además un medio de provocación que
pone en peligro la virtud. Florencia está en cierto modo en manos de Savonarola
porque su virtud es ahí dominante.
En Roma, el trono pontificio está ocupado
por Alejandro VI, un Borgia de origen español, que tiene un hijo como cardenal y
una hija. Había comprado el cargo además, corrompiendo a los electores
prometiéndoles recompensarlos cuando fuera papa, y hecho papa, o habiendo al
menos sido reconocido como tal – pues Savonarola nunca lo reconoció, ya que
según él era simoniaco por haber comprado el cargo – reconocido como papa, y
gran político además, y gran señor, sólo pensó en establecer a sus hijos, y
comenzó por hacer a su hijo cardenal, y luego duque, y se las arregló para
organizar a su hija mediante el más rico matrimonio. Todo eso a la vista de
todo el mundo.
Gran político además, papa a pesar de
todo, debiendo gobernar la
Iglesia y arbitrar en los diferendos entre las diferentes
casas de príncipes, entre los diferentes estados, dando con un trazo de pluma la América a los españoles
que acababan de conquistarla, y miraba con sospechas a Savonarola que parecía
más o menos hereje, justamente a causa de su austeridad.
Por otra parte, Savonarola no duda de su
posición. Está perfectamente seguro de que Alejandro VI es un usurpador. Cuando
los legados de Alejandro VI vienen a Florencia, sube sin vacilar al púlpito de
la catedral y habla de los legados diciendo: "He aquí las vacas gordas sobre el monte de Sión".
Evidentemente, tales palabras no pueden acreditarlo ante la corte romana.
Termina en la hoguera y muere en las llamas, suprema ironía, con la bendición
apostólica de Alejandro VI.
Este cuadro podría repetirse en muchos
ejemplares ya que, en el mismo siglo encontramos a Julio II que también tuvo
una hija, y fue también un gran líder militar que lideraba las batallas en cota
de malla como general, y que se enfrentó con sus hijos como adversarios. Sus
enemigos, a los que va a aplastar en una victoria triunfal, deben al mismo
tiempo pensar y creer que él es el vicario de Jesucristo. ¡Hay que confesar que
la cosa es difícil!
Pero justamente lo que dijimos de san
Pedro nos previene contra todo escándalo. No pueden extrañarnos esas
situaciones que se van a repetir a lo largo de la Historia y que serán
tanto más inevitables cuanto que el papa será un gran soberano, un gran soberano
temporal, rey de reyes y árbitro de los imperios. No puede tampoco extrañarnos
leer de la pluma de los Evangelistas que Jesús tratara a Pedro de Satanás, y
que éste lo haya abandonado en el momento decisivo, jurando inclusive no
conocerlo.
El misterio de la Iglesia
tiene justamente todos esos lados oscuros, que dependen de la parte humana que hay en ella.
Al menos digámoslo provisoriamente, puesto que como veremos es necesario
corregir esa expresión. (Continuará)
Nota (1). Uno sólo puede preguntarse por
qué en la Iglesia
se habla finalmente tan poco del misterio de la Iglesia. Se apreciará tanto más
lo que dice Zundel y se comprenderá fácilmente su gran importancia y su
urgencia actual.