Normal
0
21
false
false
false
MicrosoftInternetExplorer4
st1\:*{behavior:url(#ieooui) }
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:"Tableau Normal";
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:"";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:"Times New Roman";
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
4ª parte de la conferencia del 8 de agosto
de 1959, en Ghazir.
La Iglesia
es un misterio de fe como el misterio de la Trinidad y el misterio de la Encarnación que estamos
celebrando en este día… La
Iglesia es plenamente y en todo nivel, en todas sus
manifestaciones, rigurosa, exclusiva y únicamente el misterio de fe en que
Jesús se expresa y se comunica.
"Ustedes se acercan todas a la Mesa Sagrada. ¿Quién puede
decir lo que va a pasar entre ustedes y Cristo? ¡Nadie! El contacto con el Señor, a través de un sacramento común y
recibido en común en la misma Iglesia, sigue
siendo un secreto entre Jesús y ustedes.
Y eso es verdad para toda la Iglesia. Un dogma es un sacramento, es una confidencia
de la intimidad de Nuestro Señor hecha a la nuéstra. ¿Qué quiere decir? Eso
sigue siendo un secreto para cada uno, exactamente como la Eucaristía. En una
Iglesia, todos los fieles están sin duda orientados hacia la Presencia del Señor, pero
cada uno Lo ve finalmente al nivel de su propia fe, y cada uno entra en Su
Intimidad según el grado de su amor. Pasa exactamente lo mismo con el dogma que no es otra cosa que una
eucaristía de verdad en que la intimidad del Señor nos introduce en Su Luz.
Hay que guardar en toda su pureza esta visión
de la Iglesia
que es un misterio de fe, un misterio de fe como el misterio de la Trinidad, como el
misterio de la Encarnación,
¡es el mismo, el mismo, el mismo
misterio, porque la Trinidad se nos comunica por medio de Jesús en la Iglesia! Es el mismo
acto de fe dirigido a la
Iglesia, o mejor a Dios por medio de Jesús en la Iglesia, es el mismo acto
de fe, y si salimos del acto de fe ya no tenemos contacto con la Iglesia.
Hay quienes van a Roma a ver al Papa, y
olvidan que no lo podemos ver. ¡No
podemos ver al Papa! Podemos ver a alguien vestido de blanco y rodeado de
todo un aparato. Pero sólo la fe puede decirnos: "¡Ese hombre es el
Papa!" así como sólo la fe puede decirme que yo soy sacerdote. Si yo no
creyera en el valor del sacramento no tendría ninguna razón de pensar que soy
sacerdote. La Iglesia es, de parte a parte, a todo nivel, en
todas sus manifestaciones, rigurosa, exclusiva y únicamente el misterio de fe en que Jesús se expresa y se comunica.
Tenemos de ello además un certificado al
alcance de todo el mundo, y es la afirmación que nadie ignora, que el
sacramento no depende de la dignidad del ministro que lo da. Un sacerdote puede
estar en estado de pecado y celebrar la
Misa por los fieles en nombre del Cuerpo Místico. El sacerdote está ahí sólo a título de
sacramento. Él es el sacramento de la unidad en la comunidad eclesial.
Una mujer iletrada, sin saber nada de las
cosas humanas, puede estar infinitamente más cerca del corazón del Señor que el
sacerdote, el cual comulga en la medida en que pone toda su fe y todo su amor,
y si es pecador se encuentra infinitamente más lejos de Jesús que esa mujercita
que le besa la mano por respeto a su sacerdocio y recibe la eucaristía de su
mano, pero la recibe justamente con toda su fe, con todo el heroísmo de su
amor.
Nadie ignora la infalibilidad del poder sacramental, la cual afirma del modo más
concreto que la Iglesia
es un sacramento, y además la infalibilidad
del magisterio doctrinal significa exactamente lo mismo". (Continuará)
Oración.
¡Jesucristo, Tú eres la iglesia! Ella es tu cuerpo y tú nos creaste y nos
salvaste para que seamos cada uno un miembro irremplazable, al mismo tiempo que
somos la Iglesia
entera. ¡Enséñanos a ser sacramento de tu presencia en la Iglesia, para la vida
misma de ese Cuerpo!
¡Cada uno de nosotros es tu Cuerpo entero!
¡Inmenso misterio!
¡Ser cristiano es ser Jesús, es estar
identificado totalmente a la inmensidad de tu Cuerpo!
¡Haznos sensibles a esta pertenencia, a
esta identificación constitutiva de nuestro ser y de la vida eterna en
nosotros!