in

Sotamenta.Net

El sitio Internet de nuestra tribu!

Zundel

27/03/10 – La Iglesia reúne a los hombres por el interior.

Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 6ª parte de la conferencia de Ghazir el 8 de agosto de 1959.

La Iglesia es el sacramento del amor… Es esencial que vivamos su misterio por la fe.

Retoma: "El sacramento nos exenta, el sacramento nos libera, nos libera del hombre, en principio y radicalmente. Nunca estamos sometidos al hombre, jamás. Porque el hombre no es, para nosotros, y no puede ser jamás otra cosa que un sacramento. Y cuando cree dominarnos, es tiempo perdido porque no tiene ningún control sobre nuestra fe, y nuestra fe nos pone en contacto inmediato con la intimidad de Nuestro Señor, y en esa intimidad es donde leemos el dogma como la confidencia de Su Amor.

En su intimidad es como entramos en toda la vida sacramental. En su intimidad recibimos el Derecho Canónico que es un misterio de fe, como todo lo de la Iglesia, porque vemos justamente en lo que llamamos la legislación de la Iglesia sólo el cuidado de reunir el Cuerpo de Cristo en orden, en la armonía y la unidad, y que por eso el Derecho Canónico es un sacramento de amor".

Continuación: "Era además el nombre que daba san Ignacio de Antioquía a la Iglesia entera. A principios del siglo segundo, San Ignacio de Antioquía la llamaba "Ágape": el Amor. La Iglesia es el Amor. La Iglesia es el sacramento del Amor. No puede ser otra cosa.

La Iglesia no puede jamás alejarnos de Dios, jamás. Un hombre de Iglesia, tomado en su función sacramental y por una visión de fe, jamás puede separarnos de Dios, ya que no tiene ningún control sobre nosotros para inducirnos a ello, y si pretendiera alejarnos de Dios cesaría de ser la Iglesia para nosotros, y se uniría al Satanás del Evangelio, se uniría a la negación de Pedro y sería como él o como lo somos nosotros cada vez que somos infieles, se uniría al Anticristo.

Importa pues esencialmente que vivamos el misterio de la Iglesia en la fe. No se trata de leer una Encíclica así no más, consultando el diccionario para saber lo que quieren decir las palabras. Si la Encíclica es en verdad Palabra de la Iglesia, es Palabra de Jesús; es un sacramento, un sacramento, y el verdadero sentido de la Encíclica, sean cuales fueren las intenciones del papa, las cuales no nos interesan en modo alguno, porque lo que cuenta no es lo que el papa tiene en la mente, sino lo que Jesús tiene en su Corazón. Y puede suceder que una Encíclica o de una definición dogmática tenga intenciones muy humanas como motivo psicológico. Eso no tiene ninguna importancia, porque nosotros no estamos ligados a la definición que es un sacramento que hace de esa Palabra, que era pan y vino como lo que servimos a la mesa ordinaria, que hace de esa Palabra en adelante una Eucaristía de verdad.

Todo eso es admirable, admirable – y no es sino la consecuencia de la afirmación esencial que fue el comienzo de la conversión de Saulo: "Yo soy Jesús". La Iglesia es Jesús. Y el carácter sacramental de la Iglesia nos da al mismo tiempo la clave de una sociología única – una sociología, es decir una manera de reunir a los hombres.

Pues en efecto, es la primera vez, la primera vez que se reúne a los hombres por el interior (1) con esa intensidad, con ese rigor. El peligro de toda reunión es nivelar, nivelar una muchedumbre. Tomen la muchedumbre más inocente: en un partido de fútbol, cincuenta mil personas en un estadio, eso hace una de esas aglutinaciones, un conglomerado de pasiones, de chillidos, de gritos, de brazos levantados al mismo tiempo, de pasiones furiosas según sea un lado o el otro el que gane. En la pasión colectiva cada uno ha perdido su alma, su personalidad.

El beneficio incomparable, la invención divina del misterio de la Iglesia es reunir a los hombres en la fe, justamente identificar de manera inseparable la Comunidad y la soledad. Es algo tan extraordinario que vale la pena detenerse en ello.

Quizá no lo hagan con frecuencia, pero si asisten a un concierto y que el concierto es dado por grandes músicos, quizá después al escuchar la radio, pueden hacer la experiencia que se tiene a veces e una sala de concierto, en que hay un momento en que la ejecución es tan perfecta, en que la música suscita un silencio tal que se la percibe como una presencia, y toda la sala está suspendida de esa presencia, respira en esa Presencia. Y cada uno lo siente, cada uno siente la presencia si está suficientemente en silencio para acogerla. Es justamente que ha llegado a su más íntima soledad. Es una revelación para él, es una luz en él, es un gozo: está colmado, está liberado. Todo el espacio se abre en su mente y en su corazón que pudo dar nacimiento a la obra maestra en la mente de su creador. Y al mismo tiempo, en esa soledad llena de una Presencia maravillosa, cada uno siente que los demás comunican en la misma Presencia, que todos juntos están centrados en la misma belleza y que todos juntos respiran y comunican tanto más intensamente unos con otros cuanto que cada uno está más recogido en su más íntima soledad.

Esa es justamente la única manera plenamente humana de reunir a los hombres: reunirlos por dentro (1), fundar la comunidad sobre la conciencia, hacer de la comunidad un intercambio de soledades cada una de las cuales enriquece a las demás, tanto más justamente cuanto más profundo es su recogimiento y su soledad más personal.

Se puede decir entonces que no hay soledad auténtica y verdadera que no sea un bien común para el mundo entero, y que no hay comunidad verdadera que no tenga sus bases en la soledad. ¡Pues bien! La Iglesia sacramento realiza de manera perfecta, perfecta a los ojos de la fe que nos libera siempre de lo que no es Jesucristo, la Iglesia realiza de manera perfecta la comunidad que tiene sus bases en la soledad.

Y por eso, si en la Iglesia siempre estamos en misión, si en la Iglesia siempre somos enviados, si en la Iglesia participamos siempre en el segundo Adán y en su función unitiva, si no podemos adherir a Cristo sin tomar a cargo toda la Humanidad y todo el universo, es verdad que al mismo tiempo y mientras más cumplamos esta misión, tanto más entramos en la soledad de una comunión única y cada vez más personal con Jesús. Ese es el equilibrio prodigioso, único, que será, creo, la única solución posible al comunismo, como veremos más adelante. Pero ¿cómo no maravillarse desde ya de que la Iglesia no pueda ser otra cosa?" (Continuará)

 

Nota (1). Recuerden esta expresión admirable: "La única manera plenamente humana de reunir a los hombres es reunirlos por dentro". Esa es la especificidad de la Iglesia. Si Dios es puro interior, la reunión de los hombres en ella se realizará por el interior del hombre. La soledad, con la oración incesante que pide el Evangelio, profundiza el interior del hombre, haciéndolo apto para ser cada vez más auténticamente miembro de la Iglesia.

Comments

No Comments

Leave a Comment

(required)  
(optional)
(required)  
Add
Powered by Community Server (Non-Commercial Edition), by Telligent Systems