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7ª parte de la conferencia sobre la Iglesia, dada en Ghazir el
8 de agosto de 1959
Hay en la Iglesia funciones
múltiples, pero una sola misión.
"Entonces, cuando somos heridos por la Iglesia, es porque no
hemos encontrado todavía la
Iglesia, todavía no estamos en el centro del dogma, en el
centro de la gracia, en el centro de la vida, porque si vivimos plenamente el misterio de la Iglesia, sólo podemos
vivirlo como misterio de Jesús que sigue viviendo en ese inmenso sacramento,
y se une a través de las bendiciones que se difunden sobre todas las cosas: el
mar, las montañas, las cosechas, las vendimias, la casa, los instrumentos de
trabajo. Finalmente, todo el universo es
un inmenso sacramento en que Jesús perpetúa su Encarnación y no cesa de
comunicarse en la virginidad de la fe que sólo se une con Él.
Por fin, no olvidemos que la Iglesia no debe
confundirse simplemente con el magisterio doctrinal, es decir con el poder de
administrar los sacramentos, los cuales evidentemente son indispensables e
infinitamente sagrados, sino que La Iglesia es también el mendigo que les tiende la
mano a la salida de la basílica de San Pedro en Roma.
Yo no vacilo en afirmar que si es evidente
que me arrodille delante del papa, como es evidente que me arrodille ante el
sacerdote con quien me confieso, si es evidente porque el papa como el
sacerdote con quien me confieso es un sacramento, también es evidente que me
arrodille ante el mendigo que representa igualmente a Jesucristo, que
es el sacramento de Su Pobreza, que es el vicario de Su Pobreza, que es el
vicario de Jesús en su función de Pobreza, lo mismo que el papa". (Fin de la difusión sonora).
No hay que aislar la función vicarial. El
papa es incontestablemente el vicario de Jesucristo en su función sacerdotal,
en su función magisterial, en su función doctrinal, pero el mendigo es igualmente a su manera Vicario de Jesucristo, y el
niñito es igualmente vicario de Jesucristo.
Para que la Iglesia sea el Cristo
total, es necesario que Él esté representado de mil modos diferentes y
complementarios y si mi adhesión al papa y a los Concilios no es negociable, tampoco
tiene que ser negociable con el mendigo, como tampoco san Francisco la negoció
con el leproso que le reveló a Cristo.
¿Cuál es la tarea que tenemos en la sala
de hospital, en el salón de clase, en la calle, en la cocina, en el sótano? Estamos
ahí para ser Jesús. El vestido religioso prueba que somos Iglesia, que somos la Iglesia, que somos la Madre Iglesia.
Después de la Ascensión Jesús
se hizo invisible. Ya sólo puede aparecer a los hombres a través de nuestro
rostro. Cuando vacilemos, cuando suframos, cuando nos parezca difícil, cuando
estemos agotados, o tentados, eso nos devolverá la energía: "No estoy aquí por mí, sino por
Él". Los demás Lo esperan de mí y sólo pueden verlo en mí.
Ser cristiano es ser Jesús. Ser consagrado
es hacerse visiblemente Cristo". (Fin de la conferencia).
Oración:
¡Padre, Hijo, Espíritu Santo! ¡Sólo podemos vivir el misterio de Jesús en la Iglesia continuando su
vida en la tierra en este inmenso sacramento! Enséñanos, te lo pedimos, a
vivir plenamente el misterio de la
Iglesia.
¡Enséñanos a ver a Jesús tanto en el
mendigo que está a la puerta de la basílica de San Pedro al vicario de
Jesucristo en su pobreza, tanto como en el Papa!
Jesús, Jesucristo, ¡Tú eres la Iglesia! Ella es tu cuerpo
y tú nos creaste y nos salvaste para que cada uno de nosotros sea un miembro
irremplazable de ella.
¡Enséñanos a convertirnos en sacramento de
tu presencia en la Iglesia
para la vida misma de ese Cuerpo!
¡Cada uno de nosotros es tu Cuerpo entero!
¡Qué inmenso misterio!
¡Ser cristiano es ser Jesús, es
identificarse inseparablemente con la inmensidad de Tu Cuerpo!
¡Haznos sensibles a esa pertenencia, a esa
identificación constitutiva de nuestro ser y de la vida eterna en nosotros!