Final de la conferencia sobre los sacramentos, Ghazir 7 de agosto
de 1959.
“En esta perspectiva pues debemos considerar el organismo
sacramental. Puede que estemos áridos y secos. Puede que las
oraciones nos parezcan “arena en la boca”, como decía
un cartujo, quiero decir las oraciones
reglamentarias, las oraciones comunitarias, los ejercicios comunes.
No deben inquietarse por eso. Iremos a la fuente personal, de la que
hablé el otro día. La encontraremos en el momento deseado, pero
primero entraremos plenamente en los ejercicios comunitarios, y ante
todo en la liturgia comunitaria por los demás y no por nosotros
mismos.
Comulguemos por los demás, para ser el viático de los
moribundos, de todos los que van a ser víctimas de un accidente de
tren, de avión, de barco, de carretera, de automóvil.
Reunamos a todos los muertos del día, todos los cautivos, todos los
enfermos, todos los no creyentes, todos los que están lejos, los que
se creen separados: que comulguen a través de nosotros y nosotros
habremos sido su viático.
Seamos la confesión de todos los que rehúsan reconocerse
culpables, y curemos las heridas de los solitarios que nadie consuela
en su abandono. Y nuestra vida sera cada vez más una vida
apostólica. No olvidemos que san Francisco de Sales, que deseaba
fundar una orden activa, “la Visitación”, y enviar sus
Visitandinas a llevar la salvación a todos los hogares necesitados
de la gracia, no lo pudo, a causa de la novedad misma de su empresa –
pues la religión y la vida religiosa femenina eran consideradas
hasta entonces como vida enclaustrada – y terminó por enclaustrar
a sus Visitandinas. Pero les conservó el nombre de Visitandinas. Y
tuvo razón porque siempre estamos en misión, tanto en el
claustro como en la vida activa.
Eso vale también para nosotros:
siempre estamos en misión y lo estamos esencialmente cuando
consideramos el organismo sacramental, cuando comulgamos, cuando nos
confesamos, lo mismo que cuando fuimos bautizados y confirmados, y
cuando fuimos ordenados, y cuando recibimos la Extrema Unción.
Siempre lo hacemos en la comunidad, por la comunicad y para la
comunidad, porque justamente el amor de Jesús es un amor católico,
un amor universal, y es imposible encontrar a Jesús y
recibir su gracia sin estar abiertos a todos, como Francisco
lo comprendió cuando por primera
vez encontró personalmente a Jesucristo al besar al hermano
leproso”.
(Fin de la conferencia).
Oración: ¡Señor
Jesús! ¡No
podemos encontrarte sin estar abiertos a todos! ¡No
podemos recibir tu gracia sin abrirnos a todos! ¡Siempre
recibimos los sacramentos en la comunidad cristiana, por ella y para
ella!
Tu amor es siempre universal. ¡Te
pedimos que nuestro amor lo sea igualmente! ¡Que
nadie esté jamás excluido! ¡Que
nadie sea jamás excluido! ¡Tu
quieres que todos se salven! ¡Que
ese sea también nuestro deseo, y mantén en nosotros una oración
constante por la salvación universal! ¡Que
seamos verdaderamente católicos!