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3ª parte de la conferencia sobre los
milagros.
"Además de la física contemporánea,
otro aspecto nos permite entrever, y es que no solamente vemos cada vez mejor
actualmente que no se puede separar el
alma física del alma psíquica, y que manifiestamente existe una continua
interacción del cuerpo sobre la psique y de la psique sobre el cuerpo, sino que
estamos cada vez más ante un mundo
inaccesible, porque el mundo material que creemos conocer se nos escapa cada
vez más.
Por ejemplo, aquí tienen una imagen que
permite medir inmediatamente el camino recorrido desde 1900: un kilo de carbón,
si lo convirtiéramos todo en energía, es decir si sacáramos toda la irradiación
que se puede obtener desintegrando los átomos, un kilo de carbón convertido
totalmente en energía, daría 25 trillones de kilovatios, es decir lo que dan
todas las centrales de los Estados Unidos funcionando juntas continuamente
durante dos meses. Un solo kilo de carbón podría abastecer en electricidad a
los Estados Unidos durante dos meses.
Es decir que finalmente la materia, lo que
llamamos materia, es una fuente prodigiosa de energía. Es decir que la materia y la energía son intercambiables: se puede
transformar la energía en luz, la luz en materia, un corpúsculo en irradiación,
la irradiación en corpúsculo y, como dice Banett, autor de este libro: "La
materia y la energía son intercambiables. Si la materia se despoja de su masa y
se desplaza a la velocidad de la luz, la llamamos radiaciones, rayos Y si la
energía se enfría y se vuelve inerte, si podemos medir su masa, la llamamos
materia. La propiedad llamada masa, lo que podemos tocar, lo que pesamos, es
simplemente energía concentrada.
Es decir que para los físicos actuales, luz, materia, radiaciones, masa, todo eso es
intercambiable. Es muy curioso y esto puede quizás impresionarlas más pues
corresponde a su experiencia: se ha observado que las vitaminas D, medicamentos
que tomamos bajo forma material, las vitaminas D que contribuyen a la distribución
del fósforo y del calcio en el cuerpo, las vitaminas D pueden ser remplazadas
por rayos ultravioletas. Entonces los rayos ultravioletas tienen el mismo
efecto que la vitamina D, la vitamina D tiene el mismo efecto que el rayo
ultravioleta… Y se supone que finalmente la vitamina desencadena en el cuerpo
cierta forma de irradiación. Y esto nos lleva a pensar que el cuerpo, todo el cuerpo es una radiación, un sistema
de radiación que según cierto ritmo alcanza su equilibrio, el cual puede
ser perturbado, puesto en jaque, y justamente la medicación, desencadenando un
nuevo ritmo, restablece el equilibrio.
Se observó hace mucho tiempo, y es además
el punto de partida de toda la física moderna, que ciertas pantallas, ciertas
superficies, sólo podían emitir sus átomos, los componentes más elementales, siendo
bombardeadas por partículas de cierto ritmo. Para responder a las partículas
que bombardean la pantalla era necesario difundir cierta radiación, cierto
largo de onda, cierta frecuencia. Era inútil acumular los materiales: sólo ese
ritmo preciso era capaz de desalojar, por ejemplo, el electrón de la pantalla
bombardeada.
Entonces, cada vez más, sentimos que el mundo es un compuesto de
radiaciones que nos aparecen bajo la forma espesa de la experiencia sensorial:
creemos tocar una masa cuando estamos en contacto con toda una irradiación de
cierto ritmo y de cierta frecuencia… Entonces,
nada nos impide pensar que mientras más equilibrado esté un hombre, mientras
más unido esté con Dios, más se ordenan sus ritmos, más musical se vuelve su
cuerpo, más se concentran las ondas en él y se armonizan unas con otras. Y por
eso difunde alrededor suyo la paz y la unidad.
Recuerdo la admirable definición de la
salud que me había dado por una enferma, una dama muy gravemente enferma. Era
en París, en el barrio de Picpus, y estaba tan grave que su marido vino a
buscarme para que le llevara la Santa Comunión. Ya era de noche cuando llegamos a
la clínica. Nos dijeron: "No entren en su cuarto porque es su único
recurso: ella debe concentrar todas sus fuerzas en este combate. Si pasa la
noche, se salva. Pero si distrae un átomo de sus energías, todo puede ser
comprometido". Entonces esperamos hasta la mañana. Como era el mes de
julio, el sol salía temprano. Nos habían dicho: "Si ve el amanecer, se
salva". Cuando escuchamos los primeros trinos de los pájaros, la enfermera
vino a anunciarnos: "¡Está viva! ¡Está viva!" Estaba salvada.
Unos días después, cuando pude volver a
verla, me dijo ella, hablando de la experiencia terrible de la enfermedad en
que había llegado casi a las puertas de la agonía, que en el tumulto de su
organismo dislocado, comprendió que la
salud "era el silencio del cuerpo", el silencio del cuerpo… ¡Eso
es! Hay pues un ritmo armonioso, la
salud, y un ritmo disonante y dislocado, la enfermedad, y los remedios, las
intervenciones tienen finalmente como objetivo volver a poner en movimiento los
ritmos de manera que concuerden, se concierten, y produzcan una música
silenciosa…
Jung observó además algo extremamente
sugestivo; observó que cada uno de nosotros proyectamos lo que somos. Uno proyecta
sus sueños, proyecta sus odios, proyecta sus resentimientos. Ve el mundo a
través de sus propios ojos y su mirada está hecha de sus impulsos, de sus
pasiones, de sus rechazos, como también, afortunadamente, puede estar hecha de
su generosidad, de su inocencia y de su pureza". (Continuará)