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17-18/04/10 - La salud es el silencio del cuerpo.

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"Además de la física contemporánea, otro aspecto nos permite entrever, y es que no solamente vemos cada vez mejor actualmente que no se puede separar el alma física del alma psíquica, y que manifiestamente existe una continua interacción del cuerpo sobre la psique y de la psique sobre el cuerpo, sino que estamos cada vez más ante un mundo inaccesible, porque el mundo material que creemos conocer se nos escapa cada vez más.

Por ejemplo, aquí tienen una imagen que permite medir inmediatamente el camino recorrido desde 1900: un kilo de carbón, si lo convirtiéramos todo en energía, es decir si sacáramos toda la irradiación que se puede obtener desintegrando los átomos, un kilo de carbón convertido totalmente en energía, daría 25 trillones de kilovatios, es decir lo que dan todas las centrales de los Estados Unidos funcionando juntas continuamente durante dos meses. Un solo kilo de carbón podría abastecer en electricidad a los Estados Unidos durante dos meses.

Es decir que finalmente la materia, lo que llamamos materia, es una fuente prodigiosa de energía. Es decir que la materia y la energía son intercambiables: se puede transformar la energía en luz, la luz en materia, un corpúsculo en irradiación, la irradiación en corpúsculo y, como dice Banett, autor de este libro: "La materia y la energía son intercambiables. Si la materia se despoja de su masa y se desplaza a la velocidad de la luz, la llamamos radiaciones, rayos Y si la energía se enfría y se vuelve inerte, si podemos medir su masa, la llamamos materia. La propiedad llamada masa, lo que podemos tocar, lo que pesamos, es simplemente energía concentrada.

Es decir que para los físicos actuales, luz, materia, radiaciones, masa, todo eso es intercambiable. Es muy curioso y esto puede quizás impresionarlas más pues corresponde a su experiencia: se ha observado que las vitaminas D, medicamentos que tomamos bajo forma material, las vitaminas D que contribuyen a la distribución del fósforo y del calcio en el cuerpo, las vitaminas D pueden ser remplazadas por rayos ultravioletas. Entonces los rayos ultravioletas tienen el mismo efecto que la vitamina D, la vitamina D tiene el mismo efecto que el rayo ultravioleta… Y se supone que finalmente la vitamina desencadena en el cuerpo cierta forma de irradiación. Y esto nos lleva a pensar que el cuerpo, todo el cuerpo es una radiación, un sistema de radiación que según cierto ritmo alcanza su equilibrio, el cual puede ser perturbado, puesto en jaque, y justamente la medicación, desencadenando un nuevo ritmo, restablece el equilibrio.

Se observó hace mucho tiempo, y es además el punto de partida de toda la física moderna, que ciertas pantallas, ciertas superficies, sólo podían emitir sus átomos, los componentes más elementales, siendo bombardeadas por partículas de cierto ritmo. Para responder a las partículas que bombardean la pantalla era necesario difundir cierta radiación, cierto largo de onda, cierta frecuencia. Era inútil acumular los materiales: sólo ese ritmo preciso era capaz de desalojar, por ejemplo, el electrón de la pantalla bombardeada.

Entonces, cada vez más, sentimos que el mundo es un compuesto de radiaciones que nos aparecen bajo la forma espesa de la experiencia sensorial: creemos tocar una masa cuando estamos en contacto con toda una irradiación de cierto ritmo y de cierta frecuencia… Entonces, nada nos impide pensar que mientras más equilibrado esté un hombre, mientras más unido esté con Dios, más se ordenan sus ritmos, más musical se vuelve su cuerpo, más se concentran las ondas en él y se armonizan unas con otras. Y por eso difunde alrededor suyo la paz y la unidad.

Recuerdo la admirable definición de la salud que me había dado por una enferma, una dama muy gravemente enferma. Era en París, en el barrio de Picpus, y estaba tan grave que su marido vino a buscarme para que le llevara la Santa Comunión. Ya era de noche cuando llegamos a la clínica. Nos dijeron: "No entren en su cuarto porque es su único recurso: ella debe concentrar todas sus fuerzas en este combate. Si pasa la noche, se salva. Pero si distrae un átomo de sus energías, todo puede ser comprometido". Entonces esperamos hasta la mañana. Como era el mes de julio, el sol salía temprano. Nos habían dicho: "Si ve el amanecer, se salva". Cuando escuchamos los primeros trinos de los pájaros, la enfermera vino a anunciarnos: "¡Está viva! ¡Está viva!" Estaba salvada.

Unos días después, cuando pude volver a verla, me dijo ella, hablando de la experiencia terrible de la enfermedad en que había llegado casi a las puertas de la agonía, que en el tumulto de su organismo dislocado, comprendió que la salud "era el silencio del cuerpo", el silencio del cuerpo… ¡Eso es! Hay pues un ritmo armonioso, la salud, y un ritmo disonante y dislocado, la enfermedad, y los remedios, las intervenciones tienen finalmente como objetivo volver a poner en movimiento los ritmos de manera que concuerden, se concierten, y produzcan una música silenciosa…

Jung observó además algo extremamente sugestivo; observó que cada uno de nosotros proyectamos lo que somos. Uno proyecta sus sueños, proyecta sus odios, proyecta sus resentimientos. Ve el mundo a través de sus propios ojos y su mirada está hecha de sus impulsos, de sus pasiones, de sus rechazos, como también, afortunadamente, puede estar hecha de su generosidad, de su inocencia y de su pureza". (Continuará)

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