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20/04/10 – El verdadero taumaturgo hace milagros porque el paso de Dios está inscrito en su ser entero.

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En el Evangelio nada puede alimentar nuestra la sed de lo maravilloso.

De uno u otro modo, se debe evitar creer, se debe evitar absolutamente creer que Dios pone el dedo en el engranaje. ¡No es posible porque Dios no tiene dedos! Dios no puede poner el dedo en el engranaje. No puede sostener un avión que cae. Lo que puede suceder es que si hay un estado de oración, si todos los pasajeros del avión están en estado de receptividad, puede suceder que el piloto mismo sea invadido por esas ondas, iluminado por esa presencia, y tenga los reflejos necesarios para utilizar justamente los últimos recursos y evitar una catástrofe.

Pero es evidente que la acción divina, que una acción íntima, acción de una sonrisa, acción de un amor, dinamice, ponga en movimiento las energías espirituales, primero justamente la fina punta del alma, luego la imaginación, luego se extienda a la sensibilidad, es decir que poco a poco ordene todos los ritmos e influencie finalmente los ritmos mismos del universo que son en cierto modo, nuestro cuerpo.

Nosotros procedemos salimos de la tierra, nos alimentamos de la tierra, y en cierto modo somos tierra. Respiramos una atmósfera proveniente de los árboles, de la prodigiosa química vegetal que purifica la atmósfera absorbiendo ácido carbónico y le devuelve el oxígeno. ¡Vivimos en el universo, pero el universo también vive en nosotros! Hay reciprocidad y es muy  natural que si el universo nos sostiene bajo ciertos aspectos y nos alimenta, nos brinda los alimentos que comemos y los gases atmosféricos que respiramos, y es natural que también nosotros podamos ordenar los ritmos del universo y transformarlos.

Pero justamente si el santo puede hacerlo, si el verdadero taumaturgo, el que hace milagros auténticos, puede hacerlos, es ante todo justamente porque el paso de Dios se inscribe en su mente, en su corazón, en su conciencia, en su amor, en su sensibilidad, en todo su ser, y entonces ese ritmo, ese ritmo divino que lo invade totalmente irradia en su derredor, pacifica, pone en movimiento justamente la circulación divina que había podido ser interrumpida o interceptada por el rechazo de amor de las demás personas.

Todo esto es extremamente importante y creo que estas imágenes son útiles, y además son bellas y nos introducen en un mundo demasiado poco conocido como es el de la física contemporánea, lo mismo que el de la psicología contemporánea. ¿Porqué seguir viviendo según nociones obsoletas? Lo esencial es conservar justamente la certeza de que el milagro es siempre, ante todo, el paso de Dios.

Por otra parte, nuestro Señor nos dio la mayor lección posible de sobriedad. Recuerden el noveno capítulo de san Juan que narra en detalle la curación del ciego de nacimiento. Nuestro Señor no lo cura sino que lo manda a la fuente a lavarse, lo manda a lavarse en la fuente de Siloé. ¡Es ahí donde se cura! Jesús le pone lodo en los ojos, como si utilizara un remedio casero: "¡Lo que yo hago no es nada! Vaya, lávese en la fuente de Siloé". Y el hombre regresa curado.

Como si nuestro Señor no quisiera que se hablara del acontecimiento, y en efecto, no lo quiere. ¡Cuantas veces leemos esa consigna en el Evangelio! Nuestro Señor toma aparte al enfermo, al sordomudo, o al ciego, y le dice que no lo cuente a nadie, así como también prohíbe a Jairo hablar del milagro de la resurrección de su hija, y prohíbe a los discípulos hablar de la Transfiguración. Y dice con frecuencia, por ejemplo a la hemorroisa, la mujer que sufría de flujo de sangre: "Tu fe te ha salvado, es obra de tu fe. No es el hecho de tocarme sino tu fe". Y cuando el oficial de Cafarnaún viene a suplicarle con tanta insistencia que cure a su hijo que está de muerte, nuestro Señor dice esas palabras que expresan tanta lasitud: "¡Si ustedes no ven signos no creen!"

Entonces, nada en el Evangelio, nada en el Evangelio puede alimentar nuestra sed de lo maravilloso". (Continuará)

 

Note (1) : « L'Univers entier est notre corps, et nous dépendons de tout l'Univers par la dépendance de notre terre à tout l'Univers.  En un sens nous sommes tout l'Univers. Et tout ce que nous faisons, tout l'Univers en est informé, et en subit les conséquences. 

 

 

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