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Espero que aprecien lo mismo que yo este
texto sobre el segundo nacimiento, tomado de Michel Fromaget, Maestro de
Conferencias de la
Universidad de Caen. "Naciendo de nuevo, el hombre realiza el
sentido de su vida". Las partes en negrilla no son del autor.
"En una civilización como la actual
civilización occidental, cuya episteme
oficial afirma que en el estado en que sale de vientre materno, - y por ende
provisto ya de psiquismo y cuerpo humanos en acto (y no sólo virtuales) – el
niño es por el hecho mismo un ser ontológicamente completo, el concepto de combate espiritual no tiene sentido. En
efecto, según el paradigma antropológico dualista retenido por nuestra
sociedad, el hombre tiene un solo
nacimiento, y no necesita completarse, terminarse, realizarse, pasar por un
nuevo nacimiento. El primero basta,
le otorga los dos componentes ontológicos, físico y psíquico, necesarios para
definirlo totalmente, aunque aún tenga que desarrollar sus aptitudes naturales.
Pero la noción de combate espiritual
sólo adquiere sentido donde la episteme
antropológica afirma, al contrario, que el hombre adulto, el hombre terminado es un ser no constituido de dos sustancias
ontológicas, el cuerpo y el alma, sino de tres: el cuerpo, el alma y el
espíritu. Y que por lo mismo, para acceder a su plenitud, debe consentir con
pasar por una transformación, por una metamorfosis, en todo punto equivalente
con un segundo nacimiento. Lo que está en juego en el combate espiritual es
precisamente el segundo nacimiento por el cual el hombre despierta a su
dimensión espiritual, es decir le da vida a su espíritu el cual, hasta entonces,
era sólo virtualidad, simple posibilidad.
Cómo concebir ese "espíritu" es
algo que no podemos desarrollar aquí. Contentémonos con notar tres puntos cuyo
conocimiento bastará para comprender lo que avanzamos. Primero, que si el cuerpo es el lugar del alma – que
anima el cuerpo y es inconcebible sin él – el
alma es el lugar del espíritu – que la espiritualiza, lo mismo que el
cuerpo, y es inconcebible sin ellos. A esto se añade que el espíritu puede ser
concebido en términos comparables con el cuerpo y el alma. En efecto, el cuerpo está abierto al mundo sensible y permite actuar en
ese mundo. El alma está abierta al mundo psíquico y permite actuar en él. El
espíritu abre sobre el mundo espiritual – el mundo de las esencias y de las
verdades últimas, el mundo de las ideas de Platón, el "Reino de los cielos" del Evangelio – y permite actuar
en este mundo. Notemos también que el
espíritu y el amor (no el amor sentimental sino el amor espiritual, que desea para sí mismo, o para los demás, un
despertar cada vez más grande al espíritu) son
inseparables y como consustanciales.
Segundo, que consintiendo con el espíritu, naciendo de nuevo, el hombre realiza el
sentido de su vida. Ésta le ha sido dada sólo con ese fin, es decir, para
que llegue a ser el ser que desde toda eternidad lo está esperando y sólo en el
cual encontrará la plenitud de su luz, su realización y su gozo. Como vemos, el segundo nacimiento es muy comparable con
las metamorfosis del mundo animal por la magia de las cuales las orugas se
transforman en mariposas, los renacuajos en salamandras, las larvas en imagos. La vida de que beneficia la imago humana,
que es el hombre completo, el hombre perfecto, es decir terminado, al
contrario de la vida de larva que es sólo parcial,
relativa y temporal, es una vida total, absoluta y eterna. Tal
es pues el fruto del segundo nacimiento: el acceso a esta vida. Deberíamos
escribir: el acceso a la Vida.
Por fin, el tercer punto es que este
nacimiento por el cual se transforma el hombre natural en hombre espiritual – el hombre exterior, en hombre
interior,
dice San Pablo – es un proceso que encuentra enormes resistencias.
Comporta, en efecto, la desaparición de la larva, la muerte del hombre
exterior, el cual se opone firmemente a esta eventualidad, y por ende a la
llegada del hombre interior al que trata de asfixiar por todos los medios. En
este punto la metamorfosis espiritual humana se diferencia de las metamorfosis
naturales y animales porque no sabemos que a las larvas les guste ahogar sus
imagos, o las orugas a las mariposas. Entonces, éste es el combate espiritual,
el combate del hombre interior que, inclusive antes de su actualización, trabaja
con todas sus fuerzas por ver la luz y el del hombre exterior que se ingenia
por transformar este nacimiento en aborto.
(Tomado de "Contre littérature, au
commencement est le cœur"; n°22, 10ème année, L'Harmattan,
pages 50-52).
Oración:
Señor Dios nuestro, tú quisiste que el
hombre completo fuera compuesto de cuerpo, alma y espíritu, y que nosotros
comprendiéramos el sentido de nuestra vida consintiendo con el espíritu al
nacer de nuevo, enséñanos, te lo suplicamos, a nacer de nuevo superándonos para
llegar en ti, Jesucristo, por ese medio, a la vida total, absoluta y eterna en
comunión contigo, con el Padre y el Espíritu, en la humanidad entera de hoy, de
ayer y de mañana.