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22/04/10 - Frutos del nuevo nacimiento. (M.Fromaget)

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"En una civilización como la actual civilización occidental, cuya episteme oficial afirma que en el estado en que sale de vientre materno, - y por ende provisto ya de psiquismo y cuerpo humanos en acto (y no sólo virtuales) – el niño es por el hecho mismo un ser ontológicamente completo, el concepto de combate espiritual no tiene sentido. En efecto, según el paradigma antropológico dualista retenido por nuestra sociedad, el hombre tiene un solo nacimiento, y no necesita completarse, terminarse, realizarse, pasar por un nuevo nacimiento. El primero basta, le otorga los dos componentes ontológicos, físico y psíquico, necesarios para definirlo totalmente, aunque aún tenga que desarrollar sus aptitudes naturales. Pero la noción de combate espiritual sólo adquiere sentido donde la episteme antropológica afirma, al contrario, que el hombre adulto, el hombre terminado es un ser no constituido de dos sustancias ontológicas, el cuerpo y el alma, sino de tres: el cuerpo, el alma y el espíritu. Y que por lo mismo, para acceder a su plenitud, debe consentir con pasar por una transformación, por una metamorfosis, en todo punto equivalente con un segundo nacimiento. Lo que está en juego en el combate espiritual es precisamente el segundo nacimiento por el cual el hombre despierta a su dimensión espiritual, es decir le da vida a su espíritu el cual, hasta entonces, era sólo virtualidad, simple posibilidad.

Cómo concebir ese "espíritu" es algo que no podemos desarrollar aquí. Contentémonos con notar tres puntos cuyo conocimiento bastará para comprender lo que avanzamos. Primero, que si el cuerpo es el lugar del alma – que anima el cuerpo y es inconcebible sin él – el alma es el lugar del espíritu – que la espiritualiza, lo mismo que el cuerpo, y es inconcebible sin ellos. A esto se añade que el espíritu puede ser concebido en términos comparables con el cuerpo y el alma. En efecto, el cuerpo está abierto al mundo sensible y permite actuar en ese mundo. El alma está abierta al mundo psíquico y permite actuar en él. El espíritu abre sobre el mundo espiritual – el mundo de las esencias y de las verdades últimas, el mundo de las ideas de Platón, el "Reino de los cielos" del Evangelio – y permite actuar en este mundo. Notemos también que el espíritu y el amor (no el amor sentimental sino el amor espiritual, que desea para sí mismo, o para los demás, un despertar cada vez más grande al espíritu) son inseparables y como consustanciales.

Segundo, que consintiendo con el espíritu, naciendo de nuevo, el hombre realiza el sentido de su vida. Ésta le ha sido dada sólo con ese fin, es decir, para que llegue a ser el ser que desde toda eternidad lo está esperando y sólo en el cual encontrará la plenitud de su luz, su realización y su gozo. Como vemos, el segundo nacimiento es muy comparable con las metamorfosis del mundo animal por la magia de las cuales las orugas se transforman en mariposas, los renacuajos en salamandras, las larvas en imagos. La vida de que beneficia la imago humana, que es el hombre completo, el hombre perfecto, es decir terminado, al contrario de la vida de larva que es sólo parcial, relativa y temporal, es una vida total, absoluta y eterna. Tal es pues el fruto del segundo nacimiento: el acceso a esta vida. Deberíamos escribir: el acceso a la Vida.

Por fin, el tercer punto es que este nacimiento por el cual se transforma el hombre natural en hombre espiritual – el hombre exterior, en hombre interior, dice San Pablo – es un proceso que encuentra enormes resistencias. Comporta, en efecto, la desaparición de la larva, la muerte del hombre exterior, el cual se opone firmemente a esta eventualidad, y por ende a la llegada del hombre interior al que trata de asfixiar por todos los medios. En este punto la metamorfosis espiritual humana se diferencia de las metamorfosis naturales y animales porque no sabemos que a las larvas les guste ahogar sus imagos, o las orugas a las mariposas. Entonces, éste es el combate espiritual, el combate del hombre interior que, inclusive antes de su actualización, trabaja con todas sus fuerzas por ver la luz y el del hombre exterior que se ingenia por transformar este nacimiento en aborto.

(Tomado de "Contre littérature, au commencement est le cœur"; n°22, 10ème année, L'Harmattan, pages 50-52).

 

Oración:

Señor Dios nuestro, tú quisiste que el hombre completo fuera compuesto de cuerpo, alma y espíritu, y que nosotros comprendiéramos el sentido de nuestra vida consintiendo con el espíritu al nacer de nuevo, enséñanos, te lo suplicamos, a nacer de nuevo superándonos para llegar en ti, Jesucristo, por ese medio, a la vida total, absoluta y eterna en comunión contigo, con el Padre y el Espíritu, en la humanidad entera de hoy, de ayer y de mañana.

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