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La inmortalidad se siembra durante la
vida.
Retiro predicado en Ghazir, a las
Franciscanas de Lons-le-Saunier en agosto de 1959. Conferencia del 6/08, a las 8
y 30. 1a parte. El problema es estar vivo antes de la muerte.
El
segundo nacimiento o la victoria sobre la muerte. Estar vivo antes de la
muerte. Hay mucha gente que sólo vive en apariencia.
"Una cuestión que se plantea sin
cesar, que escuchamos continuamente, es la siguiente: "¿Qué pruebas hay de
que los muertos viven? ¿Estamos seguros de que hay vida después de la muerte? Después
de todo, nadie ha vuelto a dar testimonio. ¿Cómo saber si los muertos están
vivos?" Es quizá sólo una esperanza, una creencia piadosa, ¿y cómo estar
seguros?
Es una cuestión que me parece
esencialmente mal planteada. En efecto, el problema no es saber si hay
vida después de la muerte, sino si hay vida antes de la muerte.
Entenderán el sentido de este cambio de la
cuestión, a partir de la novela "El Poder y la Gloria" de Graham
Greene que evocaba ahora, en que el sacerdote mártir descubre que amar a Dios
es querer protegerlo contra nosotros mismos.
En cuanto al otro sacerdote, que se casó
con su ama de casa, y que está bajo el yugo de esa vieja que lo maneja como un
perro y lo engorda como un pavo, su decadencia es tan evidente que hasta los niños
se dan cuenta y lo persiguen con apodos cuando la vieja lo llama y él se somete
a sus órdenes, temblando, en total obediencia.
Uno siente, en efecto, que este hombre que
rehusó el martirio, que evitó el peligro y se puso al abrigo aceptando la
pensión del gobierno ya no tiene sino la piel. Lo que lo sigue sosteniendo es
la vida física, la vida del universo, la vida tomada en préstamo al universo, y
que es sólo continuación del mismo, la vida de las fuerzas naturales.
No le añade nada, y por eso ya está
entregado a la muerte. ¡Porque sólo le quedan como sostén las fuerzas físicas
prestadas al universo! Cuando se le agoten, ya no tendrá nada que pueda
triunfar, porque renunció al combate, renunció a sostenerse a sí mismo y se
entregó sólo a su piel.
Nada puede hacernos sentir más justamente
la verdad del cambio en la cuestión. Hay mucha gente viva en apariencia, pero
que está viva y se sostiene sólo por las energías que toma del universo. Los
sostienen como era sostenido el universo antes del nacimiento del hombre, los
sostienen como a un niño en pañales, el cual no hace nada por sí mismo sino que
saca todos sus poderes, ya de las fuerzas naturales que hay en él, ya de los
cuidados que recibe.
El otro sacerdote al contrario, el que
escogió el martirio, a medida que despega de sí mismo, es decir de su yo animal
al que estuvo sometido tanto tiempo, a medida que despega de su yo animal, él
es el que sostiene su naturaleza, su biología, sus fuerzas naturales; él les
añade, las reúne, las flexibiliza, les confiere una libertad cada vez más
perfecta, él hace de todo su ser un impulso de generosidad.
Y a medida que avanza hacia el martirio,
triunfa cada vez más de la pasividad, de sus fuerzas naturales limitadas,
triunfa sobre ellas porque las transfigura, las transforma, y el día que lo
fusilan, el día que paga con el martirio su fidelidad heroica, entra en la
muerte como un gran viviente. Y ante el heroísmo del mártir, todo el mundo siente
justamente que esta muerte no es muerte sino al contrario, una condición de
promoción, una condición de crecimiento, una condición de vida más plena, una
condición de perfección que será definitiva más allá de la muerte. Entonces, la
muerte del héroe, la muerte del mártir no es un obstáculo a la vida, es una
condición de la vida.
Y todo el mundo siente que está muerto el
que retrocede ante la muerte para salvar su piel y acepta entregar a la muerte
a los demás para salvar su piel. Está muerto antes de morir, porque se ha entregado
a la muerte. No le opuso nada a sus fuerzas físicas que se agotan, y entonces
ya está muerto. Es un muerto en suspenso, mientras el mártir, a través de la
muerte, de la muerte escogida, de la muerte dominada, triunfa de la muerte y a
través de la muerte se hace un gran viviente.
Por eso la verdadera cuestión no es ¿hay vida después de la muerte? Sino ¿hay
vida antes de la muerte? Porque justamente la inmortalidad se siembra durante
la vida. La inmortalidad hay que inscribirla en nosotros, en todas las fibras
de nuestro ser, no dejándonos llevar por las fuerzas de la naturaleza, sino
llevándolas, transformándolas, haciéndolas cada vez más transparentes a la vida
que circula en nosotros.
Es vano querer demostrar la inmortalidad
con razonamientos sacados de no sé qué, de nuestras simples ideas o de cosas
parecidas, es vano porque es ponerse fuera de la experiencia.
Se trata de vivir la muerte, de
experimentarla a lo largo de la vida para darnos cuenta de que en efecto,
nuestra vocación es vencerla, de que la inmortalidad no es algo terminado, la inmortalidad es una vocación, una
vocación en que cada uno de nosotros debe triunfar sobre las fuerzas cósmicas,
es decir sobre las fuerzas tomadas a la naturaleza, transformarlas, liberarlas,
eternizarlas, para preparar la resurrección, ya que todo el ser está llamado a
vivir en Dios". (Continuará)