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Zundel

30/04/2010. Una cuestión mal planteada.

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Retiro predicado en Ghazir, a las Franciscanas de Lons-le-Saunier en agosto de 1959. Conferencia del 6/08, a las 8 y 30. 1a parte. El problema es estar vivo antes de la muerte.

El segundo nacimiento o la victoria sobre la muerte. Estar vivo antes de la muerte. Hay mucha gente que sólo vive en apariencia.

"Una cuestión que se plantea sin cesar, que escuchamos continuamente, es la siguiente: "¿Qué pruebas hay de que los muertos viven? ¿Estamos seguros de que hay vida después de la muerte? Después de todo, nadie ha vuelto a dar testimonio. ¿Cómo saber si los muertos están vivos?" Es quizá sólo una esperanza, una creencia piadosa, ¿y cómo estar seguros?

Es una cuestión que me parece esencialmente mal planteada. En efecto, el problema no es saber si hay vida después de la muerte, sino si hay vida antes de la muerte.

Entenderán el sentido de este cambio de la cuestión, a partir de la novela "El Poder y la Gloria" de Graham Greene que evocaba ahora, en que el sacerdote mártir descubre que amar a Dios es querer protegerlo contra nosotros mismos.

En cuanto al otro sacerdote, que se casó con su ama de casa, y que está bajo el yugo de esa vieja que lo maneja como un perro y lo engorda como un pavo, su decadencia es tan evidente que hasta los niños se dan cuenta y lo persiguen con apodos cuando la vieja lo llama y él se somete a sus órdenes, temblando, en total obediencia.

Uno siente, en efecto, que este hombre que rehusó el martirio, que evitó el peligro y se puso al abrigo aceptando la pensión del gobierno ya no tiene sino la piel. Lo que lo sigue sosteniendo es la vida física, la vida del universo, la vida tomada en préstamo al universo, y que es sólo continuación del mismo, la vida de las fuerzas naturales.

No le añade nada, y por eso ya está entregado a la muerte. ¡Porque sólo le quedan como sostén las fuerzas físicas prestadas al universo! Cuando se le agoten, ya no tendrá nada que pueda triunfar, porque renunció al combate, renunció a sostenerse a sí mismo y se entregó sólo a su piel.

Nada puede hacernos sentir más justamente la verdad del cambio en la cuestión. Hay mucha gente viva en apariencia, pero que está viva y se sostiene sólo por las energías que toma del universo. Los sostienen como era sostenido el universo antes del nacimiento del hombre, los sostienen como a un niño en pañales, el cual no hace nada por sí mismo sino que saca todos sus poderes, ya de las fuerzas naturales que hay en él, ya de los cuidados que recibe.

El otro sacerdote al contrario, el que escogió el martirio, a medida que despega de sí mismo, es decir de su yo animal al que estuvo sometido tanto tiempo, a medida que despega de su yo animal, él es el que sostiene su naturaleza, su biología, sus fuerzas naturales; él les añade, las reúne, las flexibiliza, les confiere una libertad cada vez más perfecta, él hace de todo su ser un impulso de generosidad.

Y a medida que avanza hacia el martirio, triunfa cada vez más de la pasividad, de sus fuerzas naturales limitadas, triunfa sobre ellas porque las transfigura, las transforma, y el día que lo fusilan, el día que paga con el martirio su fidelidad heroica, entra en la muerte como un gran viviente. Y ante el heroísmo del mártir, todo el mundo siente justamente que esta muerte no es muerte sino al contrario, una condición de promoción, una condición de crecimiento, una condición de vida más plena, una condición de perfección que será definitiva más allá de la muerte. Entonces, la muerte del héroe, la muerte del mártir no es un obstáculo a la vida, es una condición de la vida.

Y todo el mundo siente que está muerto el que retrocede ante la muerte para salvar su piel y acepta entregar a la muerte a los demás para salvar su piel. Está muerto antes de morir, porque se ha entregado a la muerte. No le opuso nada a sus fuerzas físicas que se agotan, y entonces ya está muerto. Es un muerto en suspenso, mientras el mártir, a través de la muerte, de la muerte escogida, de la muerte dominada, triunfa de la muerte y a través de la muerte se hace un gran viviente.

Por eso la verdadera cuestión no es ¿hay vida después de la muerte? Sino ¿hay vida antes de la muerte? Porque justamente la inmortalidad se siembra durante la vida. La inmortalidad hay que inscribirla en nosotros, en todas las fibras de nuestro ser, no dejándonos llevar por las fuerzas de la naturaleza, sino llevándolas, transformándolas, haciéndolas cada vez más transparentes a la vida que circula en nosotros.

Es vano querer demostrar la inmortalidad con razonamientos sacados de no sé qué, de nuestras simples ideas o de cosas parecidas, es vano porque es ponerse fuera de la experiencia.

Se trata de vivir la muerte, de experimentarla a lo largo de la vida para darnos cuenta de que en efecto, nuestra vocación es vencerla, de que la inmortalidad no es algo terminado, la inmortalidad es una vocación, una vocación en que cada uno de nosotros debe triunfar sobre las fuerzas cósmicas, es decir sobre las fuerzas tomadas a la naturaleza, transformarlas, liberarlas, eternizarlas, para preparar la resurrección, ya que todo el ser está llamado a vivir en Dios". (Continuará)

 

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