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May 2010 - Posts

  • 31/05/10 – Nuestros orígenes humanos están delante de nosotros.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Cenáculo de París, sábado 22 de enero de 1966. Conferencia "El hombre posible" (3ª parte)

    "Y desde luego, para decirlo en seguida, es perfectamente inútil situar a Dios en el mundo material, en el mundo mecánico, en el mundo tal como es, ya que si el hombre no puede encontrar su lugar en él, mucho menos Dios. Si el hombre no puede aparecer como no-máquina, como dignidad, como fuente irreemplazable de felicidad, como origen de un espacio en que respira la libertad, si el hombre sólo puede surgir en un universo que no existe todavía, con mayor razón Dios sólo podrá revelarse en ese universo que aún no existe.

    Si queremos situar la divinidad en el mundo tal como es, la hacemos entrar en la mecánica, en el mecanismo, en el formalismo automático de los conceptos que escapa totalmente además a la vida del espíritu y no lleva a ninguna especie de progreso ni de liberación.

    Hace un instante hacía notar que para que el creador haga su oficio, para que cumpla la función que se le asigna, bastaría que sea el fabricante de los elementos totalmente primitivos, sin tener parte ningún objetivo además, ya que los elementos mismos estarían desprovistos de toda finalidad. Entonces, evidentemente, un Dios concebido de esa manera, un creador reducido a esas funciones ya no significa nada. Y si se quiere absolutamente situar y enraizar una divinidad en el mundo prefabricado tal como se impone a nosotros, forzosamente hacemos de él un ídolo material impensable e inútil.

    Entonces en el mundo que no existe todavía, en ese mundo en que tenemos que enraizarnos mediante una creación que sólo puede emanar de nosotros mismos, es donde el verdadero Dios, el Dios del místico si quieren, podrá situarse, revelarse y ser encontrado en una experiencia irrefutable que además sólo podrá ser comprobada en la medida en que uno mismo se comprometa en ella. Eso se puede expresar en dos palabras: nuestros orígenes cósmicos, nuestros orígenes animales están detrás de nosotros, pero nuestros orígenes humanos están delante de nosotros. Si comprenden esta frasecita, tienen ahí lo esencial del itinerario que aquí recorremos: nuestros orígenes cósmicos, nuestros orígenes animales están detrás de nosotros, pero nuestros orígenes humanos están delante de nosotros.

    Es pues un error que parece cada vez más evidente ante todas las conclusiones de la cibernética y de las disciplinas influenciadas por ella, es pues un error capital querer explicar por Dios el pasado, quiero decir querer explicar por un creador el mundo prefabricado en el cual es imposible la vida del espíritu, la vida del espíritu en el sentido de iniciativa creadora.

    Dios no podrá revelarse sino en ese universo que aún no existe y que sólo existirá cuando nosotros existamos en nuestra estatura de hombres, cuando existamos nosotros como no condicionados por el universo máquina, realizando por nuestra existencia un valor universal que pueda ser inmediatamente reconocido por todos los que están en búsqueda de sí mismos y que tienen la esperanza de una humanidad que no existe todavía pero que sigue siendo posible.

    Yo pienso que en esta afirmación, que además resulta pura y simplemente de la experiencia, de que nuestros orígenes animales y cósmicos están detrás de nosotros y nuestros orígenes humanos están delante de nosotros, pienso que en este descubrimiento o en esta constatación hay como una línea de separación entre un materialismo de método, pues la cibernética sólo puede fundarse sobre otros datos, y un espiritualismo, es decir, un postulado, pues no se trata de postular que las operaciones mentales son de orden espiritual ya que vemos precisamente que las máquinas son capaces de hacerlas, a menos de dotar de espíritu las máquinas, lo cual no me molesta además. Si las máquinas devienen espirituales, si las máquinas se reproducen, devendrán simplemente posibilidades humanas, y eso no me molestaría.

    El hombre , quiero decir el hombre espíritu, el hombre-valor, el hombre-dignidad, comienza a partir del momento en que el ser, máquina hasta ahora, se toma en manos, se re-crea, escapa al condicionamiento mecánico y hace surgir un universo sin límites en que los demás descubren un fermento, el fermento mismo de su dignidad y de su liberación, lo cual nos lleva de nuevo además a la experiencia capital que es la del encuentro con una presencia en lo más íntimo de nosotros, tal como Agustín la describe en la bien conocida estrofa: "Tarde te amé, belleza siempre antigua y siempre nueva. Tarde te amé, y sin embargo tú estabas dentro pero yo estaba afuera, y corría sin belleza hacia las bellezas que sin ti no existirían. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo." (Continuará)

  • 30/05/10 – Para el domingo de la Trinidad.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    El misterio de la Trinidad. La Trinidad, misterio de la pobreza de Dios. (Ghazir, 5.08.59)

    "En el catecismo aprendimos que la Trinidad es un misterio, un misterio impenetrable y nos contaron la falsa anécdota de Agustín, que caminando en la playa vio un niñito que trataba de meter el mar en una conchita. ¡Eso no es verdad! ¡No es verdad! Si Jesús habló de la Trinidad, no fue para confundir la inteligencia sino para liberarla.

    El misterio cristiano no es algo oscuro. Es algo deslumbrante de luz. Es una luz que no se puede expresar y no se puede agotar. Es lo contrario de un velo, de un límite, de un muro contra el cual chocamos. Es todo el espacio que se abre, y en que podemos avanzar eternamente, eternamente, eternamente… y será siempre, siempre, siempre nuevo. Jamás lo agotaremos.

    Si Jesús nos introdujo en el secreto, es porque es la libertad de la inteligencia y del corazón. Porque hay que confesar que mientras estemos ante el Dios solitario del judaísmo o del Islam, estamos aplastados. ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Dios es alguien centrado en sí mismo? Es solitario, se alaba, se mira, se admira, se ama, ¿y nos pide que lo alabemos y lo amemos? Eso nos asfixia, eso nos ahoga…

    Y comprendemos que la pequeña egipcia de nueve años, habiendo oído decir que Dios era la Causa Primera, que todo viene de Él, que todo vuelve a Él, que hace algo sólo para Él, que tiene todo, que nada se le puede quitar, que es infinitamente feliz, que es indiferente a la desgracia y a la felicidad de los demás porque Su gozo es completo en Sí mismo, se decía: "Tiene suerte. ¿Y eso lo tiene así no más? No hizo nada para ser Dios, eso lo tiene desde siempre. Qué cosa tan curiosa… Pues tiene suerte. ¿Porqué Él, y nosotros no? En el fondo, eso no es justo. ¡Todo el mundo debería tener su turno!" Y en su cabecita, esperaba su turno para ser Dios.

    Como decía Nietzsche, el filósofo alemán: "Si existen dioses, ¿cómo podría yo soportar no ser dios?

    Justamente, porque la niñita, como sus catequistas, como Nietzsche, construían todos a Dios en lo alto, en la línea de la pirámide. Lo veían allá arriba, arriba, arriba, como una aplanadora que nos aplasta con Su Potencia y Majestad.

    No sabían que Dios es el que está arrodillado para el Lavatorio de los pies. Y justamente, la Trinidad nos abre el Corazón de Dios. La Trinidad nos enseña que Dios no es solitario. Es único pero no solitario, único pero no solitario, que justamente no es Alguien que se mira y se admira, que se alaba, se inciensa y se ama, porque en Él toda la vida brota, brota, brota como una comunicación que va del Padre al Hijo, del Hijo al Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, que en Dios está el Otro, que en Él "Yo es Otro", que el Él la vida es "Tú eres Yo"… el Padre lo dice al Hijo, el Hijo al Padre y el Hijo y el Padre al Espíritu Santo y el Espíritu Santo al Hijo y al Padre.

    En Dios no hay un Yo único, un Yo solitario, un Yo aferrado a Sí mismo, sino tres focos, tres focos de luz, tres focos de amor y de comunicación, donde toda la Vida Divina se renueva continuamente en un Don inagotable. El Padre no se mira a sí mismo: es sólo mirada hacia el Hijo, y éste es sólo una mirada hacia el Padre, y el Padre y el Hijo no se idolatran: son sólo un impulso hacia el Espíritu Santo que respira al Padre y al Hijo.

    Así la Vida Divina es en estado de pobreza. Dios sólo tiene contacto consigo mismo comunicándose: el Padre al Hijo, y el Padre no es nada más que esa comunicación viva con el Hijo. No es como un padre humano que primero existe y luego deviene padre. En Dios la Paternidad es eterna; en Dios la Filiación es eterna; y a mí no me gusta que digan: "Dios tiene un Hijo". Dios es Padre, Dios es Hijo, Dios es Espíritu Santo. No existe primero el Padre que se da un Hijo: la Trinidad es eternamente ese surgimiento de luz y de amor. La Trinidad es eternamente el despojamiento de Dios. Eternamente, Dios es todo dado en la circumincesión, en la circulación del Padre en el Hijo, del Hijo en el Padre, en el beso de fuego del Espíritu Santo que es sólo una respiración de amor hacia el Padre y el Hijo.

    ¡Es tan grande este descubrimiento, este descubrimiento justamente que sobreviene a San Francisco cuando comprende que él es el esposo de Dama Pobreza! La Divinidad no es una propiedad. Cuando Lutero dice esas palabras horribles: "Dios no suelta el poder, no quiere soltar las riendas del poder", vuelve la espalda, sin saberlo, a la esencia misma del Evangelio.

    Dios no es un poder aferrado a Sí mismo, un poder que se defiende, nos aleja, nos prohíbe acercarnos a Él, y que se venga con los peores castigos de toda tentativa de usurpar sus derechos divinos. Dios es justamente el que no tiene nada, el que no puede tener nada, no puede poseer nada, porque en Él la Vida es toda personificada, es toda personal y una Persona es justamente un ser que es totalmente DON…"

  • 29-30/05/10 - ¿Es posible un hombre?

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Cenáculo de París, sábado 22 de enero de 1966. Conferencia: "El hombre es posible"

    "Hace años y años que hablo del yo biológico, del yo animal, del yo posesivo que es una secreción de sí mismo, un resultado de todas las operaciones instintivas, es decir cósmicas, animales, vegetales o minerales y no me sorprende que se considere hoy todas las facultades mentales como simple desarrollo de un automatismo mecánico. En efecto, acabo de decirlo, si el formalismo de los soportes, las señales eléctricas o las letras de una inscripción o los trazos de un alfabeto Morse, si los soportes de la afirmación es lo que concierne las máquinas, si las máquinas trabajan sobre ese formalismo, es cierto que con frecuencia también el hombre sólo trabaja sobre ese formalismo.

    Los calculadores prodigio, los calculadores que pueden resolver en un segundo o realizar sumas, multiplicaciones, restas, divisiones o fracciones de números, y que pueden hacer todo eso en un instante, son probablemente máquinas particularmente sensibles al formalismo y que logran combinaciones extremadamente rápidas, sin ningún razonamiento. Y yo pienso que lo que llamamos vida intelectual en la mayoría de los seres humanos es simplemente formalismo automático.

    Nos quedamos en la superficie de los signos, no pensamos, y si pensamos, si reaccionamos de manera particular, no es en virtud de un pensamiento sino en virtud de una afectividad, de una afectividad que protesta delante de ciertos resultados, que desea otros, que protesta por motivos instintivos o que, al contrario, graba con felicidad, con júbilo, unos resultados que concuerdan con lo codiciado y lo instintivo.

    Por eso además traté de mostrar en Diálogo con la Verdad que se necesitaba presencia a una Presencia y que no se trataba de manipular razonamientos, de manipular formalismos para llegar a la verdad. La verdad está más allá. Si existe, sólo puede estar en un diálogo de persona a persona.

    Entonces todo eso no me sorprende. Todo eso confirma lo que siento desde hace mucho tiempo y no ceso de repetirlo en una u otra forma. En efecto, nada me parece más natural que admitir que el hombre no es sino producto del universo, una máquina limitada además por la afectividad, es decir por la complicidad que ofrece o rehúsa al formalismo automático que se realiza en ella.

    Y ahí es donde llegamos a la única pregunta: ¿Es posible un hombre? Si digo: yo no soy sino una máquina, soy sólo una máquina y todas mis actividades son fruto de mecanismos sin objetivo ni finalidad. Si digo: Estoy encerrado en mis mecanismos, si digo: jamás podré salir de mis mecanismos; si impongo una finalidad a las máquinas que construyo, que fabrico, esa finalidad me es sugerida, y hasta impuesta por mis propios mecanismos ya que, por hipótesis, soy una máquina que no puede salir de sus mecanismos.

    Evidentemente hay algo sospechoso ya en ese yo no soy sino… Decir: yo no soy sino… supone ya una vista sobre otra cosa. Yo no soy sino… estoy encerrado en mis mecanismos, supone que la prisión podría abrirse.

    En todo caso, sólo hay una posibilidad de humanidad, sólo una esperanza de humanidad, y es que pueda evadirme de mi mecanismo, que pueda escapar a su condicionamiento. ¿Pero hacia qué, en qué, si estoy en un universo que es todo un inmenso mecanismo? Si existe una posibilidad de escaparme de los mecanismos, si existe una posibilidad de ser algo más que una máquina, eso sería en un mundo que no existe todavía, en un mundo que tengo que crear, en un mundo que sólo puede existir por mí, si yo realizo su creación.

    Esa es la única posibilidad. El universo tal como es, tal como se nos impone, el universo en que nacimos y del que nacimos, el universo en que fuimos arrojados y del que dependemos y que nos condiciona en todos los sectores, ese universo no es de nosotros y es imposible encontrar en él otra cosa que máquinas artificiales o naturales. Si existe una posibilidad está en que yo haga surgir un universo que no existe y que sólo puede existir por mi medio.

    Y noten que siempre será así, suponiendo que esta esperanza sea permitida. Si existe una esperanza de humanidad, si puede surgir un hombre que ya no esté condicionado por esos mecanismos. Sean cuales fueren los perfeccionamientos de la cibernética, aunque se llegue a crear un súperhombre, aunque en un laboratorio se llegue a crear la vida con todas las perfecciones, todo lo que se podrá hacer con los medios de que se dispondrá, que serán cada vez más perfectos, será construir máquinas, máquinas perfectas, o al menos cada vez más perfectas, y jamás será otra cosa que máquinas. Si el pretendido súperhombre salido de un tubo de ensayo llegara a existir, sería una máquina, ciertamente más perfecta que la nuestra, pero no habremos avanzado un solo paso hacia la realización de un universo no mecánico, pues será todo entero fruto de la cibernética, fruto de la mecánica.

    Ahora bien, en todo caso y en toda eventualidad, si para seres como nosotros existe una posibilidad para la vida del espíritu, una posibilidad de humanidad, una posibilidad de ser fuente y origen, una posibilidad de ser creador, será siempre en virtud de una creación realizada por cada uno en un universo que no existe todavía y que sólo puede existir por medio de nosotros.

    Ahí es pues donde hay que situar la humanidad, como una posibilidad. Es necesario situarla en ese mundo que aún no existe, que quizá tenemos la posibilidad de crear, pero que sólo subsistirá en virtud de una creación permanente que habrá que recomenzar continuamente, una creación en la que nos haremos hombres realizando un universo humano.

    El universo tal como es, es un universo de máquinas. El universo tal como es no ofrece ni puede jamás presentar un ser espiritual en virtud de su dinamismo espontáneo. Y este universo tal como es, sólo puede a lo sumo tener una posibilidad de hombre, una esperanza de hombre, sugerida por el hecho mismo de podernos situar ante las máquinas y ante la máquina que somos diciéndonos: yo no soy sino una máquina, es decir podría en el fondo ser otra cosa.

    Si me doy cuenta de mis límites, es quizá que estoy llamado a salir de ellos. Tratemos de salir de ellos y en la medida en que, habiendo salido de ellos, lleguemos a una realidad experimental, a una realidad que se inscriba en nosotros como más real que todos nuestro mecanismos, como más real que todas las secreciones globulares, como más real que todas nuestras tendencias imprecisas. En esa medida estaremos situados en una realidad que cambiará esencialmente nuestro punto de vista, nuestra visión del mundo, nuestra conducta, nuestro comportamiento y todas las decisiones que puedan proceder de nosotros"

     

  • 28/05/10 - De la posibilidad de ser hombre

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Cenáculo de París, sábado 22 de enero de 1966. Conferencia: "El hombre es posible"

    "Los físicos, unos de ellos al menos, fundándose en la segunda ley de termodinámica, admiten que, puesto que la entropía aumenta sin cesar, el mundo terminará en una especie de neutralidad absoluta, es decir que no habiendo ya ninguna diferencia de potencial, ya no sucederá nada. Todas las energías estarán inertes, ya no habrá intercambios, no habrá fenómenos, no sucederá nada, y por tanto, no habrá más nada.

    ¿No se puede imaginar el origen del mundo precisamente en esa especie de estado inmóvil, inerte, donde no sucede nada, hasta que haya una arruguita que ponga todo en movimiento en alguna parte? Pero suponiendo que el universo haya surgido de la nada, si estas palabras tienen sentido, suponiendo incluso que haya un constructor trascendente, ese constructor no habría necesitado tener objetivo, ya que la naturaleza no lo tiene. No habría necesitado tener objetivo, no habría tenido que construir cosas muy complicadas, sólo habría tenido que construir o producir en alguna parte una diferencia de potencial, tan pequeña como fuera, en elementos indefinibles además, y no tenía que hacer más, porque los resultados habrían venido espontáneamente.

    Suponiendo que sea necesario para desencadenar los fenómenos, es muy difícil ver en ese constructor algo semejante a un creador, al creador tal como lo presenta la tradición y, finalmente, a esa especie de constructor trascendente, le habría bastado, una vez más, con desencadenar elementos extremamente indiferenciados, a condición de que hubiera en alguna parte una diferencia de potencial que permitiera el movimiento.

    Ahora bien, es totalmente imposible no tener hoy en cuenta la cibernética que invade toda la vida. Es imposible no tener en cuenta la biología a la cual recurrimos además espontáneamente: cuando estamos en una situación en que el dolor se hace intolerable, tomamos calmantes, volvemos a la química, compramos morfina, elementos físico-químicos que suspenden la sensibilidad y nos procuran un momento de reposo. Admitimos, pues, constantemente la intervención de la físico-química en nuestro organismo, y hay medicaciones fundadas en la quimioterapia, precisamente en las enfermedades mentales.

    Muchos psiquiatras renuncian a curas de psicoterapia, a curas psicoanalíticas, para limitarse a la quimioterapia en los casos de que se ocupan y pretenden que la eficacia está asegurada casi al 100%. Entonces, si la quimioterapia es eficaz, si la química interviene en la sensibilidad, si suspende el dolor, si cantidades de remedios sintéticos, sin ningún origen natural, que resultan de fabricación humana son eficaces en el organismo, ¿qué dificultad habría para admitir que nuestro organismo mismo es de origen físico-químico?

    Esta situación es, en efecto, extremamente grave, y es incontestable. Se irá cada vez más hacia una cibernética universal que confirmará justamente una biología que excluye toda finalidad en que el desarrollo de la vida se explica únicamente por acontecimientos físico-químicos.

    El espíritu va a retroceder más y más. La razón aparecerá cada vez más como una máquina y devendrá absolutamente imposible afirmar una trascendencia del espíritu fundándose sobre la experiencia de la vida cotidiana. Y entonces el Dios creador de la tradición devendrá cada vez más impensable, ya que no se le pedirá, si fuera necesario que construya a ciegas un mecanismo elemental que se desarrolle por sí mismo.

    Tenemos que considerar todo eso para no devenir un gueto, un gueto de gente que no quiere ver, que no quiere darse cuenta, que pretende saber más que los sabios, que cree que sus soluciones son intangibles porque jamás ha mirado las demás.

    Uno de estos días nos vamos a encontrar ante una especie de océano de eslóganes presentados por todas las revistas que vulgarizan los resultados de la ciencia. Nos vamos a encontrar ante un océano de afirmaciones que ponen exactamente todo en duda, que serán moneda corriente, que serán aceptadas por la mayoría de las mentes y que los periodistas divulgarán como la última palabra de la ciencia.

    Confieso que todo eso no me sorprende porque hace mucho tiempo me convencí de que el hombre no existe, que es a lo sumo una posibilidad, pero que tal como nace, tal como es arrojado a la existencia, es en efecto producto del universo, es una máquina como tantas otras, un resultado, algo que se padece y que no puede prevalerse de dignidad o valor particular". (Continuará)

     

  • 27/05/10 - ¿Que va a quedar para afirmar la vida del espíritu?

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Cada vez tiene menos sentido querer distinguir al hombre de las máquinas que fabrica y cada vez más se difunde la tendencia a un materialismo inconsciente de sí mismo, a un materialismo que no pretende atacar ninguna posición espiritual, un materialismo que se instala tanto más fácilmente cuanto que precisamente no pretende combatir contra nada. Es un materialismo dado por los hechos.

    Las máquinas: reemplazan al hombre, las máquinas superan al hombre. El hombre por su parte no es más que una máquina natural, imperfecta, comparado con las máquinas artificiales. No hay pues razón de dar al hombre una situación particular, y eso lo confirman además los biólogos que ven en la vida un fenómeno cuyo origen es sólo físico-químico, y lo confirman las teorías de la evolución que ven en toda la evolución el desarrollo de fuerzas sin ninguna intención ni finalidad.

    Como la cibernética que se difunde por doquiera, recurrimos a los modelos cibernéticos hasta en medicina para diagnosticar ciertas enfermedades y se construye un modelo, le dan órganos, lo hacen funcionar como imaginan que funciona el órgano en el cuerpo humano, sacan conclusiones terapéuticas con resultados a veces extremamente fecundos.

    ¿Qué va a quedar cuando la cibernética haya invadido toda la vida, cuando las teorías evolucionistas se hayan difundido en todas las mentes, cuando fabriquen quizá la vida con rayos ultravioletas, nitratos y fosfatos amoniacales? ¿Qué va a quedar para afirmar la vida del espíritu?

    Entonces uno está dispuesto a imaginar muy fácilmente una humanidad que se abandona a las máquinas, se vuelve parásito de sus máquinas, y realizando una esclavitud sin límites, sólo pide a las máquinas favorecer la satisfacción de instintos pasionales que no tienen nada que ver con la vida del espíritu. Nos damos cuenta además, en el terreno de la cibernética viendo la concurrencia entre los estados, especialmente entre los Soviéticos y los Americanos. Nos damos cuenta de que todas las empresas de cibernética, todos los éxitos increíbles de la electrónica, se resumen para muchos americanos o para muchos soviéticos a una competencia, a un debate parroquial entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. ¿Cuál de los dos llegará primero a la luna? Y eso ya no tiene nada que ver con la búsqueda de la verdad, con un movimiento del espíritu, sino que es simplemente un debate biológico, entre dos escuelas antagonistas de biología, una escuela contra otra.

    Si la vida surgió como piensan biólogos de renombre además, como Dauvillier ou Hovasse, si la vida surgió a partir de fenómenos puramente físico-químicos, si todos los seres vivos no son sino máquinas, si la vida no tiene misterio, excepto el de las fuerzas físico-químicas de las que procede y que son su origen, el mundo no necesita, no necesita creador. Es evidente que si se desarrolló espontáneamente, sin objetivo ni finalidad, no hay razón alguna para suponer que haya un pensamiento detrás del universo. La vida surgió espontáneamente a partir de la físico-química y si es verdad que el universo actual tuvo comienzo, - lo que es muy difícil de probar – suponiendo que el universo en que estamos haya tenido comienzo, ¿qué quiere decir eso de comienzo? (Continuará)

     

  • 25-26/05/10 - ¿Existe el hombre?

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Cenáculo de París, sábado 22 de enero de 1966. Conferencia: "El hombre posible"

    "¿Existe el hombre? Es una pregunta capital, más aún, la única pregunta que debemos plantearnos. ¿Existe el hombre? Todos se cuestionan sobre la existencia de Dios. Pero hay que plantearse primero la cuestión de la existencia del hombre y debemos plantearnos esa cuestión tanto más cuanto que la cibernética parece introducir o fundar o difundir un nuevo materialismo.

    La cibernética, es decir el arte de hacer eficaz la acción humana. La cibernética, es decir el arte de construir máquinas que reemplacen al hombre, se ha desarrollado de manera considerable y se va a desarrollar aún más para llegar a realizaciones increíbles, pues se admite, se constata hoy en día que las máquinas calculan, las máquinas razonan, las máquinas construyen teorías, las máquinas recuerdan, las máquinas se corrigen, las máquinas son eventualmente capaces de construir teorías que le hombre es absolutamente incapaz de entender.

    Y llegaremos a la situación en que la máquina hará todo en el universo, es decir, realizará todas las operaciones que en otro tiempo decíamos mentales y el hombre se limitará a sacar partido de los resultados para su propio beneficio, es decir, en la inmensa mayoría de los casos, para satisfacer sus necesidades pasionales.

    El hombre será parásito de las máquinas, las cuales pensarán, razonarán, calcularán, descubrirán en su lugar, y él vivirá como parásito de las máquinas que le permitirán satisfacer sus deseos con el máximo de eficacia.

    La situación se agrava por el hecho de que, por su lado, los biólogos consideran el origen de la vida a partir de la fotosíntesis de ciertos elementos como nitratos o fosfatos irradiados por rayos ultravioletas. La vida habría surgido de manera elemental de un proceso puramente fotoquímico y no habría en ella nada más que química que se perfecciona y se equilibra, hasta llegar a la sensibilidad y al razonamiento, razonamiento que por otra parte no tiene nada de sensacional pues si las máquinas pueden razonar no hay por qué imaginar que el hombre que razona sea más que una máquina, una máquina deficiente además, ya que es incapaz de realizar mentalmente ciertas operaciones que realiza la máquina con una facilidad increíble.

    Por otra parte, estudiando la evolución, los biólogos llegan a la conclusión de que la evolución se realizó únicamente por fuerzas naturales que además no tenían ni autor ni finalidad, que se establecieron o se desarrollaron en ciertas direcciones por determinismo físico-químico, por cierta necesidad de equilibrio fundada sobre diferencias de potencial.

    Para los biólogos no hay pues duda alguna, y tienen ustedes la prueba si leen el enorme libro sobre biología publicado por Gallimard, una especie de enciclopedia de los conocimientos biológicos actuales, en el cual todos los autores sin excepción rechazan toda finalidad: la evolución, como la vida y como el origen de la vida, no supone dirección, es decir no supone intención: no hay objetivo, sólo hay resultados fundados sobre energías físico-químicas.

    Si se tiene en cuenta el inmenso impacto de la cibernética en que la electrónica es naturalmente activada o continuamente estudiada, si se tiene en cuenta el impacto de las teorías biológicas que para el lector sincero que busca la verdad constituyen la última palabra de la ciencia actual, se llega al cuadro extraordinario en que finalmente la vida se establece cada vez más sobre un maquinismo exterior al hombre, construido por él si se quiere, pero exterior a él, y que sugiere cada vez más que él mismo es una máquina ya que las operaciones que se le creían reservadas a la mente – a lo que se llamaba la mente – son realizadas, y mucho mejor por las máquinas.

    Esto lleva a la conclusión de que el hombre mismo es sólo una máquina, una máquina deficiente además à causa de una afectividad de la que afortunadamente están exentas las máquinas que construimos: eso asegura justamente la infalibilidad de las máquinas artificiales, porque no las embaraza ninguna afectividad.

    Cuando el hombre razona, su actividad o el peso de su afectividad puede desviar ciertas conclusiones, por temerlas, o interpretarlas. De todos modos, su afectividad constituye un obstáculo en el desarrollo de sus facultades mentales, las cuales son exitosas, una vez más, en las máquinas artificiales.

    Naturalmente, esta visión se puede corregir hasta cierto punto, recordando que las máquinas artificiales, las calculadoras que fabricamos, son sensibles sobre todo a formas. Me voy a explicar de la manera más sencilla: cuando abordamos una lengua desconocida, imaginando además que tal inscripción representa realmente un lenguaje, si por otra parte ese lenguaje hipotético está escrito con signos desconocidos lo cual redobla la dificultad, ¿cómo hacemos? Es claro que descifrar lo que suponemos ser una inscripción, una inscripción de origen humano, una inscripción que contiene un mensaje, ¿cómo procedemos?

    El hombre tiene antenas para ese tipo de descubrimientos. Naturalmente, en los signos grabados en las piedras, busca los motivos que se repiten. Ése será un primer dato en ese desierto indescifrable. Existen indicaciones. Las primeras son las semejanzas: los signos que se repiten suponen uniones, lazos, y constituyen un primer dato. Se estudiará al menos la frecuencia de los signos semejantes. Se estudiará su posición, ¿dónde están situados? Se supone que sirven de conjunción, y paso a paso, se supone que tal grupo de letras, que se presentan con más frecuencia, juega el papel de sustantivo, o de predicado, o de verbo, y todo eso sin comprender nada de la inscripción, sino simplemente a partir de los trazos visibles, simplemente en función de la disposición de los signos se tiene ya cierto número de indicaciones, las cuales, multiplicándose nos acercarán a la solución.

    Es decir que la lectura de una inscripción en lenguaje desconocido y trazada en escritura desconocida no se puede abordar naturalmente, no se puede abordar buscando un sentido, sino primero descubriendo ciertas formas. Es decir que se aborda la interpretación por medio de cierto formalismo y se termina, si se tiene suerte, si se tiene disposiciones para ese trabajo, se termina por descifrar una o dos palabras o una frase cuya coherencia puede ser garantizada por el contexto, por los dibujos que acompañan la inscripción y orientan hacia el sentido mismo del mensaje. Habiendo descifrado una frase o unas palabras, a partir de ahí se puede avanzar para llegar a descifrar lo demás, pero todo eso a partir del mero dibujo, de la forma y no del sentido. Es decir que se considera el soporte, como se dice en cibernética, el soporte y no la semántica, es decir el significado.

    Y parece, en efecto, que así es como se debe situar el razonamiento de las máquinas, su pensamiento, su corrección y su memoria. Se trata de una operación puramente formal orientada hacia los contornos, hacia los signos, hacia los soportes, y no hacia el sentido.

    Es muy probable que la máquina no comprenda nada, no sepa nada, no quiera nada, y que toda su actividad se realice sobre formas comparadas, juzgadas compatibles o no, en virtud de cierto equilibrio formal que no tiene nada que ver con la semántica, con el significado, con el sentido que se le pueda atribuir a los signos mismos.

    Además, los cibernéticos están perfectamente de acuerdo para reconocer que el alfabeto cibernético se funda en formas, en correspondencias entre ciertos cifras, por lo general sencillamente dos cifras que representan letras y que se traducen en la máquina por impulsos eléctricos de cierta duración, más o menos larga, que le da valor a cada signo.

    Es pues probable que las máquinas no piensen, no razonen, no sientan, no quieran, y que se trate realmente de un formalismo automático. Pero al cibernético no le preocupa saber si la máquina piensa o razona. Le interesa saber si le da resultados que para nosotros se traducen por razonamiento, por teoría, por corrección, por memoria o por mensaje que por otra parte nos escapa y es completamente indescifrable.

    Sin embargo, el gran público, que no puede informarse a fondo sobre esos métodos, que recibe además de los informáticos toda la información sobre esos trabajos, que sólo pide resultados a las máquinas sin inquietarse de lo que sucede en ellas, porque no le interesa.

    Es imposible que el gran público no se impresione y no termine por concluir que las máquinas son capaces de hacer todo lo que hace el hombre, y mucho más, que las máquinas son inteligentes y por porta parte, y esa es la conclusión a que llegará más fácilmente, que las operaciones mentales del hombre son pura y simplemente operaciones mecánicas.

    En síntesis, existen dos clases de máquinas: las máquinas artificiales fabricadas por el hombre y las máquinas naturales que son los vegetales, los animales, o los minerales, los vegetales, los animales y nosotros mismos. La única diferencia entre el hombre y las máquinas artificiales es entonces que las máquinas artificiales son fabricadas por el hombre y las máquinas naturales son producto de las fuerzas que obran en el universo. (Continuará)

     

  • 24-05/10 – Homilía de la misa de adiós.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    Homilía de la misa de adiós, 2 de junio de 1972. Al despedirse de la comunidad, M.Z. pronuncia una homilía muy hermosa donde deja hablar su corazón con toda confianza...

    Miren el misterio de hoy, el Pentecostés. Pentecostés dispersa los Apóstoles por todo el mundo, pero la dispersión tiene como fin la deificación del mundo. Entonces los apóstoles tienen que llevar al mundo, a transmitirle, la presencia de Cristo que es nuestra unidad.

    Hay un centro único escondido en el fondo de nosotros esperando el fin de una soledad y los apóstoles al dispersarse sólo se dispersan para unir, para reunir todos los pueblos, o mejor, todas las personas humanas, para reunirlos a todos en un solo cuerpo, en una sola vida, en una sola Persona, en un solo amor, en un solo corazón, en un solo punto de luz donde todos se van a encontrar dentro unos de otros en la Presencia de Cristo.

    Es la experiencia más constante, más profunda, más cierta que Dios, de que tenemos a Dios escondido en el fondo nuestro, el Dios silencioso, el Dios del que san Juan de la Cruz dice precisamente que es una música silenciosa. La experiencia más constante es que ese Dios funda nuestra interioridad, es el único camino hacia nosotros mismos, el único camino hacia los demás. Imposible reunirnos, imposible unirse a los demás sin pasar por él, sin reconocer la Presencia infinita que es él, sin dejarla transparentar en nosotros de manera que lleguemos a los demás, no en lo que tienen de superficial en su vida, sino en las profundidades eternas de su espíritu.

    Eso es lo que constituye hoy la luz de nuestra vida. Eso ilumina esta reunión alrededor de la mesa del Señor, y es que no vamos a separarnos sino a profundizar los lazos en él, con él y por él; vamos a encontrarnos en la medida en que nos encontremos con él, permaneceremos interiores unos a otros, Si Cristo es realmente la vida de nuestra vida.

    Todos los días descubrimos qué vana, qué vacía y decepcionante es la vida superficial, la vida dispersada al exterior, qué estériles son las conversaciones la mayor parte del tiempo, cuántas heridas deja el alboroto, y una de las heridas más profundas de la vida es precisamente encontrar tan rara vez el interior que hace de cada ser humano una fuente, un origen, un espacio infinito, un bien universal, y al contrario, nos sentimos tanto más seguros, de que en la intimidad de nuestra vida con Dios, en la desapropiación que provoca en nosotros la Presencia divina vivida, estamos absolutamente seguros de ser por lo mismo presencia real a nosotros mismos y a los demás, a toda la humanidad y a todo el universo.

    Dios es el camino más corto y más profundo, porque justamente ese camino tan corto alcanza la suprema profundidad y nos permite encontrarnos en el infinito.

    Nada es bastante grande para nosotros, nada puede colmarnos fuera de esa respiración divina, fuera del intercambio del infinito en persona. Hay un punto focal, un punto único, un centro único en el cual todos estamos reunidos, en que todos tenemos la misma raíz y donde podemos encontrarnos a cada instante en la más indiscutible realidad.

    Y eso es lo que quisiera poner en el centro de esta despedida: quisiera poner al centro del encuentro la Presencia del Señor, único que nos hace presentes, que hace de nuestra vida un presente, un regalo, un don inagotable.

    Vamos pues al encuentro de Cristo en el silencio de esta liturgia, tratando de escuchar hasta el fondo el llamado de Jesús, identificándonos con él, poniéndonos totalmente en sus manos como se pone él totalmente en las nuestras a fin de que intercambiemos con él, de que seamos interiores los unos a los otros y realicemos de esa única manera infinita que es todo el misterio de la Iglesia que hace de nosotros el cuerpo místico de Jesús.

    Ofrezcámonos pues juntos, ofreciendo toda la humanidad y todo el universo para que el Señor diga sobre nosotros, como diremos nosotros sobre él: "Esto es mi cuerpo. Esto es mi sangre". (Fin de la homilía).

  • 22-23/05/10 - Pentecostés

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} El P. de Boissière nos aclara que cuando el P. Zundel pronunció esta homilía, acababa de regresar de Roma, después de predicar el retiro de cuaresma en el Vaticano al Papa Pablo VI, en febrero de ese año. Se encontró primero con las carmelitas de Beirut en marzo, en Nuestra Sra. de los Ángeles, y fue acogido en Matarieh (El Cairo) con una alegría muy grande y cálida. Al despedirse de la comunidad, pronunció una hermosa homilía en que dejó hablar su corazón con toda confianza…

    Homilía de la misa de Pentecostés. 21 de mayo de 1972

    Queridos amigos, ustedes recuerdan la última pregunta que hicieron los apóstoles el día de la Ascensión. Mientras Jesús los invitaba a recogerse para esperar el Espíritu Santo que iba a enviarles, la última pregunta que le hicieron fue: "¿Es entonces cuando vas a restablecer el Reino a favor de Israel?"

    Y aquí tenemos hoy la respuesta inesperada y maravillosa: el Reino de Dios, el Reino en que Jesús quiere introducirnos no puede construirse, no puede advenir sino dentro de nosotros. El cielo al que estamos llamados es justamente un cielo dentro de nosotros, como dice el Papa san Gregorio: "El cielo es el alma del justo".

    Y es inagotable la luz que debemos seguir, la luz que nos conduce de afuera a dentro. Todos somos esclavos del afuera. Queremos jugar papeles, llevamos máscara, deseamos tener influencia, gozar de privilegios, ser alabados y admirados y, mientras seguimos exhibiéndonos perdemos nuestra sustancia, nos volvemos cada vez más exteriores a nosotros mismos y terminamos por ser sólo apariencia de existencia.

    Pero justamente la luz de Pentecostés nos hace volver a lo esencial, nos revela nuestra dignidad, nuestra vocación, nuestra grandeza, nuestra inmortalidad, nos revela nuestra igualdad, nuestra igualdad en lo alto, nuestra igualdad en el amor, nuestra igualdad en el despojamiento, nuestra igualdad en la pobreza, nuestra igualdad en el don de nosotros mismos.

    Toda alma, desde la de un niño recién nacido, toda alma, todo espíritu humano es capaz de esa inmensidad, está llamado a esa grandeza y debe convertirse en Reino de Dios. Cada uno de nosotros está llamado a tener y a ser interior… interioridad. ¡Qué maravillosa es esta palabrita insignificante!

    Cuando Agustín dice a Dios: "Tú estabas dentro y yo afuera", nos hace sentir toda la grandeza de esa palabrita estar adentro, es decir, ser fuente, ser origen, ser un valor, un tesoro, ser un creador, ser uno mismo todo un universo.

    Pasternak lo comprendió muy bien. Tiene una página extraordinaria, conmovedora y magnífica, donde nos muestra que han llegado los tiempos nuevos, los tiempos de grandeza. Han llegado los tiempos nuevos, como dice Tagore, de embriaguez por ser.

    Hasta entonces se veían multitudes, se veían ejércitos. Hasta entonces se veía, se asistía a migraciones de pueblos, se contaba por número y multitud. ¿Y qué sucede ahora? Miren como el Ángel se dirige a María, miren el diálogo de la Anunciación: se tiene cuenta del "" de una jovencita, ese "" es indispensable para culminar la Creación, y en el secreto de su corazón es donde se decide el destino del mundo.

    En adelante, ya no se trata de multitudes, ya no se trata de asambleas donde el hombre forma tumultos. Ahora lo que cuenta es el secreto de amor que se murmura en el fondo del corazón. Lo que cuenta es el interior donde cada uno es liberado del exterior, donde cada uno lleva dentro su eternidad, donde cada uno puede llegar a ser para los demás un espacio ilimitado, un fermento de liberación y de grandeza.

    Nada es más maravilloso, nada nos toca más profundamente, porque nada es más liberador. Ser libre de sí es totalmente imposible si no se ha encontrado en el fondo del corazón la Presencia infinita que es la única capaz de colmarnos, que es el único camino hacia nosotros mismos, el único camino hacia los demás, el único sentido del universo.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    Tenemos pues que recibir esa herencia maravillosa, descubrir esta mañana el don infinito del eterno amor.

    Vamos a nacer de nuevo.

    Hoy comienza todo. Como los apóstoles que son radicalmente transformados cuando cesan de mirarse, cuando sólo ven el rostro de Cristo impreso en su corazón.

    Como ellos van a ir hasta el martirio ahora, que parten a la conquista del mundo, también nosotros podemos nacer hoy de nuevo y entrar en la inmensa aventura que consiste en dar el mundo a la luz infinita y al eterno amor y consagrar el mundo a Cristo que dio su vida y la sigue dando hoy eternamente.

    Hoy podemos entrar en ese inmenso amor justamente en la medida en que comenzamos por recogernos, por entrar en el silencio infinito donde nacen todas las vidas.

    El silencio es lo que está al origen de toda grandeza, en el silencio es donde se descubre la Presencia infinita, en el silencio es donde uno nace a sí mismo, en el silencio es donde uno encuentra todas las presencias, en el silencio es donde uno llega hasta la raíz de sí mismo y hasta la raíz de los demás.

    Vamos pues a sumergirnos en el silencio, pidiéndole al Señor que nos comunique la plenitud de su Espíritu y los libere por fin del viejo yo gastado, raído, que nos dé un punto de vista nuevo que sea sólo mirada de amor hacia él.

    Que nos envíe a dar, por la simple presencia, a dar al mundo la alegría de Dios, la alegría del eterno amor, la alegría del rostro de Cristo por que suspira toda la tierra. (Fin de la homilía)

     

  • 15/05/10 - "¡En la Iglesia, yo seré el corazón!"

      Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Mauricio Zundel, en Ghazir, el 8 de agosto de 1959 a las 6 y 30. 4ª parte de la conferencia  

    "No nos demoremos en nuestro pasado, no rumiemos los pecados que hemos cometido. No nos perdamos en inagotables exámenes de conciencia. Es verdadera pérdida de tiempo. Es hoy, ahora, que todo comienza y lo maravilloso del Evangelio es justamente que todo comienza. El pecado original, no, es el pasado. "Bienaventurada falta que nos valió un Redentor tan grande". En el presente, en el regalo,  en el don infinito que Dios nos hizo en Jesucristo, el pecado original se hace tema de alabanza y se transforma en grito de júbilo. Y la Magdalena hace de sus faltas la catedral de su acción de gracias y de su amor.

    Se trata de comenzar.

    Y ya que hoy es la fiesta del Cura de Ars, no olvidemos justamente que en ese hombre tan pobre en recursos humanos, tan privado de todas las capacidades para aprender o enseñar, cuyos sermones se ha probado recientemente que eran tomados de colecciones de sermones y que el ponía una tras otra frases sacadas de una y otra fuente – y sabe Dios cuanto trabajo y sudor le daba esa especie de rapsodia – pero ese texto pobre que había sacado de miserables sermonarios, cuando él lo decía, se convertía en fuego, en el fuego de Pentecostés. Y había en él una llama tal, una presencia tal, un amor tal, que todas las palabras estaban consumidas por la Presencia que las animaba.

    Y venía la gente desde el fondo de América, venía de las Universidades, venía de la Academia y del Instituto, venían a escuchar a ese pobre hombre porque ya no eran las palabras lo que se escuchaba sino una Presencia que se recibía, era un sacramento que transmitía al Verbo de Dios. Y todos los que lo escucharon, todos los que lo vieron, recibieron de él el fermento de una libertad que los acompañó hasta la muerte. Y eso es lo que se nos propone.

    Dios nos está buscando a nosotros y no nuestros dones. No hay pues que caer en la superstición de las obras, la superstición del papel que podemos jugar. Todo eso literalmente no existe. Basta existir realmente, basta amar y todo queda hecho. Por eso santa Teresa, cuando su salud la obliga a renunciar a las duras mortificaciones a las que se había sometido alegremente, comprende que su vocación es únicamente la de amar, y acaba por comprender que en la Iglesia ella no tiene sino que ser sino el corazón de la Iglesia: "En la Iglesia, yo seré el corazón". Qué más podemos hacer nosotros, a la luz de la santidad de esa jovencita y de ese pobre cura de campaña, sino realizar la obra de amor y conservar en el fondo del alma el mismo deseo: "En la Iglesia, yo seré el corazón". (Fin)

     

  • 20-21/05/10 - La Biblia es un sacramento. No es un libro, es Alguien.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Conferencia dictada en Ghazir, en 1959: "Jesús, verdadero sentido de las Escrituras". Final.

    Entonces nunca, nunca, digamos a los niños que Dios es ése del capítulo 26 del Levítico. Comencemos por el rostro del Nuevo Testamento, y a través de ese rostro, cuando hayamos tratado de imprimirlo en su corazón, cuando estén seguros de ir hacia un amor infinitamente más maternal que el de la madre más tierna, entonces podremos contarles cómo se representaban a Dios en el Antiguo Testamento, en diferentes épocas, cuando tenían tanto miedo de Dios que al pie del Sinaí el pueblo decía: "¡Sobre todo, que no nos hable Dios, que no nos hable Dios! ¡Que nos hable Moisés, pero no Dios, porque si Dios nos habla moriremos!" (Ex 20, 19). Como el profeta Isaías, en su visión inaugural, tiene la impresión de que va a morir porque es indigno de encontrarse ante Dios.

    Hay pues que pensar de nuevo todo el catecismo en esta perspectiva. No hay que hacer creer a los niños que ese estadio primitivo representado por el Génesis – es decir el primer libro de la Biblia y todos los que lo siguen – que ese primer estadio primitivo corresponde a la verdad definitiva. Era un primer aproche, que era verdad en la medida en que era movimiento hacia Dios, pero que es falso si lo cerramos ahí como verdad última.

    Es claro que si presentan a los niños la historia del pecado original bajo el aspecto de un señor que prohibió acceder en su hermoso huerto a los árboles más hermosos que son el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal, porque él es el dueño y tiene derecho de ponerle condiciones a la felicidad, si les cuentan la historia de esa manera, concluyendo que fue porque Adán y Eva comieron del fruto prohibido por lo que fueron castigados y nosotros también, si se limitan a eso, no tienen en cuenta el otro huerto que es el huerto de la agonía, pues, finalmente, en el huerto de la agonía es donde aprendemos lo que significa el primer huerto.

    En el abandono de nuestro Señor, en la soledad infinita en que se revela plenamente el amor infinito de Dios, comprendemos las palabras de Pascal cuando decía: "Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo. No hay que dormir durante ese tiempo". Esas palabras hay que ponerlas en relación con el origen del mundo: el cordero es inmolado desde el comienzo, como dice el Apocalipsis, desde el comienzo del mundo; desde el comienzo del mundo Jesús está en agonía porque justamente el pecado es ante todo, esencial y únicamente, un rechazo de amor.

    Dios no quiso poner al hombre a prueba para hacerle sentir su poder. Dios le presentó al hombre sus nupcias. Le presentó al hombre el matrimonio de amor que no cesa de ofrecer a través de todos los siglos, y el primer pecado fue el primer juicio de Dios por el hombre, el primer rechazo, la primera condenación, la primera crucifixión, y lo que debemos retener justamente del primer capítulo del Génesis, a la luz del segundo huerto, del huerto de la agonía, es el grito de la inocencia de Dios, que atraviesa toda la Biblia y resuena en el calvario, y será escuchado hasta el fin de los siglos, el grito de la inocencia de Dios.

    No fue Dios el que inventó la muerte, no fue Dios el que inventó el sufrimiento, no fue Dios el que inventó el dolor, no fue Dios el que inventó el mal: todo eso vino a pesar de Dios y él es su víctima, como cordero inmolado desde el comienzo del mundo.

    La Biblia debe absolutamente ser leída bajo la luz de Cristo. Además, la Biblia es un sacramento, como tendremos ocasión de precisarlo. La Biblia es un sacramento. No es un libro, es Alguien, es alguien. Y la Imitación lo dice de manera admirable hablando del banquete eucarístico y del banquete de las escrituras, ya que en uno y otro recibimos y comemos la palabra eterna de Dios. En los dos banquetes recibimos al Verbo de Dios que es Jesús. El verdadero sentido de las Escrituras es Jesús. Y ese libro es una Persona, y hay que leerlo como una confidencia, como la confidencia de una madre que cuenta cómo se adaptó a bárbaros, a salvajes, a primitivos, cómo se adaptó a gente que progresaba para ir más lejos, a seres que comenzaban a amar, que iban aún más lejos, hasta que por fin brillara la plena luz, el pleno medio día de la verdad en la humanidad de nuestro Señor.

    Y por otra parte, eso lo sentimos al leer en la misa los bellos textos integrados en la liturgia, textos que pueden ser tomados de cualquier lugar (de las escrituras), de cualquier lugar…

    No los leemos en el sentido literal, sino en el sentido eucarístico. (Por ejemplo), hay un texto admirable para la fiesta de la preciosa sangre de nuestro Señor, que dice: "¿Porqué es rojo tu vestido y tus ropas como las del que pisa en el lagar?" (Is. 63:12). Cuando uno lee esta imagen en el breviario o en la liturgia es algo magnífico que nos hace pensar inmediatamente en la ternura infinita del cordero inmolado.

    Cuando lo leemos en Isaías, se trata del lagar de la ira de Dios justamente, en que la gente es pisada y brota la sangre, brota del lagar, como la sangre del manojo de uvas bajo los pies del que pisa la vendimia. Es otra cosa muy distinta. Pero la Iglesia conservó muy justamente la primera imagen, la integró en el misterio de Jesús, porque su verdadero sentido es, finalmente Jesús, como el sentido de todo. Y además la Biblia no es jamás tan hermosa como en la liturgia.

    A veces, al principio, la lectura del texto de la Biblia nos choca. Puede chocarnos mientras no pensemos que se trata de pedagogía y de adaptación, de misericordia y de pobreza, ya que Dios se hizo palabra humana. Pero en la liturgia de la misa jamás nos choca, porque todos los textos están integrados en el misterio de Jesús y se hacen vivos bajo su luz. Entonces todo está animado con su Presencia y late con los latidos de su corazón.

    Y eso es: en cada palabra de la Biblia están los latidos de su corazón. Y si la leemos en ese espíritu sólo vemos su rostro y sólo sentimos su amor.

    Pero, justamente, ya que todo el mundo no ha sido introducido en la confidencia, no hay que prodigar esos textos delante de todos. Y al enseñar el catecismo no hay que dar nunca esa visión de Dios como última. Se trata de una visión de Dios en una época, y el verdadero rostro de Dios se encuentra precisamente a la luz de la pascua, se encuentra en el silencio y en la adoración, se encuentra escuchando interiormente la música de que habla magníficamente la Escritura, sabiendo que la verdadera palabra de Dios sólo se puede escuchar estando enraizados en su intimidad y acordados con los latidos de su corazón, entonces podremos escuchar la música que percibe el que ya no hace ruido consigo mismo y a propósito del cual nos dice la Escritura: "No impidan la música…" (Fin de l a conferencia)

  • 19/05/10 – El alma sabe que el verdadero Dios es todo Amor.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 3ª parte de la conferencia de Ghazir, en 1959: "Jesús, verdadero sentido de las Escrituras".

    No nos extrañará pues, al lado de las novedades más revolucionarias y que durarán para siempre, ver en el Evangelio ciertas adaptaciones en función de los auditores y que sólo valen por un tiempo, como las palabras "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt 15, 24), palabras que serían escandalosas si se tomaran a la letra.

    Es evidente que estas palabras significan que durante su misión terrestre, debía limitarse a eso, tenía que tratar primero de atraer al pueblo que pretendía ser depositario de todas las verdades. Quería hacerlo entrar en el movimiento misionero para la salvación del mundo entero, y cuando el rechazo por ese pueblo se hubiera realizado, la Palabra sería dirigida a las naciones.

    Pero es evidente que con esas palabras Cristo no excluye a todos los pueblos de la tierra, pues vino por ellos expresamente y las últimas palabras con que confía la misión a los apóstoles son precisamente para enviarlos a hacer discípulos de todas las naciones.

    Leamos pues los textos con la mirada interior, buscando en todas partes el amor de Dios que pasa por los textos del Antiguo Testamento, porque el Antiguo Testamento es un movimiento que sube hacia Jesús. Sube lentamente, lentamente, a través de muchas hesitaciones, muchos retrocesos, pero sube, sube. Y ése es su sentido: llevar hacia Jesús.

    En Jesús todo eso es rebasado. Por eso no hay que leer jamás el Antiguo Testamento sino a través del Nuevo. Hay que leer todo eso a través del corazón del Señor, como se ha dicho magníficamente que "una de las mayores pobrezas de Dios es haber aceptado hacerse palabra humana".

    Aceptó hacerse palabra humana. Aceptó caricaturas de él que son indignas de él, pero que eran necesarias para una humanidad primitiva y bárbara que se debía elevar por encima de su miseria y de su estiércol y que era necesario tomarla allá donde estaba.

    Además, san Juan de la Cruz nos da la exégesis de esa situación y de la manera más clara y profunda, san Juan de la Cruz, que es un poeta inmenso, uno de los más grandes poetas de todos los tiempos y la gloria de la literatura española. Ustedes saben que San Juan de la Cruz al estudiar las noches místicas, las noches terribles que constituyen una especie de infierno para ciertos místicos – no todos, afortunadamente – pero ciertos místicos pasan por esa especie de infierno que es un túnel tan oscuro, tan doloroso que les da la impresión, dice san Juan de la Cruz, de que Dios se encarniza, se encarniza contra ellos con una especie de enemistad implacable. En resumen, tienen la impresión de que Dios se les ha hecho enemigo. Tienen también la impresión de haberse convertido en enemigos de Dios, de que jamás podrán unirse con él, de estar como separados definitivamente de él y, en ese estado, su condición es tan miserable, dice san Juan de la Cruz, que no pueden recibir ninguna consolación. Es inútil querer avivar su esperanza, porque en esa especie de escrúpulo invencible, tienen siempre la impresión de que no ser comprendidos o de ser comprendidos sólo a medias y de que nadie puede compartir y medir la inmensidad de su sufrimiento.

    Pero llega justamente un día en que las purificaciones a que han sido sometidos en el túnel, llega un día en que "surge la luz". Salen del túnel, desembocan en plena luz y en esa luz vuelven a encontrar, o mejor, encuentran el verdadero rostro de Dios. Y lo ven como un rostro de amor, lo ven como un rostro nupcial, lo ven como un rostro de ternura y entran justamente en lo que los místicos llaman las nupcias espirituales y avanzan hasta el matrimonio de amor en que todo es consumado, en que el temor es echado fuera, y en adelante el alma se reposa en una luz y una vida ya es sólo intercambio de persona a Persona, como un Cantar de los Cantares que es el término de la más elevada santidad.

    Y entonces, el alma, mirando su historia, tratando de sobrevolar su pasado, se pregunta cómo pudo, en ese túnel, dar a Dios ese rostro de enemigo, ese rostro amenazante, ese rostro hostil que la crucificaba.

    ¿Cómo pudo darle ese rostro si el rostro que descubre ahora en la plena luz es un rostro donde no hay sino bondad y amor? Es, dice san Juan de la Cruz, que ahora en la luz, comprende que en la noche en que estaba, en la noche en que luchaba, envuelta en sus imperfecciones, enredada en su crisálida que se interponía entre ella y la luz, ella misma proyectaba sobre Dios su propio estado, sus propios límites, le daba a Dios su propio rostro, hacía de él el inventor de su miseria, cuando la miseria venía de ella misma. Ahora que ha salido del túnel, ya no es así. Sabe que el verdadero Dios es todo amor, que en él hay sólo ese rostro nupcial, ese rostro de madre, que tiene un solo rostro, el del término, el rostro del alba de pascua, y que todo el resto, todo lo que se encuentra en la Biblia, en el Evangelio, en las Epístolas, en el Apocalipsis, todo lo que no es ese rostro es simplemente reflejo de nuestras imperfecciones y de la misericordia de Dios que se adapta a ellas. (Continuará)

  • 18/05/10 - Jesús, verdadero sentido de las Escrituras.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Conferencia de Ghazir, en 1959: "Jesús, verdadero sentido de las Escrituras". 2ª parte.

    Sólo muy, muy tarde y en los siglos justo antes de la venida de Nuestro Señor surge en el pueblo judío la idea de la vida eterna, especialmente en el libro de la Sabiduría. Pero hasta entonces, para ellos, todas las bendiciones y todas las maldiciones se realizan en la tierra.

    Aunque existía, la vida del más allá era algo muy miserable para todos: era una vida de lágrimas, una vida de sombra, sin luz, sin esperanza y sin religión, ya que a menudo el salmista, o los salmistas dicen a menudo: "¿Quién te alabará en la tumba? Los que descienden a la tumba, a las regiones inferiores, no pueden alabarte", porque allá cesa toda vida real y justamente allá Dios no recibe ningún homenaje.

    Entonces, evidentemente, ese pueblo que dudaba de la vida después de la muerte y en el que era necesario mantener cierta rectitud, había que prometerle a la vez bendiciones sensibles y en el terreno más inmediatamente verificable, cosechas, posteridad abundante, poder ver hijos hasta la cuarta generación, y al mismo tiempo había que pintar de rojo las maldiciones, con los más sangrientos colores, para que supieran precisamente que si no se conducían rectamente las consecuencias serían terribles.

    Esa pedagogía puede ser necesaria, y hasta ser una forma de amor, pero claro está que ese rostro de Dios es un rostro que el hombre le da y que Dios acepta, para esperarlo.

    Por eso, aunque nuestro Señor asume a veces en el Nuevo Testamento las ideas tradicionales y toma el cuadro del Juicio con azufre y fuego, no debemos reaccionar, como tampoco reacciono yo cuando leo el "Dies Irae" de la Misa, el "Dies Irae" que muestra el Juicio con un gran libro y todo ese escenario en que yo naturalmente no creo.

    Pero no me incomoda nada recitar el "Dies Irae" que es un magnífico poema y que representa cierta visión conforme con la imaginería de la época en que el poema fue compuesto.

    Asimismo, en la famosa escena del capítulo 25 de san Mateo, nuestro Señor pudo retomar el "Dies Irae" corriente de su época, sin darle el peso de su persona, hablando del juez que pone las ovejas por un lado y los carneros por otro diciendo: "Venid, benditos de mi Padre, o id malditos al fuego eterno".

    No hay que ver en esa escena una confirmación literal de las terribles amenazas que acabamos de leer y que por otra parte eran de orden puramente temporal. Hay que ver la punta de toda la perícopa, de todo el fragmento de san Mateo. La punta no está en la descripción del Juicio y de sus consecuencias; la punta de la perícopa es: "Tuve hambre, tuve sed, estaba prisionero, estaba desnudo, etc." Es decir que el Juicio será sobre el amor. Es el amor el que juzgará, es su amor el que los introducirá en la luz, y su falta de amor, su rechazo de amar lo que creará en ustedes las tinieblas.

    En efecto, no hay que olvidar que en cierto modo Nuestro Señor ya estaba en el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento comienza a la muerte de Jesús. Ahí es cuando se sella en la sangre la Nueva Alianza, ahí es cuando se desgarra el velo, y comienzan los tiempos nuevos.

    Hasta entonces, de cierta manera, nuestro Señor es todavía un profeta del Antiguo Testamento y retoma a veces su lenguaje y sus procedimientos, justamente porque "la hora no ha llegado todavía". Él mismo lo dice además formalmente: "No se mete vino nuevo en odres viejas".

    El vino nuevo brotará, brotará del misterio de Pentecostés. Será en el fuego del Espíritu que brillará toda verdad en el corazón de los Apóstoles.

    Hasta entonces, hay que poner un velo, o mejor, hay que conservar el velo del Santo de los Santos, que no podía romperse sino cuando todo estuviera consumado. Y no debe tampoco extrañarnos que nuestro Señor en ciertos momentos hable el lenguaje de los Antiguos, ni que lo veamos ir al Templo, al Templo que será pronto destruido y del que no quedará piedra sobre piedra. Y Él va al Templo, y asimismo se somete a los ritos judíos desde su infancia.

    Él no rompe, no rompe con el culto tradicional, no rompe con los ayunos a que se somete toda la nación. Vive a la judía, aunque sabe que todo eso se va a acabar. Igualmente puede recurrir a ciertas descripciones, a ciertas tradiciones por ser corrientes, por formar el tesoro común del lenguaje y porque, para llegarle a esas gentes, hay que encontrarlas donde están.

    Dice hartas cosas nuevas y que escandalizaron lo suficiente como para que no nos extrañe que tempere la novedad de su mensaje poniéndose en el terreno de sus auditores.

    Pero hay momentos en que ya no puede más y basta con recordar la escena de los vendedores del Templo. ¿Qué significa eso? Ahí se siente que estamos en el dintel de la Nueva Alianza, se siente que Jesús ya no puede más, que si acepta todo eso es por amor, por misericordia, por adaptación, pero que Él está infinitamente mucho más allá.

    Él es quien anuncia a la samaritana que el verdadero santuario está dentro de ella. Pero cuando ve que el Templo, el atrio del Templo es un lugar de negocios, cuando escucha los rebaños que balan, cuando escucha los gritos de los cambistas, ya no aguanta más…

    Que Dios haya aceptado sacrificios sangrientos, que haya aceptado esos ritos bárbaros y salvajes, que Dios, por misericordia, haya aceptado toda esa carnicería repugnante y la sangre con que ungían los cuernos del altar, pues si el gesto, lleno de piedad, podía significar que reconocían en Él al señor de todas las cosas: ya era un paso hacia su conocimiento y su amor. Pero si no hay más que rito sin intención, cuando no hay sino rito sin alma, entonces Jesús ya no resiste más.

    Es como si Dios fuera deshonorado, ofendido en su propia casa. Entonces justamente se arma con un fuete, pero no lo utiliza: su amenaza y su autoridad son suficientes. Hace callar todos los gritos y hace silencio en el atrio de la casa de Dios, para que sepan que los ritos no significan nada si no están animados por el soplo del Espíritu y del amor. "Tengo todavía muchas cosas que decirles, pero ahora no pueden entenderlas" (Juan 16,12). (Continuará)

  • 16-17/05/10 - La Biblia, Sacramento de Jesús

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Conferencia pronunciada en Ghazir, en 1959: Jesús, verdadero sentido de las Escrituras.

    "En la escuela Bíblica de Jerusalén me encontré con un sacerdote de Lorena muycompetente, muy sabio, muy abierto, de pensamiento infinitamente libre, que con una sonrisa me decía lo siguiente

    Me lo decía con naturalidad, no porque no estuviera profundamente convencido del amor y la ternura de Dios, pero me advertía que pedagógicamente hay ciertas poblaciones que todavía no tienen la madurez para recibir el mensaje.

    Y eso puede ser absolutamente cierto. Pedagógicamente, se puede aceptar otra presentación, provisional, hasta que las almas estén suficientemente abiertas como para escuchar un mensaje que se dirija verdaderamente a la persona.

    Esta pedagogía es por otra parte indispensable. Hay que tomar a la gente donde está para llevarla a donde está llamada. Es cuestión de adaptación: hay que saber a qué nivel está la gente y cuál es el lenguaje que puede comprender. Y ésa es la pedagogía que se puede ver aplicada en la sagrada Escritura.

    La sagrada Escritura contiene cosas absolutamente inaceptables para la conciencia cristiana, es decir para la conciencia iluminada por Cristo, por la Cruz, por la Eucaristía, por el Sagrado Corazón.

    Pero esas cosas debían decirse en cierta época porque pedagógicamente eran las únicas que el pueblo podía escuchar. Hay que leerlas justamente con esa mentalidad, poniéndose en el contexto histórico y comprendiendo que Dios hablaba a un pueblo, a un grupo, ya que la Revelación fue hecha primero a un grupo, y no a un individuo, o al menos a un individuo para un grupo. Dios se adaptaba al estado de un grupo, y se puede decir que la pedagogía divina obligó su misericordia a adaptarse al nivel de ese grupo.

    Por eso, si leen el terrible capítulo 26 del Levítico, primero encuentran las bendiciones para los que guardan los mandamientos y los ponen en práctica.

    Y luego, la serie de maldiciones: 

    "Pero si no me obedecen y no ponen en práctica todos mis mandamientos, si rechazan mis leyes y mis costumbres y rompen mi alianza no poniendo en práctica todos mis mandamientos, yo me portaré con ustedes de la misma manera.

    Haré venir sobre ustedes el espanto, epidemias y fiebre, enfermedades de los ojos y agotamiento de la vida. Sembrarán en vano, pues los enemigos comerán el fruto de sus semillas. Me volveré contra ustedes y serán vencidos por sus enemigos; estos los dominarán y ustedes huirán aunque nadie los persiga.

    Y todavía no me obedecen, multiplicaré por siete los castigos por sus pecados. Haré pedazos su fuerza orgullosa, haré su cielo duro como el hierro y su tierra dura como el bronce. Se empleará en vano su fuerza, pues la tierra no producirá nada y los árboles del campo no darán sus frutos.

    Si todavía siguen obstinados contra mí, y no me quieren obedecer, multiplicaré siete veces más mis castigos por sus pecados, enviaré contra ustedes fieras salvajes que devorarán a sus hijos, destrozarán sus ganados y los diezmarán a ustedes hasta el punto de quedar desiertos sus caminos.

    Y si a pesar de eso no se corrigen y siguen obstinados contra mí, yo me obstinaré también contra ustedes y multiplicaré por siete mis castigos por sus pecados; haré venir contra ustedes la espada que vengará la Alianza. Ustedes se refugiarán en las ciudades, pero yo haré caer sobre ustedes la peste y serán entregados en manos del enemigo.

    Cuando yo retire el sustento del pan, diez mujeres bastarán para cocer el pan en un solo horno, y se lo darán a ustedes tasado, de manera que comerán y no quedarán satisfechos.

    Si a pesar de esto no me obedecen y siguen obstinados contra mí, yo me obstinaré con furor contra ustedes y multiplicaré por siete una vez más mis castigos por sus pecados. Se comerán a sus hijos y a sus hijas. Destruiré todas sus colinas idolátricas, destruiré los altares de sus perfumes, amontonaré los cadáveres de ustedes sobre los de sus ídolos, y los aborreceré. Convertiré en desiertos sus ciudades, devastaré sus santuarios y no aspiraré más el aroma de sus sacrificios. Yo mismo arrasaré la tierra y hasta sus enemigos quedarán estupefactos cuando vengan a habitarla. Y a ustedes los dispersaré entre las naciones, y los perseguiré con la espada desenvainada. Vuestra tierra será una desolación y sus ciudades un montón de ruinas. Entonces la tierra disfrutará de sus descansos sabáticos mientras dure su desolación, y ustedes estén en tierra de sus enemigos".

    Y podríamos seguir. El tono de esas maldiciones es terrible y qué poco acordes con las promesas del Sagrado Corazón.

    Pero en el primer capítulo del (primer) libro de los Reyes leemos lo siguiente:

    "Cuando el Rey David se hizo viejo de edad muy avanzada, aunque lo arropaban bien no entraba en calor. Sus servidores le dijeron: "Vamos a buscarle al Rey una joven virgen que le asista, le cuide y duerma con él que le haga entrar en calor". Buscaron  una joven hermosa joven por todo el territorio de Israel, y encontraron a Abisag la sunamita. Y la llevaron al rey…"

    Es pues evidente que la gente que podía pensar que una joven podía servir de cobija para un viejo rey que no lograba calentarse todavía tenía muchas cosas que aprender. Y se entiende que Dios les hable en ese tono, porque están en ese nivel.

    Cuando lean la Biblia no deben jamás preocuparse por el tono que la voz divina parece tener en ciertos momentos. Es sólo pedagogía. Se trata de un pueblo primitivo que no es capaz de comprender más que eso y que necesita que lo dirijan por medio del terror.

    Por otra parte, eso no excluye en ciertos momentos el amor, como ustedes saben, y sería injusto reducir el Antiguo Testamento a un mensaje de terror únicamente. Pero es verdad que hay pasajes, y numerosos, donde justamente la venganza divina toma formas terribles, y eso es tanto más natural cuando que los hebreos, como ustedes saben, no creían en la vida eterna". (Continuará)

     

  • 14/05/10 – Hoy se trata de devenir el bien, hoy se trata de amar.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Maurice Zundel, Retiro de Ghazir, del 3 al 10 de agosto 1959. 3ª parte de la conferencia del sábado 8 a las 6 y 30.

    "Recuerdo la escuela, el colegio donde el hermano cocinero, siendo el menos instruido de la casa, recibía todas las confidencias de los alumnos. No iban donde los profesores que podían tener licencias, que podían mantener discursos sabios. Iban donde ese hermano cocinero que, en su humildad, vivía simplemente la Presencia de Dios, la hacía brillar en su cocina, la comunicaba a todo el que venía y daba justamente a esos jóvenes la certeza de que había ahí una fuente, alguien bastante generoso como para escucharlos y bastante sabio para ayudarles.

    En el Nuevo Testamento, el bien no es algo por hacer, es Alguien por amar. Y es todo lo que hay que enseñar a los niños. No se trata de repetirles y repetirles una moral tan molesta como la lluvia en país desierto, o mejor en un país donde llueve demasiado, molesta como la lluvia. No se trata de darles consejos todo el tiempo, sino de hacerles respirar el amor que está esperando el suyo. Que comprendan que no estamos bajo el yugo, que no tenemos riendas, que no somos esclavos, que Dios nos honora maravillosamente, ya que no cesa de pedir nuestra amistad. Él confiere un valor incomparable a nuestra personalidad ya que no pide dones sino nuestras personas y que justamente todo se vuelve fácil o, al menos, todo se vuelve más fácil si lo hacemos en el amor y por amor.

    El bien es Alguien por amar y no algo por hacer. Más aún, no se puede hacer, hay que devenirlo, pues el bien somos nosotros, somos nosotros en estado de don. Y ése es un magnífico descubrimiento porque ahí es donde la libertad obtiene su revelación.

    Vimos el terror del hombre primitivo delante de su libertad, el terror del simio que se da cuenta de que ya no lo es, cuando está obligado a decidir sin saber qué ni por qué.

    Pero justamente, por estar ante un Dios que es todo amor, un Dios que es infinitamente libre por estar eternamente despegado de sí mismo, por ser incapaz de todo retorno sobre sí, porque en el "Yo es Otro", en el Evangelio tenemos la revelación del bien perfecto en una libertad absoluta. Y así, justamente, de él aprendemos que ser libre es darse.

    Ser libre no es escoger entre una cosa y otra, entre un haz de heno y un haz de espárragos. Ser libre es poder despegarse de sí mismo y hacer un don de toda su persona. Eso es el bien, y nada más. El bien y la libertad se identifican en su base, pues el bien y la libertad consisten justamente el uno en la otra, e igualmente, en el surgimiento de una persona que es toda  entera un impulso hacia otro.

    Y esto nos da inmediatamente la posibilidad de considerar nuestro pasado de manera creadora: no se trata de mirar el pasado, de evaluarlo, de analizarlo, en función de las faltas que hemos cometido. Podemos lamentarnos eternamente por el bien que hemos hecho, o por el bien que no hemos hecho, podemos lamentarnos eternamente por el mal cometido: así tornamos sólo en torno de nosotros, y con mucha frecuencia, la seudo-contrición con que nos afligimos, no es sino una herida de amor propio. Lo que nos pesa es la falta de elegancia, lo que nos pesa es no haber estado tan bien como creíamos; lo que nos pesa finalmente es precisamente la herida del amor propio.

    Pero la herida del amor propio no es contrición. La verdadera contrición se da únicamente sobre esto: no he amado el amor. "Lloro, como decía Jacopone de Todi, lloro porque el amor no es amado". – "Io piango perchè l'amore non è amato".

    Ese es el único motivo de una verdadera contrición: lloro porque no he amado al amor. Pero si lloramos realmente por no haber amado al amor, no se trata de detenernos en la mirada tornada hacia el pasado, pues no hay sino una sola manera de reparar las faltas de amor y es redoblando en el amor amando mejor hoy, pues la verdadera contrición finalmente se confunde con un acto de amor.

    Es inútil gemir por haber omitido hacer el bien ayer. Se trata de devenir el bien ahora, se trata de amar hoy. Y por eso, como la Magdalena, como la mujer adúltera, como el buen ladrón, uno puede hacerse santo en un instante si la conversión va hasta la raíz del ser, y la persona entera ya no es sino impulso hacia Dios". (Continuará)

  • 13/05/2010. – En el campo del Evangelio siempre estamos delante de Alguien que nos ama y espera nuestro amor…

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 2ª parte de la conferencia sobre lo único necesario.

    Retoma. "Dios nos pide amistad. No necesita obras. ¿Qué haría con ellas? No pudiendo recibir nada en el orden material porque no puede poseer nada, siendo el Gran Pobre en quien todo es don, siendo esencialmente personal pies toda su Vida surge en la relación en que "Yo es Otro", ¿cómo puede unírsenos sino justamente amándonos y ofreciéndonos su amor? ¿Y cómo podemos unirnos con Él sino amándolo y dándole nuestro amor? Es el único lazo posible entre Dios y nosotros".

    Continuación: "Y de ahí viene el conflicto entre Jesús y los fariseos: los fariseos estaban centrados en la observancia de tradiciones y costumbres, filtrando el mosco y tragándose el camello. El conflicto es en realidad sobre la naturaleza de Dios.

    No es el mismo Dios, el de Jesús y el de los fariseos, pues el Dios de que ellos hablan, el Dios que se hicieron a su propia medida, que formaron según su modelo, es el Dios al que dieron el rostro de ellos, es un falso dios, es un ídolo, y el Dios de Jesucristo es el Dios en que subsiste su humanidad, es el Dios frágil, el Dios que pronto será inmolado, el Dios que es eternamente el Amor crucificado.

    Y por eso, mientras más insisten los fariseos sobre el cumplimiento de las buenas obras, mientras más se dan a las obras más allá de lo que se les pide, más de lo que exige la Ley, más se alejan realmente de la verdadera virtud, porque todo lo que hacen es "dando y dando", es una especie de transacción comercial que quieren hacer con Dios para tener la certeza de estar en el buen lado, para estar seguros de tener derecho a la recompensa. ¡Hacen tanto que finalmente Él les queda debiendo! Es lo que ilustra magníficamente la parábola del fariseo y el publicano.

    Pero justamente, no se trata de hacer sino de ser, no de hacer obras sino de darse. Ya no hay moral, ya no hay Ley, ya no hay mandamientos, sino una exigencia de cada instante, desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana, la exigencia misma del amor conyugal, la exigencia sin la cual no existe verdadero matrimonio, sin la cual la familia, sin la cual el hogar se vuelve un infierno. Hay pues que darlo todo, todo, desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana, pero darlo todo dándose. El Evangelio es una mística, ya no es una moral.

    Una moral es una conformidad con una Ley, una mística es una toma de posición delante de Alguien. Es una actitud personal hacia una persona y en el campo del Evangelio estamos siempre delante de Alguien, delante de Alguien que nos ama y espera nuestro amor.

    No importa pues que hagamos esto o aquello, tener un papel importante o secundario. Nada importa sino nosotros, nada es importante sino la persona, nada tiene importancia sino el amor, como lo canta magníficamente san Pablo en Corintios: "Aunque diera todo a los pobres, aunque tuviera la fe hasta transportar las montañas, aunque entregara mi cuerpo a las llamas… todo eso no es nada, no significa nada, no vale nada si no hay a la base de todo el don de sí mismo. Y ésa es la experiencia que hemos hecho y que hacemos cada vez más profundamente a medida que avanzamos en la vida.

    Hay quienes se agitan prodigiosamente, que hacen cantidades de cosas, que están siempre en el frente, que viven a la punta de su sistema nervioso y que finalmente se desinflan porque están vacíos. Hay hecho muchas cosas pero han omitido lo único necesario que era darse ellos mismos. Y en todo ese ruido, en toda esa agitación, pusieron cosas en movimiento sin jamás llegar al fondo de una persona. Pueden reunir alrededor de ellos otros agitados como ellos, pueden hacer cosas monumentales en colaboración con otros, pero falta la verdadera Vida, la verdadera Vida está ausente porque la Presencia no está circulando, no se siente en ellos la transparencia a Dios, ahí no se siente la zona de silencio donde se escucha la vocecita de Dios. En su presencia, uno no se siente liberado, no se siente uno crecer, no se siente iluminado, no se siente liberado, se siente más bien contagiado por su agitación y su fiebre. Uno jamás está lleno ni colmado.

    Es una especie de juicio infalible que es como un juicio final: el hombre que vive en presencia de Dios, el hombre que vive la vida de Jesucristo, el hombre que está realmente en el diálogo, que se mantiene delante de Dios, el hombre que Lo mira y Lo escucha, cualquier cosa que haga, cualquier cosa que diga, que hable o que se calle, que trabaje o que descanse, obra de manera formidable (de manera maravillosa) porque crea a su derredor una nueva vida, suscita a su derredor un espacio y se respira a Dios en su presencia.

    Y esto es inimitable... ¡inimitable!  Hay gente que puede hablar de Dios, que sabe todo de Dios, que no cesan de disertar sobre Dios pero que jamás nos dan a Dios! Uno siente que todo es una construcción, es aprendido, es un discurso bien organizado, y si no fueran teólogos hablarían de otras cosas con la misma lógica, con la misma facilidad, con la misma elocuencia, pero es vacío y hueco porque no tienen experiencia de una vida enraizada en Dios". (Continuará)

     

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