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Conferencia pronunciada en Ghazir, en
1959: Jesús, verdadero sentido de las Escrituras.
"En la escuela Bíblica de Jerusalén
me encontré con un sacerdote de Lorena muycompetente, muy sabio, muy
abierto, de pensamiento infinitamente libre, que con una sonrisa me decía
lo siguiente
Me lo decía con naturalidad, no porque no
estuviera profundamente convencido del amor y la ternura de Dios, pero me
advertía que pedagógicamente hay ciertas poblaciones que todavía no tienen la madurez para recibir el mensaje.
Y eso puede ser absolutamente cierto.
Pedagógicamente, se puede aceptar otra presentación, provisional, hasta
que las almas estén suficientemente abiertas como para escuchar un mensaje que se
dirija verdaderamente a la persona.
Esta pedagogía es por otra parte indispensable.
Hay que tomar a la gente donde está para llevarla a donde está llamada. Es
cuestión de adaptación: hay que saber a qué nivel está la gente y cuál es el
lenguaje que puede comprender. Y ésa es la pedagogía que se puede ver aplicada
en la sagrada Escritura.
La sagrada Escritura contiene cosas absolutamente inaceptables para la
conciencia cristiana, es decir para la conciencia iluminada por Cristo, por la Cruz, por la Eucaristía, por el Sagrado
Corazón.
Pero esas cosas debían decirse en cierta
época porque pedagógicamente eran las únicas que el pueblo podía escuchar. Hay
que leerlas justamente con esa mentalidad, poniéndose en el contexto histórico
y comprendiendo que Dios hablaba a un pueblo, a un grupo, ya que la
Revelación fue
hecha primero a un grupo, y no a un individuo, o al menos a un individuo para un grupo. Dios se adaptaba al estado
de un grupo, y se puede decir que la pedagogía divina obligó su misericordia a adaptarse al nivel de ese grupo.
Por eso, si leen el terrible capítulo 26
del Levítico, primero encuentran las bendiciones para los que guardan los
mandamientos y los ponen en práctica.
Y luego, la serie de maldiciones:
"Pero si no me obedecen y no ponen en
práctica todos mis mandamientos, si rechazan mis leyes y mis costumbres y
rompen mi alianza no poniendo en práctica todos mis mandamientos, yo me portaré
con ustedes de la misma manera.
Haré venir sobre ustedes el espanto,
epidemias y fiebre, enfermedades de los ojos y agotamiento de la vida. Sembrarán
en vano, pues los enemigos comerán el fruto de sus semillas. Me volveré contra
ustedes y serán vencidos por sus enemigos; estos los dominarán y ustedes huirán
aunque nadie los persiga.
Y todavía no me obedecen, multiplicaré por
siete los castigos por sus pecados. Haré pedazos su fuerza orgullosa, haré su
cielo duro como el hierro y su tierra dura como el bronce. Se empleará en vano
su fuerza, pues la tierra no producirá nada y los árboles del campo no darán
sus frutos.
Si todavía siguen obstinados contra mí, y
no me quieren obedecer, multiplicaré siete veces más mis castigos por sus
pecados, enviaré contra ustedes fieras salvajes que devorarán a sus hijos, destrozarán
sus ganados y los diezmarán a ustedes hasta el punto de quedar desiertos sus
caminos.
Y si a pesar de eso no se corrigen y siguen
obstinados contra mí, yo me obstinaré también contra ustedes y multiplicaré por
siete mis castigos por sus pecados; haré venir contra ustedes la espada que vengará
la Alianza. Ustedes
se refugiarán en las ciudades, pero yo haré caer sobre ustedes la peste y serán
entregados en manos del enemigo.
Cuando yo retire el sustento del pan, diez
mujeres bastarán para cocer el pan en un solo horno, y se lo darán a ustedes
tasado, de manera que comerán y no quedarán satisfechos.
Si a pesar de esto no me obedecen y siguen
obstinados contra mí, yo me obstinaré con furor contra ustedes y multiplicaré
por siete una vez más mis castigos por sus pecados. Se comerán a sus hijos y a sus
hijas. Destruiré todas sus colinas idolátricas, destruiré los altares de sus
perfumes, amontonaré los cadáveres de ustedes sobre los de sus ídolos, y los aborreceré.
Convertiré en desiertos sus ciudades, devastaré sus santuarios y no aspiraré más
el aroma de sus sacrificios. Yo mismo arrasaré la tierra y hasta sus enemigos quedarán
estupefactos cuando vengan a habitarla. Y a ustedes los dispersaré entre las
naciones, y los perseguiré con la espada desenvainada. Vuestra tierra será una
desolación y sus ciudades un montón de ruinas. Entonces la tierra disfrutará de
sus descansos sabáticos mientras dure su desolación, y ustedes estén en tierra
de sus enemigos".
Y podríamos seguir. El tono de esas
maldiciones es terrible y qué poco acordes con las promesas del Sagrado
Corazón.
Pero en el primer capítulo del (primer) libro de los Reyes leemos lo siguiente:
"Cuando el Rey David se hizo viejo de
edad muy avanzada, aunque lo arropaban bien no entraba en calor. Sus servidores
le dijeron: "Vamos a buscarle al Rey una joven virgen que le asista, le
cuide y duerma con él que le haga entrar en calor". Buscaron una joven hermosa joven por todo el
territorio de Israel, y encontraron a Abisag la sunamita. Y la llevaron al rey…"
Es pues evidente que la gente que podía
pensar que una joven podía servir de cobija para un viejo rey que no lograba
calentarse todavía tenía muchas cosas que aprender. Y se entiende que Dios les
hable en ese tono, porque están en ese nivel.
Cuando lean la Biblia
no deben jamás preocuparse por el tono que la voz divina parece tener en
ciertos momentos. Es sólo pedagogía. Se trata de un pueblo primitivo que no es capaz de comprender más que eso
y que necesita que lo dirijan por medio del terror.
Por otra parte, eso no excluye en ciertos
momentos el amor, como ustedes saben, y sería
injusto reducir el Antiguo Testamento a un mensaje de terror únicamente.
Pero es verdad que hay pasajes, y numerosos, donde justamente la venganza
divina toma formas terribles, y eso es tanto más natural cuando que los hebreos, como ustedes saben, no creían
en la vida eterna". (Continuará)