Normal
0
21
false
false
false
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:"Tableau Normal";
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:"";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:"Times New Roman";
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
Cenáculo de París, sábado 22 de enero de
1966. Conferencia: "El hombre es posible"
"Hace
años y años que hablo del yo
biológico, del yo animal, del yo posesivo que es una secreción de sí mismo,
un resultado de todas las operaciones instintivas, es decir cósmicas, animales,
vegetales o minerales y no me sorprende
que se considere hoy todas las facultades mentales como simple desarrollo de un
automatismo mecánico. En efecto, acabo de decirlo, si el formalismo de los
soportes, las señales eléctricas o las letras de una inscripción o los trazos
de un alfabeto Morse, si los soportes de la afirmación es lo que concierne las
máquinas, si las máquinas trabajan sobre ese formalismo, es cierto que con
frecuencia también el hombre sólo trabaja sobre ese formalismo.
Los calculadores prodigio, los
calculadores que pueden resolver en un segundo o realizar sumas,
multiplicaciones, restas, divisiones o fracciones de números, y que pueden
hacer todo eso en un instante, son probablemente máquinas particularmente
sensibles al formalismo y que logran combinaciones extremadamente rápidas, sin
ningún razonamiento. Y yo pienso que lo que
llamamos vida intelectual en la mayoría de los seres humanos es simplemente
formalismo automático.
Nos quedamos en la superficie de los signos, no pensamos, y si pensamos, si reaccionamos de manera particular, no
es en virtud de un pensamiento sino en
virtud de una afectividad, de una afectividad que protesta delante de
ciertos resultados, que desea otros, que protesta por motivos instintivos o que,
al contrario, graba con felicidad, con júbilo, unos resultados que concuerdan
con lo codiciado y lo instintivo.
Por eso además traté de mostrar en Diálogo con la Verdad que se necesitaba
presencia a una Presencia y que no se trataba de manipular razonamientos, de
manipular formalismos para llegar a la verdad. La verdad está más allá. Si existe, sólo puede estar en un diálogo de
persona a persona.
Entonces todo eso no me sorprende. Todo
eso confirma lo que siento desde hace mucho tiempo y no ceso de repetirlo en
una u otra forma. En efecto, nada me parece más natural que admitir que el
hombre no es sino producto del universo, una máquina limitada además por la
afectividad, es decir por la complicidad que ofrece o rehúsa al formalismo
automático que se realiza en ella.
Y ahí es donde llegamos a la única
pregunta: ¿Es posible un hombre? Si
digo: yo no soy sino una máquina, soy sólo una máquina y todas mis actividades
son fruto de mecanismos sin objetivo ni finalidad. Si digo: Estoy encerrado en
mis mecanismos, si digo: jamás podré salir de mis mecanismos; si impongo una
finalidad a las máquinas que construyo, que fabrico, esa finalidad me es
sugerida, y hasta impuesta por mis propios mecanismos ya que, por hipótesis,
soy una máquina que no puede salir de sus mecanismos.
Evidentemente hay algo sospechoso ya en
ese yo no soy sino… Decir: yo
no soy sino… supone ya una vista
sobre otra cosa. Yo no soy sino… estoy encerrado en mis
mecanismos, supone que la prisión podría abrirse.
En todo caso, sólo hay una posibilidad de
humanidad, sólo una esperanza de humanidad, y es que pueda evadirme de mi
mecanismo, que pueda escapar a su condicionamiento. ¿Pero hacia qué, en qué, si
estoy en un universo que es todo un inmenso mecanismo? Si existe una
posibilidad de escaparme de los mecanismos, si existe una posibilidad de ser
algo más que una máquina, eso sería en un mundo que no existe todavía, en un
mundo que tengo que crear, en un mundo que sólo puede existir por mí, si yo
realizo su creación.
Esa es la única posibilidad. El universo
tal como es, tal como se nos impone, el universo en que nacimos y del que
nacimos, el universo en que fuimos arrojados y del que dependemos y que nos
condiciona en todos los sectores, ese universo no es de nosotros y es imposible
encontrar en él otra cosa que máquinas artificiales o naturales. Si existe una posibilidad está en que yo
haga surgir un universo que no existe y que sólo puede existir por mi medio.
Y noten que siempre será así, suponiendo
que esta esperanza sea permitida. Si existe una esperanza de humanidad, si
puede surgir un hombre que ya no esté condicionado por esos mecanismos. Sean
cuales fueren los perfeccionamientos de la cibernética, aunque se llegue a
crear un súperhombre, aunque en un laboratorio se llegue a crear la vida con
todas las perfecciones, todo lo que se podrá hacer con los medios de que se
dispondrá, que serán cada vez más perfectos, será construir máquinas, máquinas
perfectas, o al menos cada vez más perfectas, y jamás será otra cosa que
máquinas. Si el pretendido súperhombre
salido de un tubo de ensayo llegara a existir, sería una máquina, ciertamente
más perfecta que la nuestra, pero no habremos avanzado un solo paso hacia la
realización de un universo no mecánico, pues será todo entero fruto de la
cibernética, fruto de la mecánica.
Ahora bien, en todo caso y en toda
eventualidad, si para seres como nosotros existe una posibilidad para la vida
del espíritu, una posibilidad de humanidad, una posibilidad de ser fuente y
origen, una posibilidad de ser creador, será siempre en virtud de una creación
realizada por cada uno en un universo que no existe todavía y que sólo puede
existir por medio de nosotros.
Ahí es pues donde hay que situar la
humanidad, como una posibilidad. Es necesario situarla en ese mundo que aún no
existe, que quizá tenemos la posibilidad de crear, pero que sólo subsistirá en
virtud de una creación permanente que habrá que recomenzar continuamente, una
creación en la que nos haremos hombres realizando un universo humano.
El universo tal como es, es un universo de
máquinas. El universo tal como es no ofrece ni puede jamás presentar un ser
espiritual en virtud de su dinamismo espontáneo. Y este universo tal como es,
sólo puede a lo sumo tener una posibilidad de hombre, una esperanza de hombre,
sugerida por el hecho mismo de podernos situar ante las máquinas y ante la
máquina que somos diciéndonos: yo no soy
sino una máquina, es decir podría en
el fondo ser otra cosa.
Si me doy cuenta de mis límites, es quizá que estoy llamado a salir de
ellos. Tratemos de salir
de ellos y en la medida en que, habiendo
salido de ellos, lleguemos a una realidad experimental, a una realidad que se
inscriba en nosotros como más real que todos nuestro mecanismos, como más
real que todas las secreciones globulares, como más real que todas nuestras
tendencias imprecisas. En esa medida estaremos situados en una realidad que
cambiará esencialmente nuestro punto de vista, nuestra visión del mundo,
nuestra conducta, nuestro comportamiento y todas las decisiones que puedan
proceder de nosotros"