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Carmelo de Matarieh El Cairo, Mayo de 1972: "La Divinidad de Jesucristo".
1ª parte.
"Un hombre de excepcional inteligencia, nacido cristiano, y que había practicado
su cristianismo a través de los sacramentos, hacía esta confidencia a una de
sus parientas: "Aun cuando
comulgaba todos los días, jamás he creído en la divinidad de Jesucristo".
Ahí tienen una posición que parece singular: un cristiano que ha sido ferviente
toda su vida, que incluso se ha dedicado con mucha generosidad al servicio de
los demás, y que abandona finalmente la práctica sacramental sin abandonar a
Dios. Ora con fervor y sin embargo había vivido su cristianismo sin creer en la
divinidad de Jesucristo.
Eso nos permite preguntarnos: ¿Qué significa
la divinidad de Jesucristo? Es cierto que la divinidad de Jesucristo está
en el centro del cristianismo. Hay una diferencia esencial entre el Islam y el
cristianismo porque en el Islam, el profeta Mahoma no ocupa prácticamente
ningún lugar. Es simplemente el que recitó el Corán.
Es simplemente el instrumento de la Revelación, pero su persona y su vida,
no tienen ninguna importancia en la más auténtica piedad musulmana. Lo único
que importa es el libro, el libro que contiene la Revelación concebida como
Palabra de Dios.
En el cristianismo, al contrario, Cristo está en el centro de todo. Es
menos la doctrina de Jesús que su Persona lo que cuenta, y eso es verdad incluso
para los cristianos más despegados de la tradición dogmática. Por ejemplo los
anglicanos, son totalmente racionalistas, no creen en milagros, ni en la
presencia real, y tienen en la mente un cristianismo puramente filosófico, que
es más filosofía que cristianismo. También hay teólogos protestantes como
Bultman, que es uno de los teólogos más considerables actualmente, hay teólogos
protestantes que ven en Jesús un personaje que no tiene casi ningún significado
histórico, que esperaba el fin del mundo, que lo anunció y además se equivocó
pues el fin del mundo no llegó, que murió trágicamente pero no daba ninguna
importancia a su muerte.
Hay teólogos que hablan de esta manera, que vacían el Evangelio
prácticamente de todo contenido y que sin embargo, en su vida, son cristianos,
se sienten interpelados por Cristo y conforman su vida finalmente con la
Presencia de Cristo que mantienen, no en el pensamiento ya que su pensamiento
es totalmente racionalista y reducen a nada su significación histórica, pero la
tradición cristiana sigue a pesar de todo en el fondo de su corazón. Recuerdan
la infancia, en particular los recuerdos de Navidad, las emociones de niños que
pudieron tener, todo eso sigue muy vivo en el fondo de su corazón, y a pesar de toda la contradicción que hay
entre sus opiniones de historiadores o de filósofos, siguen siendo cristianos
en el sentido que a pesar de eso Cristo está en el centro de su vida.
Es pues cierto que no se puede ser cristiano sin admitir implícitamente al
menos la divinidad de Jesucristo. Sin la divinidad de Jesucristo, el
cristianismo queda vacío de toda sustancia y es cierto que los protestantes
liberales que se manifestaron a lo largo del siglo 19 sobre todo en Alemania,
los protestantes liberales que redujeron a Jesús a un hombre que revela la
paternidad de Dios, que nos invita a amar a Dios, a encontrarnos en el amor de
Dios, pero que es un hombre, con dones indudables desde el punto de vista
religioso, esos mismos protestantes habrían cesado completamente de ser
cristianos si no los hubieran sostenido la sensibilidad cristiana, la religión
de su infancia, las fórmulas litúrgicas que encontraban en los manuales de su
Iglesia.
Un pastor totalmente racionalista como Harnack, un pastor que veía en el
dogma un principio de división, que veía en el dogma una fuente de guerras de
religión, que deseaba reducir el cristianismo a una pura afirmación del amor de
Dios sin implicar absolutamente la divinidad de Jesucristo, pero encontraba en
los libros litúrgicos de su Iglesia esa afirmación y no podía celebrar un culto
en su Iglesia sin estar penetrado por la fe de su Iglesia.
No hay pues duda posible en este aspecto. Sólo admitiendo la divinidad de Jesucristo pudo el cristianismo hacer de
Jesús el centro de su fe, de su amor y de su culto. En san Pablo, cuya vida
entera se realiza en Cristo Jesús, vemos bien que Jesús juega en su vida. Jesús
es su absoluto. Jesús el centro. Jesús es todo. Jesús es la vida. En Jesús triunfa
san Pablo de todas las pruebas y de la misma muerte.
Pero aunque eso es incontrovertible, es
muy difícil expresar en palabras humanas la experiencia de la divinidad de Jesucristo
y cuando uno trata de expresarla, se encuentra con dificultades difícilmente superables.
(Continuará)