Normal
0
21
false
false
false
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:"Tableau Normal";
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:"";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:"Times New Roman";
mso-fareast-font-family:"Times New Roman";
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
Normal
0
21
false
false
false
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:"Tableau Normal";
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:"";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:"Times New Roman";
mso-fareast-font-family:"Times New Roman";
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
Carmelo de Matarieh El Cairo, Mayo de 1972: "La Divinidad de
Jesucristo". 6ª parte.
"Y aquí debemos volver a nuestra experiencia, al diálogo interior que
tenemos con nosotros mismos. Un niño dijo un día estas palabras extraordinarias
a su madre: "¡Mamá, mamá, están hablando aquí dentro, están hablando"
Ese niño descubrió el pensamiento. Descubrió lo extraordinario de una dicción
interior a sí mismo.
En efecto, un ser inteligente se refleja necesariamente a sí mismo, se refleja
en el espejo de sí mismo. Un ser inteligente se expresa sobre sí mismo. Un ser
inteligente se dice a sí mismo: ¿Quién soy yo? El ser inteligente se plantea la
pregunta: ¿Quién soy yo? Y se responde como puede. Se dice lo que piensa de sí
mismo. La pregunta hecha a Juan Bautista: "¿Qué dices de ti mismo?" "¿Qué
dices de ti mismo?" es la más grave
pregunta que le se pueda hacer a un ser humano: "¿Qué dices de ti mismo?"
¡Pues bien! Necesariamente, todos debemos afrontar esta pregunta. Cada uno
se habla a sí mismo. Cada uno tiene un verbo interior, una palabra interior en
la que expresa lo que descubre de sí mismo y cada uno tiene también una
reacción afectiva ante sí mismo. Se interesa por sí mismo. Se ama a sí mismo.
No está ante sí mismo como ante una abstracción, como ante una idea escrita en
el tablero. Está ante sí mismo como ante una existencia sobre la cual tiene que
tomar posición. Tiene pues una reacción de voluntad, una reacción de
sensibilidad, una reacción afectiva.
Hay entonces en nosotros, como
lo expresó san Agustín tan
profundamente, una especie de bosquejo de la Trinidad, existe en nosotros una
dicción interior. El hombre se habla de sí mismo. Justamente, existe
en nosotros un verbo interior, una palabra interior que expresa lo que descubrimos
en nosotros o de nosotros, y hay una reacción afectiva: nos apegamos a
nosotros mismos, tomamos decisiones sobre nosotros mismos, decidimos, y con la
decisión nos comprometemos en cierta dirección. Nos amamos, bien o mal, pero
nos amamos, ya sea por nosotros o por otra persona, pero siempre tenemos una
reacción afectiva, una reacción de la voluntad, de la sensibilidad y del
corazón.
Pero, desde luego, ese bosquejo de la Trinidad, ese verbo interior y esa
aspiración interior son balbucientes en nosotros. Sólo mirando a Dios llegamos
a conocernos. Sólo amándonos en Dios llegamos a amarnos y, si cesamos de
mirarnos en Dios ya no sabemos quién somos, estamos desgarrados por tendencias
divergentes que nos dividen y ya no logramos orientarnos por haber perdido
nuestra unidad y nuestro amor se corrompe en la medida misma en que perdemos la
transparencia de la palabra interior, si
no miramos a Dios, nuestro amor se corrompe, nos amamos mal, nos amamos
pasionalmente, nos amamos para defender lo menos bueno de nosotros, o lo peor,
nos amamos para justificarnos a nuestros propios ojos o a los ojos de los
demás. Entonces, aunque hay en nosotros un bosquejo de la Trinidad, es muy
imperfecto, es balbuciente, es intermitente". (Continuará)