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23-24/07/10 – El amor de Dios por mí, vencedor de mi muerte.

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¿Vuelven los muertos? ¿Vuelven a visitarnos? ¿Vienen los muertos a vernos?

- No.

- No. ¡No vienen a vernos! ¿Podemos nosotros tocarlos?

- No.

- ¿Podemos hablar con ellos? Yo digo que sí. Podemos hablar con ellos, hablarles con le corazón, porque no están totalmente muertos! Porque están vivos a pesar de todo! ¿Y dónde?

- Con sus almas.

- ... ¿y dónde están sus almas?...

- En el cielo.

- En el cielo… ¿y dónde está el cielo?

- En nosotros.

- ¿En ustedes? ¿En nosotros? Sí! ¡Muy bien! El cielo está en nosotros. El cielo está en nosotros. Entonces, ¿dónde están los muertos?

- ...

- ¡Continúen, puesto que ya encontraron! ¿Dónde están ellos?

- ¡En nosotros!

- ¡Ah, en nosotros! … Están en nosotros, lo mismo que Dios. Puesto que están en Dios y que Dios está en nosotros… también ellos están en nosotros, ¿No? ¿No creen? ¡Claro! ¡Así es!

Una niñita perdió a su papá y su mamá. ¡El papá y la mamá no la abandonaron! ¿Puede una mamá olvidar a sus hijos? ¡No! ¡No los puede olvidar! ¿Los olvidará cuando esté con Dios? ¡Es imposible! Entonces, como Dios está muy cerca de ustedes, los muertos que ustedes aman están muy cerca de ustedes, en el corazón de Dios. ¿Lo entienden?...

Entonces, ¿qué hay que hacer para encontrarse con los muertos? ¿Cómo? No entiendo. No, para encontrarse con los muertos ahora, hoy, hay que estar cerca de Dios! Si estamos cerca de Dios, también estamos cerca de los que están escondidos en su corazón. ¿Entienden? ¿No? Entonces los muertos no están jamás muy lejos. Si estamos cerca de Dios, estamos cerca de ellos. ¿Comprenden?...

¿Y qué podemos hacer por ellos?

- Podemos orar por ellos.

- ¿Qué quiere decir orar por ellos? ¿Pedirle a Dios que vayan al cielo? Sí, en fin, orar… ¿Qué es orar? ¿Qué es orar?

- ¡Es hablar a Dios!

- Es hablar a Dios. ¡Es dar el corazón a Dios! ¡Dar el corazón a Dios! ¿Es muy fuerte la oración? ¿Es muy fuerte, muy poderosa la oración? ¡Sí! ¡Como el amor! ¿Es muy poderoso el amor? ¿Es muy fuerte? Si no los amaran, ¿qué sería de ustedes? Si no los amaran, ¿qué sería de ustedes?

- ¡Desgraciados!

- ¡Serían desgraciados, enfermos, morirían! ¿Qué es lo que los hace vivir?

- La vida.

- ¡La vida, claro! Pero ¿Qué es lo que les da la vida? ¡Sí! ¡Es porque los aman! ¡Es porque los aman! ¡Imaginen que sus padres no los amaran, que las maestras no los amaran, que estuvieran solas en una prisión, sin nadie!

Yo conocí a alguien que estaba en la cárcel durante dos años, sin jamás ver a nadie! No tenía libros, no tenía cartas, ¡estaba solo! ¡Casi se puso loco! ¿No? ¿Ustedes comprenden? Necesitamos que nos amen para vivir. Entonces la oración es un acto de amor y por eso es tan poderosa. Si oramos es como si diéramos sol a los que amamos. ¿Comprenden? … ¿No?... El Sol que llevamos dentro, que es Dios, cuando oramos por alguien, es como si le diéramos ese Sol para que le dé luz y calor. ¿Entienden?

¿Es triste morir? ¿Qué piensan ustedes?

Oigan! Yo conocí una niñita que se llamaba Clara y esa niñita estaba enferma del corazón. Y ella lo sabía. Ella sabía que iba a morir muy joven. Cuando la conocí, ella tenía 9 años. Se llamaba Clara, y era muy clara de verdad, ¡toda transparente! Amaba mucho a Dios. Había construido una chocita con ramas del bosque e iba allá a orar. Jugaba a la pelota como las demás. Era muy alegre. Pero sabía que no le quedaba mucho tiempo. Y cuando llegó a los 15 años dijo: ¡Me voy a morir! Y en efecto, el día de sus 15 años murió y dijo a su papá y su mamá: ¡No es algo triste! ¡No es triste, pues voy donde Jesús! Y murió con tanta alegría que su mamá me decía después de su muerte: ¡No podemos llorar puesto que nos dio tanta alegría! ¿Comprenden ustedes? No tenía miedo, pues iba… iba hacia Jesús.

Yo conocí a otra joven que tenía tuberculosis. La tuberculosis, ella tenía 15 años apenas, y en tres meses murió; en tres meses hizo tanto progreso la enfermedad que un día que fui a dar catecismo al colegio me dijo: ¡Y pan! ¡Se acabó, es el fin! Y ella estaba sonriente en su cama. Tenía lindos colores, como los tuberculosos en general. ¡Uno nunca hubiera pensado que iba a morir! Recibió los sacramentos y yo me fui a dar el catecismo, y cuando volví, ya estaba acostada con su bata de primera comunión… Había muerto entre tanto, muerto con una sonrisa. ¡Era maravilloso! Una sonrisa de alegría, de confianza y de amor, porque iba hacia Dios, ¿verdad? Eso no quiere decir que tienen que morir hoy para ir hacia Dios. No, eso no es lo que quiero decir, ¿ustedes comprenden?

Pero no hay que tener jamás miedo de nada, excepto de una cosa. ¿De cuál? ¡Del pecado! ¿Qué quiere decir, el pecado? ¿Qué es eso? Simplemente no amar, no amar. Es terrible no amar ¿verdad?

Escuchen. Una mujer tenía tres hijitos. Ella era buena, muy buena, y cayó enferma, y el médico la mandó a la montaña. Allá permaneció casi un año. Cuando regresó, su marido se había enamorado de otra mujer y había dejado de amarla a ella. Y cuando ella volvió a la casa no había nadie. Ella tenía los mismos sentimientos de antes, el mismo amor, pero cuando se encontró con su marido, él era como un muro.

Entonces ella sufrió tanto que casi se muere, porque justamente, se necesita amor para que haya felicidad en una casa. ¿Comprenden ustedes?

Entonces, ¿qué sucede cuando no amamos a Dios? ¿Qué sucede cuando no amamos a Dios? ¿Qué es lo que pasa?

- ...

- ¿Cómo? … algo mucho más grave que eso… ¿qué es?

- ...

- ¿No? ¿Qué es? ¿qué es algo mucho más grave? ¡No! ¡Es que Dios muere! ¡Es que Dios muere! ¡Es que Dios es crucificado, no? ¡Eso es el pecado! El pecado es una herida al corazón de Dios. ¿Comprenden? ¡No! Cuando pecamos, no es simplemente desobedecer a un reglamento. Cuando pecamos hacemos una herida a alguien que nos ama, ¿no? Pero, ¿por qué hablar de pecado? ¿Es que ustedes quieren pecar? ¡Espero que no!

No, pensemos en la pequeña Clara que murió con alegría, y en la otra, que se llamaba Alicia, que murió con una sonrisa. Y tratemos, no de morir, sino al contrario, de amar tanto a Dios que jamás tengamos miedo de la muerte.

No hay que tenerle miedo a la muerte, ¡jamás!

- ...

- ¡Bueno! Estamos de acuerdo, pensando en todos los que han muerto con una sonrisa, con confianza… vamos a tratar de amar a Dios hoy mucho mejor, justamente porque Dios no es alguien del que se pueda tener miedo. Dios es alguien que nos amará siempre. ¿Entienden? Aunque pecáramos todos los días y todo el día… Dios no podrá dejar de amarnos nunca. ¿Entienden? Y el verdadero infierno es crucificar a Dios.

¿Comprenden? ¿No?

Entonces, tratemos de amar, de amar para que Dios no esté crucificado en nosotros, sino que esté vivo y resucitado. ¿De acuerdo?

Entonces, pidamos a Jesús que haga de toda nuestra vida una gran sonrisa de bondad, de alegría y de amor.

Oigan: con frecuencia doy como penitencia esta pequeña oración. Las penitencias que yo doy son siempre muy cortas.

Entonces, esta es una oracioncita que doy con frecuencia como penitencia: Dios mío, hacedme transparente a vuestra Presencia, y enseñadme a ser la sonrisa de vuestra bondad.

¿Difícil? Eso es todo. Entonces, ¿quieren ponerse de pie? Vamos a decir esa pequeña oración, pensando en todos los amigos que están ya escondidos en el corazón de Dios.

Dios mío, Dios mío, hacedme transparente a vuestra Presencia, hacedme transparente a vuestra Presencia… y enseñadme a ser la sonrisa de, de vuestra bondad.

¡Ya ven, ustedes son muy juiciosas!

 

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