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Zundel

22-24/08/10 – Un solo corazón.

En Lausana, el 5 de abril de 1961. Sexagésima, Nuestra Sra. del Valentín. A niños... "Una infanta – es decir una princesa de España – va a celebrar su cumpleaños. Como en los años anteriores le hicieron todos los regalos imaginables, no saben qué hacer para agradarle – ¡no saben qué inventar para marcar este cumpleaños! Han  oído hablar de un enanito muy astuto, que hace trucos extraordinarios. Vive lejos en una selva muy lejana. Lo hacen venir al palacio el día de la fiesta de la pequeña infante. Y es tan divertido, tan agradable, tan cómico y la infanta goza mucho como también sus amiguitos y amiguitas – y la pequeña está tan contenta que toma una rosa blanca que tiene en el pelo y la da al enanito, el cual queda naturalmente encantado y se cree ya el elegido de su corazón.Y luego lo abandonan porque era un juguete, en realidad no era una persona, sino el juguete que deseaban. Cuando todo el mundo va a tomar un refrigerio, lo dejan, sin preocuparse por él. Los niños acompañan a la infanta, y tienen un magnífico refrigerio. Después, todo el mundo hace la siesta y el enanito se queda en los jardines del palacio mientras todos están durmiendo.Y él camina, entra en las galerías – ustedes recuerdan, ¡es la primera vez de su vida que ve un palacio! – y de pronto llega a una pieza enorme llena de luz, y se pone a reír de todo corazón porque ve al frente una especie de monstruo extraordinario que le gusta mucho, y hace muecas, y de repente ve delante un personaje que hace las mismas muecas, y comprende que es él. ¡Era la primera vez de su vida que se veía en un espejo! Y le da tanto miedo de su fealdad que cae muerto. Cuando termina la siesta, la infanta y sus compañeros vuelven al jardín, atravesando las galerías del palacio llegan a la galería de los espejos y ven de repente al paquetito inerte al pie de un espejo. Y la infanta, al tropezar contra el cuerpo del enanito dice: "¿Qué es esto?" y dicen: "¡Es el enanito de ahora rato! ¿Pero qué le pasó? ¡Se murió! ¿Cómo fue eso? ¡Pues su corazón se partió!" "Entonces, dijo ella, que el otro año me den un juguete que no tenga corazón".Este es un cuento magnífico de Oscar Wilde, que muestra que el enanito era en el fondo más grande que la infanta, la cual era fría, insensible y en realidad no tenía corazón.¡El murió por tener demasiado, y ella ni siquiera podía comprender la grandeza de esa muerte, porque ella no tenía!Si les cuento este cuentito que ustedes ya sabían, ¡es para que recordemos juntos que es imposible encontrar a Dios si no tenemos corazón! Hay una niñita de cinco años, muy inteligente y voluntaria que acompaña a su tía. Hay que esperar el bus, y la pequeñita se impacienta y dice de pronto: "Ah, ¡Dios no existe!" – "¿Cómo?, dice la tía, ¿Dios no existe?" "¡No, si existiera nos habría dado alas y no necesitaríamos esperar el bus!" Naturalmente, una niñita que se imagina que el buen Dios es alguien que hace llover caramelos no puede encontrarlo, porque ese es un dios falso.Un  muchachito de dos años. ¡Es muy joven, dos añitos! Es muy inteligente y ya sabe hablar muy bien. Va con la empleada y de pronto encuentra un pechirrojo. Es la primera vez en su corta vida que ve un pechirrojo. Y se para, encantado, y dice: "¡Chito! ¡No hablemos! ¡Es demasiado hermoso!"¡Ah, ese niño ya entendió! Se maravilla, ¡está tan lleno de alegría que prohíbe hablar! "¡Chito! ¡No hablemos! ¡Es demasiado hermoso!"Una niñita ha sido adoptada en una familia donde la adoran además. La quieren de manera muy inteligente y es muy bella; y la niñita – cuya vida habría quizá podido ser muy desdichada – siente tanto el amor que la rodea que aplaude diciendo: "¡Cómo nos amamos! ¡Como nos amamos!" No pide dulces, no pide tener alas para no esperar el bus, su felicidad está en descubrir eso tan maravilloso: "¡Cómo nos amamos!"¡Estamos cerca, estamos cerca de Dios!Otra niña, de más edad, hace su primera comunión. Y ya les conté esa historia. Esa niña admirable, justamente, que tiene mucho corazón, que ha escuchado bien y ha entendido todo lo que el corazón puede entender, el día de su primera comunión, cuando los niños intercambian impresiones y le preguntan: "¿Y a ti qué te pasó? ¿Qué sentiste tú?" Los otros pequeños camaradas cuentan historias que han leído en los libros y que no son ciertas  porque no las han sentido ni vivido, pero ella responde simplemente: "¡Pues a mí, Él me eclipsa!" Ella siente la gran felicidad de la comunión, deja de mirarse y, como el niñito encantado con el pechirrojo, se maravilla del encuentro con Jesús.Vamos un poco más lejos. A Moscú. Recuerden el niñito que está en la sacristía de una iglesia, esperando a un sacerdote y que un oficial extranjero, sacerdote también pero él no lo sabe, le pregunta: "¿Qué estás haciendo? ¿Qué estás haciendo?" – "Pues estoy esperando, estoy esperando al sacerdote". Y el interrogatorio continúa: "¿Quién te enseñó religión?" – "Uno de mis camaradas" – "¿Y a él quién se la enseñó?" "Otro camarada" – "¿Y a él?" – "La abuelita". Y el niño de diez años continúa: "Usted ve, yo tengo cinco dedos en esta mano. Tengo el encargo de enseñar a cinco de mis pequeños camaradas". Y el extranjero le dice: "¿Y no te da miedo de la policía?" – "No, ¿porqué?" – "¿Y si te arrestan?" – "Pues, ¿qué significa eso después de todo?" – "¿Y si te matan?" Entonces el niñito responde simplemente: "Pues la policía podría matarme, pero no puede matar a Cristo que está en mi corazón".Y para terminar el pequeño chinito. ¿Lo recuerdan? El chinito llega delante de su iglesia cerrada, mientras los guardias vigilan para impedir que nadie entre. Encuentra pues la policía que le cierra el paso. Y los agentes le dicen: "¡La religión se acabó! ¡Ya no hay Iglesia!" Y el niño se para orgullosamente delante de los agentes de policía diciendo: "¿Que ya no hay Iglesia? ¡Pues la Iglesia, la Iglesia soy yo!" Él lo había entendido todo. La Iglesia no está en las piedras con que se construyó el edificio. La Iglesia viva es la presencia de luz y de amor que brilla en nuestros corazones.Este es un itinerario que muestra bien algo admirable: que para encontrar a Dios hay que tener corazón. Y no sin alegría encontramos en el Tratado del amor de Dios de san Francisco de Sales cuya fiesta celebramos el domingo pasado, san Francisco de Sales, obispo de Ginebra, dijo estas palabras magníficas. Escuchen bien y reténganlas: "Dios, Dios es el Dios del corazón humano" "Dios es el Dios del corazón humano". Entonces los que tienen corazón, los que son generosos, todos los que saben admirar, todos los que tienen sed de amar, todos ellos podrán encontrar a Dios porque ese Dios es el verdadero Dios. Dios es el Dios del corazón humano.Entonces vamos a pedir juntos ahora en la misa en que Jesús nos espera para darnos el pan vivo que es Él mismo, vamos a pedir a Jesús que es todo corazón, la gracia de cambiar nuestro corazón, que nos dé un corazón nuevo, un corazón lleno de luz, de generosidad y amor, a fin de que podamos reconocer siempre a nuestro Dios como el Dios del corazón humano, ya que Dios es todo corazón, sólo corazón, y que para encontrarlo es necesario que nos hagamos corazón y sólo corazón".  

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