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Lausana. En 1955, el P. Zundel habla a
unos niños...
Acabamos de leer la hermosísima epístola
de san Pablo. ¿Porqué? ¿Porqué leímos esa
bella epístola de san Pablo esta mañana? Porque es domingo de sexagésima, y el
domingo de sexagésima se celebraba la misa en Roma en la iglesia de San Pablo.
Por eso, en honor de san Pablo, se leía este gran resumen de la vida de san
Pablo que acaban de escuchar.
¿Qué es un apóstol? ¿Qué significa la palabra apóstol? ¿Qué quiere decir? Quiere decir Enviado. El Apóstol es alguien que es
enviado. ¿Enviado por quién? Por Jesús, enviado por Jesús. ¿Y para qué, para qué lo envía Jesús? ¿Cómo?...
-Para hacerlo conocer.
-Muy bien.
Había una
niñita de ocho años que había hecho su primera comunión con otros niños y
niñas, y después de la comunión, estaban charlando. Creían estar solos y que no
había adultos cerca. Pero había uno que los estaba escuchando. Y contaban lo
que habían sentido en el momento de comulgar. Unos decían: "¡Es el día más bello de mi vida!"
Decían eso porque lo habían leído en un libro! ¡Es el día más bello de mi vida!" Otro dijo: "Yo recé por todas las almas del purgatorio!
También lo había leído en un libro. Otro dijo: "¡Yo gané una indulgencia plenaria!" Lo había leído en un libro.
Y la niñita de que les hablo, sin haberlo
leído en un libro, habiendo verdaderamente comulgado, dijo esa frase – una de las más hermosas que yo conozca - : "¡Pues a mí Él me eclipsa!" ¡Magnífico!
¡Me eclipsa! ¿Qué quería decir? Me eclipsa. ¿Comprenden ustedes la palabra?
¿Qué quiere decir? Quiere decir que
Jesús había tomado todo el lugar, y la pequeñita estaba llena de esa Presencia,
de esa luz y de alegría.
¿Por qué nos eclipsa Jesús? Al menos nos
eclipsaría si fuéramos realmente cristianos. ¿Por qué nos eclipsa Jesús? ¿Por
qué? Cuando un niño o una niña zapatea diciendo: "¡Yo, yo, yo, yo, yo!" es interesante, ¿no? ¿Entonces nos
eclipsa Jesús?
Había una niña esquimal - ¿saben lo que es
un esquimal? ¿Dónde viven los esquimales?
‑ "Cerca del mar.
‑ Sí, ¿de qué mar? ¿Del Mar Ártico? Viven
en el hielo. Sus casas están bajo la nieve. Había pues una misión; unos misioneros estaban entre los esquimales y
habían hablado del Niño Jesús. Era antes de navidad y habían prometido los
misioneros que iban a mostrar algo magnífico a los niños que fueran juiciosos.
Y cuando llegó la fiesta de navidad, hicieron un pesebre, y en el pesebre
pusieron un magnífico muñeco comprado en un supermercado. Se imaginaban que los
niños iban a estar maravillados y entre
los pequeños esquimales había una niñita que había escuchado bien y, cuando la
llevaron ante el pesebre y vio la muñeca, quedó completamente confusa.
Entonces dejó el pesebre de papel y el
muñeco y se fue delante del altar… ¡delante del altar! No le habían hablado de la Eucaristía y fue a arrodillarse con mucho
silencio. Y el misionero le dijo: ¿Qué
estás haciendo?" Y ella respondió: "¡OH! ¡Aquí Él está vivo, aquí Él está vivo!" Ella había
entendido que el muñeco era una imagen, que no estaba vivo, pero que en el
tabernáculo Jesús está vivo. ¿Y porqué lo había reconocido ella? Justamente
porque en el tabernáculo Jesús se eclipsa, no hace ruido, está oculto esperando
a todos los que ama, pero se oculta.
¿Ustedes conocen a santa Teresa del Niño
Jesús? ¿Qué fue lo que ella hizo? ¿Qué hizo santa Teresita del Niño Jesús? ¿De
qué murió? Y primero, ¿de qué murió? ¿Y cuándo, cuándo murió? En 1897, ¿es
decir que hace cuánto? … 55… y 3… hace 58 años. ¿Y de qué murió?
- De tuberculosis.
La tuberculosis provoca fiebre. Entonces,
el último día de su vida, Teresa estaba ardida de fiebre. ¿Y qué pasa cuando uno tiene fiebre? ¿Cómo?
- Dolor de cabeza.
- Uno tiene dolor de cabeza, y ¿qué más?
- Sed, uno tiene sed, y ella quería beber, pero ya tenía paralizada
la garganta, estaba muriendo y tragaba muy lentamente. Cerca de ella había dos
hermanas cuidándola. Y ella pidió de beber. Le presentaron un vaso. Comenzó a beber, pero iba tan lento que las
dos hermanas que estaban con ella cuidándola se durmieron. Entonces,
Teresa, que iba a morir, para no
despertarlas, se quedó con el vaso en la mano. ¿Qué piensan ustedes? Ella
moribunda, no quiso perturbar el sueño de las dos hermanas que estaban bien
aliviadas cuidándola.
¡Ella se eclipsaba! ¡Sí, maravillosamente: no hay ejemplo más bello de olvido de sí mismo!
En Londres… ¿Dónde queda Londres? ¿Qué es
Londres? ¿Saben geografía? ¿Qué es Londres? ¡La capital de Inglaterra! Bien.
Londres es una ciudad… ¿de cuántos
habitantes? 7 millones… ¿Cuántos tiene Suiza? 4 millones… Entonces en Londres,
en una sola ciudad, hay más gente que en toda Suiza… En Londres hay grandes
jardines, y en esos jardines, los domingos hay tribunas donde cada uno puede
hablar, presentar las ideas que quiera, hacer publicidad de lo que quiera y
también hay sacerdotes que vienen a hablar de Jesús.
Y había un dominicano que era un santo, y
se llamaba el P. Mac Nab. El P. Mac Nab
tenía costumbre de ir los domingos a Hyde Park, uno de los jardines donde
la gente paseaba y escuchaba… Y había
alguien que venía todos los domingos a boicotearlo alboroteando. ¿Qué es alboroto?
El
ruido.
Entonces, alguien venía a hacer ruido.
¿Porqué? Para impedirle hablar, para que no lo escucharan, alguien que no
quería a Dios y no quería que hablaran de Él. ¿Qué podía hacer el P. Mac Nab?
Podía darle puños, darle golpes… ¿Cómo?
.... ¡tocar
música!
Tocar música. ¡Ah! ¡Maravilloso! En todo
caso, el P. Mac Nab no se podía defender, no podía dar patadas ni puños. Entonces, ¿saben qué
hizo? Un domingo, al llegar a Hyde Park, cuando iba a subir a la tribuna vio al tipo que hacía bulla todos
los domingos. Y pensó: "Bueno, ¡ya
va a empezar y no me va a dejar hablar!" Entonces fue donde ese señor,
se arrodilló ante de él y le besó los pies. El otro no esperaba eso, y quedó
confundido, se fue y no lo volvieron a ver.
¿Porqué? Se conmovió, comprendió que el P.
Mac Nab no era un charlatán ni un prestidigitador, sino que amaba de todo
corazón al Señor.
Entonces, un apóstol es alguien que… se
eclipsa para mostrar a alguien más que a sí mismo, que se eclipsa para mostrar
a Jesús. ¿Entendieron?
¿Han escuchado lo que dice el sacerdote al
final de la misa? No hoy, porque hoy es distinto, pero generalmente, ¿qué es lo
que dice al final de la misa? En latín. ¿Saben latín? Entonces, ¿qué dice el sacerdote al final de la misa? "Ite, missa est". ¿Qué quiere
decir eso? "Ite, missa est" quiere decir: Vayan… es la misión, es el envío, los envían en misión. Entonces
quiere decir: "Todos ustedes son
enviados, todos ustedes son apóstoles".
¿Qué tienen que hacer? ¿Es verdad que son
apóstoles? ¡Claro! El cristiano es esencialmente apóstol, enviado de Jesús.
¿Qué tienen que hacer ustedes?
Hace cien años… ¿tienen ustedes reloj?
¿Tienen reloj? ¿Tú tienes reloj, chiquillo?
¡Pues tienen suerte! Hace cien años los
niños no tenían reloj. Hace cien años un reloj era algo precioso.
Pues escuchen bien. Había en Irlanda…
¿saben qué es Irlanda?
-¡Sí! Muy bien. Hace cien años hubo hambre en Irlanda. La gente moría de hambre y
en París había alguien que llegó a ser obispo de Lausana, se llamaba Monseñor Mermillod, e hizo un sermón a
favor de Irlanda. Pidió dinero para ayudar a los irlandeses que morían de
hambre. Entonces pasó entre la gente en la iglesia colectando, y un obrero
pobre tenía reloj y lo puso en la colecta diciendo: "¡No se necesita saber la hora cuando un pueblo está muriendo de hambre!"
Magnífico, ¿verdad? Eso es hacer un gesto de cristiano que sabe que es enviado por
Jesucristo para mostrar el amor de Jesucristo.
¿Quién de ustedes ha visto a Jesucristo? ¿Ustedes
lo han visto?
‑ Es
la hostia.
Sí, eso es, es verdad. Es la hostia, pero…
ahí lo vemos con los ojos del corazón, y los ojos del corazón tienen buena
vista. Pero ¿son ustedes una hostia?
Claro que sí! Ustedes son hostia. ¿Porqué comen la hostia? Para transformarse
en Jesús. Por eso comulgan, para ser transformados en Jesús, para poder mostrar
el rostro de Jesús.
Escuchen bien: ¿Saben qué es la Ascensión?
¿Qué es la Ascensión?
‑ ¿Cómo?
Cuando Jesús subió al cielo. Es decir,
cuando desapareció de la vista. Entonces, cuando Jesús desapareció de la vista,
cuando se hizo invisible, ¿a quién envió?
- Al
Espíritu Santo.
- ¿Y el Espíritu Santo a quién envió? ¿A
quién?
-A
los apóstoles. Eso es, envió a los apóstoles. ¿Y después de los apóstoles?
‑ No, la Santísima Virgen es siempre enviada,
pero no se muestra. Ella se eclipsa. ¿A quién envió? ¿Quién vino después de los
apóstoles? ¿Se acabó todo cuando
murieron los apóstoles?
‑ No.
‑ No. Entonces, no se acabó, pues
nosotros estamos aquí
‑ Eso es. Envió a los sacerdotes, los
obispos, al Papa, ¿y ustedes? ¿Ustedes
no son enviados?
¡Sí! Entonces… ¿qué deben hacer los enviados? Deben mostrar el rostro de… ¿quién?
¡El rostro de Dios! ¡Maravilloso! ¡El
rostro de Dios!
Y para eso son cristianos. Ustedes son cristianos para mostrar el
rostro de Jesús. ¿Verdad? ¡Formidable! Mostrar el rostro de Jesús. ¿Y cómo
se muestra el rostro de Jesús?
¿Cómo se puede mostrar el rostro de Jesús?
La niña o el niño que sólo piensa en sí mismo, que se jacta, que se muestra,
que quiere ser siempre el primero, que pone zancadillas a los demás para
impedirles avanzar, ¿está mostrando el rostro de Jesús?
-¡No! Entonces, ¿cómo se muestra el rostro
de Jesús? Recuerden la niñita que hizo su primera comunión: "¡Él me eclipsa!" Entonces,
mostramos el rostro de Jesús cuando nos eclipsamos en Él, cuando pensamos en
Él, cuando lo escuchamos y pensamos que lo llevamos dentro.
Ahora van a comulgar. Van a comulgar y
Jesús va a venir para transformarlos en Él, para que ustedes lleven su rostro y
muestren su amor. Entonces, escuchen bien, niños queridos, ¿quieren pensar en
esto? Pensemos todos que Jesús nos envía a mostrar su rostro.
¿Cómo es el rostro de Jesús? Cuando tienen
ira, cuando dicen ¡No!, cuando
zapatean, cuando rehúsan hacer un mandado, cuando son perezosos, ¿muestran el
rostro de Jesús? ¡No!
-No.
-Entonces, ¿qué haría Jesús en lugar nuestro? ¿Qué haría Jesús, en mi lugar?
-Diría
"sí"
¡Eso es! Diría sí, y sería "sí"
de la cabeza a los pies. ¿Entienden? Pidamos a Jesús que seamos "sí" de la cabeza a los pies, que
nos eclipsemos y digámosle desde el fondo del corazón esta pequeña oración:
"Jesús, eclípsame en ti para que yo
pueda mostrar tu rostro".