En Ghazir, Líbano, en 1959. (Textos ya
publicados en noviembre de 2006)
"Yo tenía en Lyón un amigo yugoslavo,
que había sido ministro en su país y que habiendo rehusado seguir a Tito se vio
rechazado por su país y apátrida. Tuvo pues que buscar trabajo para subsistir y
encontró empleo en una fábrica de sedas. En esa fábrica, el patrón se hacía un honor de nunca responder al saludo de los
empleados, no digo solamente de los obreros sino inclusive de los empleados.
Esa actitud supone evidentemente que para el patrón todos los subordinados eran objetos. No estaban en el
mismo plano que él; pertenecían a otra humanidad, y había que hacérselo sentir,
dejando su saludo sin respuesta. Nada más injurioso para el que es objeto de
tal desprecio, y nada puede impedir más toda relación humana porque para
que un ser humano se comporte como tal necesita ser llamado y reconocido en su
humanidad.
Una mujer pobre que tuve el honor de
conocer, me dijo estas palabras, unas de las más bellas que haya escuchado: "El gran sufrimiento de los pobres es
que nadie necesita su amistad. Vienen donde nosotros en el último
momento, cuando vamos a morir, vienen a traernos de qué subsistir, de qué
prolongar nuestra miseria, para irse luego a Chamonix o a la Costa Azul con la
conciencia tranquila para no tener nuestro cadáver en las manos. Pero nadie
viene a vernos con el sentimiento de poder recibir algo de nosotros. Nadie cree
que nosotros los pobres podemos dar algo. Nadie necesita nuestra amistad."
Y ese grito era tanto más desgarrador
cuanto que esa mujer había perdido un hijo que se había ahorcado. Otro había
estado en prisión, los demás, desnutridos. Hacía 18 años que vivía con ese
pánico, sin llegar a mantener su presupuesto, continuamente suspendida a un
porvenir incierto con medios de fortuna que no le daban ninguna seguridad. Y
para ella, el mayor sufrimiento no eran las desgracias que le habían caído
encima a ella y a sus hijos, sino el desprecio de su humanidad, el haber sido
tratada y ser continuamente tratada como objeto.
Justamente, el
hombre no es un objeto, es sujeto, sujeto, en el sentido de dignidad, sujeto en el sentido de fuente, que puede ser fuente y origen de un mundo nuevo.
Por eso la única manera de
encontrar a un hombre, de descubrir su verdadero rostro, de entrar
en contacto con su verdad, es
situándose en lo que Gabriel Marcel llama el mundo en "Tú". Gabriel Marcel, si no me equivoco,
distingue el mundo en "TÚ" y el mundo en "ÉL". El mundo
"Él" es el mundo de los objetos, el mundo mecánico, el mundo de la
exterioridad, el mundo en que se habla del hombre diciendo "ése".
El mundo en "TÚ", por el contrario, es el mundo de la reciprocidad, en
que uno está siempre ante un igual, en que el alma busca el alma, la intimidad
la intimidad, la persona la persona; ese mundo en "TÚ que se expresa en la
vieja fórmula hindú del matrimonio en que el novio dice a la novia: "Tú
eres yo". En adelante ya no soy yo, "tú eres yo".
Vamos a darnos cuenta además de la importancia extraordinaria de ese mundo
en "TÚ" si recordamos la novela de Oscar Wilde llamada "El retrato de Dorian Gray". En esa novela, la única que
escribió ya que escribió sobre todo poemas y piezas de teatro, Dorian Gray es
un joven apuesto, hermoso como Adonis, que posa para un pintor llamado Basilio.
El pintor está muy apegado a su modelo a causa de su perfecta belleza, y trata
de hacer de ese retrato su obra maestra. Mientras Dorian posa para Basilio
llega un viejo perverso llamado Lord Henry que se impresiona con la belleza del
joven y que demasiado viejo para llevar una vida de de juerga continua va a
tratar de corromperse por un intermediario. Quiere pues tratar de arrastrar al
joven a una vida desordenada y comienza por halagarlo con el fin de seducirlo,
diciéndole: "Apuesto como es usted, ¡todos los puestos se le ofrecen,
todos los éxitos le están prometidos, todas las conquistas le son
posibles!"
Dorian Gray escucha las sugestiones y algo
se transforma en él, y el pintor lo nota en la siguiente sesión de pose. Sin
embargo, contra toda previsión, contra los consejos de Lord Henry que quería
corromperlo y lanzarlo a la gran vida, Dorian
se enamora o cree enamorarse de una joven llamada Sibila Vane, actriz de
teatros de barriada que él vio haciendo el papel de Julieta en la pieza de
Shakespeare "Romeo y Julieta".
Para él, esta joven tiene genio, él cree haber descubierto su genio, casi haberlo inventado, haberlo creado.
Va cada noche al teatro, la aplaude, toma contacto con ella, se inflama, y le
hace declaraciones de amor que la asombran y que terminan por conmoverla. Tiene
siempre a Sibila Vane en la boca, habla de ella a sus amigos, los cansa
hablando de su genio y de sus éxitos, e insiste para que vayan a ver el
espectáculo.
Los amigos,
especialmente Lord Henry se hacen tirar las orejas y una noche van a ver el espectáculo, y esa noche
Sibila se desempeña muy mal, como un aprendiz, como una niña de escuela
primaria, de manera completamente tonta. El teatro se vacía después del primer
acto. Dorian está furioso. Sus amigos se retiran discretamente y al final de la
pieza salta al escenario y la regaña, la
fulmina con su ira y su desprecio porque decepcionó su amor propio, lo
ridiculizó a los ojos de sus amigos, y en fin, porque destruyó el mito del
genio que creía haber creado.
Entonces Sibila le responde con estas palabras extraordinarias y magníficas: "Mientras no conocía el amor yo podía
jugar el papel del amor; ahora que lo conozco, ya no puedo". Y
esas palabras, salidas del fondo de su corazón, son evidentemente la más hermosa
confesión de su amor, y habrían debido poner a Dorian de rodillas si la hubiera
amado realmente. En realidad no la
amaba: se amaba a sí mismo a través de ella, la amaba como una joya que se
exhibe, la amaba porque creía haberla creado, haberla descubierto, ser autor de
su genio.
Esas palabras de Sibila son pronunciadas en el mundo en "TÚ",
hacen parte de la intimidad y se dirigen a la intimidad, y no encuentran
ninguna resonancia en el corazón de Dorian, no son recibidas ni comprendidas.
Sibila Vane comprende entonces inmediatamente que Dorian no la ama, que ese
amor que despertó lentamente en ella encuentra solo un muro, y esa misma noche
se suicida. Ahí vemos que en el mundo en "TÚ" la conversación es
necesariamente diálogo, intercambio, las palabras sólo tienen valor
en la medida en que son entendidas en la misma luz en que fueron pronunciadas.
Otro novelista inglés, Charles Morgan, contemporáneo fallecido hace dos o tres años, en un libro admirable intitulado
"Fountain", nos habla de cierta Julia, una inglesa que se casó con un
oficial prusiano antes de la guerra del 14. Naturalmente, el oficial fue
movilizado y ella fue invitada a Holanda, país que permaneció al margen del
conflicto. Fue invitada por su padrastro, es decir por el segundo marido de su
madre viuda que se casó con ese gentil hombre holandés. Este hombre, de gran
bondad y muy rico, posee una espléndida propiedad y no quiere que la joven
separada de su marido sea expuesta a los azares y las privaciones de la guerra.
La invita pues a pasar esos años terribles en su castillo. Allá, ella se
encuentra con a un oficial inglés herido y que según las convenciones de la Cruz Roja, pudo ser
hospitalizado en Holanda, a condición de no volver al combate. Ahora bien, este
oficial, cuya familia está relacionada con la madre de Julia, es también
huésped del padrastro de Julia. El oficial fue también profesor de filosofía de
Julia cuando daba su primer curso. Y como joven profesor, tuvo como primera
clase la de Julia. Eso nos indica que la diferencia de edad entre ellos no era
muy grande.
Se encuentran en plano de amistad,
despiertan nos recuerdos, salen juntos, se hacen confidencias y finalmente caen
el uno en los brazos del otro, y ella se convierte en la amante.
Durante ese tiempo, el marido pelea heroicamente en el frente y la guerra
llega al final. El marido es mortalmente herido y los médicos no comprenden
cómo puede sobrevivir con
tales heridas. En realidad, sobrevive
porque ama a su mujer con un amor total y desea ante todo volver a encontrarla, y ese deseo de volverla a
ver moviliza todas sus energías y le da las fuerzas para resistir. Va también a
Holanda, vuelve a ver a Julia y
comprende inmediatamente que ella le fue infiel, que él se equivocó, que ese amor no
existía, y que no hay reciprocidad, y muere.
Estos ejemplos
nos hacen sentir el poder de ese mundo en "TÚ", de ese mundo en que
el conocimiento se funda en la reciprocidad. Ustedes saben que el alma
humana, como ya lo vimos, sólo es penetrable a otra alma que está abierta para
ella, y vimos que la
joven que había sufrido de la terrible enfermedad de esquizofrenia, que esa
joven desde la edad de 5 años se ejercitaba en pensar lo que no pensaba para
que su mamá no adivinara en qué pensaba. Desde pequeña tenía el sentimiento de
la intimidad, el sentimiento del universo interior, inviolable, sagrado, que
sólo puede mostrarse en la confidencia con alguien en quien se tiene plena
confianza.
Es lo que constituye con frecuencia, como ustedes saben, los dramas
familiares: sentados a la misma mesa, compartiendo el mismo pan, pero lejos, en
los antípodas, justamente porque no es la proximidad
material lo que permite el intercambio, al contrario: justamente por la
gran cercanía con los demás, si se quiere guardar un secreto hay que cerrarse a
doble llave, protegerse de la mirada indiscreta de los demás.
Pero ese es el mundo que nos constituye, en ese mundo es donde somos
realmente nosotros mismos, a ese mundo
pertenece nuestra personalidad, si la tenemos.