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En Ghazir, Líbano, en 1959, donde las Franciscanas misioneras. 4ª
parte (Cf. 08/11/2006).
Es imposible conocer al
hombre de otra manera que en la reciprocidad y cuando el hombre se siente
tratado en objeto, se cierra y se protege contra la
indiscreción de los demás, se rebela contra el menosprecio que lo reduce al
rango de objeto y espera con tanta más violencia el amor que le abra las
puertas del infinito trayéndole una intimidad a través de la cual la suya
propia pueda abrirse."
"Sólo conocemos al
hombre en el mundo en "TÚ" y el verdadero
sabio es el que se encuentra en estado de contemplación y ve en el mundo una
Presencia. Con mayor razón, no podemos
conocer a Dios sino en el mundo en "TÚ".
Y entonces habrá mucho que decir, porque justamente hicimos de Dios un objeto del mundo, es
decir muy exactamente un ídolo, y van a comprender. Cuando hice la primera comunión,
el Hermano de las Escuelas Cristianas que nos dirigía durante el retiro nos
contó esta historia: "Había unos
niños que se preparaban a la primera comunión y entre ellos un muchacho
solapado, agresivo, malo, impuro, que había ocultado en la confesión un pecado
grave. Era naturalmente un pecado de impureza, ya que no había otros. Había
pues cometido un sacrilegio en su primera comunión y al día siguiente el
vicario que los había preparado a la comunión llevó los niños en caminada al
campo. Era la época de las cerezas. Alquiló un cerezo e invitó a los niños a
subir al árbol y coger cerezas, y naturalmente el más goloso fue ese muchacho:
subió a la rama más alta… que se rompió y el muchacho quedó empalado en la
rama, murió y fue al infierno".
Oí esa historia y nunca la
olvidé, como pueden observar. Pues bien, esa historia
es a la vez idiota y criminal. Idiota porque si ocultó el pecado, nadie lo
supo. ¿Cómo saber que lo había ocultado, si lo ocultó? Y luego, ¿cómo saber que
murió en estado de pecado mortal si no se confesó antes? ¿Cómo saber que se fue
al infierno? Esto es todavía más problemático. Es idiota del comienzo hasta el fin, y es criminal porque aprovecha de
la emotividad de los niños de esa edad para inspirarles miedos de los que no
podrán curarse jamás.
Conocí a un hombre que había
pasado por ese régimen. Había pasado toda la vida enseñando con dedicación
maravillosa y estaba naturalmente lleno de escrúpulos que le habían inspirado
respecto de la pureza y a los 65 años saltaba a 50 cm del piso en accesos de
locura por miedo del infierno. Y decir que un hombre
de tanto valor, tan digno, perdió el equilibrio hasta tener que ser internado
en una clínica psiquiátrica porque lo
habían llenado de escrúpulos imbéciles y criminales. Eso muestra bien el
peligro mortal de hablar de Dios en el mundo en "ÉL".
Dios no es
un objeto del que podemos hablar como de geometría.
Ahora bien, fuimos criados, al menos yo, en ese catecismo que era una especie
de manual de geometría, donde se aprendía ¿Qué es…? ¿Qué es…? ¿Qué es…? ¿Qué es
Dios? ¡Dios es esto! ¿Jesucristo? Jesucristo es esto… ¿Qué es la gracia? etc.…
Creo además que ustedes estuvieron en la misma escuela, es decir que se
aprendía exactamente como se aprende que 2 y 2 son 4. No se necesita compromiso para recitar las fórmulas y uno se imagina, uno se imagina,
a fin de cuentas, que hizo conocer a Dios, ¡y lo hizo detestar! Eso fue todo.
Es evidente que esa especie de mecánica verbal en que se trata a Dios
como objeto no puede introducir nunca en el diálogo. Y es justamente la inmensa miseria
del catecismo y de la enseñanza religiosa para millones de hombres.
Saben de memoria el catecismo, pero no conocen a Dios, porque no han entrado
nunca en la intimidad del Señor, porque Dios no ha sido nunca un descubrimiento
personal, porque el corazón no se ha conmovido nunca, porque nunca
experimentaron ante Dios el poder de admiración y de respeto, que es el alma de
toda investigación científica. Y desgraciadamente no son solamente los
catequistas, sino los teólogos, los teólogos los que se
embarcaron en el mundo en "ÉL", y transformaron a Dios en objeto.
Recuerdo la historia de la disputa ante el papa Clemente VI o VII entre
jesuitas y dominicanos a propósito de la gracia. Gracia eficaz, gracia
suficiente… ustedes conocen esa historia trágica en que los unos se aferraban
al principio de causalidad, en que los dominicanos querían salvar la causalidad
y los jesuitas la libertad. Y dos grandes teólogos se disputaban ante el papa,
y el jesuita se reclamaba de San Agustín, teniendo en manos un libro de san
Agustín y leyendo un texto. De repente el dominicano saltó, le arrancó el libro
de las manos diciendo: "Usted truncó
el texto, olvidó una conjunción, dijo "PERO" cuando debió decir
"AHORA BIEN", y ¡el jesuita quedó tan perturbado que cayó muerto,
de apoplejía! Entonces el papa, afortunadamente, prohibió toda discusión de ese
tipo y prohibió a unos y otros tratarse de herejes, ¡pero tuvo que haber un
cadáver!
Los teólogos, desgraciadamente, se embarcaron en ese camino trágico, y
existe un ejemplo monumental, el del Sumo Sacerdote Caifás. Caifás pasa su
tiempo en el templo, ofrece el sacrificio, entra en el santo de los santos,
conoce las Escrituras. Caifás y los fariseos enemigos de Cristo y los doctores
de la ley que pasan su tiempo comentando la Palabra de Dios, ¡son gente altamente religiosa!
Pero no, no
conocen nada de Dios, justamente porque para ellos Dios es objeto. Es un
monopolio del que aprovechan para aplastar a los demás con su desprecio y del
que van a aprovechar pronto para hacer morir al Hijo de Dios. Porque no hay que
olvidar que Cristo fue condenado por teólogos, condenado por sacerdotes, por
hombres religiosos, condenado en nombre de las Escrituras, en nombre de la Ley, como enemigo de la
religión.
Es pues perfectamente claro
que se puede hablar de Dios todo el día sin saber nada de El, ser enemigo de
Dios, y bajo fórmulas exactas, poner un ídolo.
Eso debería ser una advertencia clara para los catequistas. Por favor, no
hagan recitar esas fórmulas rígidas a los niños antes de haber tratado de
conducirlos al Dios vivo, al Dios que está en ellos, al Dios que es una
fuente que brota en vida eterna, al Dios que es su espacio, su luz y su
alegría: Dios es un secreto de amor
y no se le puede conocer sino por medio del amor. Además, la Iglesia lo dice
magníficamente en el responsorio del Jueves santo: "Ubi caritas et amor, Deus ibi est". Donde están el amor y la
bondad, ahí está Dios."