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22-23/09/10 - Dios es Amor y sólo se entrega al amor.

Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} En Ghazir, Líbano, en 1959, donde las Franciscanas misioneras. 4ª parte (Cf. 08/11/2006).

Es imposible conocer al hombre de otra manera que en la reciprocidad y cuando el hombre se siente tratado en objeto, se cierra y se protege contra la indiscreción de los demás, se rebela contra el menosprecio que lo reduce al rango de objeto y espera con tanta más violencia el amor que le abra las puertas del infinito trayéndole una intimidad a través de la cual la suya propia pueda abrirse."

"Sólo conocemos al hombre en el mundo en "TÚ" y el verdadero sabio es el que se encuentra en estado de contemplación y ve en el mundo una Presencia. Con mayor razón, no podemos conocer a Dios sino en el mundo en "TÚ".

Y entonces habrá mucho que decir, porque justamente hicimos de Dios un objeto del mundo, es decir muy exactamente un ídolo, y van a comprender. Cuando hice la primera comunión, el Hermano de las Escuelas Cristianas que nos dirigía durante el retiro nos contó esta historia: "Había unos niños que se preparaban a la primera comunión y entre ellos un muchacho solapado, agresivo, malo, impuro, que había ocultado en la confesión un pecado grave. Era naturalmente un pecado de impureza, ya que no había otros. Había pues cometido un sacrilegio en su primera comunión y al día siguiente el vicario que los había preparado a la comunión llevó los niños en caminada al campo. Era la época de las cerezas. Alquiló un cerezo e invitó a los niños a subir al árbol y coger cerezas, y naturalmente el más goloso fue ese muchacho: subió a la rama más alta… que se rompió y el muchacho quedó empalado en la rama, murió y fue al infierno".

Oí esa historia y nunca la olvidé, como pueden observar. Pues bien, esa historia es a la vez idiota y criminal. Idiota porque si ocultó el pecado, nadie lo supo. ¿Cómo saber que lo había ocultado, si lo ocultó? Y luego, ¿cómo saber que murió en estado de pecado mortal si no se confesó antes? ¿Cómo saber que se fue al infierno? Esto es todavía más problemático. Es idiota del comienzo hasta el fin, y es criminal porque aprovecha de la emotividad de los niños de esa edad para inspirarles miedos de los que no podrán curarse jamás.

Conocí a un hombre que había pasado por ese régimen. Había pasado toda la vida enseñando con dedicación maravillosa y estaba naturalmente lleno de escrúpulos que le habían inspirado respecto de la pureza y a los 65 años saltaba a 50 cm del piso en accesos de locura por miedo del infierno. Y decir que un hombre de tanto valor, tan digno, perdió el equilibrio hasta tener que ser internado en una clínica psiquiátrica porque lo habían llenado de escrúpulos imbéciles y criminales. Eso muestra bien el peligro mortal de hablar de Dios en el mundo en "ÉL".

Dios no es un objeto del que podemos hablar como de geometría. Ahora bien, fuimos criados, al menos yo, en ese catecismo que era una especie de manual de geometría, donde se aprendía ¿Qué es…? ¿Qué es…? ¿Qué es…? ¿Qué es Dios? ¡Dios es esto! ¿Jesucristo? Jesucristo es esto… ¿Qué es la gracia? etc.… Creo además que ustedes estuvieron en la misma escuela, es decir que se aprendía exactamente como se aprende que 2 y 2 son 4. No se necesita compromiso para recitar las fórmulas y uno se imagina, uno se imagina, a fin de cuentas, que hizo conocer a Dios, ¡y lo hizo detestar! Eso fue todo.

Es evidente que esa especie de mecánica verbal en que se trata a Dios como objeto no puede introducir nunca en el diálogo. Y es justamente la inmensa miseria del catecismo y de la enseñanza religiosa para millones de hombres. Saben de memoria el catecismo, pero no conocen a Dios, porque no han entrado nunca en la intimidad del Señor, porque Dios no ha sido nunca un descubrimiento personal, porque el corazón no se ha conmovido nunca, porque nunca experimentaron ante Dios el poder de admiración y de respeto, que es el alma de toda investigación científica. Y desgraciadamente no son solamente los catequistas, sino los teólogos, los teólogos los que se embarcaron en el mundo en "ÉL", y transformaron a Dios en objeto.

Recuerdo la historia de la disputa ante el papa Clemente VI o VII entre jesuitas y dominicanos a propósito de la gracia. Gracia eficaz, gracia suficiente… ustedes conocen esa historia trágica en que los unos se aferraban al principio de causalidad, en que los dominicanos querían salvar la causalidad y los jesuitas la libertad. Y dos grandes teólogos se disputaban ante el papa, y el jesuita se reclamaba de San Agustín, teniendo en manos un libro de san Agustín y leyendo un texto. De repente el dominicano saltó, le arrancó el libro de las manos diciendo: "Usted truncó el texto, olvidó una conjunción, dijo "PERO" cuando debió decir "AHORA BIEN", y ¡el jesuita quedó tan perturbado que cayó muerto, de apoplejía! Entonces el papa, afortunadamente, prohibió toda discusión de ese tipo y prohibió a unos y otros tratarse de herejes, ¡pero tuvo que haber un cadáver!

Los teólogos, desgraciadamente, se embarcaron en ese camino trágico, y existe un ejemplo monumental, el del Sumo Sacerdote Caifás. Caifás pasa su tiempo en el templo, ofrece el sacrificio, entra en el santo de los santos, conoce las Escrituras. Caifás y los fariseos enemigos de Cristo y los doctores de la ley que pasan su tiempo comentando la Palabra de Dios, ¡son gente altamente religiosa! Pero no, no conocen nada de Dios, justamente porque para ellos Dios es objeto. Es un monopolio del que aprovechan para aplastar a los demás con su desprecio y del que van a aprovechar pronto para hacer morir al Hijo de Dios. Porque no hay que olvidar que Cristo fue condenado por teólogos, condenado por sacerdotes, por hombres religiosos, condenado en nombre de las Escrituras, en nombre de la Ley, como enemigo de la religión.

Es pues perfectamente claro que se puede hablar de Dios todo el día sin saber nada de El, ser enemigo de Dios, y bajo fórmulas exactas, poner un ídolo.

Eso debería ser una advertencia clara para los catequistas. Por favor, no hagan recitar esas fórmulas rígidas a los niños antes de haber tratado de conducirlos al Dios vivo, al Dios que está en ellos, al Dios que es una fuente que brota en vida eterna, al Dios que es su espacio, su luz y su alegría: Dios es un secreto de amor y no se le puede conocer sino por medio del amor. Además, la Iglesia lo dice magníficamente en el responsorio del Jueves santo: "Ubi caritas et amor, Deus ibi est". Donde están el amor y la bondad, ahí está Dios."

 

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