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Zundel

05-08/12/11 – Mi encuentro con un testigo de la Fe: Mauricio Zundel

Por Antoine Schülé:

Desde hace 43 años Mauricio Zundel ha sido mi compañero en el camino de la Fe, y doy mi testimonio con placer sobre la experiencia espiritual que él me ha permitido y me permite vivir. A los 51 años, mido ahora la suerte que tuve de conocerlo en vida cuando yo era niño: Fue su primera influencia; durante mi adolescencia, de 1974 a 1978, y después de su paso de la vida al Nuevo Nacimiento, me siguió instruyendo con sus libros publicados durante su vida: segunda influencia; como adulto, numerosas publicaciones inéditas y grabaciones preciosas me han ayudado a explorar las riquezas de la espiritualidad cristiana (católica y también ortodoxa) a partir de sus reflexiones y según las cuestiones que me preocupan: tercera influencia.

Infancia

De niño en la parroquia del Sdo. Corazón de Ouchy-Lausana (Suiza) donde fui bautizado, encontré a menudo al Padre Mauricio Zundel entre 1967 y 1973, en el camino de la escuela o en actividades parroquiales. La imagen más antigua que se grabó en mi memoria fue la de su rostro grave, pero iluminado por una sonrisa. Pero lo que más me marcó fue su manera de celebrar la Misa: él la vivía con tanta intensidad que, sin comprender todo, yo percibía una hermosura que me daba una profunda alegría interior. La celebración estaba puntuada de silencios llenos de una Presencia que hablaba al corazón. En las misas para los niños sabía resumir un cuento o una parábola para sacarle todo su sentido y los adultos no faltaban tampoco: la iglesia se llenaba siempre. Dos rasgos principales lo caracterizaban: sabía escuchar (en las confesiones) y cautivar la atención (misas y catecismos). El tiempo pasaba con él sin que uno se diera cuenta. Sus palabras me marcaron porque venían del corazón y eran fruto de meditaciones; ellas me prepararon para que pudiera leerlo con provecho. Más tarde, a mis 15 años, el año de su nacimiento para el cielo, comprendí que él nos ofrecía el fruto de su contemplación permanente del Nuevo Testamento. Habiendo dejado la ciudad de Lausana en el 74, pude beneficiar de su segunda influencia a través de sus libros.

Adolescencia

Tuve la suerte de comenzar la lectura por sus libros más fáciles de abordar: Búsqueda del Dios desconocido, que sigue siendo útil para comenzar a descubrir su obra escrita para el que desea ocuparse de catequesis de adultos. Mi pasión aumentó con El poema de la Santa Liturgia: mi manera de vivir la Misa cambió completamente gracias a ese texto porque me dio todo su sentido (sin M. Zundel, yo no habría podido saberlo a mi edad, aunque estaba en un colegio católico). Después, último juego del azar o de la Providencia, compré El Evangelio interior: desde ese momento hasta mis 20 años leí alrededor de 13 libros de los 19 publicados durante su vida. Y nunca he cesado de frecuentarlo para profundizar mi Fe.

Adulto

En los años 80 fui realmente feliz con las publicaciones de sus homilías en las editoriales Sigier y Desclée y con algunos de sus retiros grabados en casetes, distribuidos por el Taller del Carmelo. Después vinieron numerosas ediciones de calidad que difunden bajo formas diferentes el pensamiento de Mauricio Zundel: no he leído todo, pero sí una gran parte. Sin ninguna duda, ha alimentado mi búsqueda de la verdad en la Fe su intuición fundamental de la presencia de Dios en la vida, confortada más que debilitada por la razón.

Los frutos del encuentro

En el plano interior, Mauricio Zundel me ha ofrecido la serenidad que procura la confianza que ponemos en Dios, que es tanto Padre como Madre. Pero necesité varios años para comprender que todo hombre puede ser una catedral para la gloria de Dios y su corazón un tabernáculo. Nadie sino el Creador conoce los secretos de un corazón.

¿Cómo puede Dios seguir creyendo en el hombre? Como historiador y habiendo vivido numerosas circunstancias particulares, he estudiado y visto tantas bajezas humanas que eso me parecía totalmente imposible. Finalmente, la experiencia de la vida me ha permitido dar razón a Mauricio Zundel: no hay que reducir la persona a uno de sus actos, tan cruel como pueda ser; hay que aceptar que el peor criminal tiene todavía la capacidad potencial de hacer el bien si su corazón se convierte: nada es imposible para Dios. Pero ¡cómo me gustaría que hubiera más milagros! Repitiendo las palabras del P. Pío a una persona que decía no creer en Dios, Zundel afirmaba con voz fuerte: "¡Dios cree en el hombre!" El haber encontrado personalidades admirables por su entrega, tanto conocidas (en el trabajo, por ejemplo) como ocultas (en sus casas o en conventos) – hay tantas que los medios no mencionan jamás, pero que existen – me ha reconciliado con el género humano. Pero los celos, la hipocresía, la cobardía y el orgullo hacen estragos: el hombre tiene que hacer tantos esfuerzos para no caer.

La lectura de Zundel cambió mi manera de leer el Evangelio de san Juan y comprendí también la fuerza y la riqueza del contenido de las epístolas de san Pablo. Me invitó también a leer los escritos de san Agustín: eso fue y sigue siendo una dicha para mí. Pero, como para comer el todo está en comenzar, seguí con la lectura regular de otros Padres de la Iglesia y constato que me quedan muchos tesoros espirituales por descubrir y que mi vida no será suficiente: continué con san Francisco de Sales, san Ignacio de Loyola, Gregorio Nacianceno, Isaac el Sirio, san Bernardo, las meditaciones de un Cartujo y muchas otras maravillas. Hay una sombra en el tablero: la mayoría de los contemporáneos no los leen y no conocen esos preciosos autores. ¡Si supieran todo lo que se están perdiendo!

Mi relación con los demás cambió: pude acompañar a personas en dificultad, que no encontraban sentido, enfermos, en fin de vida o buscando la Fe. La lectura de Mauricio Zundel permite sobre todo ayudar al hombre legítimamente indignado a transformar su rebelión en actos constructivos más bien que destructivos: en la época de crisis que conocemos, sería bueno volver a leer a Mauricio Zundel para buscar otras soluciones que las revoluciones que terminan en regresiones. Cada acompañamiento o acción que he podido asumir ha aumentado mi Fe y me ha hecho saborear todas las delicadezas espirituales de su pensamiento.

Discutiendo con no creyentes que se dicen convencidos, he comprobado a menudo que esos no creyentes son en realidad personas que creen en falsas imágenes de Dios: falsas imágenes dadas a veces por "católicos practicantes". Nuestras sociedades occidentales se descristianizan y se "sectarizan" en algunas minorías (y a veces como en el mismo contexto social): Mauricio Zundel presenta pistas de reflexión útiles para los cristianos que desean actuar en esa situación.

Él enfrentó los problemas de su época, que son los mismos y quizá en otro grado que los de ahora. Su mensaje aporta elementos esenciales para pensar en soluciones de futuro. Su estudio de las grandes corrientes filosóficas le hizo subrayar sus fuerzas y sus flaquezas. Es un teólogo pragmático, si puedo utilizar este calificativo. Es también un místico y me arriesgo a emplear esta palabra peligrosa que atemoriza a más de uno y merece una breve aclaración. Él lo dice y lo repite: La Iglesia es el cuerpo místico de Cristo y cada uno de sus miembros, según sus dones, debería transparentar a Dios, como un vitral deja pasar la luz. Esperemos no ser un vidrio opaco para los demás.

Su palabra es liberadora pues quiere que cada uno escape a los determinismos culturales, sociales, familiares: el Nuevo Testamento no cesa de dar ejemplos de ello pero es necesario tomar conciencia de ello… Finalmente, Mauricio Zundel es un diapasón que nos pone en acorde con la Voz interior, la Palabra de Dios, y hace posible una relación fecunda con Dios en medio de nuestras actividades humanas: ése es el milagro de la Fe. En su lectura del Nuevo Testamento, Mauricio Zundel da la definición mística del hombre: no más que por eso sería necesario descubrirlo.

Mauricio Zundel puede hacer arder la Zarza ardiente en el corazón del hombre: ese fuego que purifica, que calienta, que es la Vida, que quema las escorias de todos los determinismos posibles a fin de que el hombre pueda ser realmente hombre siguiendo al Hijo de Dios, en las huellas de Jesús y empujado por el soplo del Espíritu.

La Tourette, noviembre de 2011.

antoine.schule@free.fr

 

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